CASABLANCA

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FOTO DE GONZALO MONTÓN MUÑOZ
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lunes, 2 de enero de 2017

NICANOR VILLALTA PELICULERO (IX)



Juguetes rotos


   Nicanor Villalta fue uno de los “Juguetes rotos” que retrató Manolo Summers en la película documental del mismo nombre, estrenada el 1 de enero de 1966. El guión del periodista Tico Medina pretendía retratar el difícil presente de varios ídolos en sus respectivas disciplinas –boxeo, fútbol, el mundo del espectáculo, toreo-, que en otras épocas fueron muy populares y que en ese momento habían caído en el olvido. 

Era el caso de nuestro paisano, quien a sus 68 años -como el mismo dice en el brindis que hace en la película, rodada en 1965- mata el último toro de su vida en una plaza, la de “Las Ventas” de Madrid, escenario antaño de sus grandes triunfos, pero en el film significativamente vacía. Antes, en los escasos siete minutos que dura su secuencia, mientras se viste por última vez con el traje de luces, cuenta con brevedad cómo la vida y los negocios no le han sido del todo favorables y vive modestamente de un taxi que le concedió un alcalde, al que agradece su concesión.

Para entender como Nicanor se convirtió en un “juguete roto” hemos de volver a retomar su biografía. La Gurerra Civil, como hemos señalado, se llevó por delante lo ganado con anterioridad, por lo que tuvo que volver a los ruedos para conseguir una posición económica holgada. A su retirada montó un negocio de hostelería que por diversas circunstancias –el socio le robaba- no terminó de funcionar. Apoderó a varios novilleros que le costaron dinero y fue empresario de la plaza de Toledo durante más de 30 años sin grandes beneficios. A esto se unió la delicada salud de su hijo Niqui-Luis, por lo que tuvo que gastar gran parte de sus ahorros en médicos y operaciones que lograron, al menos, que su hijo pudiera salir adelante. Circunstancia que lo llevó, de nuevo, a una difícil situación económica que es la que reconoce en la película. 







sábado, 24 de diciembre de 2016

NICANOR VILLALTA PELICULERO (VIII)


FOTOGRAMA DE LA PELÍCULA
LA HERMANA DE VILLATA TOREANDO

   Como se ve y calificó el propio Nicanor, se trata de un argumento, en sus propias palabras, de “novela blanca”, un guión ideado para su lucimiento y el de su hermana, como ya hemos dicho. En sus citadas Memorias comenta algunos extremos del rodaje, como por ejemplo que lo que más le molestaba era someterse a las sesiones de maquillaje o la conjuntivitis que le produjeron los focos, hasta el punto de tener que dormir con rodajas de patata en los ojos. También cuenta con gracia la primera vez que tuvo que darle un puñetazo en la cara a su antagonista, no midió su fuerza y casi lo deja sin sentido o sabrosas anécdotas de los rodajes con las vacas en la dehesa.
   La película gustó y las críticas fueron favorables, del tipo de la siguiente, extraída del periódico La fiesta brava (3 de enero 1930): 
“El triunfo rotundo, definitivo obtenido por "El suceso de anoche", película en la que el gran torero aragonés se ha revelado como un formidable artista de la pantalla está siendo estos" días en Madrid la nota de mayor actualidad. El Cine Madrid, en donde se proyecta esta cinta, vése a diario invadido por un público ansioso de admirar el arte cinemático de este triunfador del toreo a quien estos días dedica toda la prensa los más calurosos elogios. La popularidad de Nicanor Villalta adquiere en estos momentos proporciones gigantescas, y esclavo de esta popularidad es el propio torero quien se ve asediado constantemente por los periodistas ávidos de reportajes de interés.

O esta otra: 

“Nicanor Villalta, el torero genial que tantas veces electrizó a los aficionados con la magnificencia de su arte y sus arrogancias ante los toros, dando expansión a sus inquietudes artísticas, ha querido probar fortuna en el cine. Y esa prueba que Nicanor ha hecho recientemente interpretando el protagonista de El suceso de anoche, ha puesto una vez más de manifiesto que en su temperamento de verdadero y legítimo artista, late la fuerza avasalladora del triunfador. Nicanor Villalta, figura consagrada en el toreo, se ha revelado en esta película como un formidable actor del arte mudo, mereciendo los más cálidos elogios de la crítica que ha apreciado en él aptitudes extraordinarias para triunfar en la pantalla como triunfa en los ruedos, de las plazas de toros. El éxito definitivo obtenido en la filmación de esa película, que añade un nuevo jalón a la triunfante producción nacional, ha servido para que a Villalta le hayan hecho ventajosísimas proposiciones para seguir cultivando ese arte tan remunerador como el del toreo pero con muchísimo menos riesto.”

