CASABLANCA

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FOTO DE GONZALO MONTÓN MUÑOZ

sábado, 17 de mayo de 2014

ARTÍCULO DE ANTÓN CASTRO SOBRE ELVIRA DE HIDALGO EN EL HERALDO

Como complemento a mis entradas a la persona de Elvira de Hidalgo, aquí dejo el artículo que el maestro Antón Castro escribió sobre la diva de Valderrobres el verano pasado. Que lo disfruten. 


Una muestra genial de la joven Elvira cantando "La paloma" en griego, país que la acogió y en el que trabó amistad con la malagroda María Callas, cuánto de sí misma le dio: fue maestra, amiga, consejera, casi una madre para la diva griega.



viernes, 9 de mayo de 2014

UN ERÓTICO CADÁVER EXQUISITO.RESEÑA DE "ROCÍO ERÓTICO".

El artista visual, diseñador gráfico y activista cultural, Paco Rallo, es el autor del proyecto y el editor de Rocío Erótico, una obra coral en la que participan sesenta y cuatro creadores, entre escritores y artistas visuales de  ambos sexos, en paridad casi absoluta, con mezcla de edades, tendencias artísticas y procedencias geográficas, todos ellos invitados a participar en una cita a ciegas creativa, con la única premisa de que su aportación, visual o narrativa, girara en torno al tema del erotismo y con unas mínimas condiciones técnicas: para los escritores la extensión máxima del microrelato no debía superar los 1200 caracteres,  y para los autores de los dibujos el formato debía ser cuadrado de 21 x 21 cm., con la previsión de que su posterior reproducción sería a una tinta. El resultado es un erótico cadáver exquisito en forma de libro de factura excelente y cuidada edición digno de figurar en las colecciones de los erotómanos más exigentes. A la calidad de la extensa nómina de artistas invitados, se suman los dos magníficos trabajos introductorios de los especialistas en sus respectivas materias como son el escritor Javier Barreiro y el crítico de arte Juan Ignacio Bernués.

PACO RALLO EN LA PRESENTACIÓN DEL LIBRO EN TERUEL

            La idea es brillante, el erotismo y  el microcuento –prosas poéticas, poesías en prosas, tanto monta-, casan tan bien como el tabaco y el alcohol, pues de alguna manera, el erotismo es al sexo lo que el microcuento a la narrativa: esencia e intensidad. La narrativa breve -el microcuento, microrrelato, minicuento, minificción, nanocuento o como se les quiera llamar- guarda una semejanza natural con el placer, o mejor dicho, con el clímax del placer, pues quizá el microcuento tenga algo de orgasmo intelectual, de fogonazo iluminador, de eyaculación creativa, en la que se combinan la esencial velocidad con la intensidad, en su caso lingüística y de densidad semántica.
            Pero, ¿qué entendemos por erotismo? Me gusta mucho la definición de Octavio Paz citada por José Ignacio Bernués en su introducción: el erotismo es “la poesía de la sexualidad”. Por mi parte, y siguiendo con Octavio Paz, añadiría que “erotismo es sexo y pasión, no en bruto, sino trasfigurados por la imaginación: rito y teatro.” Es decir, el erotismo no hace referencia unívoca al mundo de las cosas, al referente, sino a la realidad de la ficción que él mismo crea, a la irrealidad por tanto: el erotismo no denota, evoca; el erotismo no imita, crea; el erotismo pone en funcionamiento mecanismos de re-presentación, de re-creación de la realidad y está situado en el plano de la ficción, sobre todo,  en el del sueño, o deberíamos decir mejor del ensueño, en ese sentido sadiano-buñueliano que libera la imaginación de todo pecado. Así, de esta forma, en el erotismo el lenguaje pasa de designar a expresar, a sugerir, a evocar experiencias sexuales o relacionadas con el sexo plenas de sentido, sentimiento y emoción. En román paladino, lo que quiero decir es que un texto es erótico en la medida que alcanza una importante calidad literaria, considerada solo a partir de la escritura, al margen de todo prejuicio moral, político o religioso y no insulta ni agrede al lector considerándolo como un ser carente  de imaginación. En suma, el erotismo es un arte pleno de imaginación, delicadeza, esfuerzo y creatividad al servicio de algo tan natural como el sexo
           

Valerie Campos. Pijamada, 2013. Lápiz grafito sobre papel.




