CASABLANCA

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FOTO DE GONZALO MONTÓN MUÑOZ

lunes, 15 de agosto de 2022

RECEPCIÓN EN PRENSA DEL LIBRO DE "ELVIRA DE HIDALGO, DE PRIMA DONNA A MAESTRA DE MARIA CALLAS" (I)

 

PRENSA ESCRITA

Gracias a Antón Castro por su magnífica entrevista en el Heraldo de Aragón:



Gracias también a Miguel Artigas por su artículo en el Diario de Teruel:






martes, 5 de julio de 2022

 

DIARIO DE UNA PASIÓN LECTORA


 Mientras el común de los mortales cumplimos años y envejecemos, José Luis Melero cumple lecturas y rejuvenece con cada nueva entrega de esa obra en marcha que con su última publicación, titulada con milimétrica precisión, Lecturas y pasiones, suma ya cinco volúmenes de artículos literarios, tan esenciales como personales -quizá un género creado ex novo por el autor-, en los que en poco más de dos páginas da cuenta de un suceso muy notable presentado mediante una forma textual híbrida mezcla de discurso reflexivo y lenguaje literario, de erudición y divulgación, de temas graves y anecdóticos, con frecuencia salpimentados con humor o, si el asunto lo requiere, un punto de dramatismo, pero siempre sin agobiar, tratados con aparente ligereza, sin pretender ser trascendente, sin sentar cátedra, con datos contrastados y rigor científico, sin apriorismos ni dogmatismos, como si sus descubrimientos siempre hubieran estado al alcance de todos y no escondidos en libros de difícil acceso, propios de bibliófilos y de sesudos escritores, buscando en todo momento el entretenimiento del alma sensible sin caer en el chismorreo tosco y ramplón, suscitando el divertimento intelectual que espolea la curiosidad y provoca la necesidad de saber más sobre la materia tratada.      

         Melero es un maestro en el uso de la anécdota, afición que nace de su pasión por los libros y del placer de su lectura pero ¿qué es una anécdota? Es una redacción muy breve de un suceso trascendente ¿Dónde radica su utilidad? En facilitar la comprensión de la cuestión expuesta, creando una seductora tensión entre el hecho concreto y lo universal, en esto precisamente reside su atractivo y su enorme valor pedagógico: otorga a cualquier texto un carácter narrativo, propio de la historia, del cuento oral, de manera que el lector se siente atraído y disfruta con su lectura, al tiempo que se le obliga a reflexionar, pues su objetivo final no es otro que el conocido “enseñar deleitando” y en esto José Luis Melero es un verdadero experto, un educador  que reniega de la impostada seriedad del birrete y aboga por la sonrisa franca y sincera, al que tampoco le importa recurrir a la fantasía para espolear la nuestra, como ocurre en la tan sugerente como falsa existencia de esa librería-burdel de Bogota, camuflada entre “catálogos de grandes bibliotecas” y librerías reales como la de “Antonio Mateos” o la de sus “amigos de Portadores”. Y es que sus amigos asoman por todas las páginas de sus libros y los homenajea con esa placentera actitud del que cree firmemente en la amistad y tiene claras sus auténticas cualidades: “buen corazón y buena cabeza”. Así dedica sendas entradas a Víctor Juan Borroy y a Miguel Mena, recuerda a Félix Romeo y menciona a Jesús Marchamalo, Antón Castro, Víctor Fernández, y tantos otros con los que cena, viaja, busca libros, comparte aficiones… En suma, con los que vive la vida, sin olvidar, por supuesto, a su sufrida mujer, porque a la postre, lo que le importa es vivir, festejar con otros el hecho de estar vivo… Melero escribe para que lo quieran un poco y para compartir con otros la gozosa alegría de la vida, en especial la de los libros.

         Otra constante de José Luis Melero -persona y escritor- es su aragonesismo militante, su pasión por Aragón es absoluta, y en este nuevo libro se ve agudizada más si cabe en el sentido hegeliano del término: sus gentes, sus costumbres, su cultura -incluyendo la Jota, tan denostada a veces, o el Zaragoza FC, incluso en sus horas más bajas- sus tradiciones… todo le interesa, nada le es ajeno, prácticamente sus ciento doce artículos presentan de una u otra forma un vínculo con nuestra tierra, alcanzando su máxima expresión en esa serie homenaje de cuatro dedicada a García Mercadal, espejo de amor por ella en el que se mira.