El éxito de la película supuso un relanzamiento de la figura del torero y la prensa se aprestó a entrevistarlo. 










sábado, 10 de diciembre de 2016

NICANOR VILLALTA PELICULERO (VII)


El suceso de anoche

FOTOGRAMA DE LA PELÍCULA

   En fin, sea como fuere, dicho y hecho, a principios de agosto comenzaron el rodaje y en pocos meses estaba lista para su estreno, que tuvo lugar en el cine Madrid el 16 del 12 de 1929.
   La película es una mezcla de thriller policíaco y cine taurino cuyo guión, previsible, fluye con facilidad ante el espectador de forma efectista: José (Nicanor Villalta), un honrado mecánico que vive con su hermana Rosa, ama en silencio a Maruja, una mujer chuleada por “El Majo”, a quien en una ocasión, para defender a Maruja, propina un puñetazo. Unos días más tarde, bajo la atenta mirada de un observador misterioso, “El Majo” despoja a Maruja de sus joyas y se marcha. Un poco después, José entra en el patio de su casa y al subir la escalera tropieza con el cadáver del “Majo”, con cuya sangre se mancha, asustado huye a su vivienda y en la puerta deja la huella de su mano, ante la inesperada visita de un inspector de policía que sigue el rastro de la sangre, huye por una ventana, pues todas las pruebas parecen culparlo del asesinato. El policía habla con la portera y esta le pone en antecedentes de cómo el muerto y José querían a la misma mujer y de la discusión que tuvieron unos días atrás. Mientras tanto, la hermana de José también se da a la fuga y este busca refugio en el palacio de la Condesa de Noceda, donde vive la heredera, Pilar (Marina Villalta) con su madre. José les explica lo sucedido y lo creen, por lo que deciden enviarlo a una casa de campo en Salamanca hasta que se aclaren las cosas. Por su parte, Rosa se esconde en casa de un vecino, del que solo conoce que se llama Mario. Este la ampara y decide ayudarla al saber lo sucedido. La noticia del asesinato sale en la prensa con el título de la película, “El suceso de anoche”. Pronto descubrimos que Pilar se ha enamorado de José, pero es cortejada por un marquesito pisaverde, al que no ama, pero que sí agrada a su madre. José comprende que al no tener dinero no es digno de su nuevo amor, sin embargo, un criado de la finca le hace ver que con valor en el mundo de los toros en poco tiempo se puede triunfar. Comienza a practicar en la dehesa, mientras en la ciudad, paralelamente, Mario y Rosa se aman. Poco a poco vemos que Mario es un hombre con una doble personalidad que se maneja por los bajos fondos y que conoce a Marta, otra de las mujeres que estaba bajo el dominio de “El Majo”. Pilar llama a un apoderado importante para que juzgue el toreo de José, quien de su mano, en poco tiempo, debuta con enorme éxito. En poco tiempo alcanza la fama y José termina declarándose a Pilar. La trama se cierra desvelando al espectador la verdadera personalidad de Mario, se trata de un policía que seguía la noche del suceso al ladrón-asesino de “El Majo”, uno de sus compinches de los bajos fondos. Resuelto el asesinato y encarcelado el culpable, las parejas ya pueden pensar en la boda. Al final, como no podía ser de otra manera, José triunfa en la plaza de Las Ventas de Madrid.

martes, 6 de diciembre de 2016

NICANOR VILLALTA PELICULERO (VI)