Esta es la óptica con la que debemos encarar Rocío erótico, que se abre con un relato
provocador,verdaderamente duro, crítico y sin concesiones, “Primicomulgante”,  una auténtica patada en sus partes a la Iglesia.  Después los textos se remansan y como en cualquier antología, no todos tienen la misma calidad, pero el nivel medio es más que aceptable y, de hecho, hay un nutrido grupo de ellos a mi juicio memorables, que ofrecen los rasgos que caracterizan al conjunto. Pondré como ejemplo algunos, sin intención de infravalorar al resto.  En “Entre las piernas”, Elena Santolaya, juega a engañar al lector y a sorprenderlo con un inesperado giro final; en “Las puertas del Paraíso”, Paco Rallo sugiere mediante un lirismo contenido una fantasía erótica elidida y aludida en su final; en “Galería de la Academia”, Luisa Liberio, siguiendo con las alusiones artísticas, si antes con Paco eran “las puertas doradas del paraíso de Giberti”, ahora, la autora convierte al David de Miguel Ángel en el “amante más hermoso de todos los tiempos”, y no le falta razón; en “Trazarte”, Iguázel Elhombre, escribe una poesía en prosa de hondo calado; suficientemente explícito resulta el título del relato de Milagros Angelini, “Instrucciones de uso” , que no requiere más comentario si hablamos de sexo y desde el punto de vista de una mujer; en “La criatura”, Raúl Herrero reescribe el clásico de Mary Shelley desde la visión atormentada del propio monstruo necesitado de compañera y el deseo sexual del propio creador por su criatura; por su parte, Ángel Petisme, rinde un humorístico y rítmico homenaje a Nabokov con su particular “Lolita”, en este caso  prostituta de una lupanar monegrino asada de caló; en “Retrato”, Francisco Julio Donoso rememora con meticulosidad tan literaria como reconocible una primera vez descrita con precisión naturalista; en “Despedidas” Rafael Notivol narra una historia sarcástica de amor y desamor, de sexo, pasión y abandonos.
            Repito que no quiero ser injusto con los numerosos cuentos que no he mencionado, obligado por las restricciones de tiempo que me impone mi papel de presentador, basten los  brevemente comentados para mostrar no sólo la solidez del conjunto sino la diversidad de los tonos y  temas: desde el realismo con denuncia social del citado “Primicomulgante” o la impregnación fantástica y onírica, pasando por la ironía y el humor o la destreza metaliteraria y el gusto por el experimento, hasta llegar a textos de hondo lirismo bien dosificado; hay cuentos fetichistas, homosexuales, obsesivos, etc. Son también numerosos los cuentos que suponen de una u otra forma un homenaje a escritores consagrados, como el ya citado de Petisme a Nabokov, el de Miguel Ortiz al poeta Apollinaire, el de Milagros Angelini a Marguerite Duras o el de Charo de la Varga a Monterroso.
            Pero que no se engañe el lector, de estos cuentos decimos que se leen en pocos minutos, y es cierto, parece el género ideal para ese lector moderno al que, piadosamente, le atribuimos una sola carencia: la de tiempo. Así pensamos y seguramente estamos en lo cierto, pero digo, que no se engañe nadie, todos sabemos que esos minutos exigen mucho, y que no todo el mundo está dispuesto a un esfuerzo de concentración tan intenso y tan breve. Si el escritor de cuentos es un corredor de velocidad, el lector está obligado a correr tanto como él y en muchos casos a realizar series de varias relecturas para desentrañar el fondo del relato.