         Gracia Mosteo calificó a Melero de “Sherlock Holmes de la literatura” y lo describió, a mi juicio muy acertadamente, comparándolo con un “minero literario al que solo le falta el candil y la mula, mientras va cantando de covacha en covacha con un saco colgado del hombro al que va echando los libros y las vidas que lee…”, así es como yo también lo veo, como un detective ilustrado que disfruta leyendo y contando, como un superhéroe de las letras que rescata personajes injustamente olvidados (Juan Ramón Masoliver, Antonio Maenza, Isidoro de Antillón…), muchos de ellos mujeres (Amparo Poch, la segunda mujer en licenciarse en Medicina en Zaragoza, con Premio Extraordinario de Licenciatura y matrícula de honor en todas las asignaturas de la carrera; la maestra, escritora y feminista, Carmen de Burgos, Colombine; la lexicógrafa del aragonés, Hortensia Buisán; la periodista María Dolores Serrano; la escritora pamplonesa, María Luisa Elio, mujer de Gabriel García Márquez; la bibliotecaria Juana Capdevielle; Amparo Barayón, Ana María Moix, la larga nómina de “Mujeres artistas” ausentes de las canónicas Historias del Arte…)

         Su “diletante” -entiéndase como deleitoso- rescate va más allá de una mera recuperación de nombres, obliga al lector curioso a investigar por su cuenta, a leer y a seguir documentándose sobre aquellos personajes que han sido de su interés, contribuyendo de esta forma a darles una segunda oportunidad de presencia en la historia, al tiempo que supone también una llamada de atención sobre esos olvidos que conlleva aparejada en muchos casos una reflexión sobre el éxito, sobre los inconvenientes de ser consecuente con actitudes personales, ideológicas o propuestas artísticas que se sabían de antemano que no iban a triunfar, mientras que en otras ocasiones ese recuerdo lleva implícita una denuncia de actitudes intransigentes y de marginación consciente.         

         Pero su afición por los raros, postergados e ignorados convive, en un ejemplo de igualdad de trato, con su encendida pasión por los grandes de las letras hispánicas: Baroja, Galdós, Cernuda, Machado (la desnuda narración de sus últimos días es tan dramática como esencialmente machadiana)… claro y su querencia por Lorca, quien quiera conocer el paradero de sus restos tendrá que leer el libro y las diferentes entradas que le dedica, para sacar sus propias conclusiones.    Melero lo reconoce, es un mitómano patológico, un fetichista irredento que se extasía al visitar un espacio o contemplar un objeto que alguna vez estuvo en contacto con uno de sus admirados personajes, por lo general un libro, pero puede ser cualquier otra cosa, por ejemplo, un trozo del arrumbado parqué de la casa de Aleixandre sita en “Velintonia, 3”, si bien, su fetichismo no es egoísta ni acaparador, pretende ser fecundo, generador de ideas tendentes a recuperar, perpetuar y divulgar su memoria.

         José Luis Melero sabe, como decía Cervantes, que “el que lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe mucho”, que la moral de un hombre, de todos los hombres, de todo un pueblo, es el reflejo de sus lecturas, y él escribe porque ha leído y viajado, porque trabaja infatigablemente para disfrutar como un niño narrando gozoso sus descubrimientos, primero como artículos en el suplemento cultural “Artes & Letras”, luego compilados en forma de libro, caso de Lecturas y pasiones (2018-2021) con las que sigue ampliando esa obra en marcha, ese diario de toda una vida de pasión lectora de bibliófilo culto que ama los libros, los colecciona, lee, estudia y comparte sin ninguna ostentación, con visión renacentista del mundo y del saber, en un intento de mejorar “saputinamente” a las gentes de su tierra.

