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lunes, 21 de septiembre de 2026

 

ANTONIO CANO, ENTRE LA VANGUARDIA Y LA TRADICIÓN POÉTICA




 

            La figura de Antonio Cano Trillo (Teruel, 1910-Bilbao, 1944) se erige como una de las más singulares y, a la vez, menos difundidas dentro del panorama de las vanguardias españolas de entreguerras. Su inclusión en el Diccionario de las vanguardias de España (1907-1936) de Juan Manuel Bonet no solo certifica su pertenencia a ese movimiento de renovación estética, sino que permite situarlo en una red de afinidades intelectuales en la que destacan nombres como Tomás Seral y Casas e Ildefonso Manuel Gil, con quienes compartió la aventura editorial de la revista Noreste. Aquella publicación, de vida breve pero intensa, constituyó uno de los focos de irradiación de la modernidad literaria en Aragón durante los años treinta.

           


La obra de Cano, diversa y poliédrica, abarca poesía, narrativa, ensayo, crítica de arte y teatro. En el ámbito lírico, títulos como Lírica de la ausencia y Alba sin prisa (ambos de 1940) revelan una voz de gran densidad simbólica, capaz de integrar la tradición mística —en la estela de San Juan de la Cruz, como apuntó José Enrique Serrano Asenjo— con una imaginería de raíz vanguardista, audaz y visionaria. Por su parte, Elegía a Túrbula (Devocionario de Teruel) (1941), patrocinado por el Ayuntamiento de Teruel y prologado por Miguel Artigas, a la sazón Director General de Archivos y Bibliotecas, entre otros muchos cargos, nacido en Blesa, constituye una de sus obras más ambiciosas y singulares: un extenso poema fragmentario que, a modo de devocionario laico, reconstruye la ciudad devastada por la Guerra Civil mediante una sucesión de estampas líricas de gran potencia evocadora. En él, la memoria individual se funde con la colectiva, y la tradición local se reinterpreta desde una estética moderna que convierte la ruina en materia poética.

            Su producción narrativa, aunque menos extensa, no resulta menos significativa. El hombre que no tuvo Ángel de la Guarda (1936) ha sido interpretada por Serrano Asenjo como una incursión en el humor negro que deriva hacia el absurdo y el nihilismo, en sintonía con ciertas corrientes europeas de la época y con el esperpento de Ramón María del Valle-Inclán. A esta línea pertenecen también obras hoy menos conocidas, como El fantasma de la Andaquilla o La leyenda del Peirón, donde lo local y lo fantástico se entrelazan bajo una mirada irónica. Junto a ellas, cabe mencionar proyectos como el libro de ensayos humorísticos Tobbogan, que probablemente no llegó a publicarse, o la novela Quimera de amor, escrita en colaboración con Julio Catalán.



            El teatro constituye otra de las vertientes de su actividad creativa. En 1932 publicó el volumen Mi teatro, que reúne piezas de diversa orientación estética. Algunas, como Los tragos del tío Regino o Quiero salir concejal, se inscriben en el sainete costumbrista aragonés; otras, como Leyenda de un sueño —calificada como “poema escénico”— o El caballero de las noches blancas, muestran una clara voluntad de experimentación formal, con ecos tanto del simbolismo como de la tradición dramática que remite a William Shakespeare. Esta dualidad entre tradición popular y búsqueda vanguardista atraviesa toda su obra.

            Para comprender en profundidad su trayectoria resulta imprescindible atender al entorno familiar en el que se formó. Su padre, León Cano Jarque, fue una figura destacada del periodismo de la época: fundador de cabeceras como El Turia o La Voz de Teruel, crítico taurino bajo el seudónimo “Jacobito” y corresponsal de importantes medios nacionales. Su actividad, marcada por un fuerte compromiso ideológico, le acarreó persecuciones, sanciones y traslados forzosos. En ese contexto, Antonio Cano creció en un ambiente donde la palabra escrita, la opinión y la intervención pública formaban parte de la vida cotidiana. No es extraño, por tanto, que iniciara muy pronto su colaboración en la prensa, donde desarrolló una intensa actividad como articulista.

            Sus textos periodísticos abarcan una amplia gama de temas, aunque destacan especialmente los dedicados al arte, el cine y la literatura. En ellos se advierte una constante: la atención a lo turolense, tanto en su dimensión histórica y legendaria —con referencias recurrentes a los Amantes— como en su geografía urbana —los Arcos, el Portal de la Andaquilla, el viaducto—, reinterpretada mediante una prosa de gran plasticidad. Sus descripciones, cargadas de metáforas e imágenes sorprendentes, se aproximan en ocasiones a la greguería ramoniana, sin renunciar a un tono personal que combina lirismo y humor.

