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martes, 22 de noviembre de 2011

NATIVIDAD ZARO CASANOVA (VII): UNA DE ROMANOS.

      A Félix Romeo, in memoriam.
     
   A finales de los cincuenta y principios de la década de los sesenta el cine italiano se encontraba en la vanguardia de la cinematografía mundial y junto a un amplio número de directores que obtuvieron buenos resultados artísticos, surgió también un cine denominado "popular", que se sostuvo sobre dos géneros fundamentales: la comedia meridional de trascendencia local y el peplum. Desde el primer momento encontramos a nuestra guionista-argumentista-productora urdiendo peleas, duelos, cruentas batallas, viajes fantásticos, luchas circenses y demás ingredientes de este género cuya única finalidad era la de entretener durante algo más de una hora a un público poco exigente en los cines de barrio o de pueblo. Así, en 1958 y partiendo de un argumento propio, escribió el guión, junto con Ennio de Concini, de La rebelión de los gladiadores, dirigida por Vittorio Cottafavi, a la que seguirán, prácticamente a razón de una por año: Las legiones de Cleopatra (1959), Ursus (1960. Típico film de forzudo invencible, de los en Italia denominados un tanto irreverentemente “películas con bestione”), El gladiador invencible (1961) y Los invencibles (1963. Se trata de un calco de los westerns americanos ambientado en la Grecia antigua con una buena realización y unos magníficos decorados).
            De todas ellas, la mejor es Las legiones de Cleopatra, coproducción franco-hispano-italiana, realizada por Vittorio Cottafavi que contó con buenos medios técnicos y artísticos, entre los cuales cabe destacar a los actores Ettore Manni, Georges Marchal y la guapísima Linda Cristal. El guión y el argumento es de los especialistas italianos De Concini, Cristallini, el propio Cottafavi y nuestra autora, a quien también se deben los diálogos.     
  
            Esta serie de películas de romanos se financiaban en régimen de coproducción, generalmente entre España e Italia, menos en este último caso, ya que al ser un proyecto más ambicioso, intervino también capital francés. A este respecto cabe señalar que en la distribución de los mercados exteriores la parte española resultaba, como norma, la más perjudicada, entre otras cosas porque en numerosas ocasiones este régimen de coproducción lo que pretendía era convertir productos extranjeros en españoles por un simple acuerdo de distribución a modo de anticipo o bien por la organización del rodaje en España, limitándose la empresa española a proporcionar información o a hacer de intermediaria entre la dirección de la película y las instancias oficiales españolas demasiado burocratizadas. En estas condiciones, lo más normal es que la presencia profesional hispana acabara siendo meramente simbólica. Esta práctica fue generalizada, como lo demuestra graciosamente el siguiente chiste publicado en La Codorniz: "España ponía la 'co' y los extranjeros la producción". Seguramente Atenea Films no escapó a ella, pero en el caso de Las legiones de Cleopatra esto no fue así en absoluto, basta con mirar el reparto para descubrir en él a actores nacionales de primera fila como Alfredo Mayo, Mary Carrillo o entre los técnicos a Mario Pacheco o Julio Peña, entre otros. Estela y Atenea Films, las productoras españolas, no se conformaron con el acuerdo inicial de distribución y lograron que desde la Dirección General de Cinematografía se solicitara a la parte italiana la modificación del reparto como requisito previo para conceder el permiso definitivo de rodaje en España. Consiguiendo de esta forma unas condiciones mucho más ventajosas para las productoras nacionales.
            De todos es sabido que la industria cinematográfica busca series que impone como moda hasta saturar el mercado, momento en que se hace necesario descubrir nuevos temas. Así, cuando los peplum entran en regresión, asistimos al nacimiento del "spaghetti-chorizo-western" y junto con él, compartiendo también su impersonalidad y su carácter mimético, comienza a dar sus primeros pasos el cine de terror hispano. En ambas modalidades probaría suerte nuestra guionista y productora.
            En 1963 se estrenó Horror, una coproducción hispano italiana dirigida por Alberto de Martino y planificada, junto con escritores italianos, por Natividad Zaro. Se trata de una película híbrida entre lo policíaco, la novela gótica y el suspense con profusión de elementos terroríficos, inspirada en el relato de Poe, "The Premature Burial" -con cataléptico incluido-, que nos narra un truculento crimen fratricida.
            Dentro del "spaguetti-western" se inscribe su colaboración en la película Desafío en Río Bravo, cuyo título alternativo fue El sheriff de O.K. Corral, dirigida en 1964 por Tulio Demichelli, en la que lo más destacable es la presencia de Guy Madison en el papel del famoso sheriff de O.K. Corral y el inevitable aragonés, genéticamente mejicano, Fernando Sancho.
           
