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FOTO DE GONZALO MONTÓN MUÑOZ
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miércoles, 2 de julio de 2025

 

 

        ALMARIO BIBLIÓFILO



Dicen que somos lo que comemos, pero para algunos, es el caso de José Luis Melero y el mío, somos lo que leemos, porque no somos otra cosa que la colección de nuestros recuerdos formados, entre otras ilusiones y fantasías, por los mundos, viajes, aventuras y personajes que hemos imaginado a través de los libros. Una vez más, nuestro patológico lector incorpora una nueva publicación a su estante personal de su ya nutrido almario bibliófilo, una obra en marcha —fruto de toda una vida lectora—, que se inició en el año 2009 con La vida de los libros y cuenta ya con siete volúmenes si incluimos este último titulado Bibliotecas y extravíos. Todos cuidadosamente publicados por Xordica Editorial con alegóricas portadas de Jorge Gay, en los que reúne los artículos que semanalmente publica en el suplemento cultural “Artes & Letras” del Heraldo de Aragón.

         Como en otras ocasiones, Melero regresa a sus escritores de cabecera para homenajearlos: desopilante es el dedicado a las autodedicatorias de Miguel Labordeta y no lo es menos el, en este caso autoirónico de su propia mitomanía, de Luis Rosales y García Lorca —siempre Lorca— o los recuerdos de Sender, Braulio Foz y su Saputo, Gerardo Diego y, por supuesto, Pío Baroja, presente en tres entradas, en una de las cuales describe pormenorizadamente ese sueño cumplido debido a la intermediación de su amigo el pintor Pepe Cerda de visitar la casa de los Baroja en Itzea (proverbial es también el dedicado a su visita a “La casa de Moneva”). Tampoco se olvida de autores contemporáneos a los que admira como Fernando Castillo, Trapiello o Antonio Moreno.

         También, como en libros anteriores, exhibe un gusto poco común por lo desatendido y heterodoxo y nos invita a acompañarle en su infatigable búsqueda por rastros, almonedas y librerías de viejo de esos nombres menos conocidos de vidas pintorescas, bohemias y originales, la mayoría de ellos perdidos en libros olvidados: Balbotín, Balart, Arana, Arderius, Vidal y Planas, Cansinos, Felisberto Hernández... y algunos que, pese a su no muy lejana muerte, ya lo empiezan a estar como Francisco Umbral.

         Libros raros, absolutamente sepultados bajo la losa del tiempo: Asalto a la Cárcel Modelo (22 de agosto de 1936) del poeta Francisco Pino; El miajón de los castúos del “poeta tinajero” extremeño, Luis Chamizo, de jocosos versos ripios (“Contentete me puse / y alborotao / porque mi suegra / la había diñao”); La paz mundial, del excéntrico escritor murciano Pedro Boluda, autor de divertidas coplillas como aquella que escribió en su juventud siendo barbero practicante dedicada a una inquieta paciente: “En vez de darle un pinchazo, / le di dos, / porque no se estaba quieta / ni pa Dios”; la Cartilla escolar antifascita; Los suicidios en España, del jurista caspolino, Ambrosio Tapia; el Manual de barnices, charoles y vinos, una compilación de fórmulas para todo, que incluye, entre otras muchas, cómo “curar desolladuras en el escroto y para contener la gonorrea” o cómo “hacer nacer el pelo”, y ese raro entre los raros que es El trato social, de Adolf Von Knigge. O aquellos otros títulos más conocidos y reconocidos, en especial por su absoluta originalidad, caso de la Tontología, esa “antología de versos malos de poetas buenos” de Gerardo Diego o Moralidades, de Gil de Biedma.

         Por supuesto hay sitio para los escritores y personalidades aragonesas, tanto zaragozanos como oscenses y turolenses, siempre presentes en su corazón y biblioteca: Carlos Mendizábal —­el H. G. Wells aragonés—, Fernando Ferrero, Valenzuela la Rosa, Basilio Boggiero, Castán Palomar, Pascual Martín Triep, Mariano de Cavia, Domingo Miral, Sebastián Banzo, Miret Magdalena, Darío Pérez, Manuel Alvar, Juan Manuel Sánchez, Eusebio Blasco, Eduardo Taboada, Gaspar Sanz, Pedro Joaquín Soler, Juan Pío Membrado… y, claro, cómo no, para sus amigos: Ángel Guinda, Antón Castro, Fernando Sanmartín, Julio José Ordovás, Rosendo Tello, Irene Vallejo, Chusé Raúl Usón —su editor—, Luis Alegre, Pisón y los siempre presentes y nunca olvidados, Félix Romeo y Eloy Fernández Clemente.

