MARILYN MONROE POETA
CASABLANCA
FOTO DE GONZALO MONTÓN MUÑOZ
domingo, 1 de noviembre de 2026
miércoles, 21 de octubre de 2026
RAMEAU,
ENTRE LA RAZÓN Y EL MISTERIO DE LA MÚSICA
Hay músicos que pertenecen a la
historia y otros que, de algún modo, siguen interrogando al presente.
Jean-Philippe Rameau (1683-1764) pertenece a esta segunda categoría.
Compositor, clavecinista y teórico, fue una de las grandes figuras de la música
francesa del siglo XVIII y uno de los contemporáneos más destacados de Bach. Su
importancia, sin embargo, no se limita a la extraordinaria calidad de sus
composiciones: Rameau quiso también comprender aquello que hacía posible la
música, penetrar en sus leyes y convertir la armonía en objeto de reflexión.
Esa doble condición de artista y pensador es la que aborda Andrés Alberto Gómez
en Elogio de Rameau, publicado por Fórcola Ediciones en su colección
Periplos.
El libro nace, además, de una
relación especialmente significativa con su protagonista. Gómez no se acerca a
Rameau únicamente desde la musicología o desde la historia de la música, sino
desde la experiencia de un intérprete: es clavecinista y director del conjunto
La Reverencia. Su mirada, por tanto, parte del conocimiento directo de un
instrumento fundamental en la trayectoria de Rameau y permite que el músico del
siglo XVIII deje de ser una figura distante para convertirse en una presencia
sonora. El resultado es un ensayo que pretende acercar al lector tanto al
creador como al hombre que se encontraba detrás de sus partituras.
Uno de los principales méritos del
libro reside precisamente en esa voluntad de escapar de la biografía
convencional. Gómez no se limita a ordenar fechas, obras y acontecimientos,
sino que intenta reconstruir el universo intelectual y artístico en el que
Rameau desarrolló su actividad. Componer y pensar la música aparecen así como
dos actividades inseparables. El autor muestra a un creador que hizo de la
armonía un territorio de investigación y que entendió que detrás de la belleza
de los sonidos existía también una estructura que podía ser analizada y
explicada.
Ahí se encuentra una de las grandes
paradojas de Rameau: cuanto más quiso someter la música al conocimiento y a la
razón, más evidente resulta el misterio que permanece en ella. Sus tratados
sobre armonía alcanzaron una influencia extraordinaria y mantuvieron su
condición de obras de referencia hasta comienzos del siglo XX, pero su legado
no puede reducirse a la teoría. En sus composiciones conviven la precisión
constructiva, la imaginación y una luminosidad que hace que su música siga formando
parte del repertorio de los grandes intérpretes actuales.
El Elogio de Rameau tiene,
además, otra particularidad que amplía considerablemente su interés. El ensayo
se acompaña del Elogio histórico de Mr. Rameau, escrito por Hugues Maret
poco después de la muerte del compositor y considerado la primera biografía
dedicada a él. Gómez ofrece aquí la primera edición crítica en español de este
texto, una incorporación que permite al lector acercarse a Rameau también a
través de la mirada de uno de sus primeros biógrafos. Maret llegó a definirlo
como el «Orfeo de Francia», una denominación que resume la extraordinaria
consideración que alcanzó el músico en su tiempo.
La presencia de Ramón Andrés en el
prólogo constituye otro de los atractivos del volumen. Su escritura, tan
vinculada a la reflexión sobre la música, el silencio, el tiempo y la
experiencia estética, establece desde las primeras páginas un marco de lectura
que invita a contemplar a Rameau más allá de las etiquetas de compositor o
teórico. El prólogo y el ensayo parecen compartir, de este modo, una misma
preocupación: preguntarse qué sucede cuando el pensamiento intenta aproximarse
a aquello que la música expresa sin necesidad de palabras.
Y quizá ahí reside la verdadera
razón de ser de este Elogio. No estamos únicamente ante un libro sobre
un músico del siglo XVIII, sino ante una invitación a escuchar de otra manera.
Rameau aparece como un creador situado en un momento de profunda transformación
de la cultura europea, cuando la razón, la ciencia y la voluntad de ordenar el
conocimiento convivían con una nueva sensibilidad artística. Su música
participa de ese espíritu y, al mismo tiempo, lo desborda.