La caimanía y El suceso de anoche



   En esa primera intentona el “caimán” no triunfó, pero en la que tuvo lugar el año 1929 sí, pues como se constata en la siguiente entrevista, Villalta es cazado como “capitalista” y seguramente llevado por su amor fraternal, decidió producir una película para protagonizarla él y su hermana:
“Estando en la peña del café con los amigos, vino un señor al que ya conocía, acompañado de otro que dijo llamarse León Artola[1]. Este último me preguntó si tenía algún inconveniente en que me leyera unas cuartillas.
-Ninguno –le contesté. Ahora mismo –creyéndome que se trataría de cosas de toros, cuando en realidad era un guión para hacer una película que llevaba este título: El suceso de anoche. Cuando terminó de leerlas me dijo:
-Me gustaría que usted fuera el protagonista. 
-¡Hombre…! –le contesté-. ¿Cómo quiere usted que lo sea si no hay nada de toros que es de lo que yo entiendo algo?
-Sí es por eso, no se preocupe, se lo pondremos. Déme algunas ideas que las uniré al guión.
Se las di, y al volverlas a leer se iban sucediendo las escenas perfectamente.
-¿Qué le parece si también interviene su hermana Marina como protagonista?
-Pues no creo que tenga ningún inconveniente.
-Si es así, ¿le parece bien que mañana vaya a su casa para hacer unas pruebas?
-Conforme, le espero mañana.
Al día siguiente vino con el operador, de apellido Gazapo. Nos hizo varios metros de celuloide de algunas escenas. A los pocos días vino a la hora de comer con un aparato y nos pasaron los metros de película que nos había tomado; nos veíamos mejor que si nos hubiera retratado un fotógrafo
-¿Qué le parece?
-Pues sí, hemos salido muy bien.
-Cuando me digan podemos empezar.
-Desde luego, no tengo ningún inconveniente en empezarla cuando usted quiera, pero tenga en cuenta que no puedo perder ninguna corrida que firme mi apoderado, ya que antes de todo soy matador de toros.
-Usted no tenga ninguna preocupación sino todo lo contrario. Yo iré con el operador a la corrida o corridas que me diga.
-Conforme, ¡cuándo empezamos?
-La próxima semana empezamos a tomar los interiores o parte de ellos.
-Y los exteriores se pueden hacer en Salamanca donde tengo que ir a hacer…”[2]
   Tal vez fuera cierto y el guión inicial no incluyera el tema taurino, pero seguramente fuera al revés y el “cazado” o deberíamos decir mejor contratado fuera el realizador, a quien Villalta le propondría un guión planificado a la medida para su lucimiento y el de su bella hermana. En este sentido, encontramos otro reportaje en el que relataba lo mismo pero con algunas variantes, obsérvense: “…estando una tarde en la tertulia con unos amigos, surgió la conversación de las películas españolas, y como yo dijera que creía que el impresionar una película era cosa fácil, un matrimonio, que allí en la reunión estaba, me instó para que lo hiciera, presentándome, al efecto, al amigo León Artola, como director de la misma.”[3] Aquí encontramos ya a Villalta mostrando interés por el mundo del cine y buscando él al director y no al revés, como describía en la cita anterior. De hecho, en este reportaje, Nicanor, al hablar de su hermana, reconoce que “el encontrar una actriz que hiciera la condesita de Noceda (el papel protagonista interpretado por su hermana) es muy difícil, porque ya sabes cómo en una de las escenas ha de coger el capote y torear una becerra... Y como Marina es una mejicanita muy valerosa...” Vamos, no se necesita ser muy listo para descubrir que se trataba de un papel cortado a la medida de su hermana -efectivamente había nacido en México, pero se consideraba muy aragonesa- y por ende de un guión escrito para gloria del torero, quien también torea en numerosas ocasiones en el film, como luego veremos. En este orden de cosas y en la misma entrevista, al ser preguntado por el productor de la película, que el periodista cree ser el hijo del operador de cámara Gazapo, Nicanor contesta rotundo y enigmático: “—No. Solamente se ha hecho la cinta en sus talleres por el precio convenido, y nada más. Los empresarios son: un paisano mío y tres amigos de aquí, de Madrid. Yo no he cobrado nada por filmar; sólo llevo un tanto por ciento, a cuyo efecto hemos designado a mi hermano Joaquín, como representante, y se ha instalado la oficina en la Gran Vía con el título de "Exclusivas Serres.” Lo que nos lleva a sospechar fundadamente que el productor era el mismo Nicanor, quien seguramente encargaría un guión para su lucimiento personal y el de su hermana, como ya hemos dicho. También reconoce que el director de la película, dado el éxito de la cinta, les había propuesto rodar otra titulada curiosamente Bajo la mirada de Dios, coincidente con una película argentina del director Edmo Cominetti de 1926. En otro momento de la entrevista, Nicanor habla más como productor que como actor, constátese este extremo en las siguientes palabras: “El suceso de anoche ya lo ha pedido una Empresa de Cuba, pero no se le ha concedido la exclusiva. Del extranjero también nos lo han pedido; de Méjico y París, y de España, donde más nos apremian en llevarla es a Zaragoza.” Sea como fuere, lo cierto es que Nicanor en esta entrevista manifiesta tener un profundo conocimiento de la situación del cine, pues en un momento de la misma critica ese eterno desencuentro de la política española con una industria tan importante como es la del cine en los siguientes términos: 

“—Lo que es una lástima•— añade Villalta— es que el Gobierno no favorezca de un modo más eficaz la producción española, porque hay que ver la cantidad de millones que se llevan las empresas extranjeras. Creo, que pueden hacerse muchas películas españolas; pero fíjate que digo españolas y no españoladas. A mí me gustaría hacer una comedia, sea la que sea, pues me encuentro físicamente en condiciones de hacer el papel que se me dé; ya sabes tú que practico todos los deportes: lo mismo soy jinete que nado, remo y patino...”
   Es más, Nicanor también contesta con rotundidad de entendido sobre el incipiente sonoro al ser preguntado por él: “—Necesitan perfeccionarse mucho—exclama Nicanor.” A lo que su hermana apostilla con gracia y no menos entendimiento: “.-Y que se entiendan; que estén habladas en español.” 
FOTOGRAGRAMA DE MARINA EN
EL SUCESO DE ANOCHE

   Marina en diferentes ocasiones de la entrevista manifiesta sus ganas de ser actriz y de triunfar en el cine. También, al ser preguntada por qué firma en los títulos de crédito como Marina V. Serrés, contesta aleccionada: “Por temor a comprometer con una actuación defectuosa el apellido prestigioso de mi hermano.”

