Gracias a Laura Barrachina y Martín Llade por su entrevista en el programa "El Ojo Crítico" de RNE:
Gracias a Óscar Vegas por su entrevista en su programa de Aragón Radio, "La Cadiera:
Gracias a Andrés Amorós por su excelente reseña del libro en el programa de Federico Jiménez Losantos, "Las mañanas de Federico":
viernes, 10 de junio de 2022
LA JOTA ARAGONESA, ESA GRAN EMBAJADORA
Dejando a un lado la curiosidad
–falsa, por no existir el sonido en ese momento histórico- de que el Salvador
se llamará Jesús, su padre fuera José, perteneciera a la tribu de Judá en la
región de Judea, y lo bautizara un profeta llamado Juan, en un río llamado
Jordán, allá por Jerusalén, y fuera traicionado por Judas, lo cierto es que,
junto a la eñe, la jota es una de las peculiaridades más españolas de nuestra fonética,
no existe en otras lenguas derivadas del latín, de hecho fue la letra elegida
por nuestro premio Nobel, Juan Ramón Jiménez, para su particular ortografía
personal, pues opinaba que “mi jota es más hispánica que la blanducha ge”.
Bromas
aparte, pasando de la escritura y su fonética a la música -en el fondo son una
misma cosa-, la Jota es el canto-danza más popular de España y, junto al
flamenco, con el que emparenta, el más universal, siendo la aragonesa la más
conocida y bailada. El origen de su nombre no está claro, quizá proceda de la
aspiración de una ese inicial, tal vez del latín “saltare”, cuyo significado es
“bailar”; o del valenciano “xotare”, “botar, saltar”. Sea como fuere, lo cierto
es que el ritmo de jota desde mediados del siglo XIX hasta la segunda década
del XX sedujo a medio mundo, fue motivo de inspiración para algunas de las
obras más destacadas de importantes compositores de la historia de la música como
Glinka, Liszt, Mahler… con las que llenaron teatros de la ópera, salas de conciertos
y salones nobles, hasta llegar a convertir esa manifestación folclórica en la
mayor embajadora no solo de Aragón, sino de España entera.
Hasta la
fecha, nadie se había ocupado de analizar ese tan importante como desconocido
fenómeno, es más, la jota aragonesa estaba siendo relegada injustamente a
ocupar ese espacio menor de las fiestas de un pueblo al que solo acuden para
disfrutarlas abuelos con boina y abuelas con toquilla y griñón, pero aquí llega
en su rescate el trabajo de la profesora, pianista y musicóloga Marta Vela, de
significativo título, La jota, aragonesa
y cosmopolita: de San Petersburgo a Nueva York. Realizado con rigor
científico y expuesto con afán divulgativo mediante un lenguaje sencillo, claro y
preciso, demuestra mediante reseñas de periódicos, cartas, programas de
conciertos, carteles, partituras, etc., que nuestra Jota fue protagonista de
renombrados éxitos en los escenarios musicales más relevantes del mundo entero
y está presente en multitud de composiciones, no solo populares, sino también de
la música clásica, méritos más que suficientes para ser reconocida como Bien
Inmaterial de la Humanidad, reivindicación por la que lleva luchando de manera
infatigable la Academia de las Artes del Folclore y la Jota de Aragón y que en
el próximo octubre se materializará con la presentación de su candidatura por
el Gobierno de Aragón.
Como si de
una aventura detectivesca se tratara, Marta Vela, nuestra filarmónica Agatha
Cristie, viaja por España siguiendo a Liszt (1844 y 1845) y Glinka (1845 y 1847),
dispuesta a descubrir el origen de sus obras inspiradas en temas de jota.