Andrés Alberto Gómez consigue que el
lector entienda que hablar de Rameau es hablar también de una determinada
manera de concebir el arte: como conocimiento, como oficio, como búsqueda y,
finalmente, como experiencia. De ahí que el título no sea una simple fórmula de
homenaje. Es, en realidad, una declaración de admiración por un músico cuya
obra todavía conserva la capacidad de sorprender.
En un panorama editorial en el que
la música clásica continúa necesitando libros capaces de tender puentes entre
el especialista y el lector interesado, Elogio de Rameau cumple una
función especialmente valiosa. Recupera para el público español a un compositor
fundamental y lo hace desde la doble perspectiva del intérprete y del escritor.
A ello añade un documento histórico de notable interés, el texto de Maret, que
completa y enriquece el retrato.
Rameau, en definitiva, emerge de
estas páginas no como una figura encerrada en el siglo XVIII, sino como un
músico todavía capaz de plantearnos preguntas sobre la naturaleza de la música,
la relación entre razón y belleza y ese extraño poder de los sonidos para decir
aquello que las palabras no siempre alcanzan a expresar. Un elogio, en suma,
que no se limita a celebrar a Rameau: invita a volver a escucharlo.
A todo lo expuesto se suma la
cuidada edición, marca de identidad de las publicaciones de Fórcola. El libro
incluye un exquisito álbum fotográfico que pone imágenes al texto, aporta
contexto y convierte la lectura casi en la contemplación de un auténtico
documental sobre Rameau y su tiempo. Como es habitual también en la editorial,
el volumen se completa con un amplio apartado de notas que aclara, precisa y
amplía la información ofrecida en el ensayo, enriqueciendo la lectura sin
interrumpir el desarrollo de la exposición.
viernes, 2 de octubre de 2026
LA GESTIÓN MONETARIA PATRIMONIAL: UNA NUEVA MIRADA A LA
INVERSIÓN
Durante décadas, buena parte del asesoramiento financiero se ha centrado fundamentalmente en responder a la pregunta de qué productos adquirir. Sin embargo, para cualquier ahorrador existen otras dos cuestiones decisivas: cuándo es el momento adecuado para entrar en el mercado y cuándo conviene recoger los beneficios obtenidos. El libro de Cirugeda Conejos propone abordar las tres mediante una metodología denominada gestión monetaria patrimonial, basada en criterios matemáticos y en la planificación previa de las decisiones.
La principal aportación del sistema consiste precisamente en tratar de convertir la incertidumbre inherente a los mercados en un plan establecido de antemano. La idea es que las decisiones fundamentales no se tomen bajo la presión del momento, del miedo o de la euforia, sino antes de invertir el primer euro. De este modo, el inversor dispone de unas reglas que determinan cómo actuar ante las diferentes circunstancias del mercado.
El autor sostiene su propuesta en el análisis de datos históricos reales correspondientes a casi dos décadas, un periodo suficientemente amplio para incluir diferentes ciclos y situaciones de mercado. El resultado que presenta busca demostrar la consistencia de su método y una evolución patrimonial ascendente con independencia de las distintas fases atravesadas por los mercados.
Más allá de las fórmulas y de la metodología, La gestión monetaria patrimonial puede resultar especialmente interesante para el ahorrador de perfil conservador, aquel que busca preservar su patrimonio y que, sin embargo, se encuentra con una paradoja cada vez más difícil de ignorar: determinadas inversiones consideradas tradicionalmente seguras pueden terminar provocando, con el paso de los años, una pérdida de poder adquisitivo cuando la rentabilidad obtenida no consigue superar la inflación.
En este sentido, uno de los aspectos más interesantes del libro es su reflexión sobre el tiempo. No solamente el tiempo de los mercados, sino el tiempo de la propia vida del inversor. Ahorrar no consiste únicamente en acumular una determinada cantidad de dinero, sino en conseguir que ese patrimonio conserve su capacidad para afrontar las necesidades futuras. El paso de los años puede convertirse así en un aliado o en un enemigo dependiendo de cómo se gestione el ahorro.
Con una vocación claramente divulgativa, Raúl Cirugeda Conejos propone al lector detenerse ante una cuestión que afecta a cualquiera que disponga de unos ahorros: cómo conseguir que el dinero que tanto cuesta acumular no pierda valor con el paso del tiempo. La gestión monetaria patrimonial ofrece una metodología concreta para intentar responder a esa pregunta y, sobre todo, invita a sustituir la improvisación por la planificación.