La prueba final de lo que venimos defendiendo la aporta el prestigioso estudioso del cine, Fernando Méndez Leite en su Historia del cine español, quien al constatar el estreno de la película, señala que fue “costeada por el famoso matador de todos Nicanor Villalta, que interpreta con nervio varonil, el papel de protagonista masculino, junto con su bella hermana, Marina V. Serrés.”[4]






[1] FOTOGRAFÍA DE LEÓN ARTOLA. 


[2] Nuevo Mundo, 6 septiembre de 1929. 


[3] La fiesta brava, 3 de enero de 1930. 


[4] Madrid, Ediciones Rialp, 1965. Vol. I, pág. 305

domingo, 27 de noviembre de 2016

NICANOR VILLALTA PELICULERO (V)



La caimanía

   A principios del siglo XX, alguien bautizó a las tertulias cafeteriles con el exótico nombre de “caimanías”, derivado seguramente de “caimán”, pero en su acepción de “persona que con astucia y disimulo procura salir con sus intentos.” Eran pues estas reuniones de “caimanes” al acecho dispuestos a devorar al primer “capitalista” incauto que se sentara en una de sus sillas, como reconoce Santiago Aguilar en un artículo publicado en el diario Madrid, bajo el títlo de “Evocación de la caimanía”, la caza del capitalista –o productor improvisado- existía entonces como base de muchas producciones cinematográficas. Una película suponía el acontecimiento de una serie de aventuras graciosas, picarescas, dramáticas y hasta trágicas en algunos casos. La película era lo de menos. Lo esencial, lo perentorio, que comieran caliente y se divirtieran de lo lindo veinte o treinta personas de ambos sexos, incluido el productor, casi siempre enamorado como un párvulo de la protagonista […]”

   La caza del capitalista congregaba en su entorno a multitud de curiosos personajes, la mayoría actores con sus neuras y manías, con sus filias y sus fobias, con sus pretensiones y vanidades, con su necesidad de ganarse el condumio diario, de manera que, en ocasiones, se propiciaban divertidas situaciones, como las que narra el citado periodista en su artículo, del que extraigo la siguiente: 
“Lanzóse cierto día una noticia sensacional: iba a plasmarse algo original de ambiente exótico en que todos los personajes eran “bosquimanos”, seres de los bosques salvajes cerrados a la civilización. El autor y director de la “ideíca” se apresuró a contratar verbalmente a media docena de aspirantes a la pantalla, pero exigiéndoles que se dejaran crecer la barba y los cabellos, con objeto de dar la impresión de auténticos “bosquimanos” sin peluca ni postizos… fue psando el tiempo, y los futuros intérpretes tenían ya melenas de vegetariano y barbas bíblicas. No se privaban de salir a la calle, como hubiera sido lo discreto, y su paso era acogido con ruidosas carcajadas de los transeúntes, que no turbaban para nada su heroísmo artístico. Pero todo tiene su límite, hasta la tontería humana, y, poco a poco, se fueron cansando de llamar la atención sin que la formidable película diera comienzo, y, con ella, las pesetas y la fama ambicionada por los “caimanes”. Las barbazas y melenas desaparecieron, de un día para otro, entre el aplauso de los que no habían sido elegidos para principales “bosquimanos” por el “precavido” director. Mas hubo uno, férvido creyente y contumaz ingenuo, que de ninguna manera quiso exponerse a perder su primer contrato, y siguió apareciendo como Robinson Crusoé, sin arredrarle las bromas pesadas de sus contertulios. Hasta que una tarde apiadado de él, el propio causante de tan largo sacrificio, le llevó del brazo hasta la peluquería más próxima obligándole a recobrar su personalidad. Y se dijo que el fracasado intérprete –fracasado antes de que el fracaso pudiera producirse- rellenó una almohada con aquellas muestras abundantes de su ejemplar paciencia […]”
   En una de estas “caimanías” se debía encontrar nuestro matador cuando relata en su biografía la siguiente proposición cinematográfica deshonesta: 
“Estando en Zaragoza en el café Moderno con Nicanor Villa y varios amigos de su peña, vino un señor enseñándome unos papeles firmados por Simón, Rafael y Pablo, autorizándole a filmar una película y me pidió que yo también lo hiciera.
Le contesté que lo haría si me daba seis mil pesetas, tres mil para el hospicio y otras tres mil para el asilo de ancianos. Puso tantos reparos que no aceptó ni aun interviniendo “Villita”, que le dijo que aparte de ser un acontecimiento se le daba la preferencia y exclusiva. No aceptó y entonces le dije que no me tomara ni un metro.”[1]
   Sin embargo, poco después de esta anécdota, en la prensa de la época[2] se puede encontrar que Villalta iba a actuar de galán y que cobraría cuarenta mil duros por su actuación, lo cual no era ni mucho menos cierto, como vamos a demostrar en la siguiente entrada.