            En definitiva, este libro es un erótico cadáver exquisito en forma de libro de factura excelente y cuidada edición digno de figurar en las colecciones de los erotómanos más exigentes, solo su portada vale un Potosí.

jueves, 1 de mayo de 2014

BUÑUEL EN ANÉCDOTAS: ENSAYO DE UN CRIMEN


En Ensayo de un crimen (La vida criminal de Archibaldo de la Cruz) (1955), Buñuel contrapone continuamente erotismo y muerte -Eros y Tanatos-, obsesión típicamente buñueliana. En la película mueren cinco mujeres relacionadas con el protagonista, pero, como se suele decir, la realidad supera a la ficción y la actriz que encarna a la tercera difunta, Lavinia, papel interpretado por la actriz mexicana de origen checoslovaco, Miroslava Stern, se suicidaría pocos días después, parece ser que llevada por una fuerte depresión al conocer la noticia de que su amante, Luis Miguel Dominguín, se había casado con Lucia Bosé. El actor que interpretó a Archibaldo, Ernesto Alonso, contó en el documental A propósito de Buñuel, lo deprimida que estaba la actriz durante todo el rodaje, producto de las dificultades sentimentales con el torero casanova -recordemos sus romances con Ava Gadner, María Felix o Rita Hayworth, etc.- La actriz fue incinerada tras su fallecimiento, convirtiendo en premonitoria la escena en la que Archivaldo lanza a las llamas de un horno crematorio el maniquí de cera que reproduce fielmente los rasgos de Lavinia, a la que hubiera quemado realmente de no haber irrumpido unos turistas oportunamente en la casa del protagonista. Esta película ha sido homenajeada por varios grandes directores, Almodóvar entre otros.

A quienes no les guste esta versión, pueden recurrir a otra especulación sobre la misteriosa y nunca esclarecida muerte de la mencionada actriz, más mundana si se quiere, pero no por ello menos interesante: toda una historia de espías. Puede verse en WIKIPEDIA . 


viernes, 25 de abril de 2014

LEILA GUERRIERO: "UNA HISTORIA SENCILLA"

MALAMBO O LA ÉPICA DE LA SUPERVIVENCIA






            “Esta es la historia de un hombre que participó en una competencia de baile”, así comienza Una historia sencilla, un reportaje periodístico novelado de la escritora argentina Leila Guerriero. Y no es más ni menos que eso: un festival, un baile, un hombre; un hombre común y corriente, con una familia común y corriente, con una pobreza común y corriente; unos valores, una pasión, un sueño, la lucha diaria y una nación; una periodista que mira, sin censuras ni apriorismos, pero con respeto y admiración, con un objetivo macro en la distancia íntima; un estilo sencillo, casi austero, de tan esencial, completamente universal.
            No es fácil que “menos” sea “más”, mucho “más”, pero en este caso lo que comienza siendo un reportaje sobre el Festival Nacional de Malambo de Laborde, en la Argentina profunda, y el baile tradicional de los gauchos argentinos, el malambo, consistente en un zapateado in crescendo, mezcla de destreza y resistencia, pronto muta hacia la crónica novelada de la lucha del malambista Rodolfo González Alcántara por alcanzar tan preciado galardón. En esos momentos de la narración, el malambo ya no es tan sólo un baile, es más, mucho más: es una forma de ver y entender la vida.  Como el ritmo del mismo zapateado, la historia aumenta en intensidad y es más, mucho más: la “historia sencilla” se transforma en “historia difícil”, en la “historia de un hombre común”, en la historia de todo un pueblo, en nuestra propia historia. Poco a poco, hacia su recta final, la novela es más, mucho más: es pura épica; la épica del Hombre que lucha por sobrevivir con dignidad, que se esfuerza por alcanzar una meta aferrado a unos valores y principios; es la epopeya de un pueblo, de todos aquellos pueblos que se mantienen fieles a sus tradiciones y firmes sobre el escenario de la vida mirando hacia el futuro con decisión.
            Una historia sencilla es una obra tierna y emocionante, arranca como un reportaje que se transforma en crónica que, poco a poco, deriva hacia la novela hasta alcanzar en determinados momentos un intenso lirismo épico, en especial cuando el danzante siente que el malambo le crece dentro y él crece con el malambo, transformándose completamente: “El primer movimiento de las piernas hizo que el cribo se agitara como una criatura blanda mecida bajo el agua. Después, durante cuatro minutos cincuenta y dos segundos, hizo crujir la noche bajo su puño. El era el campo, era la tierra seca, era el horizonte tenso de la pampa, era el olor de los caballos, era el zumbido de la soledad, era la furia, era la enfermedad  y era la guerra, era lo contrario de la paz. Era el cuchillo y era el tajo. Era el caníbal. Era una condena. Al terminar golpeó la madera con la fuerza de un monstruo y se quedó allí, mirando a través de las capas del aire hojaldrado de la noche, cubierto de estrellas, todo fulgor. Y, sonriendo de costado –como un príncipe, como un rufián o como un diablo-, se tocó el ala del sombrero. Y se fue.”
            Este libro podría haber tenido más de mil páginas, pero no supera las ciento cincuenta en un ejercicio de depuración absoluta, de decantación hacia lo esencial, es “más” con “menos”; se elimina todo lo innecesario y se deja única y exclusivamente lo indispensable, conformando un artefacto narrativo de tan extrema como compleja sencillez, que aviva la experiencia literaria, en la que todo lo importante está fuera y es completado por el lector, que es quien da sentido verdadero al texto al interiorizar la historia, identificarse con el personaje y reconocerse en él.
            En definitiva, Una historia sencilla es una crónica novelada que habla de la dignidad en lo cotidiano, de la lucha por la supervivencia. A través de Rodolfo González Alcántara, Leila Guerriero nos habla de la templanza, de la tenacidad y  de la paciencia de un hombre; de la austeridad, el coraje, la altivez, la sinceridad y la franqueza de un gaucho, valores que se repiten a lo largo del texto como un mantra, generando un ritmo, un ritmo de zapateado, un ritmo épico y poético. Pero Una historia sencilla es más, mucho más, y Leila nos habla también del apego a la tradición y del amor a la patria. Nos enseña que en la rutina también puede haber filosofía. Y, sobre todo, intenta hacernos ver que los grandes logros, las más duras batallas, sólo se ganan con una única arma: la confianza en uno mismo y el esfuerzo diario mantenido en el tiempo. Al fin y al cabo, “somos del mismo material del que se tejen los sueños”: la esperanza.