Un libro que puede ser de especial utilidad para quienes desean aproximarse al mundo de la inversión desde una perspectiva prudente y comprensible, pero también para cualquier ahorrador que quiera replantearse la relación entre dinero, rentabilidad y tiempo.
lunes, 21 de septiembre de 2026
ANTONIO CANO, ENTRE LA VANGUARDIA Y LA TRADICIÓN
POÉTICA
La figura de Antonio Cano Trillo
(Teruel, 1910-Bilbao, 1944) se erige como una de las más singulares y, a la
vez, menos difundidas dentro del panorama de las vanguardias españolas de
entreguerras. Su inclusión en el Diccionario de las vanguardias de España
(1907-1936) de Juan Manuel Bonet no solo certifica su pertenencia a ese
movimiento de renovación estética, sino que permite situarlo en una red de
afinidades intelectuales en la que destacan nombres como Tomás Seral y Casas e
Ildefonso Manuel Gil, con quienes compartió la aventura editorial de la revista
Noreste. Aquella publicación, de vida breve pero intensa, constituyó uno
de los focos de irradiación de la modernidad literaria en Aragón durante los
años treinta.
La obra de Cano, diversa y poliédrica, abarca poesía, narrativa, ensayo, crítica de arte y teatro. En el ámbito lírico, títulos como Lírica de la ausencia y Alba sin prisa (ambos de 1940) revelan una voz de gran densidad simbólica, capaz de integrar la tradición mística —en la estela de San Juan de la Cruz, como apuntó José Enrique Serrano Asenjo— con una imaginería de raíz vanguardista, audaz y visionaria. Por su parte, Elegía a Túrbula (Devocionario de Teruel) (1941), patrocinado por el Ayuntamiento de Teruel y prologado por Miguel Artigas, a la sazón Director General de Archivos y Bibliotecas, entre otros muchos cargos, nacido en Blesa, constituye una de sus obras más ambiciosas y singulares: un extenso poema fragmentario que, a modo de devocionario laico, reconstruye la ciudad devastada por la Guerra Civil mediante una sucesión de estampas líricas de gran potencia evocadora. En él, la memoria individual se funde con la colectiva, y la tradición local se reinterpreta desde una estética moderna que convierte la ruina en materia poética.
Su producción narrativa, aunque
menos extensa, no resulta menos significativa. El hombre que no tuvo Ángel
de la Guarda (1936) ha sido interpretada por Serrano Asenjo como una
incursión en el humor negro que deriva hacia el absurdo y el nihilismo, en
sintonía con ciertas corrientes europeas de la época y con el esperpento de
Ramón María del Valle-Inclán. A esta línea pertenecen también obras hoy menos
conocidas, como El fantasma de la Andaquilla o La leyenda del Peirón,
donde lo local y lo fantástico se entrelazan bajo una mirada irónica. Junto a
ellas, cabe mencionar proyectos como el libro de ensayos humorísticos Tobbogan,
que probablemente no llegó a publicarse, o la novela Quimera de amor,
escrita en colaboración con Julio Catalán.
El teatro constituye otra de las
vertientes de su actividad creativa. En 1932 publicó el volumen Mi teatro,
que reúne piezas de diversa orientación estética. Algunas, como Los tragos
del tío Regino o Quiero salir concejal, se inscriben en el sainete
costumbrista aragonés; otras, como Leyenda de un sueño —calificada como
“poema escénico”— o El caballero de las noches blancas, muestran una
clara voluntad de experimentación formal, con ecos tanto del simbolismo como de
la tradición dramática que remite a William Shakespeare. Esta dualidad entre
tradición popular y búsqueda vanguardista atraviesa toda su obra.
Para comprender en profundidad su
trayectoria resulta imprescindible atender al entorno familiar en el que se
formó. Su padre, León Cano Jarque, fue una figura destacada del periodismo de
la época: fundador de cabeceras como El Turia o La Voz de Teruel,
crítico taurino bajo el seudónimo “Jacobito” y corresponsal de importantes
medios nacionales. Su actividad, marcada por un fuerte compromiso ideológico,
le acarreó persecuciones, sanciones y traslados forzosos. En ese contexto,
Antonio Cano creció en un ambiente donde la palabra escrita, la opinión y la
intervención pública formaban parte de la vida cotidiana. No es extraño, por
tanto, que iniciara muy pronto su colaboración en la prensa, donde desarrolló
una intensa actividad como articulista.
