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FOTO DE GONZALO MONTÓN MUÑOZ
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sábado, 7 de mayo de 2011

TERUEL EN EL CINE (II): PELÍCULAS SOBRE LA GUERRA CIVIL EN TERUEL.

A pesar de que ningún plano se rodó en tierras turolenses (se filmó en diferentes poblaciones catalanas y se concluyó en Francia), la película más emblemática sobre la guerra civil en nuestra provincia es la conocida Sierra de Teruel, del escritor francés André Malraux, quien en julio de 1936 creó la escuadrilla de aviación España de la que formaba parte como piloto y con la que sufrió un accidente el 27 de diciembre de 1936 durante un plan de ataque con la finalidad de conquistar la capital. Esta experiencia la  plasmaría en su novela L’espoir[1], editada en Francia a finales de 1937. Al fin y a la postre este episodio sería el que se adaptaría para la gran pantalla dando lugar al mencionado film, en el que intervino como traductor y adaptador el también escritor Max Aub, y cuya acción se centra en la destrucción de un campo de aviación y de un puente en poder de los nacionales, ambos ubicados en la provincia de Teruel.
                                  
                                       

                                      
            La inevitable réplica a la película de Malraux fue Cerca del cielo (1951), de Domingo Vidalomat y guión del turolense Clemente Pamplona. El proyecto surgió por encargo expreso de las autoridades de Acción Católica, que pretendieron homenajear mediante esta biografía hagiográfica a la figura del obispo de Teruel, Anselmo Polanco, y apoyar de esa manera su proceso de beatificación. En ella prácticamente todos sus exteriores fueron rodados en la capital y sus alrededores.

Fotograma de Torrepatida. Paseo del Óvalo.
            En Torrepartida (Pedro Lazaga, 1956), se nos narra una trágica historia de maquis en la que destaca sobremanera el buen uso del entonces incipiente CinemaScope, con el que se capta de forma magnífica los bellos paisajes de Teruel capital, Albarracín y su sierra. Esta película supuso el debut de Antón García Abril como compositor de música para el cine, iniciando con ella su fecunda colaboración con Pedro Lazaga. En este sentido debemos significar que muchos extras fueron actores aficionados turolenses.           
              

Jaime de Armiñán elige Teruel, Albarracín y Caudé para narrar en ¡Jo, papa! (1975) el viaje sentimental del viejo alférez provisional Enrique (Antonio Ferrandis), quien decide, acompañado de su hija Pilar (Ana Belén) reconstruir durante las vacaciones de Semana Santa de 1975 el periplo triunfal que durante la Guerra Española hizo desde Vigo hasta Vinaroz, pasando por Teruel. Esta película incluye algunos desnudos de una jovencísima Ana Belén rodados en el Hotel Albarracín.
             Una de las mejores y más sentidas producciones sobre la guerra civil es el documental de ficción, Tierra y libertad (Land and Freedom, 1995), del realizador británico Ken Loach[2]. El tema elegido por Loach dentro del conflicto bélico español no se había tratado con anterioridad en el cine: la revolución que dirigieron los anarquistas en tierras turolenses con el fin de implantar la colectivización agraria. Utopía a la que pone fin el Partido Comunista. Una parte de la película está rodada en Mirambel, bello pueblo del Maestrazgo turolense, donde tiene lugar la larga escena en la que se discute sobre la colectivización de las tierras, ejemplo de improvisación artística interpretada por una mezcla de actores profesionales y no profesionales, con sonido directo y en dos idiomas, castellano e inglés. 
También los patios del Hogar Comandante Aguado de Teruel sirvieron para recrear un cuartel de instrucción republicano.
Fotograma de Tierra y libertad. Hogar Comandante Aguado.