[1]Nicanor Villalta Serrés (Memorias), Excma. Diputación Provincial de Zaragoza, 1998, pág. 338. 
[2] La fiesta brava, 27 julio de 1929.

sábado, 12 de noviembre de 2016

NICANOR VILLALTA PELICULERO (IV)

Teruel
 TOMADA DEL LIBRO DE ANICETO BLASCO LAGUÍA,
Plaza de Toros de Teruel. 75º aniversario 1935-2010,
 Teruel, Aragón Vivo, 2010.

Nicanor Villalta toreó en ocho ocasiones en Teruel -1922, 1923, dos en 1926, 1928, 1929 y dos de nuevo en 1935[1]-. De hecho, clausuró la plaza vieja de Teruel, cuando el 30 de mayo de 1929, festividad de San Fernando, tuvo lugar la última corrida, la tradicional de las ferias, y también inauguró la nueva plaza, en ese mismo día pero de 1935, con toros de doña María Montalvo, en compañía de los diestros, Fermín Espinosa, “Armillita Chico”, y Domingo Ortega, mató el primer toro llamado “Calamar”, al que le cortó las dos orejas, después de una gran faena, rematada con una estocada de las suyas.


       

De su contacto con la capital de su provincia, dejó las siguientes impresiones en sus Memorias:


“El día 31 me fui a Teruel con dos días de anticipación al que tenía que torear para conocer la ciudad de la que tanto me habían hablado. Me hospedé, como la vez anterior, en el hotel Aragón que estaba al final de la escalinata de la estación, desde donde se dominaba una gran explanada para recreo de la vista.
En la ciudad hay sitios y cosas que admirar con deleite por sus bellezas y valor, y en la placita del Torico, con sus soportales, hay en el centro un pedestal con un toro de bronce que contemplé con simpatía y admiración, y sin que averiguara lo que representaba me dije: “Sí, es el poderío y virtudes de los hijos de Aragón.
Al pasear por calles y arrabales quedé admirado de contemplar la Naturaleza, y así como existen maravillas al descubierto, las hay casi sin conocer y son tan inmensas que queda uno extasiado en capitales y pueblos de España. Admiré las torres de Teruel, que debían ser tan famosas como sus ‘Amantes’ por ser inigualables dentro del mudéjar, de las que ha dicho el Marqués de Lozoya en su Historia del Arte Hispánico: ‘si tuviéramos que señalar un conjunto arquitectónico para compendio y blasón de la Ëspaña medieval, cristiana y mora, nos decidiríamos, sin duda, por las torres de Teruel. Así la de San Martín, construida en el XIII y en cuya decoración exterior se agotan todas las invenciones moriscas de aquellos entrelazados, cenefas y redes de rombos, siendo la más interesante la prolija y sabia aplicación de la cerámica vidriada.’
De iguales épocas y traza es la gemela torre de San Salvador, más bella aún y mejor emplazada que la de San Martín. Con respecto a la torre de San Martín tengo que recordar la leyenda que se le atribuye: romántica, de amor y trágica, como lo es también la otra leyenda turolense: la de los amantes. Se dice que los dos arquitectos árabes se disputaban entre sí la mano de la princesa mora. Se estableció entre ellos un segundo duelo. Construirían dos torres iguales y el que mejor la hiciera se casaría con la hija del rey. Uno de los pretendientes hizo la torre de San Salvador. El otro construyó la de San Martín, enteramente igual a la primera pero torcida. En su desesperación se mató tirándose desde todo lo alto.
Lo que verdaderamente da tono romántico a Teruel es la otra leyenda que constituye una de la más bellas páginas de amor del mundo: Isabel de Segura y Diego de Marcilla.”