LEILA GUERRIERO, Una historia sencilla, Barcelona, Anagrama, 2013.

viernes, 18 de abril de 2014

JAVIER EXPÓSITO LORENZO: "MÁS ALTO QUE EL AIRE. BREVIARIO PARA EL ALMA"

LUZ, VIDA Y AMOR
Reseña publicada en la revista TURIA 109-110



            Ya lo dice Juan Manuel de Prada en el Prólogo de Más alto que el aire: “es una rareza literaria”. No le falta razón, lo es, y mucho. No es habitual encontrar por los pagos literarios hispánicos un libro como el que Javier Expósito Lorenzo nos entrega y subtitula significativamente Breviario para el alma, una obra de carácter espiritual, contemplativa y transcendental, casi mística, pero también carnal, en cuanto que trata del hombre y es para los hombres, que propone al lector un profundo ejercicio de meditación sobre la naturaleza humana y nos invita a vivir la experiencia interior de la búsqueda de la Verdad, a liberar esa energía omnipresente y eterna que es nuestra alma y a escapar de todas las limitaciones que constituyen nuestro ego, basado en las experiencias limitadas del limitado mundo material y del engaño de los sentidos.
            Decía Luis Vives que “saber mirar es saber amar”, y en cierto modoesto  es lo que nos propone Javier Expósito: mirar lo que nos rodea y gozarlo en el momento presente; el pasado ya no es y el futuro es una trampa, es el generador de miedos, es la irrealidad. El miedo es tan sólo una cara de la moneda de la vida, cuyo reverso es el amor. La clave para renacer cada día que despertamos es “saber mirar”. Cada despertar es una resurrección, un regalo que se nos concede y que debemos abrir con la ilusión de un niño en la mañana de Reyes, hay que mirar cada jornada con los ojos de ese niño y esforzarnos en ver siempre el lado positivo de las personas y de las cosas, como formando parte de un todo, de un plan superior, donde mi historia es tan solo una tesela en el mosaico de la Historia de las historias de todos. De mí, de mi mirada depende que mi día sume a mi vida y a las vidas de los que forman conmigo esta red de lazos invisibles que es la Humanidad: mi familia, mis amigos, mis vecinos, mis compañeros de trabajo… En suma, todos aquellos con quienes me cruzo cada jornada y forman la arborescente naturaleza de la vida.
            El libro se divide en tres partes: Luz, Vida y Amor. El primero bucea en nuestro interior para buscar esa “luz” que todos llevamos dentro y nos propone liberar a ese niño asfixiado por la máscara de las apariencias sociales. El segundo, Vida, nos invita a mirar al exterior bajo la óptica de la nueva luz, a contemplar lo cotidiano con los ojos sorprendidos del nuevo niño alumbrado que ya somos, a participar de la simbiosis perfecta del hombre y la naturaleza, a recomponer nuestro ser fragmentado e integrarnos en el todo, pues al fin y al cabo, como hermosamente dice Javier Expósito, “¿qué somos nosotros, sino agua cosida en nubes de carne?”. El tercero es la sublimación de todo lo anterior, el Amor es “el estado que convierte a tu vida en una obra de luz”.