 Finalmente, sus aportaciones al mundo del cine concluyeron en 1966 con la película de aventuras ambientada durante la Revolución Francesa, basada en una novela de Alejandro Dumas, El aventurero de la Rosa Roja, realizada por el especialista en el cine de aventuras Steno y coproducida por Italia, España y Francia, en la que se narran las aventuras de un joven aristócrata francés que tras sus refinados modales, siempre rodeado de flores y bellas mujeres (una de ellas fue la algunos años más tarde popularísima cantante y presentadora de la televisión española, Raffaela Carrá), oculta su auténtica personalidad, intrépida y arrojada, pues tras hallar ya moribundo al enmascarado y terrible revolucionario conocido como "El Marsellés", decide asumir su personalidad.
A MODO DE CONCLUSIÓN.
            Ser mujer, universitaria, viajera y actriz en los años treinta son características que anticipan una personalidad atractiva. Iniciarse en el teatro y, sobre todo, en el cine español de los años cuarenta como argumentista y guionista, la convierten en un fenómeno poco frecuente, pero sobrevivir en él como productora durante los cincuenta y sesenta hacen de Natividad Zaro casi un hecho insólito, pues, aun a pesar de que pueda parecer lo contrario, se trataba de un territorio sembrado de conflictos de toda índole, tanto industriales, como políticos, culturales, religiosos y estéticos, los cuales, en cierto modo, explican las dificultades, reconversiones y baches de la inmensa mayoría de los profesionales que trabajaron en el azaroso mundo del cine español de la época. La trayectoria profesional de Natividad Zaro es un claro ejemplo, pues oscila desde las adaptaciones literarias (en sus comienzos de obras teatrales suyas), la apuesta por el nacimiento de un cine con pretensiones modernizadoras próximo, a su manera, al neorrealismo italiano, pasando por el intento de consolidación de un género autóctono, el cine de bandoleros, desgraciadamente desaprovechado, hasta llegar a instalarse definitivamente en el cine comercial de subgéneros español en todas sus variantes, hecho, en algún caso, con cierta dignidad y pretensiones de calidad.
            En definitiva, podemos concluir que Natividad Zaro fue una luchadora, una mujer impulsada por el tesón que arrastró con decisión y audacia los más insólitas empresas en el mundo de la cultura, un mundo de hombres y para hombres vetado en su mayor parte a las mujeres. Todo cuanto escribió estuvo marcado por el signo del adelantamiento, de la experimentación, de un feminismo que no tuvo más remedio que mimetizar entre firmas de hombres, aceptando ocupar un discreto y escasamente consentido segundo plano.

sábado, 19 de noviembre de 2011

NATIVIDAD ZARO CASANOVA (VI): LA MODESTY BLAISE ESPAÑOLA.



A Félix Romeo, in memoriam.
           
 Amanecer en Puerta Oscura, basada en el mejor argumento de nuestra autora, supuso la consagración como realizador del cineasta aragonés José María Forqué al conseguir el Oso de Plata en el Festival de Berlín y obtener una buena acogida de público. Desafortunadamente algunos sectores de la crítica tildaron la película de "españolada", probablemente porque ahonda en la recia tradición del bandolerismo español que Vajda iniciara para el cine en 1953 con Carne de horca, perfilando una línea de "western" a la española que desgraciadamente apenas gozó de continuidad, salvo en contadas excepciones, como la citada de Forqué, la de Isasmendi con Sentencia contra una mujer  (1960) y la de Saura en Llanto por un bandido (1963).
            Amanecer en Puerta Oscura es un relato híbrido en la que se mezcla con mano maestra el cine testimonial, realista y de denuncia social de su arranque, con el "western" de bandoleros y la sucesión de desgracias e infortunios propias del romance de ciegos de su desarrollo, para alcanzar, bordeando en algunos momentos el melodrama, el auto de fe religioso en un final memorable, demasiado, a decir de la crítica, redentorista, pero de indudable impacto visual.
            Al comentar la gestación de esta película, Forqué le comentó a Florentino Soria: “A Natividad Zaro yo la llamaba la “Modesty Blaise española, porque era muy emprendedora y se le ocurrían las cosas más insólitas. Me propuso una idea suya y que fue el esquema argumental de Amanecer en Puerta Oscura: acepté encantado y solicité que Alfonso Sastre, amigo de siempre y gran escritor,  colaborase conmigo en el desarrollo de la historia…”[1]
            Como se deduce de la cita anterior, el asunto de la película, guionizador por nuestra escritora, Alfonso Sastre y el mismo Forqué, se inspira en una tradición auténtica de la Semana Santa malagueña, en cuyo Miércoles de Pasión un condenado a muerte deberá ser indultado por la justicia de Dios, según Real Ordenanza de Carlos III. Así, los tres protagonistas (Francisco Rabal, Luis Peña y Alberto Farnesse), cada uno de ellos autor de una muerte en circunstancias distintas, huyen a la Sierra, para finalmente ser capturados y juzgados, primero por los hombres y luego, por Dios, en una escena final de gran dramatismo en la que Nuestro Padre Jesús el Rico deberá señalar con su mano –según el viejo rito-, a aquel que será indultado entre las tres penados que se hallan en el patíbulo, al pie de las horcas. Un final impactante como hemos señalado, de gran fuerza dramática, debido a Paco Madrid –hijo del torero malagueño del mismo nombre y gerente de la productora de Natividad-, quien les propuso la idea de utilizar la tradición de liberar a un preso en la Semana Santa de una localidad andaluza. La propia Natividad asumió la idea y ella misma en persona convenció a la cofradía de la conveniencia de montar una procesión expresamente para la película.