[1] Aniceto Blasco Laguía, De toros… Y de toreros de Teruel, Teruel, Gráficas Teruel, 2003, pág.21.

viernes, 10 de junio de 2016

NICANOR VILLALTA PELICULERO (III)



Villalta, el mejor espada de su época a los ojos de Hemingway
        


Hemingway consideró a Villalta el mejor torero de su tiempo, junto al “Niño de la Palma”, lo juzgó como un torero intemporal, único, personal, individual e inclasificable, pero démosle la palabra al escritor taurófilo, la cita es larga, pero merece la pena, quizá sea la mejor radiografía de un torero y de su forma de torear que se haya hecho nunca:




“Villalta es un caso extraño. Tiene un cuello tres veces más largo que la mayoría de las personas. Mide uno ochenta de estatura y ese metro ochenta está empleado casi enteramente en piernas y cuello. No se podría comparar su cuello con el de una jirafa, porque el cuello de la jirafa tiene un aire natural y el cuello de Villalta parece como si acabaran de estirarlo delante de vuestros ojos. Parece que es un cuello de goma que se estira y se estira y no vuelve jamás a sus dimensiones normales. Sería maravilloso que pudiera ocurrir así. Ahora bien, un hombre, dotado de tal cuello, si mantiene los pies juntos, el torso hacia atrás e inclina el cuello hacia el toro, produce cierto efecto que, sin ser enteramente artístico, no es completamente grotesco. Pero en cuanto ensancha las piernas y sus largos brazos van cada uno por su lado, nada puede evitar, por mucho valor que ponga, el que se convierta en un ser extremadamente ridículo.

Una noche, en San Sebastián, paseando por La Concha, Villalta nos habló de su cuello, en esa especie de lenguaje infantil aragonés que habla; maldijo su cuello, y nos explicó cómo tenía que concentrar la atención en su cuello y no olvidarse nunca de él para no parecer grotesco. Había inventado una especie de estilo giroscópico de emplear la muleta y dar sin ninguna naturalidad los pases llamados «naturales». Con los pies muy juntos, con su gigantesca muleta, que, completamente desplegada, sería suficiente para sábana de un hotel respetable, extendida la muleta sobre la espada, sujeta con la mano derecha, Villalta gira lentamente con el toro. Nadie hace que pase más cerca; nadie torea más cerca del toro y nadie sabe girar como el maestro sabe hacerlo.

Con la capa es malo; procede mucho más rápidamente y a golpes; cuando mata, se encamina derecho al toro y sigue bien la espada con su cuerpo, pero con frecuencia, en vez de bajar la mano derecha, para que el toro la siga y quede al descubierto el punto vital entre sus omóplatos, le ciega con los pliegues rojos de la muleta, contando con su altura para pasar el brazo por encima del cuerno y hundir la espada hasta la bola. A veces, sin embargo, mata de un modo absolutamente correcto y siguiendo los cánones. En los últimos tiempos, su manera de matar se ha hecho casi clásica y muy segura. En fin, todo lo que hace, lo hace con valor, y todo lo que hace, lo hace a su manera, así es que si veis a Nicanor Villalta, tampoco habéis visto los toros. Pero debéis ir a verle en Madrid, siquiera una vez, donde se entrega por entero y donde, si sale un toro que le permita mantener juntos los pies, cosa que no le sucede más que una vez cada seis, veréis algo extraño, conmovedor y, gracias a Dios, excepto por lo que se refiere al gran valor que despliega, completamente único [...]

Nicanor Villalta, cuando encuentra un toro que embiste lo suficiente por derecho para que el torero pueda mantener los pies juntos, trabaja muy cerca, se exalta y se curva sobre sí mismo, lanzando la línea de su torso sobre los cuernos y, moviendo la muleta con su muñeca maravillosa, hace dar vueltas al toro alrededor una y otra vez y le hace pasar tan junto a su pecho que los lomos del toro le achuchan a veces, y los cuernos pasan tan cerca de su vientre que se pueden ver luego en el hotel las rayas que le han hecho en el abdomen. No exagero: las he visto. Creo que podrían provenir de las puntas de las banderillas, que le habían rozado en el momento en que hacía pasar todo el bulto del toro tan cerca de él que su camisa se manchó de sangre; pero creo que podían también provenir de la porción plana de los cuernos, que pasaban tan próximos a él, que yo mismo no tenía valor para mirarle con los ojos abiertos. Cuando hace una gran faena, Villalta es todo valentía; y por esa valentía y esa muñeca mágica se le perdonan las mayores torpezas que pueda cometer con los toros que no le toleren mantener los pies unidos. Puede ocurrir que veáis una de esas grandes faenas de Villalta en Madrid, donde se ha encontrado con toros buenos con más frecuencia que ningún otro torero muerto o vivo. Pero podéis estar seguros también de verle tan torpe de figura como una mantis religiosa cada vez que tropieza con un toro difícil. No hay que olvidar que esa torpeza está originada por su contextura física, y no por falta de valor; por la manera como está constituido, Villalta no puede ser elegante más que si junta los pies, y, mientras que la torpeza en un torero gracioso es señal de pánico, en Villalta significa solamente que ha dado con un toro con el que tiene que separar las piernas para torear. Pero si habéis llegado a verle alguna vez cuando puede unir los pies, si le habéis visto inclinarse como un árbol en una tempestad delante del toro que embiste, si habéis visto dar al toro vueltas y más vueltas en torno, si al torero le habéis visto exaltarse, arrodillarse ante el bicho después de haberle dominado y morderle el cuerno, olvidaréis entonces el cuello que Dios le ha dado, la muleta, enorme como una sábana, que emplea y sus piernas de poste telegráfico; porque su extraño cuerpo contiene el suficiente valor y el suficiente pundonor como para hacer de él una docena de toreros. […]

