CASABLANCA

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FOTO DE GONZALO MONTÓN MUÑOZ

lunes, 17 de mayo de 2021

CUENTO SOLIDARIO: "LA FUENTE", TEXTO DE JUAN VILLALBA E IMÁGENES DE REMEDIOS CLÉRIGUES AMIGÓ

Así nació el proyecto:

La Asociación de Vecinos de la Fuenfresca en el 2018 reunió a varios artistas del barrio a una mesa redonda. De allí salió una iniciativa: La invitación a l@s artistas del barrio a colaborar en algún proyecto que tuviera relación con el mismo, con sus habitantes como principales destinatarios.

El escritor turolense Juan Villalba se ofreció a escribir un cuento titulado "La fuente”. La pintora y escultora, Remedios Clérigues Amigó, se propuso para ilustrar el cuento. Las consecuencias de la pandemia han retardado un poco el proceso pero, por fin, tenemos la maqueta / prototipo en nuestras manos, que por el módico precio de 10 euros puedes tenerlo personalizado y dedicado por sus autores

Los beneficios obtenidos se pondrán a disposición de la “Asociación de voluntariado vecinal“ con el objetivo de que se destinen a paliar los efectos negativos de la pandemia para personas que se encuentren en especial situación de vulnerabilidad. 

Esperamos vuestra solidaridad y que os guste. Los encargos pueden dirigirse al correo: vecinosfuenfresca@gmail.com

Y al teléfono:  629214109, haciendo constar:

Nombre

Dirección

Móvil

Número de ejemplares


En el video se muestra el resultado: 


Algunas fotos de la magnífica personalización que ha realizado para cada uno de los cuentecillos Reme, no se puede pedir más por menos:









El Diario de Teruel se hizo eco: 


Y el Eco de Teruel también tuvo la amabilidad de hacerlo:









sábado, 8 de mayo de 2021

 

TODAS LAS AGUAS EL AGUA




         No es frecuente encontrar un primer libro de relatos tan redondo y de tanta calidad literaria como Todo es agua, de la escritora turolense Begoña Fidalgo. El olfato editor de Reyes y David –Pregunta Ediciones- se demuestra en esta apuesta, garantizada por adelantado en el tan acertado como apologético prólogo de Ricardo Méndez Salmón, quien la emparenta con narradoras como Amy Hempel, Grace Paley o Lore Segal y, a mi juicio, no le falta razón, de hecho, me atrevería a añadir a Alice Munro o Lucia Berlin ¡Ahí es nada el aval!

         El libro comienza con un relato en el que nos encontramos a una mujer perdida en el laberinto embarrado de “Un inmenso arrozal”, desatendida por su marido, biólogo especialista en parásitos, y condenada a vivir en soledad el tedio existencial de la monotonía diaria, a consolar su ausencia e indiferencia a la manera de “el cartero siempre llama dos veces”. Esas cartas que van y vienen en esta primera historia y en otras varias, por ejemplo en la siguiente titulada “Una buena temporada”, como mensajes en una botella lanzada al mar, recalan en el buzón de la innominada protagonista de la última, “Aquel tórrido verano”, otra mujer que, como una “gata sobre un tejado de zinc caliente”, o las hermanas protagonistas del segundo, viven en una atmósfera agobiante la tensión del deseo sexual insatisfecho, como si de personajes de Tennessee Williams se trataran, se sienten atrapadas en el “manglar” de islas infinitas, de rutinas familiares sin amor o en la soledad de la gran ciudad. De hecho, el lector avisado, seguramente pueda llegar a pensar que, de alguna manera, todas las mujeres de los catorce relatos bien pudieran ser la misma, pues participan de abandonos, sensaciones y sentimientos femeninos universales: no son buenas ni malas, tan solo se sienten oprimidas por sus circunstancias y buscan respuestas a su existencia. Son mujeres en tránsito, que se niegan a creer que su destino esté ya decidido o que no exista nada más allá que su realidad cotidiana.

         Otro de los rasgos más sobresalientes de las narraciones de Fidalgo es la marcada atención al detalle, al matiz, siempre significativos y reveladores. De alguna manera, en ellos encontramos siempre algo surreal, absurdo casi, que viene a demostrar que en lo ordinario de nuestras vidas está oculto lo extraordinario. De esta forma, sin prisas, construye con cierto minimalismo personajes, situaciones y ambientes. Siempre atenta a los aspectos físicos y tangibles de los objetos, deteniéndose especialmente en aquellos que forman parte del cotidiano entorno familiar y doméstico, sin descuidar tampoco aquellos otros que ponen de manifiesto la psicología y el carácter o que traducen emociones o estados de ánimo. Son pinceladas rápidas y precisas que, incluso, en numerosas ocasiones, se convierten en el núcleo del relato, caso, por ejemplo, del excelente “Gamuzas en los pies”.