         Las “melenécdotas” que ya definimos en su momento como anécdota más erudición, en ocasiones sazonada con mucho humor y expuesta con prosa clara, sencilla y eficaz brevedad (su capacidad de resumen y de relación de personajes es ejemplar, en este sentido resulta ejemplar “El duque de T’Serclaes”), la encontramos en “Juan Benet y Calanda”, “Edgar Neville, alcalde de Salou”, “Las memorias de Benito Rabal” o la más dramática de “Las memorias de María Asquerino”.

         Melero busca y rebusca, se esfuerza con loable tenacidad por encontrar mujeres extraviadas en la historia de la literatura y las encuentra con cuentagotas —no es tarea fácil—, pero las encuentra, como la uruguaya Blanca Luz, la feminista alcañizana Concepción Gimeno de Flaquer, la fotógrafa y escritora Teresa Chiltón, la periodista Josefina Carabías y la escritora oculta tras el nombre de su marido, Gregorio Martínez Sierra, María de la O Lejárraga. Con homenaje incluido a todas aquellas “mujeres académicas” cuya memoria rescató la profesora Concha Lomba en su discurso de ingreso de la Real Academia de Nobles y Bellas Artes de San Luis.

         Melero podría pasar por ser un raro de los suyos y en muchas ocasiones se convierte en el protagonista de sus aventuras librescas y nos permite acompañarlo en su azarosa e incansable búsqueda de libros, si pueden ser dedicados por sus autores mejor, como es el caso de “Una mañana en el rastro”, en la que encuentra Nuevas canciones, de Antonio Machado o esa Historia de Aragón, de su admirado Braulio Foz, cuya graciosa búsqueda y encuentro describe de modo paródico al convertirse en un Indiana Jones de pacotilla de “aventuras indecorosas” entre traperos.

                 

         Melero es un gran lector, no cabe duda, su universo literario está poblado de libreros, editores, revistas literarias, diarios, bibliófilos, etc., y la lectura es su modo de vida, obvio, pero su convivencia con los libros va más allá, su actitud es la de un cómplice necesario y esencial para que una obra se complemente y tenga auténtica existencia, no solo para sus ojos, sino para los de todos aquellos lectores que entienden esta pasión como un arma para luchar contra la soledad, la rutina y lo prosaico o simplemente para, como él mismo afirma, “vivir la vida de los otros sin salir de casa.”

         Bibliotecas y extravíos es pues un nuevo capítulo de esas memorias de lecturas apasionantes, curiosas y eruditas de un mitómano, fetichista (en este sentido resulta tan genial como divertido su doloroso recuerdo y descripción de un innominado libro en “Lo que pudo haber sido y no fue”) y lector arrebatado que goza compartiendo con generosa y gozosa sabiduría, desparpajo y alegría, humor y buen gusto, sus aventuras bibliófilas, un libro sobre libros que no debería faltar en la biblioteca personal de aquellos lectores amantes de la Literatura, la de los grandes nombres y la de los olvidados. A esta nueva entrega bien podría aplicarse lo que él mismo dice del ensayo de Yolanda Morató, Libres y libreras. Mujeres del libro en Londres: “Ese libro apasionante les hará pasar unas horas deliciosas, esas que tantas veces nos ofrecen los libros alejados del canon y las promociones editoriales”. Les aseguro que no les defraudará.

 

 

José Luis Melero, Bibliotecas y extravíos, Zaragoza, Xordica, 2024.

 

sábado, 8 de junio de 2019

RESEÑA, "EL LECTOR INCORREGIBLE", DE JOSÉ LUIS MELERO



LAS MELENÉCDOTAS DE JOSÉ LUIS MELERO 



Si Ramón Gómez de la Serna definió la greguería como metáfora más humor, la melenécdota se definiría como erudición más anécdota, un nuevo género creado por José Luis Melero, escritor y bibliópata, perdón, bibliólatra, digo, bibliófilo zaragozano. A esta conclusión he llegado tras leer algunos de sus libros (Leer para contarlo, Los libros de la guerra, La vida de los libros, Escritores y escrituras y El tenedor de libros) y comprobar que todos son el mismo, pero cada uno sorprende más que el anterior, y en esas estamos, disfrutando de esa obra en marcha, cuya última entrega es El lector incorregible (Xordica, 2018), 120 textos publicados en el suplemento “Artes & Letras” del Heraldo, entre el 2015 y el 2018, sobre los que trataré de definir con precisión las características formales y temáticas de la melenécdota. 