Siguiendo sus pasos llega hasta la extraordinaria mezzo francesa de origen
español, Pauline García-Viardot -hermana de la mítica soprano María Malibrán e
hija del tenor y pedagogo del bel canto Manuel García-, que por esas fechas
triunfaba en los más reconocidos escenarios operísticos, en especial en los
teatros imperiales rusos y París, donde sin duda la escucharon. Seguramente
ella conoció la melodía-enigma objeto de esta búsqueda en su periplo artístico
español realizado en 1842, cuando entró en contacto con la obra del modesto
compositor aragonés nacido en Alama, Florencio Lahoz, en esos momentos
triunfando en Madrid con la Nueva jota
aragonesa, sobre la que realizará algunos arreglos para voces femeninas y
compondrá su Capriccio sobre la jota
aragonesa. De ella beberán, no solo los compositores citados, sino también
Mahler, Fontana, Gottschalk, Iradier, Saint-Saëns, Falla… y servirá para
difundir la música folclórica española e introducirla como motivo en las
creaciones de otros como Debussy, Ravel, Fauré, Satie…
La jota, aragonesa y cosmopolita es un
libro para aprender pero, sobre todo, para disfrutar con su lectura y audición,
sí, digo bien, audición, pues incorpora una banda sonora en forma de códigos QR
que remiten a una lista de reproducción musical en las plataformas Spotify y
YouTube, en las que se pueden escuchar las composiciones citadas.
Destacar
también la bonita portada del libro del ilustrador Óscar Sanmartín, sobre una
partitura de Florencio Lahoz, y el documentado prólogo del poeta Miguel Ángel
Yusta. En definitiva, una nueva apuesta ganadora de la editorial Pregunta, cuya
nómina de autoras, especialmente importante, se acrecienta con esta exhaustiva
y sorprendente investigación de la infatigable y poliédrica Marta Vela.
Confieso mi ignorancia: de Elvira de
Hidalgo sólo tenía la vaga noticia de que era una cantante española que había
sido maestra de María Callas. No es gran disculpa suponer que coincidía yo en
eso con muchos, incluso aficionados a la música. Lo digo con vergüenza, no con
la tonta vanidad conla que algunos
suelenpresumir de sus carencias. Ya
definió esa hispana actitud Antonio Machado: “desprecia cuanto ignora”. Sobre
todo, entre nosotros, si se habla de música clásica. (Fin del prefacio).
La lectura del
reciente libro de Juan Villalba , “Elvira de Hidalgo. De prima donna a maestra
de María Callas” (ed. Fórcola) me ha
hecho comprender mi error . En efecto, Elvira de Hidalgo fue maestra muy
querida de María Callas; sus enseñanzas fueron decisivas para que aprendiera la
disciplina belcantista y la técnica del actor, además de mejorar su imagen. A
Elvira volvió a recurrir Maríacuando
tenía problemas en la voz o necesitaba consuelo sentimental: con su dramática
biografía, no fueron pocas las ocasiones en que esto sucedió. Además de eso,
Elvira fue una prima donna de nivel internacional y un personaje de singular
atractivo.
El turolense
Juan Villalba, escritor y profesor, había publicado ya estudios sobre cantantes
como Juan García y como sus paisanos Amable Leal Alegría y Victoriano Redondo
del Castillo. Su biografía de Elvira me parece muy completa, incluye fotos,
cronología, discografía, repertorio, bibliografía; además de lo publicado, usa la
información de los archivos de los principales teatros de ópera . Se divide en
dos partes: la primera, la más amplia (300 páginas) sobre Elvira; la segunda,
más breve (140 páginas), sobre sus relaciones con María como maestra, amiga y
confidente. (Mi único reparo: limitando los datos y el número de páginas, sería
más atractivo para un lector no especializado).
Nació Elvira
en1892, en el pueblo turolense de Valderrobres,
queestá luchando por recuperar su
memoria y le ha dedicado una parte de su Museo. Defamilia humilde, fue precoz como cantante: a
los 16 años ya debutó en el teatro de Nápoles; luego, actuó como prima donna en
todos los grandes escenarios del mundo durante tres décadas, desde 1908. Muchos
la consideraron la mejor Rosina ( “El barbero de Sevilla”) y aclamaron su
interpretación de “Una voce poco fa”. Cantó con los más grandes: Caruso,
Chaliapin, Titta Rufo, Fleta, Hipóito Lázaro, Lauri-Volpi...