            A esta faceta literaria se suma su actividad como caricaturista y humorista gráfico, ampliamente reconocida en la prensa de la época por su originalidad y capacidad de síntesis psicológica. Asimismo, destacó como crítico de arte, con artículos en los que analiza la obra de pintores como El Greco, Francisco de Goya o su contemporáneo, el pintor turolense, Miguel Delgado. Especial interés revisten textos como “Doménico y las manos”, donde reflexiona sobre la expresividad en la pintura del Greco, o “Los ángeles en la pintura”, en el que traza un recorrido por la representación de este motivo en la historia del arte.

            Su implicación en la vida cultural turolense fue igualmente notable. Integrado en la asociación Acción Cultural, participó en exposiciones y actividades colectivas, contribuyendo a dinamizar un panorama artístico que buscaba abrirse a las corrientes contemporáneas. En este contexto se inscribe también su vinculación con el primer cine club de Teruel, uno de los primeros de España, del que fue su fundador y alma mater durante su breve existencia, muestra de su interés por las nuevas formas de expresión.

            La Guerra Civil marcó un punto de inflexión en su biografía. Integrado en el bando sublevado, participó en la entrada en Teruel en febrero de 1938. La experiencia de la destrucción de la ciudad dejó una profunda huella en su sensibilidad, que se tradujo en la escritura de Elegía a Túrbula, obra en la que la memoria, el dolor y la reconstrucción simbólica del espacio urbano alcanzan una intensidad poco común en la poesía de posguerra.

            Tras el conflicto, Cano se trasladó a Bilbao, donde continuó su labor literaria hasta su prematura muerte en 1944. Este desplazamiento, motivado probablemente por razones profesionales, supuso un alejamiento físico de Teruel, pero no un distanciamiento emocional: la ciudad siguió siendo el eje vertebrador de su imaginario poético.

            La trayectoria de Antonio Cano Trillo, truncada a los treinta y cuatro años, deja entrever un proyecto literario de gran coherencia y originalidad. Su obra, situada en la encrucijada entre tradición y vanguardia, entre lo local y lo universal, constituye un testimonio valioso de la modernidad literaria en un ámbito periférico como el turolense. La recuperación y estudio de su legado —impulsados por trabajos como los de Serrano Asenjo o José Luis Melero— resultan hoy imprescindibles para comprender en toda su amplitud la riqueza y diversidad de las vanguardias españolas.

 















jueves, 20 de agosto de 2020

ANTONIO CANO Y EL PRIMER CINE CLUB TUROLENSE (XVI)

Un Cineclub turolense a finales de los años veinte (III)




Se trata, como se puede deducir por su argumento, de una exaltación de la Naturaleza, de un canto a la vida primitiva descrita con crudeza y realismo en la que descubrimos una escena que, sin género de dudas, influyó en el Robinson Crusoe de Buñuel, es aquella cuando Caín, desesperado por el abandono en el que se encuentra y ansioso por escuchar a un semejante, proyecta con gritos su voz hacia las montañas y el eco se la devuelve acrecentando su propia soledad.

Tonny Bourdelle es “Caín” y la actriz indígena Rama Tahe es “Zu-Zu”, el tercer gran personaje, como rezaba la propaganda de la época, era la misma naturaleza de la isla de Nossi-Be. Junto con sus actuaciones, en la película también destaca la banda sonora, compuesta por André Petiot  e interpretada por la Gran Opera de París, dirigida por el maestro Szyfer, el tema principal, la “Canción de Zou zou” fue grabada por la soprano polaca Maria Alexandrowicz.

La película cosechó un importante éxito de crítica y público, en especial en Francia, pero también en otros muchos paises. En España se presentó ya en el año 1931 y en Zaragoza, en el Salón Doré, a principios de mayo.

