CASABLANCA

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FOTO DE GONZALO MONTÓN MUÑOZ
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viernes, 1 de mayo de 2015

DONOSO Y EL CINE. BUÑUEL Y EL LUGAR SIN LÍMITES: UNA RELACIÓN TORMENTOSA (IV)

Buñuel, una profunda amistad interesada.
Buñuel, Donoso y su mujer, Mª Pilar, en su casa de Calaceite
Esta entrada forma parte de un artículo más amplio publicado en REVISTA CABIRIA

         La amistad de Donoso con Buñuel surgió de manera interesada a petición del escritor chileno, quien le escribió en los siguientes términos con la pretensión de que Buñuel llevara al cine alguna de sus novelas: “Me imagino que toda España estará persiguiéndolo, pero si tiene un momento libre, nada me gustaría más que pasar a saludarlo o que se viniera a tomar un vino conmigo, mi mujer y mi perro.”
         Parece ser que el escrito tuvo efecto y Buñuel lo visitó y se hicieron verdaderos amigos. El capítulo titulado “El toro de fuego (1972)”, que dedicó a Calaceite Mª Pilar en sus memorias, Los de entonces, es absolutamente delicioso, en él se habla por extenso de Luis Buñuel y de todos sus hermanos, afirmando que “si a alguien sentimos familia en España, fue a los Buñuel.” De la primera visita de Buñuel a su casa de Calaceite, recuerda que lo primero que le preguntó a su marido fue por el cura del pueblo. Donoso comprendió de inmediato lo que quería el realizador y le contestó: “Una lata: joven, moderno, viste ternos claros y hasta camisas deportivas, va a la plaza a conversar por las tardes, al bar con sus amigos y a bañarse al río con las familias del pueblo; simpático, pero una verdadera lata.” Respuesta que apostilla la esposa del novelista con enorme clarividencia: “Buñuel, y mi marido también, añoraban al cura de pueblo clásico, el de las películas de Luis y el que figuraría en las novelas de Pepe, de escribir él sobre algún pueblo de España algún día: gordo, viejo, con sotana lustrosa y manchada, lanzando anatemas contra la juventud que baila y las señoras que muestran sus carnes bañándose en el río. Nada más alejado de mosén Joaquín, risueño y complaciente.”
El lugar sin límites
         Lo cierto es que junto con esta profunda relación de amistad, el escritor chileno albergaba la explícita y manifestada esperanza de que Buñuel llevara al cine alguna de sus novelas. Primero fue El obsceno pájaro de la noche, más tarde, y en especial, El lugar sin límites. Sobre los derechos de esta obra, Donoso le escribió a Buñuel lo siguiente: “Yo sería capaz de aceptar lo que me propusieran.” Y  ya de broma, añadió: “Tengo que comunicarte que hoy me traen seis toneladas de leña. Son para hacer la fogata en que quemaré tu foto si no me haces la película: te mandaré las cenizas. También mandaré la cuenta de los psiquiatras míos, de mi mujer y de Pilarcita.”
         De alguna manera Buñuel tuvo la concesión de los derechos intelectuales para la realización cinematográfica de la novela durante varios años, pero  al final nunca la llevó a efecto, manteniendo durante demasiado tiempo abierta la posibilidad y la ilusión del novelista (parece ser que, cuando el escritor empezaba a inquietarse con el silencio de Buñuel, recibía una llamada telefónica del cineasta: “Creo que quiero que Jean Louis Barrault haga la Manuela. Anda a verlo y me dices”. Entonces Donoso hablaba con Barrault y el actor aceptaba y el escritor le hablaba al cineasta para comunicárselo y Buñuel respondía que había visto que últimamente Barrault estaba muy gordo y que mejor la Manuela tendría que hacerla Peter O’Toole; y así, a ese ritmo, durante  varios años) , quien contó en alguna ocasión que por esta razón su relación con el calandino se debatía entre el amor y el odio. A este respecto contaba con gracia no exenta de dolor, que a petición suya su mujer colgaba en el salón de su casa de Calaceite un retrato del director cada vez que este afirmaba que  iba a llevar al cine una de sus obras, en especial la novela citada, pero al enterarse de que se embarcaba en un nuevo rodaje de algún otro film, lo volvía de cara a la pared o lo retiraba. En ocasiones, la broma daba paso al reproche ácido y desesperado. Así en los intercambios epistolares con la editora y paño de lágrimas de los escritores del “boom”, Carmen Balcells, podemos leer quejas tan amargas como la siguiente de 1972: “Estoy muy pobre, más que nunca. Espero el dinero de Buñuel. Te quiero pedir el favor de que no me crobres de golpe la deuda …” En otra, tras explicar que ha recibido la visita de Buñuel, aclara dramáticamente que sus esperanzas se desvanecen: “Pero es imposible hablar de nada con él, por sordo y por fregado. Que sí… que no… que el aguardiente y el marrasquino, y nada. Quedamos en las mismas.”
         Mª Pilar Serrano recoge de la siguiente manera el momento en que supieron que Buñuel no filmaría la película. Se encontraba con Donoso y su hija pasando la Semana Santa en Calanda:
         “Y siguieron los tambores martillando, incesantes, recorriendo calles y plazuelas. Por la noche, durante la pausa de las 10, acudimos a comer la sopa de ajos y las morcillas y butifarras en casa de los Buñuel, la que compró el padre “indiano” a su vuelta, rico, de Cuba, para casarse con la belleza del pueblo, que lo esperó en Calanda. La casa queda en el centro mismo de la plaza principal, frente a la iglesia. Durante la cena otro mazazo, el más grande: ‘Tío Luis llega dentro de dos semanas a París; va a filmar El fantasma de la libertad con Silberman’, dijo Pedro Cristian, hijo de Conchita, sin darse cuenta lo que para nosotros significaban sus noticias.
         Hasta ese momento teníamos la esperanza de que Buñuel filmara El lugar sin límites de Pepe, cuya opción mantuvo, como nuestra esperanza, durante seis años, haciéndonos sufrir con sus altos y bajos de anuncios contradictorios. Me atraganté con el vino que en ese momento bebía, y al acompañar el sueño de mi hija, más tarde, en el dormitorio de Cuchicha, la hija de Leonardo, sentí que los tres mil tambores golpeaban sobre mi pobre cabeza gacha de desilusión.”


