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FOTO DE GONZALO MONTÓN MUÑOZ
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miércoles, 1 de julio de 2026

 

PALABRA E IMAGEN EN EL REALISMO ESPAÑOL: GALDÓS Y ARREDONDO SEGÚN FERMÍN EZPELETA


  

            En Galdós y Arredondo. Vidas paralelas, Fermín Ezpeleta Aguilar propone un ejercicio de lectura comparada que va más allá de la mera coincidencia biográfica o cronológica. El ensayo establece un diálogo entre Benito Pérez Galdós y el pintor aragonés nacido en Cella, Ricardo Arredondo (1850-1911), conocido en su época como el pintor de Toledo por excelencia, dos creadores aparentemente alejados por disciplinas y contextos, pero unidos por una misma voluntad de observación moral y sentimental de la realidad española. El resultado es un libro de tono sereno y erudito, escrito con claridad expositiva y con la convicción de quien conoce profundamente tanto la literatura galdosiana como los entornos culturales del cambio de siglo.

            Ezpeleta Aguilar, especialista desde hace años en el universo de Galdós y en las relaciones entre literatura, pedagogía y sociedad, evita convertir el paralelismo en un simple artificio. Su propuesta consiste en mostrar cómo ambos autores desarrollaron una mirada realista atenta a los matices humanos, a los pequeños gestos cotidianos y a la transformación de las costumbres españolas. Pero el paralelismo que sustenta el libro no se limita a la obra artística. Como muestra el autor, las trayectorias vitales de Galdós y Arredondo presentan sorprendentes coincidencias: ambos fueron hijos de militares, compartieron inquietudes sociales y espirituales, profesaron convicciones liberales y llevaron una existencia marcada por una cierta discreción personal. Solteros, generosos y de carácter reservado —aunque Arredondo fue probablemente más huraño que el novelista canario—, los dos mantuvieron estrechos vínculos familiares, viviendo cerca de hermanas y sobrinos. A estas afinidades biográficas se suma una relación de amistad que permitió un fecundo intercambio intelectual. De hecho, Arredondo estimuló la recreación literaria de los escenarios toledanos en varias novelas galdosianas, especialmente en Ángel Guerra, donde la ciudad adquiere una dimensión simbólica y espiritual particularmente intensa. Allí donde Galdós levantó un inmenso fresco narrativo de la vida urbana y burguesa, Arredondo fijó en sus lienzos una sensibilidad semejante hacia los paisajes, los tipos populares y las atmósferas de un país en transición. Pero las coincidencias no terminan ahí: ambos compartieron también una sólida formación técnica adquirida durante sus años de aprendizaje y una notable facilidad creadora que los convirtió en artistas extraordinariamente prolíficos. Tanto el novelista como el pintor hicieron de su trabajo una auténtica vocación vital, desarrollando una producción abundante y sostenida que revela una dedicación constante a la creación artística.

            Uno de los mayores aciertos del ensayo es precisamente esa capacidad para relacionar artes distintas sin caer en simplificaciones. Ezpeleta no fuerza analogías: las construye pacientemente, apoyándose en documentos, referencias culturales y lecturas cruzadas. El libro avanza así como una conversación entre palabra e imagen, entre novela y pintura, revelando afinidades en la manera de entender el realismo, la memoria y la identidad española.

            El autor también acierta en el tono. La erudición está presente, pero nunca pesa sobre el lector. Hay en estas páginas una voluntad divulgativa que hace accesible el análisis sin renunciar al rigor académico. La prosa es limpia, medida y elegante, especialmente eficaz cuando contextualiza los ambientes intelectuales de finales del siglo XIX y principios del XX o cuando reconstruye las conexiones culturales entre Aragón y el mundo galdosiano.

            Además de reivindicar la figura de Arredondo desde una perspectiva cultural amplia, el ensayo ofrece una nueva forma de acercarse a Galdós: no solo como novelista, sino como observador total de la realidad, cercano en sensibilidad a otros artistas de su tiempo. En ese sentido, el libro funciona también como una reflexión sobre la circulación de ideas estéticas entre distintas disciplinas y sobre la manera en que pintura y literatura pueden compartir una misma ética de la representación.

            El volumen se completa con un apartado final especialmente atractivo, “Galdós y Arredondo analizados por amigos y artistas”, donde Ezpeleta reúne testimonios y valoraciones de contemporáneos que permiten acercarse a ambos creadores a través de la mirada de quienes los conocieron o admiraron. Así, figuras como Clarín y Azorín ayudan a comprender la dimensión humana y literaria de Galdós, mientras que Francisco Alcántara y Vicente Cutanda aportan valiosas apreciaciones sobre la personalidad y la obra de Arredondo. Este conjunto de voces añade una perspectiva complementaria que enriquece el estudio y acerca al lector a la recepción que ambos tuvieron en su tiempo.

            Publicado por el Centro de Estudios del Jiloca con la colaboración del Ayuntamiento de Cella, el volumen se ve enriquecido además por un importante aparato gráfico que acompaña y complementa el análisis textual, permitiendo al lector acercarse de forma directa a la obra de Arredondo y a los contextos culturales en los que desarrolló su trayectoria.

