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lunes, 16 de marzo de 2026

 

ESCRIBIR COMO VIAJAR: MEMORIA, LENGUAJE Y ÉTICA EN VIDA DE RAMÓN ACÍN


           



Vida
es un libro de relatos en el que Ramón Acín Fanlo despliega una mirada profundamente humanista, una forma de ver la vida desde los ojos de un escritor atento a los gestos mínimos y a la dignidad silenciosa de las personas comunes. Los relatos parten siempre de la realidad concreta —de lo vivido, lo observado, lo recordado—, pero esa materia cotidiana se transforma en literatura mediante una escritura precisa y consciente de sus recursos. No se trata de contar grandes acontecimientos, sino de detenerse en la experiencia diaria, en los afectos, el trabajo, la injusticia y la esperanza, y hacer de todo ello un espacio de reflexión compartida.

            El libro se conforma como un organismo vivo y pensante: cuatro bloques de diez textos —Desafuero, Hecho, Desliz y Desasosiego— que avanzan desde la herida histórica hasta la inquietud moral contemporánea, precedidos cada uno por la definición del Diccionario ideológico de Casares, un gesto que no es ornamental sino programático. Porque aquí el pensamiento se vuelve lenguaje y el lenguaje, experiencia: somos palabra, nacemos y morimos palabra. En Desafuero late la memoria de la guerra, la culpa y la corrupción moral de la dictadura; en Hecho, los encuentros y desencuentros con figuras cuyo olvido alivia y cuyo recuerdo duele; Desliz juega con los pecados capitales y las virtudes teologales como máscaras narrativas; y Desasosiego abre dilemas y enigmas de interpretación abierta. Con una prosa sobria y afilada, Acín compone un libro donde cada relato es una definición en acto, una tentativa de nombrar —y entender— eso que llamamos vida.

            Con una prosa clara y sin artificios innecesarios, Acín Fanlo construye escenas breves en las que el lenguaje adquiere un papel central. Destaca especialmente la precisión expresiva y el cuidado por la palabra justa, pero también la presencia de un humor sutil, muy aragonés, cercano a lo somarda, que atenúa la dureza de algunas situaciones y aporta una mirada irónica y compasiva sobre la condición humana. Ese humor, nunca estridente, forma parte de la identidad del libro y contribuye a su cercanía con el lector.

            Los relatos de Vida se caracterizan por su sobriedad expresiva y por una fuerte carga ética. El autor observa a sus personajes con empatía, sin idealizarlos ni juzgarlos, y deja que sean sus actos —a menudo modestos, a veces dolorosos— los que revelen su humanidad. En ellos reaparecen temas recurrentes en la obra de Ramón Acín: la Guerra Civil; la importancia del pasado como espacio de memoria; y una reflexión pausada sobre cómo ese pasado sigue influyendo en el presente. La literatura se convierte así en una forma de diálogo entre tiempos, en una herramienta para comprender lo que somos.

            Uno de los rasgos más destacados del libro es su compromiso social. Sin caer en el panfleto, los relatos dejan entrever una crítica a las desigualdades, al autoritarismo y a la violencia ejercida sobre los más vulnerables. La atención a la vida de quienes suelen quedar al margen del relato oficial convierte el libro en una reivindicación de la memoria y de la justicia cotidiana, entendida como respeto y solidaridad entre las personas.

            De algún modo, Vida funciona también como un cuaderno de viajes, no solo geográficos sino también vitales. En uno de los relatos, el propio autor, a través del protagonista, reconoce que “escribir es como viajar”, una idea que resume bien el espíritu del libro: la escritura como desplazamiento, como mirada abierta al mundo y a los otros, como forma de conocimiento y de encuentro.

            El tono general es contenido, a veces melancólico, pero no exento de luz. Incluso en los momentos más duros, Vida deja espacio para la ternura, la ironía suave o la confianza en la capacidad humana para resistir y crear vínculos. Esa combinación de lucidez y compasión es una de las mayores virtudes del libro.