Sus textos periodísticos abarcan una
amplia gama de temas, aunque destacan especialmente los dedicados al arte, el
cine y la literatura. En ellos se advierte una constante: la atención a lo
turolense, tanto en su dimensión histórica y legendaria —con referencias
recurrentes a los Amantes— como en su geografía urbana —los Arcos, el Portal de
la Andaquilla, el viaducto—, reinterpretada mediante una prosa de gran
plasticidad. Sus descripciones, cargadas de metáforas e imágenes sorprendentes,
se aproximan en ocasiones a la greguería ramoniana, sin renunciar a un tono
personal que combina lirismo y humor.
A esta faceta literaria se suma su
actividad como caricaturista y humorista gráfico, ampliamente reconocida en la
prensa de la época por su originalidad y capacidad de síntesis psicológica.
Asimismo, destacó como crítico de arte, con artículos en los que analiza la
obra de pintores como El Greco, Francisco de Goya o su contemporáneo, el pintor
turolense, Miguel Delgado. Especial interés revisten textos como “Doménico y
las manos”, donde reflexiona sobre la expresividad en la pintura del Greco, o
“Los ángeles en la pintura”, en el que traza un recorrido por la representación
de este motivo en la historia del arte.
Su implicación en la vida cultural
turolense fue igualmente notable. Integrado en la asociación Acción Cultural,
participó en exposiciones y actividades colectivas, contribuyendo a dinamizar
un panorama artístico que buscaba abrirse a las corrientes contemporáneas. En
este contexto se inscribe también su vinculación con el primer cine club de
Teruel, uno de los primeros de España, del que fue su fundador y alma mater
durante su breve existencia, muestra de su interés por las nuevas formas de expresión.
La Guerra Civil marcó un punto de
inflexión en su biografía. Integrado en el bando sublevado, participó en la
entrada en Teruel en febrero de 1938. La experiencia de la destrucción de la
ciudad dejó una profunda huella en su sensibilidad, que se tradujo en la
escritura de Elegía a Túrbula, obra en la que la memoria, el dolor y la
reconstrucción simbólica del espacio urbano alcanzan una intensidad poco común
en la poesía de posguerra.
Tras el conflicto, Cano se trasladó
a Bilbao, donde continuó su labor literaria hasta su prematura muerte en 1944.
Este desplazamiento, motivado probablemente por razones profesionales, supuso
un alejamiento físico de Teruel, pero no un distanciamiento emocional: la
ciudad siguió siendo el eje vertebrador de su imaginario poético.
La trayectoria de Antonio Cano
Trillo, truncada a los treinta y cuatro años, deja entrever un proyecto
literario de gran coherencia y originalidad. Su obra, situada en la encrucijada
entre tradición y vanguardia, entre lo local y lo universal, constituye un
testimonio valioso de la modernidad literaria en un ámbito periférico como el
turolense. La recuperación y estudio de su legado —impulsados por trabajos como
los de Serrano Asenjo o José Luis Melero— resultan hoy imprescindibles para comprender
en toda su amplitud la riqueza y diversidad de las vanguardias españolas.
jueves, 3 de septiembre de 2026
INDALECIO SORIANO FUERTES RECUPERA SU VOZ: LA EDICIÓN CRÍTICA DE UNA SINFONÍA OLVIDADA
Con Sinfonía en re mayor de Indalecio Soriano Fuertes, David Urango Alcón rescata para el presente una de las páginas más significativas del patrimonio musical turolense y español. Publicado por el Instituto de Estudios Turolenses, el volumen combina el rigor de la investigación musicológica con una clara voluntad de difusión cultural, permitiendo que especialistas, intérpretes y aficionados se acerquen a la figura de uno de los compositores más relevantes surgidos de la provincia de Teruel durante el tránsito entre los siglos XVIII y XIX: Indalecio Soriano Fuertes.