         Su uso del lenguaje es sorprendente, ingenioso, inteligente; utiliza giros, comparaciones, metáforas que asombran, desconciertan, conmueven o desabrochan una sonrisa permanente que, en muchas ocasiones, cuando recurre a la socarronería aragonesa, desemboca en carcajada.

         Sus temas son los de siempre: amor, sexo, relaciones familiares, fracasos, soledades… En definitiva, la vida misma, pero ¡ojo! lo verdaderamente interesante de sus historias fluye en un nivel inferior, en aquello que no se ve, en las elipsis, en los silencios, en los detalles pasajeros, en los finales ambiguos que te hacen pensar y volver a leer el relato para buscar respuestas y es que en ellos siempre hay algo indefinido, algo que parece va a hacerse evidente, pero que resulta difícil de concretar.

         Todo es agua es una combinación de observación, humor, sensibilidad y precisión en el lenguaje. Son narraciones muy trabajadas que demuestran un dominio del género y una calidad literaria poco habitual en una primera obra. Begoña Fidalgo tiene voz propia, maneja con maestría las técnicas narrativas y no entra de manera directa en sus historias, lo hace combinando planos, tiempos y espacios, atravesando y trascendiendo la realidad visible, creando personajes complejos y situaciones singulares, manteniendo la tensión de un relato de difícil medida, con finales que no pretenden sorprender ni tampoco ser conclusivos, por lo que exigen la alianza de una lectura capaz de disfrutar con estos valores.

BEGOÑA FIDALGO, Todo es agua, Zaragoza, Pregunta, 2020.

 

sábado, 3 de abril de 2021

RESEÑA DEL LIBRO "GENEALOGÍAS DE LA MIRADA" DE AGUSTÍN SÁNCHEZ VIDAL

 

UNIVERSO SÁNCHEZ VIDAL


Agustín Sánchez Vidal siempre titula con gran precisión y enorme atractivo sus obras, la última, Genealogías de la mirada, es exactamente eso, una suma de miradas, de sugerentes ensayos escritos en su mayoría como conferencias impartidas para diferentes museos y universidades, tanto nacionales como internacionales, a lo largo de su dilatada trayectoria profesional. Pero no se confundan, no es únicamente un ensayo sobre pintura, es mucho más, es una “summa artis” integradora de sus muchos saberes acumulados durante años, en la que su cátedra y toda su producción ensayística y narrativa establecen entre sí un diálogo constante hasta convertirla en un “agujero negro” donde se concentra todo su universo sapiencial y creativo. Aquí están sus estudios sobre literatura, cine y cines, fotografía, pintura, Chomón, Buñuel, Dalí, Goya, Saura, España… su Llave maestra, Nudo de sangre, Viñetas, Quijote Welles… pero, sobre todo, Sol y sombra, El rabo por desollar, La especie simbólica, embriones originales de estas recién alumbradas y orondas Genealogías de la mirada, un libro de semiótica general, de estudio de las producciones artísticas como procesos de comunicación, en el que las artes, las ciencias y la tecnología conversan entre sí y se explican mutuamente.

         El primer bloque de ensayos se agrupa bajo el título genérico de “Puntos de fuga” y nos habla de relojes, viajes en el tiempo, héroes cuánticos, agujeros negros, la revolución de las tramas -desde los quipus incas hasta los códigos de barras- y del código fuente, esa primigenia escritura de Dios.

         El segundo, “Genealogías de la mirada”, se ocupa de la perspectiva renacentista, con su nueva concepción del espacio, y de las anamorfosis, una verdadera revolución en la pintura y la arquitectura, con ecos en la literatura barroca (Góngora y Quevedo violentan la lengua con metáforas y figuras retóricas extremas en una suerte de renovadoras anamorfosis lingüísticas generadoras de inéditos enfoques literarios: el culteranismo y el conceptismo); de la cámara oscura y las perspectivas ilusionistas, base de la fotografía y principio del camino hacia el cine; de la cartografía moderna; de la globalización del ojo, esos deseos panorámicos de expandir la mirada limitada del sujeto para alcanzar mucho más: el cinemascope, las enciclopedias, los esfuerzos intelectuales y de escritura de la gran novela realista, Balzac con su Comedia Humana, Galdós con sus Episodios Nacionales, Calatrava con su Hemisferic, la biblioteca china de Tianjin…