El mejor espada de hoy en día es Nicanor Villalta. Villalta comenzó falseando la suerte de matar y utilizando su elevada estatura para inclinarse sobre el toro, cegándole con su inmensa muleta; pero ahora ha purificado, dominado y perfeccionado su arte, de tal manera que, en Madrid al menos, mata los toros que le tocan, de cerca, con confianza, de una manera correcta, segura y emocionante, habiendo aprendido la manera de emplear su mágica muñeca izquierda para matar realmente al toro en lugar de engañar sencillamente al público. Villalta es un ejemplo del hombre simple de que hablaba al comienzo de este capítulo. En inteligencia y en conversación no es más listo que vuestra hermanita de doce años, si esa hermanita es una niña algo retrasada y tiene un sentido de la gloria y una fe en su grandeza tan altas que podríais colgar de ella vuestro sombrero. Añadid a esto una bravura con la que ningún valor frío podría rivalizar en intensidad.

Personalmente le encuentro insoportable, aunque es bastante divertido si no se tiene ninguna prevención contra la histeria vanidosa; pero con la espada y la muleta es hoy en Madrid el más bravo, el más seguro, el más tenaz y el más emocionante matador de la España contemporánea. “[1]



[1] Muerte en la tarde, Madrid, Espasa, pp. 57 y stes.

lunes, 6 de junio de 2016

NICANOR VILLALTA PELICULERO (II)



Bigografía
         

Nicanor Villalta, “el león del trasteo”, nació en 1897 en Cretas, pueblo del Matarraña turolense, y a pesar de que con diez años partió con su familia a México, siempre se consideró turolense “hasta la médula”, como él mismo reconoció en diferentes ocasiones y confirmaba con su constante uso del “oye maño…” Con diez años siguió a su padre, quien tras abandonar su carrera de novillero y banderillero, viajó a México en busca de fortuna, donde probó suerte con diferentes comercios: tienda de comestibles, panadería, casa de huéspedes, una carnicería, un establo de vacas… Pero lo cierto es que la inestabilidad política y social del país no lo favorecieron y terminó en la ruina. Cuando tuvieron una oportunidad, dejaron lo poco que tenían y marcharon a Cuba. En la isla caribeña trabajaron duro en la zafra del azúcar durante un par de años y, cuando se calmaron un poco las aguas revolucionarias, volvieron a Distrito Federal, en donde se había quedado una hermana que allí se había casado, y se había levantado la prohibición de la corridas de toros que había impuesto el gobierno de Carranza. Fue entonces cuando empezó a tomarse más en serio la posibilidad de ser torero e intervino en algunos festejos. por lo que el ya por entonces joven Nicanor, llevado por la necesidad familiar y convertido en su sostén, decidió dedicarse por completo al mundo del toro, una profesión que, como él mismo decía, “rápidamente lo levanta a uno o lo tumban del todo”.


Con poco más de veinte años toreo en Querétaro, para el mismo día que moría en Talavera Joselito, el 17 de mayo de 1920, hacerlo en Zaragoza, presentado por el a la sazón representante de la plaza y gran amigo de la familia, Nicanor Villa, Villita, compañero de fatigas taurinas en la mocedad de su padre, por el que sintió una profunda admiración hasta el punto que le llevó a bautizar a su hijo con su nombre. Su triunfo en Madrid el dos de mayo de 1922 aceleró la toma de su alternativa, que se produjo en agosto en la Plaza de San Sebastián.






En 1923 sufrió una cogida importante, el diestro la recordaba en sus memorias de la siguiente manera, “…me empaló por el vientre con el pitón derecho y con el otro me dio un puntazo en el pómulo izquierdo; de verdadero milagro no me vació el ojo, pues la fina punta me llegó a rasgar hasta la ceja donde me tuvieron que dar varios puntos…” Pocos días más tarde, con la cabeza y gran parte de la cara vendada, se encontraba en Teruel, dispuesto a torear en su plaza, como luego veremos más por extenso[1]. En 1927, cuando se encontraba en lo más alto de su carrera, sufrió otra cogida de importancia en el escroto, circunstancia que le obligó a reducir drásticamente, y no se me malinterprete, las corridas anuales, que hasta ese momento superaban con creces el medio centenar.