La recepción en Teruel parece ser que resultó un tanto fría, de hecho, el reseñista que la comentó para La Voz de Teruel (seguramente el mismo Cano), tras explicar que fue presentada por el socio de la A. C. T., Rafael González, manifestaba su comprensión ante el desconcierto suscitado en gran parte del público, acostumbrado a películas más banales, comedias y operetas, sin embargo, destacaba y resaltaba su fotografía, música, así como el tratamiento realista del tema, y anticipaba que la finalidad del Cine club radicaba más que en el entretenimiento en la educación de la mirada de los espectadores, ofreciéndoles otro tipo de cine dentro de las nuevas experiencias fílmicas que se estaban desarrollando en el séptimo arte.
Aunque hay varias noticias de prensa que anticipan una segunda sesión, no hemos podido localizar que se llevara a efecto, da la impresión como si el tema se hubiera diluído por el escaso entusiasmo de los espectadores o quizá la marcha y ocupaciones de Antonio Cano le impidiesen seguir con su proyecto, el caso es que el Cine club no tuvo más continuidad.

sábado, 13 de junio de 2020

ANTONIO CANO Y EL PRIMER CINE CLUB TUROLENSE (XV)

Un Cineclub turolense a finales de los años veinte (II)




El Cine Club se enmarcaba dentro de un amplio espectro de actividades promovidas y realizadas por una asociación cultural y social de gran vitalidad: La Acción Cultural Turolense. Quizá convenga hablar siquiera brevemente de ella, sin duda una de las más activas que hayan existido en la ciudad de Teruel, entre cuyos ambiciosos fines se encontraban los de editar una revista artístico-cultural, realizar exposiciones de todo tipo -caricaturas, fotografía, pintura, etc.-, conferencias,  fundar un Ateneo cultural, impartir clases de formación en música, artes plásticas, ciencia, literatura, periodismo,  organizar la Feria del Libro, veladas teatrales, la Cabalgata del día de Reyes, etc., siempre con la mirada puesta en los niños, en especial en los más desfavorecidos a los que regalaba libros, juguetes o, incluso, organizaba para ellos proyecciones cinematográficas educativas. Entre sus presidentes honorarios se encontraban el dramaturgo Jacinto Benavente oel Gobernador Civil y entre sus miembros más activos Antonio Cano, difusor en la prensa de sus actividades y director del mencionado Cine Club.


La película elegida para esta presentación fue Caín (Caïn, aventure des mers exotiques, 1930), “el mejor film sonoro de vanguardia”, según se anunciaba en los periódicos locales,un claro ejemplo de lo que podríamos calificar como“cine exótico”, que inauguró Flaherty con Moana (1923-1925), un documental de corte roussoniano sobre una joven pareja maorí, que abrió la espita a este tipo de películas con continuaciones como Sombras blancas en los mares del Sur (1927-1928), de W.S. Van Dyke y cuya película más emblemática sería Tabú (1930), de F.W. Murnau.

Rodada en Madagascar por el director francés Léon Poirier, Caín  narra, en palabras de Roma Gubern, la “aventura robinsoniana” de un marinero que, insatisfecho con su trabajo y llevado por el odio ante la desigualdad humana, roba la billetera y el bolso de un pasajero y huye en un bote. Permanece a la deriva durante varios días sufriendo la tortura del hambre y la sed, hasta que arriba en una isla desierta de exuberante vegetación. Un día llegan unos jóvenes de una tribu vecina, que huyen al ver aparecer a Caín y abandonan a una bella muchacha.
El hombre la asediará hasta que al final consigue rendirla y se le entrega. Con ella tendrá dos hijos, si bien uno muere al ser mordido por una serpiente. Llevado por la nostalgia de la civilización, Caín aprovecha la oportunidad del paso de un vapor y se embarca de nuevo abandonando a su mujer e hijo. En el viaje de regreso trabaja como fogonero, pero un día oye en una radio las noticias del mundo en las que se da cuenta de diferentes catástrofes, lo que le lleva, de nuevo, a regresar con “Zu zu” y con su hijita.

lunes, 1 de junio de 2020

ANTONIO CANO Y EL PRIMER CINE CLUB TUROLENSE (XIV)



Un Cineclub turolense a finales de los años veinte

         Salvo la honrosa excepción de Ramón Gómez de la Serna y pocos más, para los intelectuales de finales del siglo XIX y principios del XX el cine no fue objeto de interés, habrá que esperar a la generación del 27 para que algunos de sus componentes rindan tributo al nuevo arte y lo entiendan como tal. Será en ese momento cuando surja el primer cine club de España, dirigido por Ernesto Giménez Caballero y por Luis Buñuel, cuya sesión inicial tuvo lugar en el Cine Callao de Madrid el 23 de diciembre de 1928 con la proyección de la película El Tartufo (1925). En los años siguientes fueron sumándose los de las grandes ciudades españolas, entre ellos el de Zaragoza, filial del Cineclub Español citado. Su primera sesión se desarrolló en el Cinema Alhambra el domingo 27-IV-1930. La sesión inaugural fue un gran acontecimiento cinematográfico, con un programa que agrupaba una versión primitiva de La dama de las camelias, Historia de la brujería, de Benjamin Christensen, y como acontecimiento, Un chien andalou, de Luis Buñuel y Salvador Dalí.