            En conjunto, Vida es una obra breve pero intensa, que invita a leer despacio y a reflexionar sobre lo esencial. Un libro que demuestra cómo la literatura puede ser, al mismo tiempo, sencilla en su forma y profunda en su alcance, y que confirma a Ramón Acín Fanlo como una voz comprometida con la defensa de la vida en todas sus dimensiones.

 

martes, 7 de diciembre de 2021

 

MAYÉUTICA LITERARIA



            La buena literatura cose con precisión de cirujano y sutil hilo de seda forma y contenido, en el fondo son una misma cosa, un mismo cuerpo. Esto lo saben bien y lo sudan con desvelos mil los buenos escritores y traductores, es el caso, en su doble condición, de José Giménez Corbatón, autor de una obra rigurosa dotada de una voz muy personal, cuya última colección de relatos, La seda del tiempo, supone un resumen esencial de su trayectoria narrativa y de su particular concepción de la escritura, sustentada sobre tres pilares básicos: prosa limpia y depurada, compromiso ético-político y referencias constantes a los grandes maestros de las letras universales, que convierten sus narraciones en juegos o enseñanzas socráticas metaliterarias un tanto exigentes con el lector.

            Abre la compilación una nouvelle sobre la Guerra Civil, “La sola verdad”, narrada por una polifonía de voces, Adela, Nuria, Isaac, Paloma… y Rafael, una suerte de Jhonny -el protagonista de la novela de Dalton Trumbo y posterior película- mutilado de guerra tras resultar herido en combate quien, como el resto de personajes, sufre en sus propias carnes su brutalidad y nos confiesa con toda crudeza esa “sola verdad” que define al hombre con una única palabra: Guerra, y con ella nuestro verdadero destino final: nacer en la muerte, tema este recurrente en la escritura de Giménez Corbatón, entendida como esa luz al final del camino, ese dejar de ser para ser en el no ser. Heidegger en estado puro.

            En “Carmela y el río”, nos reencontramos con la devastada posguerra rural presente en los magníficos relatos de El fragor del agua, en este caso se denuncia la represión de una joven maestra vocacional desde niña, ambientada en un territorio innominado que bien pudiera ser su mítico Crespol, donde el río y sus aguas cobran todos sus valores simbólicos y las descripciones de la naturaleza alcanzan un intenso lirismo. La prosa de Jiménez Corbatón dice más por lo que sugiere que por lo que muestra explícitamente, la elipsis, utilizada de forma magistral, condensa en pocas páginas una historia que bien podría dar lugar a toda una novela.

            Con el telón de fondo de la guerra civil española, encontramos las tan dolorosas como divertidas anécdotas que un abuelo exiliado recuerda para su nieto en “Rojo”, y los niños que crecieron sin padre en “Hijos del pueblo”.

            En “Retrato de familia” describe la frustración de un marido desnortado y desclasado por las ínfulas de su mujer y las consecuencias que ese influjo materno  tiene en una hija peligrosamente fanatizada.

            En “Meursault” nos abisma en su particular metaliteratura y nos presenta el episodio en el que el protagonista de la novela de Camus, El extranjero, lee el recorte de prensa que daría origen unos años después a su drama, El malentendido,  de esta forma, comienza a requerir del lector lecturas previas (las referencias a escritores y a sus obras son constantes: Balzac, Tolstoi, Némirovsky, etc.) para comprender las reflexiones que en forma de monólogo-diálogo entabla Marta, la hija protagonista de la obra de teatro, con aquel, encarcelado en espera de su ejecución, para hablar de la condición humana, Dios, el amor, la justicia, la libertad, la pena de muerte, la soledad… filosofía existencialista en suma, y crear un juego de espejos entre literatura y vida que va a mantener en otros relatos como “Sombra de ojos”, proyección actualizada de las difíciles relaciones entre madre e hija planteadas por Irène Némirovsky en su novela, El baile, o “Dora”, donde Corbatón ayuda a Patrick Modiano a reconstruir lo que fue de Dora Bruder antes de su fin en Auschwitz, haciendo suya su particular poética en la que la ficción y la realidad de la Ocupación se encuentran en una suerte de simbiosis narrativa cuyo resultado es poder contar hechos reales, sirviéndose de la imaginación para llenar los vacíos del pasado y convertirse en testigos no presenciales que luchan contra el olvido de la ignominia de los campos de exterminio.