           

La Fresneda en Libertarias
Las protagonistas de la película Libertarias (Vicente Aranda, 1996), Concha (Laura Maña), Aura (Blanca Apilánez), Charo (Loles León), Floren (Victoria Abril), Pilar (Ana Belén) y María (Ariadna Gil), reclaman ir a luchar como los hombres al frente de Aragón con la columna Durruti para liberar Zaragoza, porque una vez ganada la guerra también querían estar presentes en el nuevo orden social y no quedar al margen; sin embargo, la utopía libertaria dura poco, pues Durruti encarga a su secretario, el sacerdote Jesús (Miguel Bosé),  que se deshaga de las mujeres que luchan en el frente. Al final, los moros del general Franco acabarán con ellas. Libertarias es una película perfectamente ambientada, muchos de cuyos exteriores fueron rodados en el Bajo Aragón turolense: Calaceite, Más Labrador-Valjunquera, La Fresneda, Albalate del Arzobispo, Alcañiz y Valjunquera.
           
                        

           En 1997, Manuel Lombardero dirige En brazos de la mujer madura, película basada en la novela del húngaro Stephen Vizinczey, publicada en 1965. El guionista, Rafael Azcona trasladó la historia de la Hungría de la II Guerra Mundial y los primeros tiempos del comunismo, a la España de la guerra civil y de la inmediata posguerra. De esta forma, el protagonista, Andrés (interpretado como adolescente por Miguel Ángel García y como joven por Juan Diego Botto) se integra en una unidad anarquista en el frente de Aragón y, al acabar la guerra, es rescatado por su madre, comprometida con un importante falangista. Su peripecia vital está salpicada de esporádicos encuentros con distintas mujeres, siempre mayores que él, que van conformando su compleja educación sentimental y vital. Durante el rodaje de En brazos de la mujer madura el obispo de la diócesis de Teruel y Albarracín se negó a conceder el permiso para filmar en la ermita de la Iglesuela del Cid por considerar inmoral la película. Al final, el rodaje acabó trasladándose a Mirambel.
Para una visión más completa puede leerse mi artículo en CABIRIA
[1] André Malraux, L’Espoir, París, Gallimard, 1937.
[2] El País Semanal (8-04-1995) realizó un amplio reportaje sobre la filmación de la película en Mirambel.


domingo, 1 de mayo de 2011

DE RELOJES Y MUERTE EN EL CINE


El triunfo de la muerte
El reloj mide el tiempo y es el símbolo de su fugacidad irreversible, baste con recordar su presencia en multitud de cuadros, caso de los esqueletos que portan relojes de arena en El triunfo de la muerte  de Brueghel

El caballero y la muerte


o a la muerte blandiendo un reloj de arena en el grabado de Durero titulado El caballero, la muerte y el diablo.
        También en el cine ha sido utilizado con este valor, así la imagen por excelencia en este sentido es la del sueño del reloj de la película de Ingmar Bergman, Fresas salvajes, en la que el protagonista, Isak, ve un reloj colgado de una pared, el cual no tiene agujas; saca de su bolsillo el suyo y observa que tampoco las tiene. En ese momento pasa a su lado un carro funerario tirado por un caballo. El carro tropieza con el bordillo y un ataúd cae al suelo, se abre y del interior asoma la mano del muerto. La mano agarra al protagonista y éste descubre con horror que el cadáver es él mismo. 
Fotograma Fresas salvajes