La melenécdota es un híbrido que tiene cuarto y mitad de otros géneros: participa de la pasión y los sentimientos de la lírica; narra una historia en poco más de una página, que contiene en su interior un relato o, incluso, toda una novela; los personajes que las pueblan cobran vida ante nuestros ojos y nos resumen en cuatro palabras la comedia, el drama o la tragedia de su vida. Todo ello salpimentado con la veracidad, brevedad, claridad y esencialidad de la noticia periodística. 

Junto con los ingredientes básicos ya citados -erudición y anécdota-, suma un tercer componente imprescindible, el humor, espolvoreado con una importante dosis de ironía, para que quede todo más bien sabroso. En cierto modo, las melenécdotas no buscan ninguna trascendencia, digamos que no se toman nada muy en serio, ni siquiera -o por supuesto- a su propio autor, ahí están como magníficos ejemplos para dar fe de lo expuesto, “Un rosario de cicatrices”, “Mis tres dedicatorias de Alberti” o “La vida, esa tragicomedia”, por citar algunos títulos. 

Otro elemento característico y definitorio de las melenécdotas es su afición por el dato preciso -bien en forma de fecha exacta, cifra redonda, cita precisa o nombre y apellidos-, el gusto por los pequeños detalles, aquellos con los que se construye la intrahistoria, la historia menuda del día a día, y su afición por escudriñar en “La cara oculta de las cosas”. 

La melenécdota, como el mismo afirma en ese “delantalillo” a modo de prólogo que titula “Liminar”, adopta siempre un tono “amable y confianzudo, para que las horas de lectura se pasen sin darse uno cuenta”, con la pretensión última de proporcionar al lector un poco “de felicidad”. Las vitaminas de erudición, dulcificadas por dosis variables de humor, producen esa píldora final de felicidad con forma de texto. 

Temáticamente, las melenécdotas recogen todas las pasiones de José Luis: los libros, el fútbol, la Jota, los amigos, su mujer -a la que aduladoramente siempre alude como su catedrática o vicerrectora preferida, con la capciosa e interesada finalidad de ganársela y le perdone los importantes “rejonazos” propinados a la economía familiar por su enfermedad bibliófila-, Aragón en general –sus gentes, paisajes, patrimonio, cultura, escritores, impresores, editores, etc.-, y Zaragoza en particular; prefiere el escritor raro y postergado al consagrado, si bien en este libro, a diferencia de otros anteriores, abundan más estos últimos, pero que nadie espere reflexiones grandilocuentes o análisis sesudos, así, de Joyce, por poner un ejemplo, le interesan más sus cartas eróticoguarras que su Ulises. 

Teruel también está presente en sus artículos y de su mano asistimos a una ronda por Andorra para celebrar “Los cien años de Iranzo” y presenciamos en primera fila su funeral en “El entierro del Pastor”; descubrimos que el en su momento considerado patriarca de las letras aragonesas, Ildefonso Manuel Gil, autor de la novela más agobiante sobre la guerra civil, desgraciadamente ambientada en nuestra ciudad, Concierto al atardecer, perdió la virginidad en el pueblo trufero de Sarrión; rastreamos en esa investigación detectivesca titulada “El baúl de Tormón” la presencia, ochenta años después, de Cernuda y las Misiones Pedagógicas en nuestra provincia; asistimos a la amputación de una pierna a petición propia, la del padre del tenor alcañizado, Amable Leal Alegría, para ser sustituida por una prótesis, llevada a cabo por José Gascón Allué, padre de nuestro prohombre, Domingo Gascón y Guimbao y abuelo del ministro José Gascón y Marín; y nos presenta al escritor vanguardista turolense, en la actualidad relegado al olvido, Antonio Cano, cuya obra artística y literaria merecería, sin duda, un mayor reconocimiento. 

No puedo concluir esta reseña sin hacer referencia a la portada del libro, obra del pintor Jorge Gay, surrealista paisaje, resumen perfecto de su contenido: libros que sobrevuelan como mariposas-pájaros las calles de un barrio tal vez olvidado con casas silueteadas y arboles que comienzan a reverdecer; mesas apiladas con pilas de libros, botellas, un búcaro con hojas y una pierna-pie buñueliano, ese “otro milagro de Calanda”, pero al revés, en clara alusión a la ortopedia del mencionado sastre alcañizano, Eusebio Leal, y, en primer plano, rojas, intensas, las frágiles amapolas de esos textos plenos, delicados, levemente alucinógenos, con los que resulta muy difícil hacer un ramo, porque son individuales y únicos, porque cada uno de ellos son en sí mismos una manifestación del gozo de vivir, una exaltación de vida. 