         Quizá Buñuel no fue el único culpable de la frustración de Donoso, tal vez la censura española no estaba del todo preparada para ver la firma de ambos genios en una película nacional, pues, tras la renuncia de Buñuel, una productora española se mostró también interesada en el proyecto bajo la dirección de Leopoldo Torre Nilsson y con Paco Rabal en el papel del camionero prostibulario. Fueron unas esperanzas efímeras, ya que finalmente tampoco se hizo.

         Al final, sería el escritor argentino Manuel Puig, quien en 1976, escribiera el guión de El lugar sin límites, que llevó al cine, al año siguiente, el discípulo mexicano de Buñuel, Arturo Ripstein. De esta forma, Donoso ponía fin a seis años de agónica espera.

viernes, 24 de abril de 2015

DONOSO Y EL CINE. BUÑUEL Y EL LUGAR SIN LÍMITES: UNA RELACIÓN TORMENTOSA (III)

Los amigos prodigiosos
        Este artículo se ha publicado en la  REVISTA CABIRIA

La casa y el patio de los Donoso pronto se convirtió en un lugar de encuentro de los llamados por los lugareños, “los catalanes”, que en un primer momento aglutinó al traductor Didier Coste, a la periodista peruana, Elsa Arana Freire, el escritor chileno, Mauricio Wacquez y una familia de colombianos, los Gutiérrez, además de los Zimmermann, amigos suizos. Pronto se sumarían los Gili, dueños del imperio editorial. De manera esporádica recibirían de visita a grandes escritores del momento: Juan Benet, Luis Goytisolo, Carlos Barral, Luis Rosales, Ana María Moix, Vargas Llosa –que llegó a comprar una casa durante varios meses que luego vendió a los Zimmermann-, García Márquez, Carlos Fuentes, Carlos Saura, Antonio Saura, Geraldin Chaplin, Paco Rabal, etc.

sábado, 11 de abril de 2015

DONOSO Y EL CINE. BUÑUEL Y EL LUGAR SIN LÍMITES: UNA RELACIÓN TORMENTOSA (II)

Calaceite, la casa y las tertulias en los jardines colgantes de Donoso.  