            Como se puede suponer, en la límpida propuesta de Javier caben las religiones, pero, ojo, no es una obra estrictamente religiosa, si bien es cierto que presenta una decantación importante de textos sagrados (de la Biblia especialmente), ascéticos (la escuela española encabezada por Fray Luis de León), místicos (el Bhágavad-guitá y los imprescindibles San Juan y Santa Teresa), y sapienciales, pero también bebe de los trascendentalistas (Emerson, Thoreau, Whitman, etc.) y de los grandes humanistas aforísticos ( Gibrán, Ceronetti, etc.) Todos están, pero no se notan, asumidos, bien digeridos, conformando una obra que podría encuadrarse bajo el marbete de lo que en la actualidad ha dado en llamarse “la literatura de la luz”.
            Las páginas de Más alto que el aire se han de leer sin prejuicios, sin apriorismos ni imposiciones, por necesidad personal de buscar respuestas, de hallar la Verdad. No es ni mucho menos un libro para leer de una sentada, es un libro de mesita de noche, para disfrutar en momentos puntuales, cuando se produzca su llamada, cuando se tenga necesidad de su lectura, cuando se disponga de tiempo para saborear su prosa poética diamantina, sus imágenes, su belleza profunda, para sentirla más que descifrarla intelectualmente.
            Libro ético, inspirado en el amor, en el que idea y forma son lo mismo, tan difícil y complejo o tan sencillo y luminoso como entienda el ánimo y la indagación del lector, que nos descubre que para el conocimiento  y la purificación del alma humana es más útil la intuición del poeta que la filosofía del sabio o la metodología del científico.

JAVIER EXPÓSITO LORENZO, Más alto que el aire. Breviario para el alma, Madrid, Los libros del olivo, 2013.
           


            

viernes, 11 de abril de 2014

ELOY FERNÁNDEZ CLEMENTE: DIEZ INSTANTÁNEAS (XI)

El viejo profesor: a modo de conclusión



Eloy Fernández Clemente siempre ha tenido ese aspecto venerable de “viejo profesor”, de gentleman inglés. Como evoca Luis Alegre, reproduciendo una anécdota que le contara su propio protagonista: “Embutido en una gabardina, parapetado detrás de unas gafitas redondas, con una cartera en una mano y un paraguas en la otra, su aspecto no ofrecía dudas acerca de qué clase de tipo se trataba. Iba caminando por la calle. Hasta sus pies llegó un balón seguido por un niño que lo reclamaba. Eloy Fernández Clemente, 17 años, recién graduado en Magisterio, empujó la pelota con el paraguas y se la devolvió. El niño, recogió el esférico y le dirigió una frase inolvidable: ‘Muchas gracias, señor’”. Este es, sin duda, nuestro hombre: un señor de la cultura (I Premio a las Letras aragonesas, 1987; Académico correspondiente de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, 2000); un apasionado de la libertad, la difusión cultural (iniciador de las jornadas sobre el Estado actual de los estudios sobre Aragón; presidente de la fundación Gaspar Torrente para la investigación y desarrollo del aragonesismo, etc.), su tierra (Hijo Adoptivo de la Ciudad de Zaragoza, 1997; Cruz de San Jorge de la Diputación Provincial de Teruel, 1998; Hijo Predilecto de Andorra, 2010), sus gentes, su historia y sus paisajes, un apasionado del saber; un referente vivo de la cultura aragonesa, un maestro de maestros, a quien, Alegre dixit, “[…] como a Zurita, se le seguirá celebrando dentro de 500 años.” Que así sea.