         
   Sorprendentemente, un año más tarde, Teruel, una ciudad que en el siglo XXI todavía no está en el mapa, contaba ya con el suyo propio, entendemos que también como extensión local del madrileño o del zaragozano, el propio Cano anunciaba su próxima puesta en marcha en La Voz de Teruel el 8 de abril de 1831 y dos días más tarde, insistiendo en la necesidad de satisfacer con ese proyecto los variados gustos cinéfilos de todas las profesiones, añadía que “del comité central del Cine Club se han recibido telegramas felicitando a los organizadores del Cine Club local”; sin embargo, habría todavía que esperar al 17 de diciembre, para que se produjera su presentación oficial con la proyección de la película Caín.

miércoles, 1 de abril de 2020

ANTONIO CANO Y EL PRIMER CINE CLUB TUROLENSE (XIII)

Una sección cinematográfica en La Voz de Teruel (IV)



El 18 julio de 1927  esboza la carrera artística de una de las estrellas del Hollywood de finales de los años veinte y principios de los treinta, Norma Shearer, dos de cuyas películas, El circo del diablo  (The Devil's Circus, 1926) y Amor de Padre (The Tower of Lies, 1925), se habían proyectado esa temporada en el cine Marín de Teruel. 



Cierra el mes, el 25 de julio de 1927, con otro sobre la vida y la trayectoria profesional del cómico Buster Keaton, trufada de numerosas anécdotas.


Comienza agosto dedicándole uno al célebre galán de los años veinte, Ramón Novarro, de quien dibuja un recorrido profesional bastante exhaustivo dando cuenta incluso de su propio físico: “…no es alto, pues mide cinco pies y seis pulgadas, pesa 69 kilos, y paremos de contar. Es amante de todos los deportes, en especial de la natación en el que está hecho ‘un trucha’, sino que lo digan los lectores si han visto Dick, el guardia marina.”

No volvemos a encontrar ninguna colaboración más a este respecto hasta el 22 de mayo de 1931, cuando aparece la última dedicada al genial Charlot, del que habla resumiendo extensamente el libro de Enrique Poulaille, Charlot, publicado en 1927, cuyo conocimiento nos demuestra que nuestro autor estaba al cabo de la calle en cuanto a lecturas cinéfilas se refiere.

sábado, 21 de marzo de 2020

ANTONIO CANO Y EL PRIMER CINE CLUB TUROLENSE (XII)


Una sección cinematográfica en La Voz de Teruel (III)




  
 Dos semanas más tarde, el 11 de julio, publica en este caso un extenso artículo dedicado a la exitosa troupe de niños-actores protagonistas de la popular serie para público infantil (1922-1944), aunque gustaba a todo el mundo, titulada en los primeros años, Our Gang, y después, Little Rascals. En España se conoció como La Pandilla. Cano se declara incondicional seguidor y describe a sus componentes uno tras otro en los siguientes términos:

Farina, la coqueta Farina, de mirada seductora y de esbelto tipo lo mismo que una palmera de Oriente; es la venus morena, de tufos incontables en su encaracolado pelo…
Panchito, su hermano, peor que una nube de pedrisco; de más ingenio que un casero para cobrar de sus inquilinos. El más organizador, el más diligente y activo para poner en práctica cuanto inventa la Pandilla, sueña eternamente con la roja sandía, la que estaría devorando hasta en las horas de dormir…
El Gordo, el que se emociona únicamente, ante un blanco lecho o una mesa bien provista de viandas; al que todo le es indiferente, el amor y las aventuras. Es el compañero de verdadera confianza de todos; a él le delegan infinidad de asuntos que resuelve bien, si no mete la pata…
Mickey: el Adonis, el romántico; el alma de la cuadrilla, con malas intenciones que pecas hay en su cara. Con ojos pequeños, pero más vivos que los toros del Gallo echados al corral…