JOSÉ LUIS MELERO, Lecturas y pasiones, Zaragoza, Xordica, 2021.

lunes, 27 de junio de 2022

RECEPCIÓN EN PRENSA DEL LIBRO "ELVIRA DE HIDALGO, DE PRIMA DONNA A MAESTRA DE MARIA CALLAS" (II)

 

RADIOS (I)

Gracias a Laura Barrachina y Martín Llade por su entrevista en el programa "El Ojo Crítico" de RNE:



 Gracias a Óscar Vegas por su entrevista en su programa de Aragón Radio, "La Cadiera:




 Gracias a Andrés Amorós por su excelente reseña del libro en el programa de Federico Jiménez Losantos, "Las mañanas de Federico":

 







viernes, 10 de junio de 2022

 

LA JOTA ARAGONESA, ESA GRAN EMBAJADORA



       Dejando a un lado la curiosidad –falsa, por no existir el sonido en ese momento histórico- de que el Salvador se llamará Jesús, su padre fuera José, perteneciera a la tribu de Judá en la región de Judea, y lo bautizara un profeta llamado Juan, en un río llamado Jordán, allá por Jerusalén, y fuera traicionado por Judas, lo cierto es que, junto a la eñe, la jota es una de las peculiaridades más españolas de nuestra fonética, no existe en otras lenguas derivadas del latín, de hecho fue la letra elegida por nuestro premio Nobel, Juan Ramón Jiménez, para su particular ortografía personal, pues opinaba que “mi jota es más hispánica que la blanducha ge”.

Bromas aparte, pasando de la escritura y su fonética a la música -en el fondo son una misma cosa-, la Jota es el canto-danza más popular de España y, junto al flamenco, con el que emparenta, el más universal, siendo la aragonesa la más conocida y bailada. El origen de su nombre no está claro, quizá proceda de la aspiración de una ese inicial, tal vez del latín “saltare”, cuyo significado es “bailar”; o del valenciano “xotare”, “botar, saltar”. Sea como fuere, lo cierto es que el ritmo de jota desde mediados del siglo XIX hasta la segunda década del XX sedujo a medio mundo, fue motivo de inspiración para algunas de las obras más destacadas de importantes compositores de la historia de la música como Glinka, Liszt, Mahler… con las que llenaron teatros de la ópera, salas de conciertos y salones nobles, hasta llegar a convertir esa manifestación folclórica en la mayor embajadora no solo de Aragón, sino de España entera.

Hasta la fecha, nadie se había ocupado de analizar ese tan importante como desconocido fenómeno, es más, la jota aragonesa estaba siendo relegada injustamente a ocupar ese espacio menor de las fiestas de un pueblo al que solo acuden para disfrutarlas abuelos con boina y abuelas con toquilla y griñón, pero aquí llega en su rescate el trabajo de la profesora, pianista y musicóloga Marta Vela, de significativo título, La jota, aragonesa y cosmopolita: de San Petersburgo a Nueva York. Realizado con rigor científico y expuesto con afán divulgativo  mediante un lenguaje sencillo, claro y preciso, demuestra mediante reseñas de periódicos, cartas, programas de conciertos, carteles, partituras, etc., que nuestra Jota fue protagonista de renombrados éxitos en los escenarios musicales más relevantes del mundo entero y está presente en multitud de composiciones, no solo populares, sino también de la música clásica, méritos más que suficientes para ser reconocida como Bien Inmaterial de la Humanidad, reivindicación por la que lleva luchando de manera infatigable la Academia de las Artes del Folclore y la Jota de Aragón y que en el próximo octubre se materializará con la presentación de su candidatura por el Gobierno de Aragón.

Como si de una aventura detectivesca se tratara, Marta Vela, nuestra filarmónica Agatha Cristie, viaja por España siguiendo a Liszt (1844 y 1845) y Glinka (1845 y 1847), dispuesta a descubrir el origen de sus obras inspiradas en temas de jota. Siguiendo sus pasos llega hasta la extraordinaria mezzo francesa de origen español, Pauline García-Viardot -hermana de la mítica soprano María Malibrán e hija del tenor y pedagogo del bel canto Manuel García-, que por esas fechas triunfaba en los más reconocidos escenarios operísticos, en especial en los teatros imperiales rusos y París, donde sin duda la escucharon. Seguramente ella conoció la melodía-enigma objeto de esta búsqueda en su periplo artístico español realizado en 1842, cuando entró en contacto con la obra del modesto compositor aragonés nacido en Alama, Florencio Lahoz, en esos momentos triunfando en Madrid con la Nueva jota aragonesa, sobre la que realizará algunos arreglos para voces femeninas y compondrá su Capriccio sobre la jota aragonesa. De ella beberán, no solo los compositores citados, sino también Mahler, Fontana, Gottschalk, Iradier, Saint-Saëns, Falla… y servirá para difundir la música folclórica española e introducirla como motivo en las creaciones de otros como Debussy, Ravel, Fauré, Satie…

La jota, aragonesa y cosmopolita es un libro para aprender pero, sobre todo, para disfrutar con su lectura y audición, sí, digo bien, audición, pues incorpora una banda sonora en forma de códigos QR que remiten a una lista de reproducción musical en las plataformas Spotify y YouTube, en las que se pueden escuchar las composiciones citadas.