En 1924, la Asociación de la Prensa de Madrid, le otorgó el prestigioso premio taurino creado por ella de la “oreja de oro”, que el matador, como buen aragonés, ofreció a la Virgen del Pilar. En 1927, en México, conseguiría en la corrida de la Beneficencia Española una segunda Oreja de Oro, al ser el torero más votado por los aficionados, que lo declararon de esta forma el torero triunfador del acontecimiento.


Sus primera oreja se la concedieron en Alcañiz, le seguirían Zuera, Teruel, Zaragoza y un larguísimo etcétera, hasta superar con creces la cifra de cuatrocientas, solo en Madrid, y en una época en la que conseguir trofeos era muy complicado ( a su etapa, la que va desde la muerte de Joselito hasta la Guerra Civil, se le conoce como “la edad de plata del toreo”), como constata la placa con su nombre expuesta en su plaza, suma los 56 trofeos, cuarenta y siete en la antigua plaza de toros de la Carretera de Aragón y nueve en la actual Monumental de Las Ventas, con un total de cinco Puertas Grandes.


Villalta estuvo en activo ininterrumpidamente hasta 1935, año en que se retiró por primera vez. Como a tantos otros españoles, la Guerra Civil le truncó todos sus planes de una manera fulminante. El portero de su finca lo acusó de fascista y tuvo que salir huyendo perseguido por la milicia. Se escondió en un zulo en Madrid y allí malvivió durante el tiempo que duró el asedio de la ciudad. Cuando acabó la guerra, su mala situación económica le obligó a tener que volver a torear.


Reapareció el día de la Mercè de 1939 y toreó en continuidad hasta octubre de 1943, en que se cortó la coleta, en una de las corridas de la feria del Pilar. Pero no sería esa la última vez que matara un toro, como luego veremos.


Alcanzó gran fama como estoqueador (el reconocido crítico taurino, Gregorio Corrochano, dijo en una ocasión refiriéndose al de Cretas: “Carniceros: abrid en el desolladero con cuidado los toros que mata Villata. Porque pudiera un día ocurrir que fuera Villalta dentro.”) y con la muleta fueron célebres sus «parones» al embarcar con la mano derecha, a decir de los entendidos su juego de muñeca era verdaderamente prodigioso. Esto le llevó a ser uno de los diestros imprescindibles en las plazas de Madrid y Barcelona, llegando incluso a apodarlo el expreso Madrid-Barcelona, por la multitud de viajes que realizaba entre las dos ciudades para torear. Quizás por eso mismo fue objeto del veto por parte de algunas figuras del momento que, por la entrega del diestro aragonés, rehusaban anunciarse con él en los carteles. Una vez retirado definitivamente, Villalta apoderó a diversos toreros, fue también empresario y posteriormente le nombraron asesor de la presidencia en las plazas madrileñas, función que desempeñó hasta el final de la temporada de 1979, pero todo esto lo desarrollaremos en el apartado dedicado a la película de Summers, Juguetes rotos.


EL ARTÍCULO COMPLETO EN CABIRIA Nº 11









[1] FOTOGRAFÍA PLAZA DE TERUEL. TOMADA DEL ECO DE TERUEL

miércoles, 4 de mayo de 2016

NICANOR VILLALTA PELICULERO (I)



De Nicanor Villalta se ha dicho que en él se encarnan muchos de los tópicos que se nos atribuyen a los aragoneses: tesón, capacidad de sufrimiento y decisión frente a la adversidad; es cierto, su poca estética figura, su altura y desgarbo (se le llegó a denominar “el tubo de la risa”, incluso el propio Hemingway, con toda su admiración, que fue mucha, hasta el punto de bautizar a su hijo con el nombre de Nicanor, en un deseo expresado de que siguiera los pasos de su ídolo, lo calificó de “el valeroso poste de telégrafos aragonés”), le obligaban cada vez que toreaba a “transformarse”, a actuar, a conseguir que su arte prevaleciera sobre su figura o el conjunto poco armónico que formaba con el toro, debía siempre, en una representación continua, torear para el público, encantarlo en una actuación constante, digna de una actor consumado, y maravillarlo con la magia de su toreo para hacerle olvidar su estética disforme.

         Cierto, Villalta era un actor consumado, lo demostraba cada tarde en los ruedos, pero también lo fue para la gran pantalla, su físico, como hemos anticipado, jugaba en su contra, pero lo compensó, como en el toreo, con valor, arrojo e inteligencia. Su biografía, plagada de lances novelescos, daría para una buena película, pero en esta serie de entregas tan sólo la esbozaremos, pues nuestro objetivo es su faceta, poco conocida y menos aún estudiada, de actor, y me atrevería a decir también que de guionista y productor, como vamos a intentar demostrar.