[1] En José María Forqué, Festival de Cine de Huesca, 1992, p.39.

jueves, 17 de noviembre de 2011

NATIVIDAD ZARO CASANOVA (V): DIRECTORA DE ATENEA FILMS

A Félix Romeo, in memoriam.
Atenea Films
            Tras el fracaso comercial de Surcos, se dedicó como productora a colaborar con otras empresas y a la coproducción internacional, buscando películas comerciales y rentables, pero sin desdeñar la calidad cinematográfica. Entre 1951 y 1961, fueron doce los trabajos de Atenea Films, es decir,  su producción alcanza una media de poco más de una película por año, entre las cuales destaca por su calidad y extrañeza su colaboración en el excelente filme de José María Forqué, Amanecer en Puerta Oscura (1957), si bien podemos afirmar que su productora se había instalado definitivamente en el cine de subgéneros que eclosionó en la España de finales de los cincuenta y alcanzó su máximo apogeo en la década de los sesenta con la apertura de Fraga Iribarne. Su filmografía se centró fundamentalmente en las películas "de romanos" y en algunas incursiones esporádicas en el chorizo-spaghetti-western, el musical español, el subterror hispano y las de espadachines.
            De esta forma, en 1952, Henri Decoin rueda la coproducción italo-hispano-francesa, El tirano de Toledo, basada en uno de los mejores relatos de Stendhal, Le doffre et le revenant y que en su versión española fue producida por Atenea Films, adaptada por Natividad y dirigida por el también aragonés, Fernando Palacios.
            Dos años más tarde, junto con otros cuatro guionistas, preparó la continuidad de Para siempre, clásico melodrama al gusto azteca realizado por Tito Davison, en el que se narraba la escisión sentimental de un joven mejicano, felizmente casado en su país, durante un viaje profesional a España, en el que se enamora apasionadamente de una joven.
            También en 1955 Atenea Films se embarcó en una nueva producción con Méjico y Chile en la realización del film, Cabo de Hornos, con el director ya citado Tito Davison e interpretada por Silvia Pinal y Jorge Mistral, con la audaz novedad de ambientar parte de su historia en la Antártida, localizaciones que la propia Natividad visitó personalmente.
            En 1956 escribió y produjo el argumento de Dos novias para un torero, dirigida por Antonio Román, quien fue también el guionista junto con José Luis Codina. Se trata de una comedia musical puesta al servicio de Paquita Rico y del torero mejicano Manuel Capetillo que conjugaba en su desarrollo elementos folclóricos tanto españoles como mejicanos, argucia frecuente en la época, cuya finalidad no era otra que la de facilitar la exhibición de la película en ambos países.



domingo, 13 de noviembre de 2011

NATIVIDAD ZARO CASANOVA (IV): EL GUIÓN DE "SURCOS".

                                                A Félix Romeo, in memoriam.