            En esa misma línea de denuncia del fanatismo y la intolerancia se encuentran “Un triste adiós”, homenaje al escritor Hugo Bettauer, asesinado tras publicar La ciudad sin judíos, una sátira -fábula premonitoria- del antisemitismo, y “El lago”, relato que toma prestado un personaje de la novela anterior, un joven poeta judío, para presentar los pensamientos previos a su suicidio.

            En el titulado “Eve”, utiliza una cita de Adán y Eva, de Charles-Ferdinand Ramuz, para exponer con crítica ironía el patriarcado actual de nuestra sociedad, la sumisión de la mujer al hombre, impuestos por una iglesia pervertida e hipócrita.

            En “El club blanc”, la narradora encuentra una carta de su abuela dirigida a la enigmática y huidiza escritora catalana, Elvira Augusta Lewi, que le sirve para crear una  mise en abîme tan de su gusto y reivindicar la necesaria igualdad de la mujer (¡Qué importancia tienen las mujeres en la escritura de Giménez Corbatón! ¡Qué conocimiento manifiesta en estas celebraciones feministas de su psicología!)

             La atractiva impostura, falsamente atribuida al Gran Jefe Seattle, “Nosotros somos parte de la tierra”, la utiliza como arranque del relato “Tierra y agua”, contundente crítica del supremacismo blanco y radical afirmación de la igualdad de las razas.

            El simbólico título, La seda del tiempo,  anticipa otros muchos presentes en los relatos y se convierte en el eje vertebral que los engarza, esa seda que bien podría interpretarse como lo sutil del hilo de nuestras vidas, la nada del tiempo de nuestra existencia, camino de la verdadera nada eterna que nos espera, como la que anhela la protagonista de “Alas”, trasunto de la del relato de Mercè Rodoreda “Semblava de seda”. Pero esa seda es también la suavidad del lirismo de la prosa de Giménez Corbatón, esa fina tela con la que envuelve temas y convicciones éticas, la característica fundamental de su escritura, con la que transciende lo efímero de la realidad para dotarla de inmortalidad literaria.

 

José Giménez Corbatón, La seda del tiempo, Zaragoza, Prames, 2021.

 

 

domingo, 15 de septiembre de 2019

REPORTAJE FOTOGRÁFICO DE LA PRESENTACIÓN EN SARRIÓN DEL LIBRO, "RELATOS LIBERTARIOS".



No son fotos antiguas, pero con el tiempo lo serán y quién sabe si no llegarán a ser históricas, como el Café González de Sarrión, un mítico espacio que encierra entre sus paredes miles de relatos como los que contiene el libro que presentamos, "Relatos libertarios". De momento supuso un hito increíble en la crónica nuestro pueblo: la cultura libresca compitió con la taurina y venció, bien es verdad que la climatología se alió con nosotros. Gracias Juan Ignacio Jiménez de Velasco y Christiane Domenech -Muñoz Moya Editores-. Gracias, Javier Sanz. Gracias Manuel González. Gracias Sarrión.

PÚBLICO EXPECTANTE, AMABLE Y ATENTO: CON GESTO INTRIGANTE CHARO MIRA INQUISITIVAMENTE A LA MESA; 
LUCÍA SE ENGORILA CON EL MÓVIL;
 ATENTO, ADRIÁN LUCE GENEROSA SONRISA; 
CHRISTIAN JUEGA CON SU CÁMARA Y SE PREGUNTA POR SUS FUNCIONES; 
MI PADRE, "PEROLA II", DUDA DE QUE LO VAYA A HACER BIEN SU HIJO; 
PILARICA, INTROSPECTIVA, SE PREGUNTA QUÉ HACE ALLÍ Y SUEÑA
CON SUS AMIGAS QUE ESTARÁN LIGANDO EN LA PEÑA. 
ENCARNA HABLA CON SUS COMPAÑERAS. 
MANOLO GONZÁLEZ LLEGA TARDE Y SALE MOVIDO. 
AL FONDO TODAVÍA HAY ALGO DE BARULLO