Destacar también la bonita portada del libro del ilustrador Óscar Sanmartín, sobre una partitura de Florencio Lahoz, y el documentado prólogo del poeta Miguel Ángel Yusta. En definitiva, una nueva apuesta ganadora de la editorial Pregunta, cuya nómina de autoras, especialmente importante, se acrecienta con esta exhaustiva y sorprendente investigación de la infatigable y poliédrica Marta Vela.

ESTA RESEÑA FUE PUBLICADA EN EL SUPLEMENTO DEL HERALDO DE ARAGÓN, "ARTES Y LETRAS"


Marta Vela, , La jota, aragonesa y cosmopolita: de San Petersburgo a Nueva York, Zaragoza, Pregunta, 2022.

 

miércoles, 25 de mayo de 2022

RESEÑA DEL LIBRO, "ELVIRA DE HIDALGO, DE PRIMA DONNA A MAESTRA DE MARÍA CALLAS POR ANDRÉS AMORÓS

 

RESEÑA DE ANDRÉS AMORÓS PARA LA REVISTA TURIA

         


    Confieso mi ignorancia: de Elvira de Hidalgo sólo tenía la vaga noticia de que era una cantante española que había sido maestra de María Callas. No es gran disculpa suponer que coincidía yo en eso con muchos, incluso aficionados a la música. Lo digo con vergüenza, no con la tonta vanidad con  la que algunos suelen  presumir de sus carencias. Ya definió esa hispana actitud Antonio Machado: “desprecia cuanto ignora”. Sobre todo, entre nosotros, si se habla de música clásica. (Fin del prefacio).

         La lectura del reciente libro de Juan Villalba , “Elvira de Hidalgo. De prima donna a maestra de María Callas” (ed. Fórcola)  me ha hecho comprender mi error . En efecto, Elvira de Hidalgo fue maestra muy querida de María Callas; sus enseñanzas fueron decisivas para que aprendiera la disciplina belcantista y la técnica del actor, además de mejorar su imagen. A Elvira volvió a recurrir María  cuando tenía problemas en la voz o necesitaba consuelo sentimental: con su dramática biografía, no fueron pocas las ocasiones en que esto sucedió. Además de eso, Elvira fue una prima donna de nivel internacional y un personaje de singular atractivo.     

         El turolense Juan Villalba, escritor y profesor, había publicado ya estudios sobre cantantes como Juan García y como sus paisanos Amable Leal Alegría y Victoriano Redondo del Castillo. Su biografía de Elvira me parece muy completa, incluye fotos, cronología, discografía, repertorio, bibliografía; además de lo publicado, usa la información de los archivos de los principales teatros de ópera . Se divide en dos partes: la primera, la más amplia (300 páginas) sobre Elvira; la segunda, más breve (140 páginas), sobre sus relaciones con María como maestra, amiga y confidente. (Mi único reparo: limitando los datos y el número de páginas, sería más atractivo para un lector no especializado).

         Nació Elvira en  1892,  en el pueblo turolense de Valderrobres, que  está luchando por recuperar su memoria y le ha dedicado una parte de su Museo. De  familia humilde, fue precoz como cantante: a los 16 años ya debutó en el teatro de Nápoles; luego, actuó como prima donna en todos los grandes escenarios del mundo durante tres décadas, desde 1908. Muchos la consideraron la mejor Rosina ( “El barbero de Sevilla”) y aclamaron su interpretación de “Una voce poco fa”. Cantó con los más grandes: Caruso, Chaliapin, Titta Rufo, Fleta, Hipóito Lázaro, Lauri-Volpi...