Además, fue una figura popular en Europa y
América, amiga, entre otros, de Cocó Chanel, la Pawlova, Josphine Baker, Sarah
Bernhardt, Raquel Meller... Era una mujer atractiva, mandona, independiente,
que vivió siempre de su trabajo. Se inventó un título nobiliario, el de
marquesa de Hidalgo, pero logró ser noble de verdad gracias a su primera boda,
con el milanés Gean Guido Zambelli. Se casó luego, en Ostende, con el
millonario Armand Bette y tuvo relaciones sentimentales con Panayis Karandino,
empresario del Teatro Olympia de Atenas, y con el joven barítono Lakis
Vassilakis. También la pretendieron un miembro de la familia Romanov y nada
menos que el Aga Khan III: una vida de novela...
Los críticos la llamaron “El
ruiseñor gentil de Iberia” y “La Victoriosa”. Compararon su voz con “la arista
de un diamante”, “toda fuego”, y “el sabor del azafrán español”. En “El
Debate”, hizo su crítica un joven llamado José Calvo Sotelo. En “El Heraldo de
Madrid”, humorísticamente, adoptaron los tópicos baturros: “¡Rediez, qué mañica
más maja!” El italiano Bruno Barilli lució su exagerada retórica: “Como el Dios
creador de Miguel Ángel. con un gesto ligero que toca al primer hombre, así
Rossini... le da la mirada, la voz y la sangre milagrosa a Rosina; hoy, en el
estado civil, Elvira”.
Cuando su voz flaqueó, se
estableció en Atenas como maestra. Allí acudió un día una joven “alta, gorda,
torpe y cubierta de granos. Su modo de vestir era muy ordinario”. Pero su voz
tenía “una fuerza excepcional, como un trombón” o una cascada. Elvira le enseñó
a suavizarla, con menos potencia, eliminando temblores; le transmitió la
disciplina belcantista y de actriz; le puso un régimen alimenticio. Logró que
llegara a seruna soprano “sfogata”,
ilimitada. Se llamaba María Callas. Y la consoló en sus desventuras
sentimentales.
Alrededor de estas dos figuras,
aparecen en el libro de Juan Villalba una serie de anécdotas divertidísimas,
sobre muchos personajes y ambientes muy singulares: Orson Welles pretendía ser
hijo de Chaliapin.Onassi tenia en su
yate cuadros de Rembrandt y El Greco. En Milán, Tito Schipa denunció judicialmente
a la mafia de la claque. En Brasil, la compañía de ópera de la que formaba
parte Elvira ocupaba un tren entero, con el último vagón convertido en casino.
Elvira enseñó a tocar las castañuelas a Lina Cavalieri, considerada “la mujer
más guapa del mundo” (encarnada, en el cine, por Gina Lollobrigida). En París,
en los años veinte, había cerca de 550 salas de espectáculos. Elvira vivió en
Madrid, en 1923, una “apoteosis del aragonesismo”: la función de despedida de
Fleta, con “La Dolores” de Bretón, dirigida por el compositor, en la que el
gran tenor cantó como propina la jota de “El trust de los Tenorios”: “Te
quiero, morena...”
También cuenta este libro
anécdotas curiosísimas de personajes como el donjuan Hipólito Lázaro o el
barítono español Andrés Perelló de Segurola, íntimo de Caruso, al que Gloria
Swanson - como en “El crepúsculo de los dioses” - llevó a Hollywood...