         En “Mas allá del tableau vivant” aborda las relaciones entre la pintura y el cine, entre la imagen estática y la imagen dinámica, los modos diversos de atrapar el movimiento, los juegos de luces y sombras, el retrato en la pintura y el cine, la vida de los artistas en la pantalla, el arte como ilusionismo y prestidigitación y el intento de la pintura y, en especial, del cine por atrapar lo onírico, ese espacio de libertad creativa que es “El burdel de los sueños”, en el que Dalí y Buñuel se erigen como maestros absolutos.

         El cuarto bloque, “El rabo por desollar”, toma su título de unos versos de Machado presentes en sus “Proverbios y cantares”, en los que habla de la distancia y escepticismo con los que son recibidos en la piel de toro los radicales cambios históricos producidos tras la Gran Guerra, en este apartado, Sánchez Vidal estudia la pintura de El Bosco y lo carnavalesco para analizar la “Leyenda negra” de España y los tópicos nacionales, que nos llevan hasta el extremo opuesto de la “España blanca, la españolada de charanga y pandereta en el que nos encontramos instalados, incapaces de gestionar nuestra propia imagen sin salirnos del tópico, y entre ambos extremos, aparece el verso suelto de Orson Welles y su proyecto de vida fílmico inacabado del Quijote, a la postre un ensayo muy particular sobre España, una España que Sánchez Vidal disecciona con precisión de cirujano en “Una cultura de masas” y en “Del juego al ocio”.

         Desde su privilegiada atalaya de sabiduría lúcida, la comprensión del pasado le permite a Sánchez Vidal desvelar claves de nuestro presente y, de algún modo, cerrando el círculo –o deberíamos decir mejor la espiral- inicial de la cuantificación del mundo planteada con “el escape de foliot” al comienzo del libro, asentada con la perspectiva renacentista, los mapas portulanos y el dinero en papel moneda, en el quinto y último bloque se ocupa de la era digital y sus consecuencias estéticas (el cine, la pintura y la arquitectura pixelada, por ejemplo) que apuntan, como reza su explícito título, “Hacia un nuevo régimen cultural” regido por los ordenadores, los dispositivos móviles y las bioprinters, las impresoras 3D que abren nuevas posibilidades creativas.

         Cierra su universo de miradas con un obligado “Recuento”, un estado de la situación actual, en modo alguno conclusivo, tan solo entreabre puertas y dibuja bosquejos prospectivos sobre el paso de las señas de identidad al mestizaje cultural, se lamenta de la “litronización” de España y del desguace de la cultura, observa la eliminación de las barreras de género y comenta la transversalidad y lo trangenérico.

         Con Genealogías de la mirada, Agustín Sánchez Vidal nos demuestra de manera fehaciente que “mirar no es solo ver, ni un simple proceso óptico, sino algo cultural, una lectura del mundo”, y se nos muestra, una vez más, como un escritor polifónico, que pasa y lo hace pasar bien a sus lectores enseñando, transmitiéndoles con pasmosa facilidad sus conocimientos, no siempre sencillos de explicar, pero que él, con ejemplos visuales de todo tipo, formato y arte meticulosamente escogidos y analizados (el apoyo gráfico es magnífico), logra simplificar y hacérnoslos comprensibles, traspasa las fronteras académicas de la reflexión teórica especializada y consigue contagiarnos su enorme pasión por el conocimiento, su humanismo abierto hacia el hombre y su trascendencia, su concepción del saber entendido como organismo vivo e interconectado.

Artículo publicado en el suplemento ARTES & LETRAS. HERALDO DE ARAGÓN

miércoles, 3 de marzo de 2021

 

UNA CARTA AL FUTURO

La última obra de Javier Sierra, El mensaje de Pandora, es una fábula con forma de novela epistolar itinerante y de ensayo didáctico, que de forma amena nos invita a reflexionar sobre la pandemia y sus consecuencias, con la finalidad de aumentar nuestra perspectiva sobre la nueva realidad para comprenderla en su auténtica dimensión.