            Surcos

            En 1951, José Antonio Nieves Conde realizó Surcos, película que, según rezan los títulos de crédito, estaba basada en un argumento de Eugenio Montes y cuya adaptación y diálogos corrieron a cargo de Natividad Zaro y de Gonzalo Torrente Ballester; sin embargo, según declaraciones del propio Nieves Conde, "el guión era una cosita muy cortita de Natividad Zaro. En realidad, era un tratamiento de catorce o quince hojas que me trajo Felipe Gerely, director de producción, que era novio de Dina Stein, que había trabajado en Balarrasa. Lo de Natividad era muy arnichesco, así que le dije que había que desarrollarlo y ella me propuso que desarrolláramos juntos el guión. Y no sé por qué, pero respondí que necesitaba absoluta libertad para ampliar aquellas páginas y para elegir a mi guionista. Me preguntó en quién pensaba, y yo, sin dudarlo, contesté que sería Torrente Ballester. Como era muy amigo de ella y de Eugenio Montes, dijo que si era Gonzalo, no había nada que decir. Y Torrente Ballester y yo hicimos todo el guión, en el que ella apenas intervino, aunque figuraba en los títulos; como Eugenio Montes, que lo único que hizo fue el titulito que escribió y que se puso al final del rodaje". En esa misma entrevista, Nieves Conde insistía en esta idea e incluso la matizaba un poco más: "Los diálogos estaban muy bien escritos y eso es mérito total de Torrente Ballester. Yo hice algunas observaciones, pero el auténtico creador de los diálogos, como del guión, fue Gonzalo... A los dos nos gustaba ese mundo, lo entendíamos. La manera de hablar de los personajes, la peripecia, el ambiente, eran cosas que teníamos en la cabeza. No el arnichismo que habíamos recibido de Natividad Zaro, sino precisamente aquel realismo de antes de la guerra, que permaneció a lo largo de ella y que llegó prácticamente hasta los años cincuenta (...) Lo que pasó es que nos reunimos dos señores a escribir un guión -ya digo que lo de Natividad era más arnichesco que otra cosa- e hicimos una creación de tipos, de lenguaje, de ambientes, que esencialmente fueron creación de Torrente Ballester."
            Por su parte, Natividad Zaro, en una entrevista titulada significativamente “Justificación y defensa del realismo en el cine”, concedida a Castán Palomar y publicada en Primer Plano el 25 de noviembre del 51, en plena polémica suscitada por la declaración de Surcos como de “interés nacional”[1], demuestra un conocimiento profundo de las pretensiones de la película y, de alguna manera, contraviene las excluyentes afirmaciones de Nieves Conde, al defender que el cine tiene que ser crónica de su tiempo más que historia y folclore e, incluso, ante la pregunta de si fue suya la idea de Surcos, responder de la siguiente manera: ”Sí. En cierta ocasión, Eugenio Montes me había sugerido la conveniencia de llevar a la pantalla asuntos palpitantes. Creo que el de esta película lo es. Pero también creo que, en parte, choca contra la clase de cine que es habitual aquí. Ello determina que haya opiniones adversas, por pocas que sean, éstas parecen más afectas a un cine nada realista; pero cuando se habla de moralidad, pienso que ésta no debe ser confundida con la ñoñez...” Como se puede comprobar, Natividad Zaro conocía perfectamente la auténtica dimensión del filme y no se sintió, a tenor de sus declaraciones, en absoluto traicionada con el desarrollo del guión, de hecho, ella no ve en la película un desmesurado afán de realismo, sino que juzga que han reflejado la realidad tal cual es al afirmar que “en España, donde la vida marcha al compás de los tiempos, hay una tendencia, lo mismo en lo cinematográfico que en lo teatral, a no dar esa sensación. El cine y la escena falsean frecuentemente la verdad del ritmo en que está la vida y producen sólo plácidos pasatiempos, como si no pretendieran más que hacer cómodas y amables las digestiones (...) Cuando nos hemos internado, durante el rodaje de la película en barrios donde abundan fondos sociales ácidos y turbios, nos hemos encontrado con que respondían exactamente a la intención de esta cinta, y hasta que había casos bastante más crudos y desoladores que los que figuran en ellas...”
            Sea como fuere, Natividad Zaro tuvo que ver con la gestación de la película, no sólo en lo literario, sino también en lo financiero, pues fue producida por Atenea Films, S.L, productora de la que ella era la presidenta, lo que confirma que, participara más o menos en la confección del guión, creyó en sus posibilidades, tanto artísticas -figura en los títulos de crédito-, como económicas -produce la película-. Si en lo primero acertó -Surcos marcó un hito en el cine español y es comparable a las mejores películas neorrealistas-, en lo segundo se equivocó, pues resultó un fracaso económico.
            La película tendrá, si se quiere, una última lectura conservadora (no hay que olvidar que desde Nieves Conde, pasando por Torrente Ballester, Eugenio Montes y la propia Natividad, todos fueron reconocidos falangistas, aunque seguramente disconformes con la política social del franquismo), pero de lo que no cabe duda es que su crítica social -emigración, mercado negro, estraperlo, escasez de vivienda, paro y prostitución- resultó excesivamente dura para su tiempo y molestó a los sectores más reaccionarios del momento, desencadenando una agria polémica político cultural que se saldó con la dimisión de García Escudero y un mayor, si cabe, celo censor. Desde ese instante, los cineastas se vieron obligados a limitar de forma importante el alcance social y político de sus proyectos cinematográficos.
 Natividad Zaro no fue una excepción y su carrera como escritora parece dar un nuevo giro que la llevó a abandonar cualquier pretensión inicial de profundidad intelectual o compromiso social, para irse diluyendo en películas eminentemente comerciales, cuyo único fin fue el de entretener y ganar dinero.


[1] La defensa que de ella hizo el recién nombrado Director General de Cinematografía, García Escudero, frente a la grandilocuente Alba de América, de Juan de Orduña, terminaría costándole el puesto.

domingo, 6 de noviembre de 2011

NATIVIDAD ZARO CASANOVA (III): UNA MUJER EN EL CINE FRANQUISTA.

           A Félix Romeo, in memoriam.
 Al concluir la guerra civil, el cine español, tras un período de desorientación y de inoperancia productiva -como también ocurriera en todas las demás artes-, fue puesto al servicio del Régimen y comenzó su trayectoria con una serie de películas de guerra en las que se narra la historia reciente de España desde la óptica de los vencedores, para poco después derivar hacia un cine histórico que intentaba reconstruir subjetivamente los períodos de exaltación patriótica y religiosa más destacados de nuestra historia y, sobre todo, el grueso de la producción se decantó por las películas de corte folclórico y costumbrista. Sólo hacia mediados de la década se produjeron tímidas tentativas filmográficas con pretensiones más cosmopolitas e innovadoras, es el caso, entre otros, del cine de Neville, Serrano de Osma y Ladislao Vajda. Este último realizador había colaborado con Natividad en la puesta en escena de su obra teatral y en 1947 la llevó al cine con guión adaptado por la propia autora, su compañero sentimental, el poeta y académico Eugenio Montes, y Alfredo Echegaray. A decir de la crítica de la época, Tres espejos es un interesante thriller policíaco en el que se nos narra cómo un financiero se ve obligado a matar en defensa propia a un delincuente y, asustado, cambia su documentación con la de la víctima desencadenando así una historia de intriga y pasión. Os dejo una muestra de la versión portuguesa de la película:

            En 1948, un guión de nuestra actriz-escritora fue merecedor del primer premio de guiones de la Junta del Sindicato Cinematográfico, se titulaba Europa (escrito en colaboración con Manuel Suárez Campo y basado en un cuento de Tomás Salvador) y como recordará algunos años más tarde, “no se estrenó nunca; no se rodó nunca […] Las productoras no se atrevían: su presupuesto era demasiado elevado. El tema de la película era la encrucijada en que se encontraba Europa en la vigilia de la segunda guerra mundial; había que rodarla en Francia, en Alemania… Y con franceses y con alemanes, desde luego. Se pensó en una coproducción, y entonces sucedió algo bastante irónico. Los productores alemanes que se interesaron por la película, después de leer el guión se retiraron, porque consideraban que los franceses estaban tratados con favor, y que eran ‘demasiado humanos’. Nos volvimos hacia los franceses y la respuesta fue la misma sólo que al revés: según ellos, el guión favorecía a los alemanes.”
            Sobre la concesión de este premio y el machismo imperante en la época, relata la siguiente sabrosa anécdota que no nos resistimos a transcribir: “Cuando me dieron el premio el presidente del jurado lo anunció con estas palabras: ‘Por unanimidad se otorga el primer premio al guión Europa, en el que se puede admirar la pluma de un gran escritor al que todos admiramos.’. Aludía, naturalmente, a Eugenio Montes. Cuando me lo contaron, respondí: ‘No sabía yo que escribiera tan bien.’ Porque la realidad es que Eugenio ni siquiera lo había leído…”
            De nuevo, en 1949, Vajda llevó a la pantalla con el título de Sin uniforme un argumento basado en una obra teatral inédita de Natividad Zaro, la titulada También la guerra es dulce (ganadora de un accésit en el Premio de Teatro Lara en el año 47), convertida en guión por ella y Andrés Laszlo. Para Fernando Méndez Leite, Sin uniforme alcanzó un cierto éxito "por su bien ideada trama, su corte moderno y dinámico y la gran riqueza de elementos técnicos con la que fue rodada íntegramente en Marruecos. Desde el primer momento, acapara el interés del espectador gracias a una trama subyugante de amor, espionaje y aventuras en un marco exótico y novelesco". En cierto modo y salvando las distancias, la película tiene muchos puntos en común con Casablanca (Michel Curtiz, 1942) -recordemos que Vajda había sido con anterioridad colaborador habitual de Curtiz-, pues narra las aventuras de un grupo de espías en el Tánger cosmopolita de la Segunda Guerra Mundial y como aquella se fundamenta en un sólido guión, una buena interpretación, una dirección minuciosa, unos preciosos decorados y una labor de fotografía de primera clase.
            Ese mismo año rodó Juan de Orduña Tempestad en el alma, basada en un argumento de nuestra escritora en colaboración con Luis García Ortega, que recreaba el tortuoso amor de un matrimonio asediado constantemente por los celos y unas personalidades desquiciadas.
            Un año más tarde, en 1950, Mariano Pombo dirigió Flor de lago, una comedia de anotaciones sentimentales en las que una joven pretende conseguir la herencia que le legara su madre y que su abuelo le niega, a cuyo argumento, original de Jesús Vasallo y R. Fernando, dan continuidad Suárez Caso y nuestra autora.

jueves, 3 de noviembre de 2011

NATIVIDAD ZARO CASANOVA (II): AUTORA TEATRAL Y PRIMEROS PINITOS CINEMATOGRÁFICOS.

Blanco y Negro, 1930.
A Félix Romeo, in memoriam.