        Este artículo se ha publicado en la REVISTA CABIRIA

En 1971, José Donoso vivía en Sitges y quedó con su traductor al francés de El obscuro pájaro de la noche, Didier Coste, para revisar algunos aspectos de la traducción. Didier no residía en Francia, sino en la localidad turolense de Calaceite, “un pueblo de dos mil habitantes […] que es uno de los más bellos y no prostituidos de España”, como lo describiría el propio Donoso después de conocerlo; un “pueblo de piedra, teja y campanario. Una isla entre un mar de viñas y olivares”, como lo recordaría años más tarde su hija, Pilar Donoso[1].
         Este primer encuentro con la localidad perduró también en la memoria de Mª Pilar Serrano, la mujer del escritor chileno, por su intenso frío:
"Para navidades hace mucho frío en Calaceite, el pueblecito del Bajo Aragón en España donde vivimos varios años Pepe, mi marido, nuestra hija Pilarcita, nuestro perro "Peregrine" y yo, amén de tres gatos que allí acogimos. Aquel año 1971 el cierzo (viento helado de la región) soplaba con particular encono. La gente del pueblo, acostumbrada a pasar frío en sus antiquísimas casonas de piedra, lo soportaba sin mayores comentarios, preparándose para celebrar las fiestas de fin de año"[2].


         Donoso se enamoró de Calaceite, compró una casa - en realidad, eran tres- por 600 dólares (“Era una casa bella –describe su hija-, toda de piedra, con un living grande que tenía como originalidad dos chimeneas y el cielo de bovedilla catalana; troncos a la vista, cada medio metro, entre tronco y tronco, una pequeña bóveda de yeso y las paredes de piedra descubierta. En el tercer piso estaba la ‘solana’, granero típico de las casas de la región, con una vista incomparable hacia la sierra de los campos de olivos”), plantó un jardín aterrazado –“los jardines colgantes de Donoso” los llamaron- y se retiró con Pilar y con su hija a escribir y a vivir entre aquellas piedras hasta 1975. Así, residió allí durante cuatro años, vividos con gran intensidad creativa (él incluso está varios meses de 1976, terminando en soledad su novela Casa de campo), mientras su hija asistía a la escuela y su mujer se aburría mortalmente, traducía La letra escarlata y se debatía entre los antidepresivos y el alcohol.
         De hecho, en Calaceite, Donoso escribió tres de sus libros: Historia personal del boom, Tres novelitas burguesas y la mencionada Casa de campo, y también concluyó El jardín de al lado. El mismo escritor asume que fue allí también donde se insipiró su único volumen de versos, Poemas de un novelista, si bien debió tomar distancia para escribirlos.
         Incluso años después de abandonar Calaceite, Donoso sintió la necesidad de regresar, de reencontrarse con ese hermoso paisaje:
“El camino más bello, en el día de sol más bello de mi vida, mucho más bello que el campo de Aix y la Provenza, que acabo de ver con la misma luz y con mucha menos emoción, pese a que entonces creí que se trababa de la luz definitiva y de la emoción definitiva. Viaje maravilloso desde Benisanet y Mora del Ebro por el campo, realmente me dejó con la boca abierta, no lo recordaba así, con las eremitas verdes desde las viñas negras a ras del suelo rojo, los almendros de verde, reciente, comestible. No creo que vuelva a sentir la emoción de belleza que sentí esta tarde en el campo del Bajo Aragón. Pienso en la emoción de Hemingway frente a este campo, que no debe haber cambiado mucho desde el campo descrito por Hemingway.”