Nacido en
Cella en el último tercio del siglo XVIII, Soriano Fuertes recibió su formación
musical en la Catedral de Teruel bajo la tutela de Antonio Gómez, entonces
maestro de capilla. Su talento quedó pronto de manifiesto y en 1805 obtuvo la
plaza de maestro de capilla y organista de la iglesia colegial mayor de Santa María
de Calatayud. Poco después regresó a Teruel para ocupar el magisterio de
capilla de la catedral, sustituyendo a su antiguo maestro, aquejado de
enfermedad. Su trayectoria se vio interrumpida por la Guerra de la
Independencia, durante la cual llegó a desempeñar el cargo de teniente capitán
de los tercios de Teruel. Aunque su permanencia al frente de la capilla
turolense fue relativamente breve, dejó una notable producción de música sacra
que testimonia la calidad de su escritura y su sólida formación.
Tras la guerra continuó desarrollando una brillante carrera que culminó con su nombramiento como maestro de la Real Cámara y maestro de la Real Capilla entre 1832 y 1835. Desde estos cargos reforzó su prestigio como compositor, pedagogo y figura central de la vida musical española. Su legado resulta especialmente valioso no solo por la amplitud de su catálogo compositivo, sino también por la influencia ejercida sobre una generación de músicos que contribuyeron a definir una identidad musical española propia. Entre sus discípulos destacan nombres tan relevantes como Florencio Lahoz, Paulina Cabrero y, especialmente, dos figuras fundamentales de la zarzuela española: Manuel Fernández Caballero y Francisco Asenjo Barbieri.
El
principal mérito del libro de Urango Alcón reside en ofrecer una edición
crítica de la Sinfonía en re mayor,
una obra que permite conocer una faceta menos difundida de Soriano Fuertes. El
autor contextualiza la composición, analiza sus características estilísticas y
establece los criterios empleados para su reconstrucción y edición,
proporcionando una herramienta fundamental para futuras interpretaciones y
estudios. La publicación se convierte así en un puente entre la investigación
académica y la recuperación efectiva del patrimonio musical.
Más allá de la mera transcripción de una partitura, el volumen constituye una reivindicación de la importancia histórica de Indalecio Soriano Fuertes y de la contribución turolense a la cultura musical española. Con un planteamiento riguroso y accesible, David Urango Alcón devuelve la voz a un compositor cuya trayectoria conecta la tradición catedralicia aragonesa con los grandes centros musicales del país. El resultado es una obra de referencia para comprender mejor la riqueza del patrimonio sonoro español en general y turolense en particular y la relevancia de una figura que merece ocupar un lugar destacado en la historia de nuestra música.
lunes, 17 de agosto de 2026
PILAR NARVIÓN: UNA MUJER EN PRIMERA LÍNEA DE LA HISTORIA
Con Pilar Narvión. Pionera de la crónica política, el periodista turolense Juan Carlos Soriano recupera para la memoria colectiva la figura de una de las periodistas más relevantes y, paradójicamente, menos conocidas del periodismo español del siglo XX. Publicado por el Instituto de Estudios Turolenses dentro de su colección dedicada a los periodistas de la provincia, el volumen constituye tanto una aproximación biográfica como un ejercicio de reivindicación histórica de una profesional que abrió camino a varias generaciones de informadores.
Nacida en Alcañiz, Pilar Narvión fue una auténtica pionera. En una época en la que las redacciones eran espacios casi exclusivamente masculinos, logró convertirse en la primera mujer que ejerció de cronista política en España, desarrollando una brillante trayectoria como corresponsal en Roma y París para el diario Pueblo, subdirectora de este periódico y posteriormente una de las voces más respetadas de la información parlamentaria durante la Transición. Su capacidad de análisis, su independencia de criterio y su extraordinaria cultura la convirtieron en una referencia para numerosos periodistas que la consideraron una auténtica maestra del oficio.
Soriano aborda esta trayectoria con la cercanía de quien conoce profundamente a su protagonista y siente una sincera admiración por ella. El autor combina el rigor documental con una escritura ágil y accesible, construyendo un relato que trasciende la simple sucesión de datos biográficos para ofrecer también un retrato humano de la periodista. El resultado es una obra que permite comprender no solo la carrera de Narvión, sino también la evolución del periodismo español y europeo a lo largo de varias décadas decisivas.
La estructura del libro sigue cronológicamente las diferentes etapas de una vida profesional extraordinaria. El primer capítulo, “Despertar precoz al periodismo”, muestra la temprana vocación de una joven que, desde sus años de formación, manifestó una curiosidad intelectual poco común y una firme determinación por dedicarse a una profesión que apenas ofrecía espacios para las mujeres. Soriano sitúa aquí los orígenes de una personalidad independiente y tenaz que sería fundamental para abrirse camino en un entorno dominado por hombres.