Cuando Arys, la joven protagonista, cumple dieciocho años, recibe una misteriosa carta desde Atenas, en la que su tía, reviviendo un viaje realizado en su compañía cuando era una niña por el sur de Europa, le revela un secreto fundamental para entender la situación presente: los antiguos mitos esconden las claves para comprender el origen de la vida, las enfermedades y tal vez incluso el futuro de la humanidad.

La traducción de la fábula planteada por Javier Sierra no resulta complicada: los lectores -la sociedad en general y los jóvenes en particular- somos esa sobrina que abandona la infancia para adentrarse en la edad adulta y se nos invita a mirar al pasado para, de la mano de esa innominada fraternal tía -el propio Javier Sierra, quien solo al final nos descubrirá el nombre tras el que se esconde- recorrer toda una serie de lugares donde se encuentran mensajes aparentemente ocultos, si bien no lo son tanto, pues solo hay que saber leerlos y formularse las preguntas adecuadas para ver en ellos respuestas tan sorprendentes como lúcidas y necesarias para entender el arcano de la vida y su evolución en la Tierra dentro del conjunto del Universo, al fin y al cabo, hemos de reconocer que nuestro hermoso planeta azul solo es un grano de arena en la inmensa playa de un cosmos infinito.

Con un estilo claro, conciso y directo, apela constantemente a la lógica deductiva de la niña protagonista –a nosotros los lectores- para obligarnos a deducir lo que las ilustraciones que acompañan al texto nos muestran. El escritor turolense maneja como pocos el didáctico arte de la pregunta oportuna y estimulante, para motivarnos al estudio, a la búsqueda de respuestas, tan solo nos pide una determinada disposición (ese estadio del espíritu necesario para aprender), una actitud abierta de miras, que abramos nuestras mentes más allá de los relatos dominantes, quien lee debe querer leer y entender, pero sin apriorismos ni posturas dogmáticas.

Los presocráticos defendían que una de las puertas para el aprendizaje es el asombro, que deriva de la toma de conciencia de la realidad circundante, de la captación de su belleza. Javier Sierra maneja a la perfección esta idea y con mano maestra mezcla mitos, historia y ciencia para estimular la curiosidad de sus lectores, que devendrá en observación y a la postre derivará en un esquema de aprendizaje sólido y productor basado en esencia en ese pensamiento reflexivo por el que él nos encamina: la técnica de hacer y hacerse preguntas. Este pensamiento no es simplemente sentir lo externo y evidente, tener conciencia de los sentidos, ni siquiera es el acto de percibir los estímulos exteriores, sino que consiste en relacionar esos conceptos y producir nuevas expectativas o sugerencias de hechos, a partir de otras sensaciones percibidas o conocimientos adquiridos.

El mensaje de Pandora plantea una lectura de los mitos desde el punto de vista de sus mismos creadores, quienes, sabedores de la trascendencia de sus mensajes, para evitar el desgaste del tiempo y su progresivo olvido, les daban formas de potentes símbolos e imágenes impactantes (“…los mitos son metáforas en las que, en tiempos en los que no había escritura ni libros, los antiguos encapsulaban sus lecciones de vida […] instrucciones en clave redactadas para garantizar la supervivencia de las futuras generaciones.”).  Pero la novela es mucho más: es un homenaje a su padre, cartero en Teruel, y a la carta como género literario, en la actualidad subsumida hasta casi su desaparición en esa cultura tan impúdica como falsa de lo virtual, donde todos parecen estar tan cerca y, sin embargo, están muy lejos; en última instancia, El mensaje de Pandora es una carta al futuro -escritura inmediata y personal- con un mensaje optimista y la finalidad clara de abogar por “un pensamiento cósmico, abierto y explorador” y defender “una forma de entendernos que nos integre con la naturaleza y nos haga comprender que, en realidad, no hay división entre lo terrestre y lo extraterrestre.” A su juicio  -es de lógica aplastante- “poner fronteras y marcar divisiones es un hábito demasiado humano”, un error imperdonable que debemos corregir a base de humildad. Lúcido.