 Además, fue una figura popular en Europa y América, amiga, entre otros, de Cocó Chanel, la Pawlova, Josphine Baker, Sarah Bernhardt, Raquel Meller... Era una mujer atractiva, mandona, independiente, que vivió siempre de su trabajo. Se inventó un título nobiliario, el de marquesa de Hidalgo, pero logró ser noble de verdad gracias a su primera boda, con el milanés Gean Guido Zambelli. Se casó luego, en Ostende, con el millonario Armand Bette y tuvo relaciones sentimentales con Panayis Karandino, empresario del Teatro Olympia de Atenas, y con el joven barítono Lakis Vassilakis. También la pretendieron un miembro de la familia Romanov y nada menos que el Aga Khan III: una vida de novela...

Los críticos la llamaron “El ruiseñor gentil de Iberia” y “La Victoriosa”. Compararon su voz con “la arista de un diamante”, “toda fuego”, y “el sabor del azafrán español”. En “El Debate”, hizo su crítica un joven llamado José Calvo Sotelo. En “El Heraldo de Madrid”, humorísticamente, adoptaron los tópicos baturros: “¡Rediez, qué mañica más maja!” El italiano Bruno Barilli lució su exagerada retórica: “Como el Dios creador de Miguel Ángel. con un gesto ligero que toca al primer hombre, así Rossini... le da la mirada, la voz y la sangre milagrosa a Rosina; hoy, en el estado civil, Elvira”.

Cuando su voz flaqueó, se estableció en Atenas como maestra. Allí acudió un día una joven “alta, gorda, torpe y cubierta de granos. Su modo de vestir era muy ordinario”. Pero su voz tenía “una fuerza excepcional, como un trombón” o una cascada. Elvira le enseñó a suavizarla, con menos potencia, eliminando temblores; le transmitió la disciplina belcantista y de actriz; le puso un régimen alimenticio. Logró que llegara a ser  una soprano “sfogata”, ilimitada. Se llamaba María Callas. Y la consoló en sus desventuras sentimentales.

Alrededor de estas dos figuras, aparecen en el libro de Juan Villalba una serie de anécdotas divertidísimas, sobre muchos personajes y ambientes muy singulares: Orson Welles pretendía ser hijo de Chaliapin.  Onassi tenia en su yate cuadros de Rembrandt y El Greco. En Milán, Tito Schipa denunció judicialmente a la mafia de la claque. En Brasil, la compañía de ópera de la que formaba parte Elvira ocupaba un tren entero, con el último vagón convertido en casino. Elvira enseñó a tocar las castañuelas a Lina Cavalieri, considerada “la mujer más guapa del mundo” (encarnada, en el cine, por Gina Lollobrigida). En París, en los años veinte, había cerca de 550 salas de espectáculos. Elvira vivió en Madrid, en 1923, una “apoteosis del aragonesismo”: la función de despedida de Fleta, con “La Dolores” de Bretón, dirigida por el compositor, en la que el gran tenor cantó como propina la jota de “El trust de los Tenorios”: “Te quiero, morena...”

También cuenta este libro anécdotas curiosísimas de personajes como el donjuan Hipólito Lázaro o el barítono español Andrés Perelló de Segurola, íntimo de Caruso, al que Gloria Swanson - como en “El crepúsculo de los dioses” - llevó a Hollywood...

Al final del libro, leemos con emoción, una vez más, las desgracias sentimentales de María, que se resumen en una frase: “Empecé a morir cuando conocí a este hombre (Onassis) y cuando dejé la música”. En esas fechas siguió visitando y escribiendo cartas a su antigua maestra: no sólo le enseñó a cantar, también jugó, para ella, un cierto papel maternal. Las dos compartieron el mismo ideal: el canto, ante todo.

La conclusión es muy sencilla: un trabajo muy completo y erudito sobre Elvira de Hidalgo, un personaje curiosísimo, que merece absolutamente ser rescatado del olvido.



Juan Villalba: “Elvira de Hidalgo. De prima donna a maestra de María Callas”, Madrid, ed. Fórcola, septiembre 2021, 596 págs., 32’50 euros. ISBN: 978-84-17425-90-6                                                     

lunes, 2 de mayo de 2022

 