         En el patio-jardín de su casa de Calaceite se celebraron tertulias memorables. Así lo evoca, por ejemplo, Jorge Edwards en un artículo publicado en El País el 18 de octubre de 2000:
"Pasaban los campesinos, las viejas, los niños, sumidos en una indiferencia profunda, más allá de toda sorpresa, mientras nosotros, como energúmenos, discutíamos de Henry James, de Proust, de Dostoiesvski, de autores mucho más desconocidos y difíciles. No faltaba nunca en las cercanías un traductor francés, un filósofo catalán que hubiera pasado por la Escuela de Francfort. Calaceite era un ombligo literario, un escenario medio sordo, un punto de convergencia enigmático. Y en el patio nacieron también algunas de las obras memorables de los autores, como el propio Donoso explica en una entrevista dada a Juan Andrés Piña para la revista Hoy de junio de 1979: ‘La chispa inicial de la novela Casa de Campo vino una vez que yo estaba escribiendo unos guiones de cine para Antonioni... Los hijos de Vargas Llosa jugaban en el patio con mi hija, que en ese tiempo tenía unos siete años. Me acordé de aquello de 'los misteriosos juegos de los primos con las primas a la hora de la siesta' y empezó a funcionar en mi cabeza una fantasía con el tema de los niños. Me puse a trabajar en septiembre del 73 en el tema; el escrito fue tomando cuerpo y ya después me olvidé del guión de cine para seguir con la novela’.”

         Los críticos de la obra de Donoso han señalado que en el centro de todos sus libros existe, como un espacio cerrado, en ocasiones asfixiante, una casa –el palacete modernista de Coronación, el burdel de El lugar sin límites, la mansión de Marulanda en Casa de campo, etc.- Son, a decir del novelista, “las casas de que me evadí, eternamente, en todos sus posibles avatares y con los disfraces de sus personajes que son ecos de las personas de mi pasado, estoy condenado a crearlas y recrearlas en mis libros, a crearlas y recrearlas en las casas de mi trashumancia.” Calaceite no sería una excepción, tal vez, junto con la de su infancia, fuera una de las más importantes.






[1] Pilar Donoso, Correr el túpido velo, Barcelona,  Alfaguara, 2010. En este fascinante libro, construido sobre sus propios recuerdos, los diarios hasta ese momento inéditos de su padre entre 1959 y 1994, y los diarios de su madre, le dedica  un extenso capítulo a “Calaceite, 1971-1974”.
[2] Mª Pilar Serrano escribió en 1987 un polémico libro de memorias, Los de entonces (Barcelona, Planeta), en el que aporta una visión personal, aguda y crítica, de lo que fue el “boom”, tanto de los escritores como de sus mujeres. En verdad muy interesante.

jueves, 26 de marzo de 2015

BUÑUEL ERÓTICO

Aquí os dejo con nuestro querido Buñuel sorprendido probablemente en un descanso de sus entrenamientos cuando quería ser boxeador y era conocido como "EL LEÓN DE CALANDA" . La foto es de RICARDO DE ORUETA, tutor de nuestro cineasta en la Residencia de Estudiantes, lugar que le dedica a partir de hoy la exposición, impulsada por Acción Cultural Española, En el frente del arte. Ricardo de Orueta (1868-1939). Para más información ver en El País "EL FOTÓGRAFO QUE SALVÓ TESOROS"


domingo, 1 de marzo de 2015

BUÑUEL EN ANÉCDOTAS (y XV): DE RELOJES Y CABREOS


"Buñuel tenía la costumbre de andar siempre comprando relojes de bolsillo por diferentes tiendas de las más baratas. Nunca compraba relojes caros, siempre eran relojes de estas características y siempre muy baratos, le daba igual, aunque estuvieran estropeados. En realidad todo era una de sus teorías psicológicas. Se presentaba siempre a trabajar con un reloj de este tipo encima y mientras todo iba bien el reloj no lo sacaba. Pero cuando de vez en cuando se llegaba a una situación de roce entre él y los actores o los técnicos de la película de esas que son muy difíciles de solucionar, Buñuel, hacía como que estaba muy enfadado y cogía el reloj y lo tiraba contra una pared o contra el suelo, por lo que el reloj se rompía."

Buena táctica. Aquí os dejo un cuentecillo del calandino sobre relojes que, como podréis comprobar, está lleno de guiños divertidos a la teoría de la relatividad. 
Dalí, más tardíamente, homenajearía también esta teoría con sus celebrados “relojes blandos”, aparecidos en 1930. Que lo disfrutéis:


POR QUÉ NO USO RELOJ (CUENTO)