Javier Sierra, El mensaje de Pandora, Barcelona, Planeta, 2020.

jueves, 4 de febrero de 2021

RESEÑA NOVELA "QUIJOTE WELLES", DE AGUSTÍN SÁNCHEZ VIDAL

 

NO TRESPASSING

                                  

    La vocación universalista de la obra de Agustín Sánchez Vidal es una característica íntimamente unida a la de su deseo de resolver “enigmas”, iluminar esas “palabras oscuras o equívocas” y a ello se apresta en titánicas empresas que alcanzan su máxima complejidad cuando ha pretendido desentrañar el genio creador de artistas absolutos: Miguel Hernández, Buñuel, Dalí… En esta ocasión, como anticipa el título de su última obra, Quijote Welles, aborda la inmensa personalidad de ese enfant terribledel cine que devino en apestado hombre orquesta, prestidigitador y malabarista,bon vivant enamorado de España, gran bebedor con prótesis en la boca en forma de puro, sombra inmóvil, perpetuo niño grande, embustero e impostor, inventor del fake, embaucador y sablista, infatigable trabajador,a veces encantador gigante bonachón, otras terrorífico y monstruoso Ogro-O(r)so(n) enfadado.

         Con 24 años Alejandro Magno fundaba Alejandría, Orson Welles dirigía Ciudadano Kane. Si aquel moría a los 32, este había pasado de ser el wunderkind de Hollywood a ser una vieja gloria.         Ciudadano Kane comienza y termina con una rima fílmica precisa: “No trespassing”. Este cartel indicador es el primer y el penúltimo plano, pero, ¿qué es lo que no se puede traspasar? Ese “prohibido el paso” advierte de una frontera y superarla supone transgredir un “tabú” cultural humano ancestral, el que implica bucear en los orígenes, en lo más profundo de un ser para desnudarlo ante los otros y exponer públicamente sus secretos más íntimos. Al morir, el protagonista tiene en la mano una bola de cristal y pronuncia la famosa palabra enigma: Rosebud. Auténtico “Mac Guffin” de la película que anima la investigación de Thompson, el periodista encargado de descubrir su significado, de reconstruir la vida contradictoria del magnate de la prensa Charles Foster Kane.

         En Quijote Welles la investigadora es la freelance Barbara Galway y el Mac Guffin, la escritura de una biografía sobre Welles.Como le ocurrió a Max Aub con su novela sobre Buñuel, que se encontró en todo momento con un terreno minado de mentiras y falsedades sembradas por el propio biografiado, en este caso es el mismo Welles quien contribuye a borrar las pistas, quien escamotea información, quien como buen escapista consigue evadirse de las trampas que se le tienden y con sus trucos de mago enseña solo las cartas que le interesan: su proyecto vital, su película sobre El Quijote, para la que busca financiación y pretende utilizar a Barbara con el fin de conseguirla de la productora de Spielberg.

         Sánchez Vidal se apoya en el tándem Orson-Barbara para, siguiendo la tesis de que no es la vida de una persona la que explica su obra, sino lo contrario, con la fuerza discursiva wellesiana en acción, contarnos todo tipo de historias, presentar todo un universo de cine, cambiar de tema constantemente, abordar asuntos de toda índole, desde lo anecdótico (pelea a sillazos entre Orson y Hemingway), hasta temas más serios -o no- como la verdadera identidad de su padre (sospecha que fue Fiodor Chaliapin, el mítico bajo ruso, que tuvo una aventura con su madre), todo vertebrado en torno a esa obra en marcha que fue su Quijote, o deberíamos decir mejor ese work in progress de un genio llamado Orson Welles, que se nos explica en cada uno de sus estadios creativos, desde el vitalismo de sus inicios hasta llegar a su etapa final de más serena reflexión. Durante treinta años luchó por sacar adelante su peculiar adaptación cinematográfica, que al fin y a la postre terminó convirtiéndose en un ensayo sobre España y sobre sí mismo.

         Sánchez Vidal comienza explicando el Spanish Crazeamericano para cimentar su clase magistral y relacionar a Welles con su primera mujer, Rita Hayworth (Margarita Cansino, hija de un bailarín sevillano), nos habla de sus primeros contactos con nuestro país, sus veleidades toreras, su compromiso con la República, sigue con el primer exilio europeo a finales de los años cuarenta del cineasta y su estancia en España para rodar Mister Arkadin (entre los figurantes del baile de máscaras rodado en San Gregorio en Valladolid, se encontraba Miguel Delibes) y su primer contacto con El Quijote, con el Museo del Prado, con Goya y el Greco; sus ideas iniciales para tras concluir el rodaje de Sed de malcomenzar con la grabación de un cortometraje con Charlton Heston como don Quijote para el show de Frank Sinatra en la cadena de TV CBS; su segundo exilio europeo y nuevo asalto a la obra cervantina, España se convierte en escenario habitual de sus películas (Una historia inmortal, Fraude, Campanadas a medianoche).