            Galdós y Arredondo. Vidas paralelas es, en definitiva, un ensayo valioso por su capacidad para tender puentes entre dos creadores y dos lenguajes artísticos. Un libro escrito con conocimiento y pasión, que invita a mirar de nuevo tanto la obra galdosiana como la pintura de Arredondo desde una perspectiva más amplia, humana y culturalmente rica. La investigación de Ezpeleta demuestra que las afinidades entre ambos no son una simple curiosidad biográfica, sino la expresión de una misma actitud ante la creación y ante la realidad española de su tiempo, convirtiendo este estudio en una aportación original y sugerente tanto para los interesados en Galdós como para quienes deseen redescubrir la figura de Ricardo Arredondo.

 


martes, 6 de septiembre de 2016

RESEÑA DEL LIBRO "LA MALA VIDA DEL MAESTRO" DE FERMÍN EZPELETA



MÁS HAMBRE QUE UN MAESTRO DE ESCUELA

        
FOTO DEL DIARIO DE TERUEL
La frase proverbial “Pasar más hambre que un maestro de escuela”, hoy en nuestra sociedad afortunadamente ya casi en desuso, procede de la mísera situación económica por la que pasaron los maestros en el siglo XIX debido a lo escaso de su retribución y, en muchas ocasiones, de lo incierto de su percepción, pues los órganos pagadores eran los ayuntamientos, cuyos alcaldes en lo último que pensaban era en pagar a los desdichados maestros, quedando muchas veces su manutención al albur de la peregrina voluntad de los padres de sus alumnos, siendo frecuente que llegaran a pasar hambre y, aunque parezca increíble, llegaron a darse casos incluso de muertes por inanición.
         A los maltratados docentes no les quedaba más arma que denunciar por escrito su situación en la prensa especializada, auténticas heroicidades editoriales que sobrevivieron milagrosamente por el empeño de unos pocos esforzados luchadores, la mayoría maestros metidos a editores que, apostando su propio patrimonio, lograron floreciera en la segunda mitad del siglo XIX este tipo de periódicos profesionales.
         Teruel tuvo también varias cabeceras muy activas, las cuales se han conservado en la Hemeroteca de la ciudad y en la actualidad han sido digitalizadas y se pueden consultar en la Biblioteca Virtual de Prensa Histórica.
         En estas revistas es frecuente encontrar textos satíricos de denuncia, con una finalidad didáctico-correctora, salpimentada con cierta dosis de humor paródico,  con el que se pretendía desdramatizar un tanto la crudeza de los hechos expuestos, buscando un efecto si se quiere catártico, una distancia, tratando de esta manera el hacer soportable la cruda realidad denunciada
         La literatura costumbrista, realista y naturalista, autores de la talla de Galdós, Valera, Pardo Bazán, Ganivet o Blasco Ibáñez, denunciaron esta situación en muchas de sus obras. De igual forma, los estudios actuales sobre el magisterio español en el siglo XIX y parte del XX constatan esta penosa realidad que se dio de manera interrumpida desde el reinado de Fernando VII hasta el de Alfonso XIII. En esta línea de trabajo lleva investigando más de veinte años el profesor de Didáctica de la Lengua de la Facultad de Educación de la Universidad de Zaragoza, Fermín Ezpeleta Aguilar, quien ya en 1997 publicaba junto con su hermana Carmen, Escuelas y maestros en el siglo XIX. Estudio de la prensa del magisterio turolense (Zaragoza, Certeza), al que seguirían las monografías Crónica negra del magisterio español (Madrid, Unisón, 2001) o Miguel Vallés: entre pedagogía y didáctica (Huesca, Museo Pedagógico de Aragón, 2010), así como numerosos artículos sobre la materia.
         Como complemento a y derivado de los anteriores, Fermín Ezpeleta ha publicado recientemente la obra de significativo título, La mala vida del maestro. Literatura satírica en la prensa pedagógica turolense (1880-1900), editada por ese infatigable Centro de Estudios del Jiloca que tanto ha hecho por la cultura turolense en general y por la de su comarca en particular. Se trata de una excelente recopilación de textos satíricos, tanto en prosa como en verso (fábulas, cuadros o escenas costumbristas, diálogos, cuentos, composiciones poéticas, etc.), presentes en la prensa profesional del magisterio de las dos últimas décadas del siglo XIX, escritos por los propios maestros para denunciar sus penurias, no solo la principal, el frecuente impago de los salarios, que se abonaban tarde, mal o nunca, generadores del motivo central de muchos de ellos, el hambre del maestro y de sus familias, sino otras numerosas calamidades que les afectaban como la precariedad del material escolar, el estado ruinoso e insalubre de las escuelas, los atropellos constantes de las autoridades, empezando por el gobernador, siguiendo por el alcalde, hasta terminar por los secretarios, los “derechos pasivos”, es decir, el cobro de la pensión por jubilación o invalidez, la formación de expedientes injustos y arbitrarios, etc.
         La compilación va acompañada por una extensa y bien documentada introducción sobre el estado de la cuestión,  y los textos, con afanes literarios, en su mayor parte imitaciones de autores consagrados (Calderón, Bécquer, Campoamor, Hartzenbusch, etc.) pertenecen a seis maestros literatos representativos que o bien son aragoneses por nacimiento o ejercieron en esta tierra su profesión: Miguel Vallés, Melchor López, Félix Sarrablo, Coronado Satué, José Osés Larumbe y Ezequiel Solana. Todos ellos, con más o menos gracejo y acierto, escribieron esa microhistoria, esa cotidianeidad, ese día a día que no se puede estudiar en los textos legales, del devenir de una profesión otrora vilipendiada y en la actualidad todavía no  demasiado valorada.