Cortometraje con Edgar Neville
En 1933 interpretó junto al dramaturgo Enrique Jardiel Poncela y Santiago Ontañón Falso noticiario, un alocado guión de Edgar Neville, dirigido por el mismo y producido por José Ignacio Valdeiglesias, Marqués de las Marismas del Guadalquivir, en el que parodiaba, anticipando el absurdo en el teatro y el cine, los films de la época. Así, entre otras "noticias", asistimos a un entierro en el que los enlutados participantes se despiden del finado entonando zarzueleras melodías, a la inauguración de unos mingitorios ante la digna presencia de las severas autoridades locales, a la celebración de la fiesta de la flor a cargo de unas señoritas postulantes cuya vehemencia hace huir incluso a las figuras de un conjunto escultórico, al imprevisible reparto de premios en un colegio municipal de niños sordomudos, etc.[1]
            Poco después inició un periplo formativo por diferentes países europeos que la llevó a estudiar pintura, literatura y canto en ciudades como París, Berlín, Viena , Roma o Portugal (seguramente ya como compañera del escritor Eugenio Montes, quien durante los años treinta ejerció como corresponsal en diferentes capitales europeas para los periódicos ABC y El Debate).
La guerra civil.
Ya en España, durante la guerra civil formó parte de las compañías de Carmen Díaz y de la de Niní Montián y Rafael Rivelles, compartiendo cartel en las giras con actores como María Paz Molinero, Matilde Muñoz Sampedro, Rafael Bardem, Manuel Luna, Manuel Morán, Blanca de Silos, Carlos Muñoz, José María Seoane, Vicente Soler, Joaquín Roa y el joven Luis Prendes, muchos de los cuales, pocos años después, se consagrarían como figuras del cine español de posguerra. Hacia finales de 1938 participó en la fundación de la Compañía Nacional (también conocida como Teatro Nacional de Falange)  creada por Dionisio Ridruejo y con Luis Escobar como director. El debut fue en Segovia, el día del Corpus, con El hospital de los locos, de Valdivieso. La compañía viajaría por la España franquista con obras como La verdad sospechosa, La vida es sueño, La cena del rey Baltasar, etc. De igual forma, participó en la locución de La vida es sueño emitida por Radio Nacional de España en enero de 1939.
Autora teatral
            El 3 de mayo de 1946 estrenó en el madrileño Teatro Lara su obra titulada Hombre en tres espejos, en la que actuó también como actriz y de cuya interpretación la crítica dijo que "matizó con admirable naturalidad y elegancia uno de los personajes" (se trataba concretamente del segundo papel femenino, una mujer fría y calculadora. El papel protagonista lo interpretó con solvencia Ana Mariscal, y la tercera mujer fue Paquita Vives); sin embargo, los comentarios no fueron tan favorables en lo concerniente a la calidad de su comedia dramática, a la que se tildó de excesivamente intelectual, de no conjugar convenientemente sus intenciones con el desarrollo teatral de la idea y por ello inducir a la confusión y al desconcierto en el público. Lo cierto es que la obra de Natividad Zaro planteaba bajo la atractiva estructura de una comedia policíaca el metafísico y unamuniano-pirandeliano tema de la personalidad: la visión que de un hombre, supuestamente asesinado, tienen tres mujeres. La propia autora así lo confesaba en una entrevista concedida al diario ABC el día del estreno: "Muchas veces en el Prado, ante "Las Meninas", sentí el mágico encanto de ese espejito en que el cuadro se refleja para ganar conciencia pensativa y, a un tiempo, intimidad y perspectiva [...] Un epigrama inglés enseña que el Pedro de Juan a quien habla Juan es el Pedro de Juan, y el Juan a quien responde Pedro es el Juan de Pedro. Confieso mis musas. Esas tardes del Prado y ese gracioso trabalenguas me sugirieron la comedia que hoy aventuro al público, con la ilusión de que le interese mirarse de soslayo en los tres espejos por los que pasa...". En suma, se trataba de una comedia dramática de corte filosófico, con un diálogo sencillo y sin concesiones a las exigencias escénicas, cuya acción, lejos de presentarse en el ámbito de lo simbólico -como cabía esperar de una obra primordialmente introspectiva-, se inscribía en el más puro realismo, de forma que la historia no queda del todo clara para el espectador según señaló la crítica del momento.
            Este relativo fracaso de su obra parece que la llevó a replantearse sus pretensiones como autora dramática y, en una primera reconversión pragmática de su trayectoria profesional, pasó a poner su trabajo, talento creativo y dinero al servicio del cine. Si bien es verdad que Natividad Zaro nunca abandonó por completo su actividad teatral (escribió alguna obra más, como la que se representó en Roma, titulada Jugando a los fantasmas) y continuó ligada a este medio como traductora y adaptadora de obras de escritores extranjeros como Edward Albee (Todo en el jardín), Joe Orton (El realquilado), Eduardo de Filippo (Ciao, Antonio Barracano), Sam Locke (La mujer del cabello rojo), etc. De igual forma, adaptó algunos títulos para la televisión, es el caso de La ciudad muerta, de Gabriel D’Anunzio o La profesión de la señora Warren, de George Bernard Shaw, realizada por Pilar Miró.


    [1]Argumento extraído del libro de Julio PÉREZ PERUCHA, El cinema de Edgar Neville, Semana Internacional de Cine de Valladolid, 1982.

lunes, 31 de octubre de 2011

NATIVIDAD ZARO CASANOVA (I): LA ACTRIZ ARAGONESA QUE QUISO SER DON JUAN TENORIO (I)

                                                                                   A Félix Romeo, in memoriam

 Apunte de Eduardo Malta (Blanco y Negro 28 4 1929)