JAVIER SANZ DISERTA CON AMENIDAD; RESPONDO CON BENÉVOLA SONRISA Y JUAN IGNACIO DUDA O DISCREPA, ES POR NATURALEZA ESCÉPTICO Y LOS AÑOS AGUDIZAN SU PERSONALIDAD.¡QUÉ MELENAZA  OCHENTERA LUCE! ENVÍDIA DE CALVOS Y PELONES

PASCUAL PEIRÓ, COMO BUEN ALUMNO, ATIENDE CON INTERÉS EN PRIMERA FILA; EL HIJO DE JAVIER SANZ ANALIZA CON INTERÉS LAS PALABRAS DE SU PADRE; CHRISTIANE PIENSA ALGUNA MALDAD FEMENINA O TAL VEZ EN LA CENA DE ESA NOCHE.

ATENTAS CABEZAS Y ALGUNA, YA UN TANTO RELUCIENTE, PIENSA, CON NOSTALGIA, CUANDO LUCÍA MELENA COMO JUAN IGNACIO. AL FONDO LA MESA DEBATE CON INTERÉS.


VILLALBA MATIZA POR PARTES. JAVIER SANZ ANALIZA CON FRIALDAD LA CONTUNDENCIA DEL MENSAJE. JUAN IGNACIO SE TOMA UN RESPIRO Y APROVECHA PARA LIMPIAR SUS ANTIPARRAS

ANTE LA INGENUA INCREDULIDAD DE VILLALBA, JAVIER Y JUAN IGNACIO SONRÍEN CON SUTIL BENEVOLENCIA Y PIENSAN QUE CON LA EDAD LLEGARÁ A COMPRENDER LO QUE AHORA NO ENTIENDE.

EL PÚBLICO SE RÍE Y COMIENZA A MOSTRAR CIERTA INQUIETUD. AL FONDO, DE PIE, CAÑIZARES PIENSA EN QUE PRONTO SE JUBILARÁ

LA INQUIETUD VA EN AUMENTO
VILLALBA PIDE CALMA Y PROMETE -AUNQUE SE HA VENIDO ARRIBA- TERMINAR PRONTO


VUELVE LA CALMA

JAVIER PIDE LEER EL MANIFIESTO FINAL. VILLALBA MUESTRA CIERTA DUDA EN LA MIRADA, LE HUBIERA GUSTADO SEGUIR CON SU EXPOSICIÓN

EL PÚBLICO, RESIGNADO, AGUANTA

EN LA MESA REINA LA ARMONIA. JUAN IGNACIO MUESTRA CON ORGULLO SUS MELENAS ROMANAS 
(Los antiguos romanos llevaron los cabellos largos hasta el año 454 (299 a. C.) de la fundación de aquella ciudad, pero después los llevaron cortos y las cabelleras largas pasaron a ser señal de afeminamiento. En estos tiempos que corren todas las opciones son posibles, como en los RELATOS LIBERTARIOS de Villalba, "Perola III")


viernes, 21 de abril de 2017

RESEÑA DE "LAS VISIONES", DE EDMUNDO PAZ SOLDÁN



DE DIOSES, DROGAS Y VISIONES



        
El escritor boliviano Edmundo Paz Soldán ha publicado en la editorial Páginas de Espuma su obra titulada Las visiones, una colección de 14 relatos en los que mezcla de forma particular la literatura fantástica, el relato de terror y la ciencia ficción. Su lectura puede abordarse desde el conocimiento de las claves de su obra anterior, la novela Iris, de la que derivan, o desde su absoluto desconocimiento, como fragmentos de un rompecabezas cifrado, lo que les conferirá, si cabe, mayor misterio y oscuridad. Si es esta la lectura que se pretende, aconsejamos ya desde aquí no seguir con la lectura de esta reseña.