La persistencia de la memoria
Esta escena –deudora de Buñuel, Dalí o Magritte y, en última instancia, de Bergson-, ha dejado su huella en otros cineastas, caso de Lars von Trier, quien la homenajea en Europa, o la graciosa parodia que le dedica Woody Allen en su película Desmontando a Harry.
EL RELOJ EN CERCA DEL CIELO (1951)
 El proyecto de la película Cerca del cielo, cuyo guión se debe a Clemente Pamplona y Jesús Vasallo, surgió por encargo expreso de las autoridades de Acción Católica, que pretendieron homenajear mediante esta biografía hagiográfica la figura del obispo de Teruel, fusilado por los republicanos, junto con otras cuarenta personas, en la carretera de Pont de Molins a Boadella, en las proximidades del barranco Can de Tretze. Gran parte de la película se rodó en Teruel y hacia su segunda mitad, la ciudad está cercada por los republicanos y a punto de caer en su poder, se lucha en las calles y los bandos contendientes se disputan casa a casa el control de la misma. La población civil es militarizada y el tío Romualdo, a pesar de su avanzada edad, se apresta para empuñar un arma. En su primera guardia se presenta con un reloj-despertador del que nos dirá que es lo único que ha podido salvar de su casa. Poco después, reducidos los sublevados al edificio del Seminario, vemos como el tío Romualdo despide el año con su compañero de guardia comiendo garbanzos cocidos en lugar de las uvas frente al despertador, que es alcanzado por una bala perdida. El tío Romualdo, con gesto contrariado y premonitorio, lo recoge del suelo y comprueba que no funciona, su mirada nos transmite su rabia y la sensación de que su fin se acerca. Efectivamente, acto seguido otra bala acaba con su vida. El reloj es la vida del personaje, su tic-tac, el latir de su corazón: cuando se detiene el reloj, el personaje muere.
EL RELOJ EN LIBERTARIAS (1996)
Las protagonistas de la película Libertarias (Vicente Aranda), Concha (Laura Maña), Aura (Blanca Apilánez), Charo (Loles León), Floren (Victoria Abril), Pilar (Ana Belén) y María (Ariadna Gil), reclaman ir a luchar como los hombres al frente de Aragón con la columna Durruti para liberar Zaragoza, porque una vez ganada la guerra también quieren estar presentes en el nuevo orden social y no quedar al margen; sin embargo, la utopía libertaria dura poco, pues Durruti encarga a su secretario, el sacerdote Jesús (Miguel Bosé),  que se deshaga de las mujeres que luchan en el frente. Al final, los moros del general Franco acabarán con ellas.
 Libertarias es una película perfectamente ambientada, muchos de cuyos exteriores fueron rodados en el Bajo Aragón turolense: Calaceite, Más Labrador-Valjunquera, La Fresneda, Albalate del Arzobispo y Alcañiz. En ella encontramos al obrero que interpreta en la película Pepe Sancho, el padre en la misma de Jorge Sanz, compañeros ambos de las mujeres que dan título a la cinta y a cuyo lado combaten, quien todos los días da cuerda a un reloj-despertador que lleva a todas partes, pues como explica su hijo, cree que si se para habrá llegado su hora.
El personaje morirá en el ataque a un pequeño pueblo. En su entierro podemos ver como otro camarada lleva su despertador y comprueba, no sin inquietud, que funciona, en un gesto a caballo entre el homenaje a su dueño anterior, que sigue vivo en el ideal anarquista, y la angustia de la manía-superstición heredada
EL RELOJ EN FELIZ NAVIDAD (2005).
Feliz Navidad es una coproducción francesa, alemana, británica, belga y rumana, dirigida por Christopher Carion, en la que nos propone un mensaje de paz en unos tiempos caracterizados por la violación de los derechos humanos y la guerra. Para ello recrea un episodio real de la primera guerra mundial en la que unos soldados decidieron olvidar sus diferencias, enterrar juntos a sus muertos, jugar al fútbol, y salvarse mutuamente de los ataques aéreos provenientes de los ejércitos a los que sirven. Al final, todos son acusados de fraternizar con el enemigo y castigados con severidad por sus respectivos superiores.
El teniente que manda las tropas francesas tiene un asistente que desde el primer momento aparece con un reloj-despertador al que da cuerda antes de entrar en batalla y que según nos dice suena cada día a las cinco, recordándole ese momento del día en que en tiempos de paz tomaba  café con su madre.