Estaba escribiendo una carta sin importancia, por lo tanto lo que voy a narrar no fue sugestión producida por un especial estado de conciencia, ni debió ser un sueño, ya que momentos antes estuve dando caza a una impertinente mosca que me molestaba de continuo hablándome al oído –como esos viejos sordos, que cuchichean bajito y pesadamente cosas insoportables- y al día siguiente de mi aventura encontré su cadáver en el ataúd que le formó la tapa del tintero.
Me hallaba, pues, escribiendo. De pronto oí cerca de mí un tictac más fuerte que los demás y como pronunciando con el solo objeto de llamar la atención; pero cuál no sería mi estupefacción al encontrarme frente a frente con el ser más extraño que pudo crear la imaginación.
   Tenía dos pies, uno de plomo y el otro de pluma; el cuerpo lo formaba una varilla de acero mohoso, y la cabeza no era otra cosa que un disco de latón dorado con un desigual bigote en forma de saetas y dos minúsculos ojillos, como esos que tienen los relojes para darles cuerda. Todo él demostraba un empaque y una jactancia verdaderamente insoportable.
   Admirado, aun cuando ofendido le interrogué:
- Dígame usted, ¿por qué se ha introducido en mi cuarto sin haber tenido la discreción de llamar a la puerta?
  El extravagante hombrecillo no se inmutó por mi desabrimiento y replicó con mucho desenfado:
 - Caballerete, desde que usted ha nacido anda conmigo y no se ha dignado, hasta ahora, de hacerme tales preguntas.
 Amoscado por este tono despectivo dije yo:
- Contenga usted la lengua y no me aplique el título de Caballerete, pues tengo otros más honoríficos-, y para probarlo iba a sacar de mi pupitre documentos que lo acreditasen.
- Calma, joven- me respondió-. Yo soy tan viejo como usted no puede ni soñar y mi edad me permite hablarle en este tono autoritario.
- Entonces, ¿quién es usted?
-Soy el Tiempo.
  Un ¡oh! De estupor, perfectamente circular, se dibujó en mi boca. Pero él se apresuró a continuar:
- No se asombre, porque el materializarme en esta forma no fue más que por pura simpatía hacia usted. Por otra parte quiero hacerle revelaciones que acaso le interesen.
 Al decir esto se arrellanó cómodamente en un cojín. Con el asombro consiguiente vi que el reloj de la pared y el despertador se desplazaban de su sitio y, moviendo la cola, iban a lamerle los pies. Entonces no me cupo ya la menor duda de que era con el propio Tiempo con quien hablaba. Ahora voy a transcribir íntegramente su relato.
   He aquí lo que dijo:
   -Amigo mío, esta noche he tenido un gesto audaz. Me he anulado yo mismo unas horas en la Eternidad.
   »Nadie se habrá enterado más que usted de que mientras permanezca aquí, nada envejecerá y todo lo existente habrá desaparecido. Pero voy a hablarle a usted de mi vida. Toda mi historia puede dividirse en dos periodos: antes de la invención de los relojes y desde entonces acá. Mi primera época se deslizaba en alegres jugueteos, con mi hermano el Espacio, por todos los lugares que poseemos en el Universo. Lo pasábamos bien ¡voto a tal! Y sólo una nubecilla enturbiaba nuestra existencia. Era ésta de carácter gastronómico. Crea usted que no había ni una cocina, ni un restaurante, ni siquiera un prado. La carencia total de alimento fue lo que me impulsó a comerme a mis hijos apenas nacían. Luego he visto que se me ha retratado como un viejo monstruoso y feroz, teófago por egoísmo y malos instintos.
Mas, juro solemnemente –y al decir esto el péndulo osciló graciosamente hacia el estómago- que tales supuestos crímenes eran tan sólo para satisfacer mi apetito. Por otra parte, el no comerse a los hijos pertenece a una moral muy en moda hará unos cuatro o cinco mil años.
   Dijo esto de los cinco o seis mil años, como quien dice tres o cuatro días.