      En fin, un delicioso artículo en el que demuestra ser un fan absoluto de la serie y unos conocimientos cinematográficos importantes, pues junto a las definiciones de los personajes aporta datos sobre sus edades, experiencias en cine, gastos de producción de la serie, ganancias por capítulos, etc.

viernes, 13 de marzo de 2020

ANTONIO CANO Y EL PRIMER CINE CLUB TUROLENSE (XI)


         
Una sección cinematográfica en La Voz de Teruel (II)


            En la misma línea de afición por el deporte se encuadra su artículo dedicado al mítico corredor Antonio Balaguer Pacual (1855-1938), conocido como “El Rey de Andorra”, por haber nacido en ese pueblo minero, del que se cuentan hazañas portentosas, tanto en carreras de velocidad como de fondo, del que nos dice que llegó a ganar competiciones contra caballos de carreras celebradas en los hipódromos de Londres y París.
         De igual forma, como señala José Enrique Serrano, en la escritura de Antonio Cano se percibe una más que evidente influencia del cine, de hecho se podría incluso hablar de cierta retórica fílmica, así ejemplifica estas afirmaciones con ejemplos como el siguiente: “La perspectiva de la ciudad, chata desde arriba, toma un giro inclinado como de plano de una fotografía cinematográfica muy avanzada”.
A partir de finales de junio de 1927, firma una esporádica sección cinematográfica en La Voz de Teruel, en ella esboza biografías de actores y actrices de fama mundial, así, el 29 de junio de ese año dedica un artículo a resumir la biografía y películas realizadas hasta la fecha por la, en ese momento, indiscutible estrella de la Paramount del cine mudo, Gloria Swanson, acompañándolo de un dibujo realista de la actriz.

lunes, 2 de marzo de 2020

ANTONIO CANO Y EL PRIMER CINE CLUB TUROLENSE (X)


Una sección cinematográfica en La Voz de Teruel


    El siglo xx es el siglo del deporte, por lo que los escritores vanguardistas incorporaron el tema deportivo a sus obras, en especial como recurso para la creación de imágenes y metáforas. Siguiendo la estela de poemas como “Platko”, de Rafael Alberti, dedicado a un famoso portero de fútbol, Antonio Cano, como anticipo de su sección cinematográfica,  entrevista a Ricardo Zamora para el periódico local La Voz de Teruel (16 marzo 1927), con motivo del rodaje de unas escenas en el Mausoleo de los Amantes para la película que protagonizó el famoso portero, Por fin se casa Zamora, una comedia de cine mudo realizada por José Fernández Bayot «Pepín», que también hizo el guion (adaptación de la obra teatral de Luigi Pirandello, L’uomo, la bestia e la virtú) y apareció en más de una escena como actor meritorio. La trama gira sobre el dilema que se le plantea al protagonista, cuyo tío va a legarle una fabulosa fortuna, con la condición de casarse con una prima muy fea.

       En un momento dulce de la carrera de Zamora, ganador con la selección española en la Olimpiada de Amberes de 1920 de la medalla de plata y de dos copas de España con el Barcelona (1920, 1922), la prensa  del momento especula constantemente con su soltería y el avispado director y productor José Fernández decide sacarle partido a la situación  y rueda este film que obtuvo buenos resultados en taquilla, si bien la interpretación del guardamenta deja mucho que desear. Se estrenó en el Capitol Cinema y Pathé Cinema de Barcelona el 15 de septiembre de 1927; una semana más tarde lo hizo en Madrid y algunas después en Valencia .
         

sábado, 15 de febrero de 2020

ANTONIO CANO Y EL PRIMER CINE CLUB TUROLENSE (IX)


Novelista

         Poco podemos aportar sobre su labor como novelista, pues no hemos leído nada de Antonio Cano en este sentido, tan solo, como aproximación a esta faceta, expondremos brevemente las aportaciones esenciales que en el citado artículo de Enrique Serrano se exponen sobre El hombre que no tuvo Ángel de la Guarda, cuyo fantástico y surrealista argumento resume de la siguiente manera:

   En el ámbito de una familia de tres hermanos de edad madura que viven solos (Amada, Flora, Perfecto, nombres simbólicos e irónicos), tienen lugar sistemáticamente palizas sobre el varón, un jorobado de pocas luces. Una de ellas es interrumpida a causa de los golpes dados en la puerta por un desconocido visitante, al que no se abre. Amada cree que puede ser el Ángel de la Guarda de Perfecto. Este encuentra en una tienda a Metodia y ve en ella al presunto salvador. Metodia es la 26ª hija de don Pródigo, empresario de pompas fúnebres, viudo cinco veces y padre de otros veinticinco hijos, ya muertos. Un amigo suyo es don Parco. Se trata de un amante del espiritismo que cree tener a su esposa reencarnada en un paraguas.
   Cierto día los dos amigos y Metodia se dirigen a una sesión ocultista, cuando son vistos por Perfecto, que ha sido enviado a un recado por sus hermanas. No sólo se retrasa en su misión, sino que pierde las sardinas objeto de la salida. Al regresar a casa, se suscita una discusión en la que Flora ofende al supuesto ángel. La paciencia de Perfecto se acaba, intenta estrangular a su hermana y la da por muerta, aunque sólo está desmayada. En la huida, se refugia en la funeraria dentro de un ataúd. Es descubierto al día siguiente en una situación que Perfecto considera el Juicio Final y, deshecho su error, devuelto a casa. Muere Metodia y Perfecto intenta volar arrojándose de un puente con unas alas de papel. El párrafo final, “estrella 13ª”, es un baile de don Pródigo y don Parco sobre la tumba de Metodia, con la intención de hacer reír a la joven.

A su juicio, se trata de “una novela de humor negro que termina por caer en el absurdo y hasta en el nihilismo”, que relaciona con el “tipo de humor que se impone en la narrativa española en los años veinte…”, ligado a la recepción en España de los movimientos vanguardistas europeos. De igual forma, también cree ver un cierto influjo del “esperpento de Valle-Inclán, con lo que esto supone de compromiso con la inmediata historia del país.”
También dentro del humor parece ser que se inscriben sus escritos El fantasma de Andaquilla, y La leyenda de Peirón.

miércoles, 5 de febrero de 2020

ANTONIO CANO Y EL PRIMER CINE CLUB TUROLENSE (VIII)


Dramaturgo

         Son varias las referencias en periódicos locales de la época que documentan la presencia de obras teatrales escritas por Cano y representadas por actores aficionados de la ciudad en el Teatro Marín (por ejemplo, la titulada, Siempre que tú y yo pleiteamos). De hecho, en 1932 vería la luz un tomito titulado Mi teatro, con cinco de ellas. Dos, según señalan las críticas de diferentes periódicos, tanto locales (La Voz de Teruel y El Turia), como regionales (La Voz de Aragón) y nacionales (El Sol), corresponden a lo que podría denominarse sainetes de costumbres aragonesas, es el caso de Los tragos del tío Regino, o en Aragón todo es vino y Quiero salir concejal.
Por su parte, Las funcionarias parece ser era un juguete cómico, mientras que las dos últimas, según comentan los reseñistas, tenían pretensiones vanguardistas, pero se ajustaban más a una especie de teatro romántico, simbólico y poético, es el caso de Leyenda de un sueño (en El Sol es catalogada como “poema escénico”) y El caballero de las noches blancas (calificada por el propio Cano como “farsa de vanguardia en cuatro cuadros”, mientras que el crítico de El Turia dice ver en ella un “romanticismo modernista”, pleno de bellas y novedosas imágenes, donde cree percibir en ocasiones la huella de Valle Inclán e, incluso, del mismo Shakespeare).

sábado, 18 de enero de 2020

ANTONIO CANO Y EL PRIMER CINE CLUB TUROLENSE (VII)


POETA (II)

Cano fue miembro fundador y editor de los dos primeros números de la revista Noroeste, junto con Tomás Seral y Casas e Ildefonso Manuel Gil, donde publicó algunos poemas de corte surrealista con presencia de atrevidas y sugerentes imágenes.
Colaboró con algún poema en el único número de la revista Pregón Literario, editado en 1936, y también lo hizo con la gaditana Isla en sus dos épocas, compartiendo nómina con nombres tan reconocidos como José María Pemán, Carlos María Vallejo, Guillermo Díaz-Plaja, Manuel de Falla, Marqueríe, Leopoldo Panero o Adriano del Valle, entre otros muchos intelectuales de la época. En ella se pueden leer dos sugerentes sonetos dedicados a la ciudad de Teruel, son los siguientes:
               EXALTACIÓN DEL ORIGEN DE TÚRBULA
Corneador de Cierzo en la llanura,
Seguido de guerrera muchedumbre
Sedienta de Destinos, logras cumbre
Donde hay pasto de Estrellas, y frescura.
Altas tus astas, más que toda altura
-media luna de bronce sin herrumbre-
Entre las dos despunta leve lumbre
Que a crecer en lucero se apresura.
No sabe el Toro qué es lo que le para,
Si flor de prado o cita que le insiste
-torerilla- desde una altura rara.
La Estrella guiña y llama, y él, de un salto,
Ágil corneador de Cierzo, embiste
Poniendo el sitio de Teruel más alto.