En un momento dado aprovecha la tregua para, disfrazado de soldado alemán, llegar a la ciudad, merendar con su madre y traer noticias de la mujer del teniente, embarazada en sus últimos días de gestación. A su regreso, un soldado escocés, llevado del resentimiento por la muerte de su hermano en los combates con los que comienza la película, rompe el pacto de no agresión y le dispara hiriéndolo de muerte, el teniente acude en su ayuda y cuando llega hasta el cuerpo de su asistente todavía está vivo, quien le comunica el nacimiento de su hijo antes de morir, al tiempo que suena su reloj-despertador: son las cinco.
EL RELOJ EN EL LABERINTO DEL FAUNO (2006)
En El laberinto del fauno, de Guillermo del Toro, el capitán Vidal vive obsesionado por el tiempo; el tiempo congelado de la muerte de su padre -encarnado en el reloj roto heredado-, quien lo quebró para marcar la hora en que murió, para recordarle cada segundo cómo debe morir un valiente por unos ideales (los fascistas), la hora de la muerte de un héroe, todavía vivo en el recuerdo de su hijo, pese a que en todo momento niegue incluso la existencia de ese reloj que limpia con mimo todos los días.
El reloj es un símbolo que caracteriza al personaje y en él se encierra gran parte de su historia, tanto pasada como futura, pues, por un lado, es la historia de un déspota iluminado por el ideario fascista, deseoso de hacer pagar con dolor y muerte toda la humillación que arrastra desde niño y obsesionado con la idea de tener un hijo varón, a su entender la única forma de superar su frustración existencial; por otro, presumimos que tarde o temprano ese reloj exigirá que entregue su vida en aras de su honor militar y acallar de esa manera las exigencias del recuerdo de ese padre castrador. A lo largo de la película vemos como cuida meticulosamente del reloj, el cual, en la secuencia de su muerte, cobra un especial protagonismo al mirarlo y pedir a sus asesinos que transmitan a su hijo la hora en la que murió su padre -tal y como el General Vidal hizo con él al destrozar su reloj y detener el tiempo en el momento de su muerte-, petición que le es denegada por Mercedes (Maribel Verdú ), quien le responde que "ni siquiera sabrá tu nombre", negándole de esa manera el derecho a ser recordado y condenándolo al olvido absoluto, para de esta forma castigarlo y proteger al niño recién nacido de ese renovado recuerdo tiránico y castrador. En ese momento, Pedro, el jefe de la partida maqui y hermano de Mercedes, le dispara a bocajarro en la cara y lo mata.
A MODO DE CONCLUSIÓN.
                        En Cerca del cielo, Libertarias y Feliz Navidad, el reloj-despertador es similar en su apariencia física e idéntica su función: por un lado, se trata de un objeto que  vincula a un personaje secundario con su hogar y su familia en tiempos de paz, donde su función era señalar el fluir del tiempo, mientras que en el presente, en la guerra,  trasciende su valor de mero recuerdo del pacífico discurrir de la cotidianeidad de su vida anterior, para pasar a convertirse en todo un símbolo de la fugacidad irreversible del tiempo y de la presencia constante de la muerte, a cuyo latir se liga la vida del personaje, que en los tres casos acabará muriendo en combate acompañado del palpitar de ese corazón de metal que en tiempos mejores marcaba el paso de la horas y  que en ese momento fatal se detiene señalando la hora de su muerte, haciendo realidad las populares sentencias que solían decorar los relojes de sol: “mors certa sed hora incerta” (“la muerte es segura, la hora no), “vulnerant omnes ultima necat” (“todas las horas hieren, la última mata”) o “redibo tu nunquam” (“yo regresaré, tú nunca”).
            En El laberinto del fauno nos encontramos que el reloj ya no es despertador, sino un reloj de bolsillo cuya función es recordarle a un personaje, en este caso al antagonista principal, el capitán Vidal, la hora de la muerte de su padre, un padre castrador que mediante el reloj seguirá vivo en la memoria de su hijo para recordarle que el precio del honor familia res morir como un valiente. Ese reloj es una frustración de bolsillo que él diariamente repara, una maldición heredada del fanatismo ideológico a la que da cuerda todos los días para mantenerla viva y poderla legar a su hijo.