HOMO HOMINI LUPUS


         Julio Castedo es un narrador infatigable, medio año más tarde de su excelente Rey Don Pedro, vuelve a las librerías con El Renegado, galardonada con el XXXVII Premio Jaén de Novela, pero si en aquella los hechos históricos servían para crear el marco narrativo de una introspección psicológica y hablar de la condición humana en sus múltiples aspectos, en esta son utilizados para construir un vertiginoso relato de aventuras y, en última instancia, mostrarnos cómo el hombre es el mayor depredador que ha existido y existirá jamás, no solo para la Naturaleza, sino también para el hombre mismo. Como afirmara Plauto, “Lobo es el hombre para el hombre, y no hombre, cuando desconoce quién es el otro”. Concepto íntimamente relacionado con el epígrafe de la primera parte, el saludo maya, “In Lak’ ech. A Lak’ en”, “Yo soy otro tú. Tú eres otro yo”, es decir, el universo es una gran unidad donde todo está relacionado: los individuos, la comunidad, las plantas, animales, espíritus… nada existe sin relación con el otro, cualquier acción de uno afecta al otro, por eso, si te respeto a ti, me estoy respetando a mí, y si te agredo, me estoy agrediendo. Por desgracia, los acontecimientos son tozudos y se impone la versión popularizada por Hobbes: “Homo homini lupus”.

         En las postrimerías de 1511, una nave zozobra en el mar Caribe frente a Jamaica y las corrientes llevan a los náufragos hasta las costas de Yucatán.       El Renegado arranca con el tenso nerviosismo de una calma chicha, en la que 19 marinos luchan por sobrevivir sobre una barcaza a la deriva en el desierto del mar, el suspense hitchcockiano se resuelve cuando arriban a la costa y son apresados por una tribu maya; el ritmo se aviva y la tensión se incrementa con los sacrificios humanos hasta que se produce la huída de algunos de ellos, que correrán por salvar sus vidas sin descanso en una persecución tan agónica como implacable a lo Apocalypto, a cuya conclusión los lectores quedarán, como los personajes, empapados en sudor, barro y sangre.

         Tan solo dos de ellos sobrevivirán, el clérigo Jerónimo de Aguilar y el alférez Gonzalo Guerrero. Salvados por una tribu enemiga y convertidos en esclavos (los mayas no conformaron un imperio en sentido estricto, dominaron una vasta y variada región controlada por ciudades-estado, similar a las de la Antigua Grecia, conectadas entre sí, pero en constante rivalidad), sus vidas tomarán rumbos diferentes: el primero servirá en principio como recolector, más tarde como aguador, en las “tierras altas” y salvará su vida aceptando con resignación cristiana su destino; el segundo lo hará como tejedor y carpintero, pero será su orgulloso espíritu de indomable guerrero el que le llevará a librar de una muerte segura a un jefe tribal y conseguir de este modo su libertad, que empleará en emprender un arriesgado viaje en solitario por la selva para tratar de rescatar a su amigo. Tras enfrentarse a un jaguar -como Hugh Glass con el oso en El Renacido-, comprenderá la necesidad de que sus recuerdos cicatricen tanto como sus heridas y que es uno con esa naturaleza, esta experiencia iniciática, unida al paulatino conocimiento de las costumbres y las formas de vida de su tribu -como Kevin Cosner en Bailando con lobos- le llevarán a ser no solo uno más de ellos, sino un líder importante que, llegado un momento, deberá optar por defender sus antiguos valores o los nuevos de su situación actual.

         Siete años más tarde, en la segunda parte de la novela, en 1519, la paz en la que vive Gonzalo y su clan, se verá alterada con la llegada de la expedición de Hernán Cortés, misión de evangélica conquista que algunos -o muchos- convirtieron en un anticipo de la búsqueda de El Dorado protagonizada por el loco Lope de Aguirre, una peligrosa aventura en la que la irracionalidad humana, la ambición de poder y la codicia se imponen y devienen en violencia extrema brevemente esbozada en los enfrentamientos narrados en el “Epílogo”, fechado en 1536, que se emparenta con ese viaje de exploración a las raíces de lo humano de El corazón de las tinieblas.

         El Renegado es una magnífica novela de aventuras, con personajes atractivos bien construidos, extraordinarias descripciones, tanto de la belleza de los paisajes, como de la crudeza de los combates, heridas y mutilaciones –en estas últimas se nota en su precisión la experiencia médica del autor- y, sobre todo, una prosa fluida y un ritmo vivo, intenso, que te atrapa y te obliga a continuar leyendo hasta el final. Sin duda la disfrutarán.


ESTA RESEÑA SE PUBLICÓ EN EL SUPLEMENTO "ARTES & LETRAS" DEL HERALDO DE ARAGÓN



JULIO CASTEDO, El Renegado, Almuzara, 2021.