Al final del libro, leemos con
emoción, una vez más, las desgracias sentimentales de María, que se resumen en
una frase: “Empecé a morir cuando conocí a este hombre (Onassis) y cuando dejé
la música”. En esas fechas siguió visitando y escribiendo cartas a su antigua
maestra: no sólo le enseñó a cantar, también jugó, para ella, un cierto papel
maternal. Las dos compartieron el mismo ideal: el canto, ante todo.
La conclusión es muy sencilla: un
trabajo muy completo y erudito sobre Elvira de Hidalgo, un personaje
curiosísimo, que merece absolutamente ser rescatado del olvido.
Juan Villalba: “Elvira de Hidalgo. De prima donna a maestra de María Callas”, Madrid, ed. Fórcola, septiembre 2021, 596 págs., 32’50 euros. ISBN: 978-84-17425-90-6
lunes, 2 de mayo de 2022
HOMO HOMINI LUPUS
Julio Castedo
es un narrador infatigable, medio año más tarde de su excelente Rey Don Pedro, vuelve a las librerías
con El Renegado, galardonada con el
XXXVII Premio Jaén de Novela, pero si en aquella los hechos históricos servían para
crear el marco narrativo de una introspección psicológica y hablar de la
condición humana en sus múltiples aspectos, en esta son utilizados para
construir un vertiginoso relato de aventuras y, en última instancia, mostrarnos
cómo el hombre es el mayor depredador que ha existido y existirá jamás, no solo
para la Naturaleza, sino también para el hombre mismo. Como afirmara Plauto,
“Lobo es el hombre para el hombre, y no hombre, cuando desconoce quién es el
otro”. Concepto íntimamente relacionado con el epígrafe de la primera parte, el
saludo maya, “In Lak’ ech. A Lak’ en”, “Yo soy otro tú. Tú eres otro yo”, es
decir, el universo es una gran unidad donde todo está relacionado: los
individuos, la comunidad, las plantas, animales, espíritus… nada existe sin
relación con el otro, cualquier acción de uno afecta al otro, por eso, si te
respeto a ti, me estoy respetando a mí, y si te agredo, me estoy agrediendo.
Por desgracia, los acontecimientos son tozudos y se impone la versión
popularizada por Hobbes: “Homo homini lupus”.
En las
postrimerías de 1511, una nave zozobra en el mar Caribe frente a Jamaica y las
corrientes llevan a los náufragos hasta las costas de Yucatán.El
Renegado arranca con el tenso nerviosismo de una calma chicha, en la que 19
marinos luchan por sobrevivir sobre una barcaza a la deriva en el desierto del
mar, el suspense hitchcockiano se resuelve cuando arriban a la costa y son
apresados por una tribu maya; el ritmo se aviva y la tensión se incrementa con
los sacrificios humanos hasta que se produce la huída de algunos de ellos, que
correrán por salvar sus vidas sin descanso en una persecución tan agónica como
implacable a lo Apocalypto, a cuya
conclusión los lectores quedarán, como los personajes, empapados en sudor,
barro y sangre.
Tan solo dos
de ellos sobrevivirán, el clérigo Jerónimo de Aguilar y el alférez Gonzalo
Guerrero. Salvados por una tribu enemiga y convertidos en esclavos (los mayas no
conformaron un imperio en sentido estricto, dominaron una vasta y variada
región controlada por ciudades-estado, similar a las de la Antigua Grecia,
conectadas entre sí, pero en constante rivalidad), sus vidas tomarán rumbos diferentes:
el primero servirá en principio como recolector, más tarde como aguador, en las
“tierras altas” y salvará su vida aceptando con resignación cristiana su
destino; el segundo lo hará como tejedor y carpintero, pero será su orgulloso espíritu
de indomable guerrero el que le llevará a librar de una muerte segura a un jefe
tribal y conseguir de este modo su libertad, que empleará en emprender un arriesgado
viaje en solitario por la selva para tratar de rescatar a su amigo. Tras
enfrentarse a un jaguar -como Hugh Glass con el oso en El Renacido-, comprenderá la necesidad de que sus recuerdos
cicatricen tanto como sus heridas y que es uno con esa naturaleza, esta
experiencia iniciática, unida al paulatino conocimiento de las costumbres y las
formas de vida de su tribu -como Kevin Cosner en Bailando con lobos- le llevarán a ser no solo uno más de ellos,
sino un líder importante que, llegado un momento, deberá optar por defender sus
antiguos valores o los nuevos de su situación actual.