         En Las visiones la poesía, la psicología, la filosofía y por qué no, también el misticismo, se dan mágicamente la mano para constituir una críptica obra en la que las palabras nos trasladan a los más misteriosos lugares de la psique y de la condición humana. Paz Soldán sigue en su proyecto literario la estela que allá por los años sesenta inaugurara Michael Moorcock al romper con la ciencia ficción clásica -futurista, de viajes interespaciales, alienígenas, etc.- y exigir al género un mayor experimentalismo literario y más elementos narrativos centrados en la psicología del personaje, creando de esta forma la corriente denominada New Wave.

         Así es, para Paz Soldán la ciencia ficción es lo de menos o, en todo caso es una mera excusa, un pretexto para abrirnos a dimensiones ocultas del alma humana, es una alegoría de la realidad, un género que se presta a la perfección para la reflexión metafísica y estudiar la relación del individuo con el universo: Iris y la secuela cuentística que nos ocupa, Las visiones, son un punto de partida táctico para construir personajes con profundidad psicológica y destacar su espiritualidad, su relación de vulnerabilidad con el entorno, sus conflictos morales, etc.; es decir, nos cuenta historias ambientadas en un futuro lejano que tratan problemas sociales y existenciales de cualquier época: el colonialismo, la corrupción política, económica y judicial, la esclavitud, la rebelión, la locura, el mesianismo, los desastres de la guerra y, sobre todo, el uso de drogas para alcanzar la trascendencia y sobrevivir sin esperanza en esa tierra hostil que es Iris: los humanos, para sobrellevar su existencia en ese mundo desolado, recurrirán a las drogas (el Jün, una planta sagrada con propiedades lisérgicas; los Swits; el MDVP-2 o Miel; Spikes plateados; Cristales de Alba y, en especial, “el dragón, una droga líquida y muy rápida que se te come viva”, etc.) y/o la religión, ambas son las dos caras de una misma moneda, las válvulas de escape o los medios a su disposición para conseguir la trascendencia.

         Así pues, las narraciones que componen Las visiones ocurren en  este territorio futuro que es Iris, verdadero personaje omnipresente en todas ellas: se trata de una región tóxica, con ciudades, minas, selvas, etc.; un lugar hermético y hostil, en el que impera un sistema corrupto donde el poder, la religión y el comercio son una misma cosa, con sus propias normas, su lógica particular y su delirio (dioses, drogas, visiones), todo un espacio tenebroso de vislumbre, penumbra y distopia, de ambiente sórdido y asfixiante, de energías sobrenaturales y de fuerzas misteriosas. Sobre este territorio imaginado por Paz Soldán gravita de algún modo la Zona de la película de culto de Tarkovski, Stalker. De igual forma, su dios demoníaco Xlött remite en cierta medida a esa mítica criatura sobrehumana que solo se comunica mediante el dolor y la muerte que es el Alcaudón –Shrike- de Los Cantos de Hyperion, de Dan Simmons. Paz Soldán no oculta sus influencias, es más, las confiesa abiertamente al final de la obra reconociendo que muchos de sus cuentos son remakes de otros de Guimarães Rosa, James Tiptree, Theodore Sturgeon, etc. Pero por encima de todos ellos, interiorizado hasta la médula, está Jorge Luis Borges y sus Ficciones.

         Paz Soldán experimenta con un lenguaje personal, quizá con pretensiones de universalidad, que evidentemente no es spanglish, pero se le asemeja, en el que inventa neologismos, especialmente para designar animales, plantas, máquinas, etc., y una sintaxis un tanto peculiar que logra conferir a las historias un ritmo propio y las dota de un particular  halo de misterio.

         Podemos asegurar que Las visiones no dejará indiferente a nadie:  gustará o no, pero habrá merecido la pena. Edmundo Paz Soldán se está consolidando como una de las voces imprescindibles de la narrativa hispanoamericana actual. Debemos conocerlo.



EDMUNDO PAZ SOLDÁN, Las visiones, Madrid, Páginas de Espuma, 2016.