SONETOS DE TERUEL
Túrbula turbia, Túrbula turbada,
un milagro de yugos y de flechas
-estrellas por el aire, recién hechas-
las piedras son de tu ciudad volada.
Túrbula turbia, Túrbula asolada,
Ángeles van llorando en tus estrechas
Callejuelas hundidas y en las brechas
Besando tanta vida aniquilada.
Oh blanca nieve vuelta roja nieve.
Oh caricia sutil de hierros duros.
Oh muerte grande de tu vida leve.

jueves, 2 de enero de 2020

ANTONIO CANO Y EL PRIMER CINE CLUB TUROLENSE (VI)


Poeta (I)

        Sin duda ninguna, Antonio Cano fue un poeta notable, las composiciones que hemos podido leer salidas de su pluma nos presentan a un joven poeta que bebe del modernismo en composiciones como “Prisioneros, tú y yo…”, publicado en La Voz de Teruel (22 de enero de 1932):

Del jardín donde naciste,
te cortaron y llevaron
a un palacio de cristal.
Paredes
claras
y transparentes.
Estanque para bañar.
Balcón
sobre el que asomarte
puedas en tu soledad.
Vaso de agua,
vaso frágil es tu mansión
señorial.
¡Y te quejas de tu cárcel!
¿Dónde mejor estarás,
en palacio de doncellas
o siempre sobre el rosal?
¿Quieres cambiar
por la mía?
¡Yo, estoy preso,
tú, no estás!
Sobre mí, tengo cadenas
y amarguras que llorar…
¿Te aprisionaron por buena?
¡Yo lo estoy por mi maldad!
Por eso, tengo barrotes
Y tú, mansión de cristal.

         En el citado trabajo de José Enrique Serrano, se analiza la labor poética de su primer poemario, Lírica de la ausencia, y señala que se “sitúa en la estela de San Juan de la Cruz, en el que demuestra “la brillantez de imágenes que define al escritor, en una línea que quizá recuerde la más característica de la poesía andaluza”.
         Uno de sus poemarios más brillantes es, sin duda, como ya hemos anticipado, Elegía a Túrbula (Devocionario de Teruel), cuyo prologuista, Miguel Artigas, calificó como “poema moderno de técnica y factura nueva, de emoción contenida y diluida en una floración literaria exuberante de tropos de imágenes bellas y afortunadas”
Cano fue miembro fundador y editor de los dos primeros números de la revista Noroeste, junto con Tomás Seral y Casas e Ildefonso Manuel Gil, donde publicó algunos poemas de corte surrealista con presencia de atrevidas y sugerentes imágenes.
Colaboró con algún poema en el único número de la revista Pregón Literario, publicado en 1936, y también lo hizo con la gaditana Isla en sus dos épocas, compartiendo nómina con nombres tan reconocidos como José María Pemán, Carlos María Vallejo, Guillermo Díaz-Plaja, Manuel de Falla, Marquerie, Leopoldo Panero o Adriano del Valle, entre otros muchos intelectuales de la época. En ella se pueden leer dos sugerentes sonetos dedicados a la ciudad de Teruel, son los siguientes:
               EXALTACIÓN DEL ORIGEN DE TÚRBULA
Corneador de Cierzo en la llanura,
Seguido de guerrera muchedumbre
Sedienta de Destinos, logras cumbre
Donde hay pasto de Estrellas, y frecura.
Altas tus astas, más que toda altura
-media luna de bronce sin herrumbre-
Entre las dos despunta leve lumbre
Ue a crecer en lucero se apresura.
No sabe el Toro qué es lo que le para,
Si flor de prado o cita que le insiste
-torerilla- desde una altura rara.
La Estrella guiña y llama, y él, de un salto,
Ágil corneador de Cierzo, embiste
Poniendo el sitio de Teruel más alto.