Siete años más
tarde, en la segunda parte de la novela, en 1519, la paz en la que vive Gonzalo
y su clan, se verá alterada con la llegada de la expedición de Hernán Cortés,
misión de evangélica conquista que algunos -o muchos- convirtieron en un
anticipo de la búsqueda de El Dorado protagonizada por el loco Lope de Aguirre,
una peligrosa aventura en la que la irracionalidad humana, la ambición de poder
y la codicia se imponen y devienen en violencia extrema brevemente esbozada en
los enfrentamientos narrados en el “Epílogo”, fechado en 1536, que se emparenta
con ese viaje de exploración a las raíces de lo humano de El corazón de las tinieblas.
El Renegado es una magnífica novela de
aventuras, con personajes atractivos bien construidos, extraordinarias
descripciones, tanto de la belleza de los paisajes, como de la crudeza de los
combates, heridas y mutilaciones –en estas últimas se nota en su precisión la
experiencia médica del autor- y, sobre todo, una prosa fluida y un ritmo vivo,
intenso, que te atrapa y te obliga a continuar leyendo hasta el final. Sin duda
la disfrutarán.
ESTA RESEÑA SE PUBLICÓ EN EL SUPLEMENTO "ARTES & LETRAS" DEL HERALDO DE ARAGÓN
JULIO CASTEDO, El
Renegado, Almuzara, 2021.
viernes, 8 de abril de 2022
DISTÓPICO MUNDO PRESENTE
En Fahrenheit 451, Ray Bradbury pretendía explicar qué es el hombre,
qué necesita para vivir o cómo se comporta ante el poder o ante las demás
personas. En esta novela se describe cómo un régimen totalitario utiliza los
medios de comunicación para difundir su mensaje y doblegar a la sociedad
suministrándole placeres inmediatos y proponiéndole métodos de entretenimiento
constantes con los que evadirse y no pensar en nada, de esta manera, conseguía
arrebatar a los ciudadanos todas aquellas cosas imprescindibles para
constituirse como seres libres: cultura,
libros, ideales… Este mundo distópico de Bradbury es el que César
Antonio Molina plantea ya como realidad en su última obra, de irónico título, ¡Qué bello será vivir sin cultura!, un
ensayo en el que mezcla con mano maestra, prosa límpida e ingente saber,
memorias personales, relatos, reflexión filosófica, teoría literaria y cientos de lecturas de todo tipo, para
demostrar fehacientemente que ya vivimos en nuestras propias carnes, o debería
decir mejor mentes, la “tiranía del algoritmo” (en el sentido de que sus
parámetros están regidos por criterios economicistas y antihumanistas), de
manera que “ni siquiera los totalitarismos más salvajes del siglo XX, como el
nazismo o el estalinismo, pudieron colonizar al ser humano libre, y ahora puede
ocurrir.”
¿Caminamos mansamente hacia una
sociedad de vigilancia masiva en la que se manipula la información para tener a
la gente controlada, para convertirnos en meros consumidores anulando nuestra
capacidad de pensar, de decidir por nosotros mismos, cercenando nuestra
libertad como ciudadanos tal y como se refleja en 1984? Orwell imaginó un mundo posrevolucionario donde todo lo que
existía antes de la revolución fundacional de 1984 (los valores humanistas, las
formas de relacionarse, el debate público, la libertad de expresión, la
cultura…) fue abolido y olvidado, de alguna manera, esto es lo que se denuncia
en este ensayo: vivimos en una realidad que hasta hace tan solo unos años era
imaginada por los escritores y pensadores como distopía, si bien, filósofos
comoAdorno y Horkheimer ya nos
anticiparon los males de la cultura de masas, en la que el genio creador y los
verdaderos humanistas serían sustituidos por “especialistas”. Del “homo sapiens”
hemos pasado al “pantalicus”: un ser humano controlado por la tecnología. De
hecho, podríamos afirmar que vivimos en una sociedad como la descrita por los
hermanos Wachowski en Matrix, en la
cual los humanos no saben si lo que viven es real o un sueño, las máquinas -el
“Genio Maligno” de Descartes- están creando una realidad virtual malvada que se
confunde con la auténtica.