     En esta noche tan particular, quiero recordar a una mujer de enorme personalidad y gran belleza, que soñó en su juventud -una noche como esta del año 1929- representar el papel de don Juan Tenorio, no lo consiguió, pero quedó su intento y su moderna visión del personaje. Sea este pues mi particular homenaje a la obra de Zorrilla, a esta singular mujer y, sobre todo, a FELIX ROMEO, un rendido admirador que siempre tuvo en su pensamiento esbozar su biografía. No le dio tiempo.  
En la novela, el teatro y, en especial, en el cine franquista, las mujeres, consideradas como "intrusas", fueron relegadas a subgéneros y oficios etiquetados como "femeninos", designación que connotaba un sentido menor o de supeditación. No es fácil, hasta fechas recientes, encontrar dramaturgas con nombres consolidados en nuestro teatro, ni mujeres guionistas en el cine, pero es casi imposible descubrir algún nombre femenino vinculado a la producción cinematográfica -salvo la excepción que confirma la regla de Ana Mariscal-. Por eso resulta fascinante aproximarse a la extraordinaria, atípica y atractiva personalidad de Natividad Zaro Casanova (Borja, 1909-Madrid, 1978)[1], quien en un mundo eminentemente masculino y en un país y una época, más si cabe, machistas por decreto, logró consolidarse como profesional del séptimo arte en facetas tan poco femeninas como argumentista, guionista y, sobre todo, productora.
            La peripecia vital de esta mujer, que quiso ser actriz y autora teatral para terminar presidiendo una productora cinematográfica, resulta tan sorprendente como desconcertante su olvido actual, pues en el panorama cinematográfico español de los cincuenta su nombre era conocido y reconocido como lo demuestra su intervención en películas tan señeras como Surcos (Nieves Conde, 1951), Amanecer en Puerta Oscura (Forqué, 1957) o Las legiones de Cleopatra (Cottafavi, 1959).
   Esta entrada es parte de un artículo más amplio que publiqué en la revista CABIRIA (nº 8, ABRIL, 2010).

EL VENENO DEL TEATRO
            En Madrid estudió Filosofía y Letras, carrera que cursó durante cuatro años, pero más interesada en frecuentar las tertulias literarias de la época (incluyendo la del "Henar", que tenía a Valle-Inclán como principal animador y a la que asistían con frecuencia Luis Buñuel, García Lorca, Moreno Villa, etc. Donde parece ser que conocíó al que sería su compañero sentimental el resto de su vida, el periodista y  escritor Eugenio Montes) que en sus estudios, terminó por hacerse actriz.
            El 24 de julio de 1926 aprobó como auxiliar del cuerpo de Correos y Telégrafos, profesión que prácticamente no ejerció, pues como hemos anticipado se dedicó profesionalmente al teatro. Su descubridor fue César González Ruano, quien la presentó en su primera actuación con estas hermosas palabras: “Si es declamación, es declamación nueva. Lo que importa es esta voz, que acciona, y estas manos, que dicen; esos ojos de aguas de mar, donde asoma la vida hecha poesía.” El lugar elegido fue la Unión Iberoamericana, donde ante el cuerpo diplomático americano y un nutrido grupo de intelectuales recitó poemas de Gabriela Mistral, Juana Ibarbourou, Dulde María Loynaz, Alfonsina Storni, etc.
Natividad Zaro.
Actuación en el Lyceum de Señoras (Nuevo Mundo, 27-4-1928)
            El éxito conseguido consolidó a Natividad como recitadora  y sus actuaciones se multiplicaron a lo largo de todo 1927 en diferentes escenarios de la capital: Círculo de Bellas Artes, Lyceum Club de Señoras, Infanta Beatriz, etc. Su presencia fue una constante en todas las tertulias del momento.
            Su primer contacto con el mundo del cine se produjo el 9 de agosto de 1928, cuando recitó en la verbena de la Unión de Artistas Cinematográficos. Se sucedieron los éxitos y pronto el conocido hombre de teatro y habitual colaborador de Margarita Xirgu, Cipriano Rivas Cherif, se fijó en ella manifestando encendidos elogios en un extenso artículo dedicado a las nuevas formas de declamar, a los conciertos poéticos, como gustaba de definir, en el que destacaba no sólo su forma de recitar, sino su “belleza y gallarda figura.”
                                                                                        El Caracol
Actores de El Caracol
No tardaron en actuar juntos y fueron numerosos los recitales poéticos que dieron a lo largo de 1928. A finales de ese mismo año, crearon un grupo de teatro aficionado al que bautizaron con el nombre de El Caracol (según explica Rivas, el nombre es un anagrama arbitrario y libre de “Compañía Anónima Renovadora del Arte Cómico Organizado Libremente”). Ensayaban en los sótanos de la Sala Rex y estrenaban en su mínimo escenario (poco más de una pequeña tarima encuadrada entre cortinas), puesto a su disposición por el empresario Rey, cuya única condición para su uso era que su repertorio lo integraran obras de vanguardia. Las intenciones de la compañía se ajustaron a este requerimiento y su intención fue llevar a escena textos no apropiados para el teatro comercial o de autores noveles, así como también algunas traducciones de teatro extranjero. De esta forma, su programa incluía Orfeo, de Jean Cocteau; El terno del difunto, de Ramón María del Valle Inclán; Los libreros de viejo, de Pío Baroja; Si creerás que es por mi gusto y A las puertas del cielo, de Jacinto Benavente; La criolla, de Joaquín de Zugazagoitia; La curiosa imaginación, de César Falcón; Ifigenia, de Alfonso Reyes; El rapto de las Sabinas, de Leonid N. Andreev, y otras de Bernard Shaw, de Moliere, Carlo Goldoni, etc. Incluso representaron una de Natividad Zaro titulada El sueño de la verdad.