  -Pero amigo mío, desde que el primer reloj hizo su aparición – y sus bigotes antes erguidos y marciales marcaron ahora las 7 y 25- no ha habido un momento de reposo para mí. Necesito multiplicarme, elevarme a una enésima potencia para poder funcionar todos los relojes existentes.
  Habrá usted observado que a veces no puedo con tanto trabajo y cuando eso acaece suelen enmudecer mis enemigos. La agitación es excesiva de unos siglos a esta parte, a pesar de lo cual oirá y aun leerá usted alguna vez «Discurría tranquilamente el tiempo…», «El tiempo tranquilo prometía…», pero, créame, eso no son más que infundios y necedades, a las cuales no debe usted hacer caso.
   Al llegar aquí, una tosecilla molesta le asaltó y tosió las 8.
   Veo que tiene usted ahí el retrato de ese majadero de Einstein. Mi experiencia me acoraza contra los insultos, pero el de relativo es el que más me ha dolido. Resulta que no bastan las falsedades que se me han levantado, sino que ahora soy la comidilla de las gentes por culpa de esa mala persona.
   De pronto su cuerpo comenzó a estirarse desmesuradamente. Yo me revolvía inquieto en la silla al ver un nuevo prodigio en aquella noche fantasmagórica. El Tiempo se alargaba demasiado.
-No se intranquilice usted- me dijo ya del todo calmado- que enseguida termino y me voy. Pero no lo haré sin antes favorecerle en todo lo posible. Desde luego, cuando la vejez vaya a atraparte con sus garras trémulas yo seré quien la detenga y quedará eternamente joven.
 -No, muchas gracias- respondí vivamente-, quiero que mi hora me llegue como a todos.
 - Es usted un hombre sensato- me respondió-. Si rehúsa esto, entonces le contaré entre mis hijos dilectos y como a ellos le favoreceré.  
 - Pero, ¿desearía saber quiénes van a ser mis hermanos?
 -¡Hombre, por Dios! Pues sus hermanos serán los timadores y ladrones de relojes, porque ellos me alivian mucho en mi faena haciendo desaparecer de los bolsillos esos pequeños instrumentos que para mí son lo más enojosos, porque existen en mayor cantidad. Mis hijos son también los perezosos, porque usan de mí con moderación. Mis hijos son…
 -No siga- dije precipitadamente-. ¿Quiere usted hermanarme con timadores, con perezosos? De ningún modo acepto sus favores.
 -Es usted un joven sin experiencia, demasiado ingenuo. Desengáñese que los que mejor han vivido son ésos y los muchos que aún iba a citar. Si usted fuera artista amaría, por ejemplo, unas horas de tedio, mi hijo predilecto.
 -Estoy viendo que sus más amados hijos son las cualidades más desacreditadas entre los hombres. Me está usted resultando un ser vago, desaprensivo, egoísta.
  El tiempo amenazaba borrasca. Sus saetas se encolerizaban. Dio las ocho y media de una manera tan amenazadora, que yo llegué a sentir verdadero temor.
 -Basta, joven, puesto que desdeña mis favores, sufrirá mis disfavores. Por lo pronto, antes de dos días se quedará usted sin relojes. Dicho esto, desapareció bruscamente.
  Y su maldición se cumplió, pues no habían transcurrido ni dos días de mi aventura, cuando me vi sin una peseta y tuve que empeñar mis dos amados relojes.
  Además sufría una obsesión constante. Todos los relojes con que me topaba me miraban amenazadoramente y sus saetas se erizaban con ira.
 Otros, cuando quería enterarme de la hora, giraban burlonamente desconcertantes.
  Por eso me compré un reloj de arena y lo puse sobre la mesa. Pero después de todo no tenía la culpa de su deshonra y un día lo eché por la ventana, como esos amos intolerantes arrojan de su casa a la criada que tuvo un desliz.
  Desde entonces estoy resignado a pasar sin reloj y esto me ha hecho perder muy buenos amigos por faltar a sus citas.