Los capítulos, enunciados a modo de
irónicas letanías o mantras, evidencian la presencia ya en nuestras vidas de
muchos de los temores anticipados por Huxley en Un mundo feliz: que nos den tanta información que nos veamos
reducidos a la pasividad y al egotismo; que la verdad se oculte, se tergiverse
o, lo que es peor, se ahogue en un mar de irrelevancia; que la cultura sea
cautiva y se trivialice, preocupada por los sensoramas, las orgías latrías, la
pelota centrífuga, etc., o, simplemente, desaparezca por completo bajo los
efectos del “soma” virtual, internet, ese “libro de arena” utilizado por la
mayoría única y exclusivamente para buscar información, olvidando lo esencial,
que la auténtica sabiduría se adquiere con “silencio, atención, reflexión,
interpretación, memoria, etc.”
Pero que nadie interprete que está
en contra de la tecnología (“muy necesaria para el desarrollo del mundo y de la
que participo”) ni contra el desarrollo humano, su crítica se dirige hacia el
totalitarismo tecnológico que nos imponen las grandes multinacionales que
vigilan nuestras vidas para anularnos como personas y convertirnos en meros
consumidores. A diferencia de la distopía de Orwell, en la que se domina a la
gente infligiéndole dolor, César Antonio Molina, como Huxley, plantea que en
nuestra salvaje sociedad capitalista, el control se basa en el placer y la
evasión, pues “este nuevo y renovado totalitarismo es más inteligente, controla
ya todos nuestros sistemas de comunicación, amenaza los de relación y la forma
de relacionarnos los unos con los otros”. Y para conseguir este fin, se debe
acabar con la “lectura profunda”, la “escritura creadora y el libro”, volvemos
a Bradbury: “Al leer los hombres empiezan a ser diferentes, cuando deben ser
iguales, lo que es el objetivo del Gobierno, que vela por que los ciudadanos
sean felices para que así no cuestionen sus acciones y rindan en su trabajo”,
de esta forma, convertido el mundo globalizado en un desierto cultural, “sin
editores, sin editoriales, sin librerías, sin críticos ni ensayistas, sin
criterios estéticos”, se consumará la ya iniciada “revolución democrática sobre
la tiranía del genio” y se hará realidad la siguiente cita de Woody Allen en la
que resume de forma sarcástica las 1.300 páginas de la más universal novela de
Tolstoi: “He hecho un curso de lectura rápida y he leído Guerra y paz en veinte minutos. Habla de Rusia. “
La distopía es ya presente, pero como
en la excelente y navideña película de Capra -homenajeada en el título-, nunca
es tarde, ni todo está perdido, existe una segunda oportunidad y Dios, que en
el caso de César Antonio Molina, citando a Eco, “es una biblioteca”, nos aporta
la solución que él mismo avanza en el subtítulo de su ensayo, ahora ya sin
ironía, sino como afirmación contundente: La
cultura como antídoto frente a los peligros de la idiotización. Todavía
estamos a tiempo de aplicarla: como Guy Montag, el personaje de Bradbury,
debemos ser conscientes de hacia dónde estamos caminando y rectificar para
salvarnos como seres pensantes y libres, como Neo en Matrix, debemos elegir entre “la pastilla roja o azul” pero ¡ojo!