El segundo capítulo, *La primera mujer en la redacción de Pueblo*, constituye uno de los núcleos más reveladores del libro. Narvión no solo accedió a una de las redacciones más influyentes del momento, sino que tuvo que demostrar diariamente su valía profesional en un contexto marcado por los prejuicios de género. Su incorporación al periódico representó un hito en la historia del periodismo español y anticipó una trayectoria caracterizada por la ruptura constante de barreras.
Los capítulos dedicados a sus corresponsalías internacionales reflejan la dimensión europea de su carrera. En “Corresponsal en Roma: testigo del nacimiento de la Unión Europea”, Soriano muestra a una periodista situada en primera línea de algunos de los procesos políticos que transformaron el continente tras la Segunda Guerra Mundial. Desde la capital italiana siguió de cerca la construcción europea y los cambios que configuraron el nuevo mapa político del continente.
Especial relevancia adquiere el extenso capítulo dedicado a París. “Corresponsal en París: Guerra de Argelia, fundación de la Quinta República, Mayo del 68 y la paz de Vietnam” presenta a Narvión como observadora privilegiada de algunos de los acontecimientos más decisivos del siglo XX. La periodista turolense fue testigo de la crisis colonial francesa, del regreso de Charles de Gaulle y la instauración de la Quinta República, de la revolución cultural y política que supuso Mayo del 68 y de las negociaciones que desembocaron en los acuerdos de paz de Vietnam. Soriano reconstruye estos episodios mostrando cómo la mirada de Narvión combinaba el rigor informativo con una notable capacidad interpretativa, rasgo que la distinguió entre sus contemporáneos.
La dimensión más innovadora de la periodista aparece en el capítulo “Feminismo, cronista de la Transición y primera mujer española que dirigió un periódico”. Aquí confluyen varias de las facetas que explican su singularidad. Por un lado, su temprana sensibilidad hacia la situación de las mujeres y su defensa de una mayor presencia femenina en la vida pública; por otro, su labor como cronista parlamentaria durante la Transición democrática, etapa en la que alcanzó el reconocimiento definitivo de la profesión. A ello se suma un hito histórico frecuentemente olvidado: su condición de primera mujer española que asumió la dirección de un periódico, logro que confirma hasta qué punto fue una figura adelantada a su tiempo.
Uno de los mayores aciertos del libro es precisamente la capacidad de conectar la biografía individual con la gran historia. A través de las experiencias profesionales de Pilar Narvión, el lector recorre algunos de los episodios fundamentales de la Europa contemporánea: la construcción europea, la descolonización, la Guerra Fría, las transformaciones sociales de los años sesenta, la Transición española y la consolidación democrática. Narvión no fue únicamente una observadora privilegiada de estos acontecimientos; fue también una intérprete lúcida de su tiempo, capaz de explicar la complejidad política con claridad, profundidad y sentido crítico.
La obra adquiere además un valor añadido al insertarse en una colección que busca rescatar y difundir la aportación de los periodistas turolenses a la historia de la comunicación. En este sentido, el libro no solo reivindica una trayectoria individual excepcional, sino que contribuye a enriquecer el patrimonio cultural y periodístico de la provincia de Teruel. Asimismo, permite descubrir a una profesional cuya importancia histórica resulta mucho mayor de lo que su escasa presencia en la memoria colectiva podría hacer pensar.
En definitiva, Pilar Narvión. Pionera de la crónica política es una lectura recomendable tanto para los interesados en la historia del periodismo como para quienes desean conocer mejor la evolución política y social de la España contemporánea. Juan Carlos Soriano ofrece un merecido homenaje a una profesional que rompió barreras, abrió caminos y convirtió el periodismo en una forma de entender y contar la historia. El libro rescata con justicia una figura imprescindible para comprender la incorporación de las mujeres al periodismo de información política y reivindica el legado de una periodista que, desde Teruel, llegó a ocupar un lugar destacado en la historia de la prensa española y europea.
Juan Carlos Soriano, Pilar Narvión. Pionera de la crónica política, Teruel, Instituto de Estudios Turolenses, 2026.