SONETOS DE TERUEL
Túrbula turbia, Túrbula turbada,
un milagro de yugos y de flechas
-estrekkas por el aire, recién hechas-
las piedras son de tu ciudad volada.
Túrbula turbia, Túrbula asolada,
Ángeles van llorando en tus estrechas
Callejuelas hundidas y en las brechas
Besando tanta vida aniquilada.
Oh blanca nieve vuelta roja nieve.
Oh caricia sutil de hierros duros.
Oh muerte grande de tu vida leve.

sábado, 14 de diciembre de 2019

ANTONIO CANO Y EL PRIMER CINE CLUB TUROLENSE (V)


Crítico de arte




   Otra faceta destacada de nuestro poliédrico personaje es la de crítico de arte, son frecuentes sus artículos analizando determinadas características de la obra de reconocidos pintores como la de su gran amigo,Miguel Delgado (1910-1985), magnífico pintor postcubista alcañizano de retrato, bodegones y paisajes urbanos, de Bayo Marín (1908-1953), Jacobo Jordaens, Goya o el Greco, por citar algunos. A este último le dedicó además de artículos en periódicos, toda una serie de reflexiones poéticas en ocho breves entradas en las que analiza la expresividad y significación de las manos en sus cuadros, comparadas con las de otros pintores como, por ejemplo, Alberto Durero, publicadas en la revista Isla (núm. 16, 1939) bajo el título de “Doménico y las manos” (sobre él escribió otro artículo en el número dos de los Cuadernos Mediodía), y también en Isla publicó un interesante trabajo, “Los ángeles en la pintura” (núm. 9, 1936), en el que siguiendo este motivo temático recorre la obra de Fray Angélico, Filippo Lippi, Rafael, Boticelli, Guido Reni, Marco Melozzo, Tiziano, Miguel Ángel y, por supuesto, el Greco.




sábado, 23 de noviembre de 2019

ANTONIO CANO Y EL PRIMER CINE CLUB TUROLENSE (IV)


Caricaturista


   Antonio Cano no solo fue escritor, cultivó también el humorismo gráfico y la caricatura con gran maestría, como se puede apreciar en las numerosas muestras presentes en la prensa de la época.
       
  En una entrevista publicada en La Voz de Teruel (7-3-1928), el innominado autor de la misma comentaba al presentarlo: “ni sus caricaturas tienen parecido a las de Sirio, Fuente, Bagaria, ni a las de los humoristas Sama, K-Hito, López Rubio, etc.”, para afirmar que su caricatura es de un “humorismo tal, que refleja toda la psicología individual con líneas sencillamente aristocráticas."
Por su parte, Antonio Cano con sus respuestas va realizando un recorrido profesional por su faceta artística, comenta que su primera caricatura fue una publicada en el periódico El Noticiero del futbolista Morales, le pagaron dos duros y añade que para La Voz de Teruel había publicado hasta la fecha veintiuna y en la revista Picotazos quince, de igual forma, dice haber ilustrado obras de Alberto Casañal, Concha Espina y algunas de la publicación mensual zaragozana dedicada al fomento y difusión popular de la narrativa corta aragonesa, fundada y dirigida por Arturo Gil Losilla, la “Novela de viaje aragonesa”, y para la “Novela de los nóveles”.
De las publicadas en La Voz de Teruel hay una serie, “Cinematografía local”, dedicada a personajes populares de la ciudad,  integrada dentro de los más de cien trabajos que reunió y presentó en una exposición que tuvo lugar en noviembre de 1927. 

En otras ocasiones, dentro de la sección “Humor Nuevo”,  caricaturiza y relata por escrito particulares semblanzas de amigos, caso del pintor y profesor Ángel Novella o del humorista, escritor y corresponsal del diario Ahora de Madrid, José Valencia. 
       Sobre su habilidad con el dibujo y, en especial con la caricatura, en el citado artículo de José Luis Melero se hace referencia a una fantástica carta ilustrada  remitida en enero de 1935 por Cano a Ildefonso Manuel Gil acusándole recibo de La voz cálida, poemario publicado un mes antes, en la que junto a una graciosa caricatura del poeta, le confiesa con su “habitual tono humorístico, que se había hecho ‘fotógrafo de ángeles’ y que iba a especializarse en ‘retratos celestes para carnets’,  pues ‘creo que ahora en el cielo van a darles tarjetas de identidad a todos a fin de evitar intromisiones’, prometiéndole avisarle ‘si el negocio fuera bien’”, estupenda anécdota que define a nuestro juicio a la perfección la personalidad de Cano.
     

Cultivó también con gusto y éxito el humor gráfico en la prensa local, en especial en La Voz de Teruel.









El artículo completo se puede consultar en la revista de cine CABIRIA