Sartre ya nos lo advirtió: “Si no elijo, también elijo”.
Resulta paradójico descubrir el
doloroso contraste entre la muchedumbre de esclavos griegos ilustrados y el
analfabetismo obligatorio de civilizaciones posteriores, incluida la nuestra,
donde el analfabeto funcional comienza a ser predominante.
Qué
bello será vivir sin cultura es una apasionada declaración de amor a las
bibliotecas, a los libros físicos, a la lectura, a la literatura, a la
filosofía, al arte, el viaje como conocimiento… Propugna la vuelta a las
Humanidades, a la Cultura, en suma, a la esencia de los seres humanos, que en
acertada definición de Emilio Lledó, “somos palabra, comunicación, lenguaje
escrito y hablado”, por consiguiente, un animal que lee y piensa. Y solo
recuperando esta esencia, dejaremos de ser “esclavos digitales” y podremos
volver a vivir en libertad.-
César Antonio
Molina, ¡Qué bello será vivir sin
cultura!, Barcelona, Ediciones Destino, 2021.
viernes, 1 de abril de 2022
VINDICACIÓN DE BENJAMÍN JARNÉS
Benjamín Jarnés, en su río fiel es una
biografía atípica del especialista jarnesiano, Domínguez Lasierra, quien ha
dedicado varias publicaciones al escritor de Codo, en su mayor parte de
contenido bibliográfico, así pues estamos ante una continuación lógica de una
“obra en marcha” que recorre a lo largo de sus 470 páginas la trayectoria vital
del que es sin ningún género de dudas el novelista más importante de cuantos se
iniciaron en la aventura de una “nueva novela” dentro de la denominada
“generación de 1927”.
Lo “atípico”
de esta biografía editada por Erial Ediciones lo explica el propio autor en el
exordio del libro titulado “Deuda”: “Jarnés ha escrito este libro –‘estas
notas, este pequeño ensayo biográfico, esta vida que se pretende contar’-, del
que soy amanuense. Pero también lo han escrito ellos, mis maestros jarnesianos”,
y entre estos cita a Emilia de Zuleta, María Pilar Martínez Latre, Ildefonso-Manuel
Gil, Ricardo Gullón, Francisco Ayala, Rafael Conte, Víctor Fuentes y Domingo
Ródenas de Moya, cuyas citas se engarzan en el diálogo directo que mantienen
Domínguez Lasierra y Jarnés, salpicado de referencias autobiográficas extraídas
de sus propias obras ordenadas cronológica y temáticamente que sirven de hilo
conductor a esta conversación coral poliédrica, dinámica y fresca sobre su
experiencia existencial, personalidad, pensamiento y obra de extraordinaria
originalidad en la que se conjuga con habilidad el rigor científico y la
divulgación, la agilidad expositiva y la profundidad de análisis, evitando de
esta forma fatigar al lector con el farragoso aparato crítico propio del
género, al tiempo que se atribuye de esta ingeniosa manera los hallazgos y afirmaciones
a cada uno de los estudiosos jarnesianos.
Muy apreciado
en su momento, colaborador destacado de publicaciones como Revista de Occidente y La
Gaceta Literaria, entre otras; narrador imitado por los jóvenes,
considerado casi un “guía generacional” por los escritores noveles que
comenzaban a foguearse a principios de los años treinta, el corte abrupto de la
Guerra Civil supuso para él no solo la distancia del exilio sino también el
inicio de un progresivo olvido que culmina casi en desprecio absoluto de su
obra acusándola de “deshumanizada”, cuando los otrora rendidos admiradores,
caso de Max Aub, definían su narrativa como “cagarrita literaria”, si bien una
década antes le pedía reverencialmente su bendición para el manuscrito de su
extenso relato, Luis Álvarez Petreña,
con las siguientes entusiastas palabras: “Tengo un interés extraordinario
porque tú, novelista de verdad, me digas si esto es una novela. Una novela de
nuestro tiempo y nuestra generación”. Las causas de ese radical cambio -una cumplida
venganza-, nos las detalla Domínguez Lasierra en el capítulo significativamente
titulado: “Max Aub: el origen de una inquina”.