            Su presentación al público se produjo el 24 de noviembre de 1928 con la escenificación del “Prólogo” que precede a la trilogía azoriniana Lo invisible, dos de sus piezas en un acto (La arañita en el espejo y Doctor Death, de 3 a 5) y una obrita de Chejov –la comedia corta El duelo-. Intervinieron como intérpretes junto a Natividad, Magda Donato, Eusebio de Gorbea, Regina Eusebio, Felipe Lluch, Rivas Cherif, Ernesto Burgos y el propio Azorín. En líneas generales, la representación  constituyó todo un éxito, entre los espectadores se encontraba lo más granado del mundillo literario madrileño, destacando la presencia de Ramón Gómez de la Serna. Por su parte, la crítica se mostró propicia, si bien auguraron grandes dificultades para el futuro de tan ambicioso como novedoso proyecto teatral. No se equivocaron, la Sala Rex fue cerrada por la policía el 6 de febrero de 1929 y la obra de Federico García Lorca, El amor de don Perlimplín y Belisa en su jardín, incautada por inmoral y prohibido su estreno.

Natividad Zaro a la izquierda. Azorín a la derecha. Ensayo de Lo invisible. 12-11-1928

Un don Juan muy especial.
            A mediados de año, se integró como primera actriz en la compañía del actor Manrique Gil. El 8 de septiembre de 1929 interpretó el papel protagonista de la obra de Galdós, Electra. Su éxito fue rotundo y en octubre representaron con igual fortuna Un drama nuevo, de Tamayo y Baus y, como no, el 1 de noviembre, como mandaba la tradición, pusieron en escena el Don Juan Tenorio.  Evidentemente, Natividad dio vida a una bellísima doña Inés, pero con la transgresora pretensión de cerrar las representaciones cambiando de papel e interpretar el de don Juan, atrevimiento que fue sancionado prohibiéndose la anunciada y polémica actuación. El escándalo que supuso tal apuesta teatral le granjeó cierta popularidad y numerosas entrevistas en diferentes periódicos, por lo que no nos resistimos a transcribir algunas de las opiniones de Natividad sobre la inmortal figura teatral, claramente feministas y de una extraña modernidad para la época, pues entendía al personaje “tal como se ve hoy por Marañón y otros exégetas: como un tipo anormal, sexualmente pervertido y equívoco […] con una silueta intermedia, entre viril y femenina, con cierta gracia de líneas imprecisas en la figura y un acento cruel e irónico; más que arrebatado, cauteloso; más que inconsciente en su ímpetu magnífico, sarcástico, sádico casi…”, pero reconociendo al mismo tiempo que “literariamente me seduce su figura. Si como concepción humana lo desprecio, como héroe dramático me interesa extraordinariamente…”
“Teatro Pinocho”.
            El día de los Santos Inocentes de 1929 se inauguró en el Teatro de la Comedia de Madrid el “Teatro Pinocho”, quizá el espectáculo de guiñol más atractivo de la escena madrileña del primer tercio del siglo XX y uno de los proyectos más ambiciosos y personales de su creador, el dibujante Salvador Bartolozzi. En este espectáculo singular participó Natividad, quien, caracterizada como la popular muñeca Pirula de la revista Pinocho entablaba diálogos con los niños y recitaba cuentos, chistes y fábulas.
            A mediados de 1930, se incorporó al elenco del Teatro Muñoz Seca y actuó bajo la dirección de Felipe Sassoné acompañando a su mujer, la ya reconocida actriz, María Palou, representando fundamentalmente comedias de Jacinto Benavente (Lo cursi, Los andrajos de la púrpura, etc.)
            En 1931 volvió a trabajar con Azorín en el Teatro Español, formando parte de la compañía para la temporada popular republicana.
Quien quiera leer una entrevista en el Heraldo del año 1929 TINTA DE HEMEROTECA



    [1]La localidad de su nacimiento varia según las fuentes, así la presentan como nacida en Borja, en Daroca o en Madrid, aunque su procedencia aragonesa es indiscutible, pues son numerosos los artículos en los que ella misma comenta su origen aragonés. También el año de nacimiento varía según las fuentes consultadas, así podemos encontrar el citado 1905 en Borao, el de 1909 en Hormigón, Hernández, O'Connor y ABEPI, y el 1910 de Gómez García. Particularmente nos inclinamos por Borja como localidad y por 1909 en cuanto al año. Sobre su fallecimiento sabemos que a principios de 1977 sufrió un accidente de tráfico en Roma, donde vivía con su compañero Eugenio Montes, corresponsal del periódico ABC. Un año más tarde moría en Madrid.