Sánchez Vidal, con esa agudeza que afila todavía más si cabe ese tipo de escritores abocados al abismo de una curiosidad infinita y obsesionados por trascender los lugares comunes, nos ha dejado en esta “novela”, suma de entrevistas y brillante análisis reflexivo con forma dialogada de la historia, la literatura, el arte, el folclore, la antropología… de la España de posguerra, su evolución y transformaciones hasta la transición, pero además de ser la radiografía de un país, de su obra más representativa y de un cineasta absolutamente enamorado de ambas, nos habla también de su propia forma de entender la creación artística, describe su particular “Cueva de Montesinos”, su personal “Retablo de las Maravillas”, en el que se representan historias de todo tipo (el vino, toros y toreros, Ronda…), que se cruzan y se explican entre sí, para tejer en un mismo lienzo el ser del biografiado y de España. Mejor que los documentos para conocer a alguien o algo, son los relatos, los testimonios, los cuentos, las anécdotas que genera una persona o un hecho. No pretende tan solo retratar a Welles, quiere penetrar en su zona prohibida, descubrir su auténtica personalidad y conocer el porqué de su comportamiento y de su cine.

Si con Sol y sombra Sánchez Vidal se reconciliaba con España, con este nuevo libro, desde la óptica del genial cineasta, le rinde profundo homenaje. Quijote Welles es una novela-ensayo, un “gran reserva”, fruto de una pasión contagiosa por el cine, la inmortal novela cervantina y España, tan vigorosa como las obras de su autor, Sánchez Vidal, y de su biografiado, Orson Welles, verdaderos maestros en sus respectivas disciplinas, de los que han bebido y seguirán bebiendo generaciones de cinéfilos y cineastas.

Agustín Sánchez Vidal, Quijote Welles, Madrid, Fórcola Ediciones, 2020.

 

 

viernes, 1 de enero de 2021

TERUEL, OTRA DIMENSIÓN (II)



FOTO DE LA PORTADA DE DIEGO HE




El viajero se ha documentado a fondo sobre su historia, su arte, sus monumentos y personalidades más relevantes, aunque le espera un guía autóctono, sabe que el viaje se vive en su preparación tan o más intensamente que en su ejecución; la presencia, el vagar por sus calles es una mera constatación de lo aprendido, una comprobación in situ de lo ya presente en su memoria. El viaje físico por el paisaje conlleva también un viaje en el tiempo, un viaje por la historia de esos lugares, al fin y al cabo, piensa, este es el símbolo de la literatura: estás viajando, pero al mismo tiempo estás asimilando unas huellas, un pasado, una cultura.

Las lecturas previas afilan los sentidos y la mente para la observación directa, más tarde, ya en el regreso, se ordenarán las vivencias y se volverá a disfrutar de nuevo con su recuerdo, repasando el material gráfico, comentando con los amigos y familiares la experiencia. Tal vez escriba algo, no sabe bien qué, pero no será exactamente una guía turística al uso ni tampoco un libro de viajes, aunque sí participará de algunas de sus características esenciales, junto a la información y pedagogía propia de aquellas, querría sumar la emoción y la reflexión de los segundos; le gustaría aunar los ojos de entendido y la documentada narración de su guía al asombro de los suyos de viajero que constata lo aprendido con la contemplación directa; algo que funda en sus páginas el Teruel pretérito con el del presente, un paseo actual por sus calles que nos descubra también su pasado, una especie de viaje sentimental, curioso y erudito, iluminado por las palabras de grandes escritores que se sintieron fascinados por la ciudad o por los hechos que en ella tuvieron lugar. El viajero sabe que le sería imposible abarcar en una obra la enorme complejidad de la Historia de un pueblo y sus señas de identidad, pero quizá sumando las miradas de muchos, se pudiera llegar a aproximar a una visión siquiera suficiente.

Es consciente de que el suyo tiene mucho de viaje literario, le acompañan sus lecturas sobre la ciudad, sus leyendas, la historia de sus famosos Amantes, el recuerdo del infausto suceso de la Guerra Civil… Sabe, como afirmó el gran escritor y viajero Manu Leguineche, que al viajar paseamos un sueño, y eso es lo que él pretende con este viaje, pasear un sueño formado por el juego de imágenes entre pasado y presente, por el amor y la muerte, ahondar en la experiencia emotiva e intelectual que plantea recorrer Teruel, describir un sueño. Como dice otro viajero impenitente, Javier Reverte, “el viaje literario tiene algo de viaje hacia la eternidad, una búsqueda incansable del tiempo detenido.”