El propio
Jarnés explicaba las causas de su posterior caída en desgracia junto con la de
su generación por su “carácter de risueña y audaz rebeldía”, por haber querido
“elevar el nivel del arte, por los arduos caminos de la inteligencia, por los
delgados caminos de la sensibilidad…”, por todo ello se les acusaba de los
“delitos de frivolidad, de inutilidad…” Su culpa fue pues la de mantener su
independencia de pensamiento (no ser sectario ni tener una marcada afiliación
política, aunque defendió la República y se tuvo que exiliar) y sus
formulaciones estéticas, basadas en la sensualidad y el vitalismo de un mundo
creativo en constante erupción vinculado a las corrientes de la literatura
contemporánea más renovadoras.
La lenta
recuperación de su memoria, su paulatina incorporación a la historia de la
literatura hispana vendría de la mano de sus amigos Gullón e Ildefonso, y de los
espaldarazos de Fuentes, Zuleta, Martínez Latre y, fundamentalmente, del Congreso
del Centenario de 1988, organizado por la Institución Fernando el Católico. Pero
vayamos por partes: Lasierra nos habla de su paso por el seminario y su sólida
formación humanística; de su carrera militar por razones de supervivencia, siempre
en conflicto con su imperiosa necesidad de tiempo para consagrarse a la
literatura; de su búsqueda de identidad y del nacimiento de su vocación; de su
soledad inicial tras su llegada a Madrid y primeros contactos con el mundillo
literario; de su lenta y progresiva notoriedad hasta llegar a ejercer un
verdadero magisterio; del influjo de Stendhal en su obra; de su concepción
lírico-intelectual de la novela, fragmentaria y construida esencialmente sobre sensaciones
y motivos; de su evolución narrativa desde un máximo de preocupación por el
estilo de sus primeras novelas hasta focalizar su atención en la estructura de
las últimas, así como de la importancia de lo autobiográfico en casi todas
ellas; de su amor por Aragón; de sus relaciones con los poetas del 27; de sus
amores prohibidos; de ese 1929, año de la cúspide de su prestigio e inicio de
su paulatino declive; de su exilio y enfermedad; de su regreso a España y
muerte en 1949.
Domínguez
Lasierra cierra esta biografía de referencia, híbrido entre creación y ensayo,
un “género intermedio” entre la tesis doctoral y la obra de arte literaria, con
unos útiles anexos, que incluyen un
original “Colofón sobre un informe”, homenaje a Gregoria, el Amor en la vida de
Jarnés, quien continúa su metaliteraria conversación con Domínguez Lasierra,
biografiado y biógrafo frente a frente, juzgando su propia biografía:
valorándola, catalogándola, analizándola y anticipando qué cuestiones quedan en
el tintero pendientes de estudio para completarla satisfactoriamente; una
entrevista publicada en 2013 en el Heraldo
al autor; una reseña de la edición de la última aportación de Jarnes al cine, Cita de Ensueños (Figuras del Cinema),
realizada por Jose María Conget y una detallada biocronología que se extiende
más allá del año de su muerte, marcando los hitos más relevantes de la
recuperación de su memoria y obra.
Este Benjamín Jarnés, en su río fiel es
lectura imprescindible para todo aquel que quiera tener una verdadera Aproximación a la biografía del prosista
mayor de la generación del 27, y supone también un paso más en la
reivindicación de un escritor atemporal, que aún hoy no goza del lugar que
merece en nuestra literatura.
JUAN DOMÍNGUEZ LASIERRA, Benjamín
Jarnés, en su río fiel. Aproximación a la biografía del prosista mayor de la
generación del 27, Zaragoza, Erial Ediciones, 2021.