viernes, 23 de diciembre de 2011

BUÑUEL EN ANÉCDOTAS (y X): LOS TAMBORES DE CALANDA EN NAZARÍN.

          El rodaje de Nazarín fue un auténtico calvario y, entre otras muchas cosas, el sindicato mexicano le obligó a contratar músicos. Al parecer, Buñuel alegó que en aquella película no había música y que sobraba por tanto la contratación de músico alguno. Ante la resistencia de la organización sindical y temiendo que le negaran el permiso de rodaje, el aragonés pidió que contratasen a todos los profesionales “del tambor” sindicados.
            Los tambores sólo suenan estremecedoramente al final del filme, cuando la fe se asienta como una duda terrible sobre el rostro del protagonista. Un problema sindical resuelto con un sentido homenaje a su pueblo.

domingo, 5 de junio de 2011

BUÑUEL EN ANÉCDOTAS (IV): MAENZA, ESE "INSENSATO".

En el tan magnífico como divertido libro de Max Aub, Conversaciones con Buñuel, el cineasta le comenta a su amigo: "[...] Hace dos o tres años vinieron a verme unos muchachos de la Universidad de Zaragoza. Tres chicos y dos muchachas y un insensato que se paró frente a la puerta de mi casa. Me extrañó ver ahí al alcalde, al cabo de la Guardia Civil. Y el insensato gritando: '¡Mao nos va a enviar armas! ¡Y se va armar la gorda! ¡Y el camarada Buñuel está con nosotros!' Lo agarraron, claro. El alcalde protestaba: 'El señor Buñuel es una persona muy respetada aquí [...]" Ese "insensato" no era otro que el malogrado cineasta vanguardiasta turolense, Antonio Maenza, que en la Semana Santa de 1968 viajó a Calanda con la intención de entrevistarse con Buñuel. En una carta a un amigo (recogida en el exhaustivo estudio que le dedican Javier Hernández y Pablo Pérez, Maenza filmado en el camp de batalla, escrita desde el calabozo de Alcañiz explicaba así el incidente: "[...] 4 señores de Calanda -ni el alcalde, ni el teniente de la Guardia Civil lo han hecho- han presentado denuncia en contra mía. La han verificado por vía judicial y estoy detenido en el depósito de Alcañiz después de haber dado declaración y haber pasado la noche del lunes en la comisaría de Teruel [...] Todo parte de la tozudez enfermiza de esos señores con los cuales tuve tan animada conversación, mostrándose, tanto el alcalde como el teniente en contra de tal acusación. Se me acusa, y no le demos más vueltas, de afirmar que Buñuel iba contra Franco y que se recibirían armas de Mao y Checoslovaquia".
Quien desee saber más sobre este singular personaje puede leer este artículo ANTONIO MAENZA: UN ARTISTA POR DESCUBRIR
Imprescindible como siempre ANTÓN CASTRO
También es interesante ANTONIO MAENZA
En el futuro nos ocuparemos más por extenso de este malogrado director turolense al que conocimos personalmente y cuya muerte sigue siendo un misterio por resolver de nuestra ciudad. de momento concluimos con varios breves fragmentos de su película (o deberíamos decir mejor no película) Hortensia, con una jovencísima Enma Cohen, que él consiguió desnudar para la gran pantalla.


sábado, 4 de junio de 2011

BUÑUEL EN ANÉCDOTAS (II): EL CALLEJÓN DE LA MIERDA O LA CALLE D. LUIS BUÑUEL.

Con motivo de una de las visitas de Buñuel a España, el Ayuntamiento de Calanda quisó dedicarle una calle a su cineasta. Buñuel le contaba esta pretensión a su gran amigo Max Aub de la siguiente graciosa manera: "Entonces era cuando querían poner a una calle mi nombre -ya te lo he contado-, pero cuarenta vecinos se negaron a firmar. Y el gobernador de Teruel le escribió al alcalde: "Nada de calle por ahora. Además, el señor Buñuel es mexicano". Y resulta que ahora sí le han puesto "Calle de don Luis Buñuel" a un callejón que está al lado de la iglesia, cerca de la casa, al que llamábamos "Callejón de la mierda" porque siempre había tres o cuatro mojones allí en medio. Es curioso cómo llama la atención aunque no quieras, te atrae la mirada. ahora, las cosas han cambiado mucho. en calles más principales no es raro que te veas la cagada de un borracho, o en un callejón a un guardia civil meando y cerrándose la bragueta. ¡El "Callejón de la mierda" convertido en la "Calle de don Luis Buñuel"! Y, claro, como me lo ha puesto el Ayuntamiento falangista, cuando cambien las cosas me fusilarán".


Quien tenga interés y unas gafas 3D podrá ver en el siguiente enlace un conjunto de fotografías estereoscópicas realizadas por el padre de Luis Buñuel en Calanda, Zaragoza y Barcelona, hacia el año 1900.
Se necistan gafas 3D rojo/cyan.

FOTOS 3D DE LEONARDO BUÑUEL REALIZADAS HACIA 1900. POR JAVIER ESPADA.