La mejor receta contra el abatimiento, contra el frío de vivir, son las melenécdotas, una o varias de ellas por la noche y a dormir como un bebé. No sé si vivirán más, pero habrán aprendido algo y reído un mucho, serán un poco más sabias y felices y, por qué no, seguramente también mejores personas. 

José Luis Melero, El lector incorregible, Zaragoza, Xordica, 2018. 

jueves, 3 de noviembre de 2016

EL OTRO MILAGRO DE CALANDA, AMABLE LEAL, SU PADRE Y EL GRAN PEPE MELERO

Como ya he dicho y escrito en varias ocasiones, José Luis Melero, bibliófilo y escritor, experto en libros, jota, fútbol, personajes de la tierra, cultura aragonesa y un largo etcétera, me regaló un inmerecido prólogo para mi libro, "Voces turolenses en la lírica", más que un prólogo es una hagiografía de mi persona que le agradezco infinito, entre otras cosas porque a todos nos gusta que nos quieran y más si quien te muestra su cariño es una excepcional persona en todos los sentidos y Pepe -me permito utilizar el familiar apelativo, porque lo considero un verdadero amigo, ya casi un Padre Putativo intelectual, PP-, que generosamente me dedicó su tiempo y su esfuerzo al escribir el citado prólogo y no contento con eso también me acompañó en la presentación del librito en Zaragoza y nos dejó con la boca abierta con sus descubrimientos, sus libros y su PASIÓN por las cosas y las gentes. Hoy para rematar la faena saca la anécdota más divertida de las que contó, la relativa al padre del tenor Amable Leal, una especie de negativo del cojo de Calanda... Desopilantemente magnífica y real ¡Cuánto hubiera ganado mi libro si llego a contactar antes con PP! Gracias, amigo. Aquí dejo su testimonio publicado en el suplemento Artes y Letras del Heraldo de hoy.


domingo, 23 de octubre de 2016

REPORTAJE FOTOGRÁFICO PRESENTACIÓN EN ZARAGOZA DE "VOCES TUROLENSES EN LA LÍRICA" (III): PÚBLICO

El público respondió y llenó la sala. Disfrutó y se le notó. Gracias a todos por venir. Aquí las fotos de Concha Salinas:











Algunas foticos de la firma de libros. Gracias a todos por vuestra presencia y compromiso:



Cierro con algunas especiales. Gracias a todos y a Concha, la fotógrafa.




Con Naty y Juan Labrador Alonso, joteros y amigos, grandes aragoneses y mejores amigos. 
















REPORTAJE FOTOGRÁFICO PRESENTACIÓN EN ZARAGOZA DE "VOCES TUROLENSES EN LA LÍRICA" (II): INTEGRANTES DE LA MESA

El éxito de la convocatoria se debió fundamentalmente a los nombres de los componentes de la mesa de presentación. Siguiendo con el reportaje de Concha Salinas, comenzaremos con el Director de Cultura y Patrimonio de la DGA, el profesor y escritor, Ignacio Escuín Borao, que quiso acompañarnos y dedicarnos unas palabras:




El escritor y musicólogo, Miguel Ángel Yusta, nos hizo un magnífico resumen de los principales cantantes líricos aragoneses. No es tarea fácil resumir en poco más de 10' esa apretada nómina de excepcionales cantantes y definirlos con brevedad. Gracias Miguel Ángel:




Con él otro Miguel Ángel, en este caso, Santolaria, musicólogo, tenor, presidente de la Asociación de Amigos de la Lírica de la Biblioteca de Aragón, que contó desde la amistad que tuvo y mantuvo con Pascual Albero, sabrosas anécdotas. Debiera haber contactado antes con él para amenizar y enriquecer con ellas un poco más mi libro:


El gran José Luis Melero nos sorprendió hablando de Amable Leal Alegría, pero sobre todo de su padre, un sastre cojo, remedo en negativo del cojo de Calanda, que quiso le amputaran su pierna enferma. Fantástico, pasional y desopilante, como siempre. Cuando en su excelente columna de "Artes y Letras" del Heraldo publique la historia la subiré:














lunes, 9 de mayo de 2016

RESEÑA DE "EL TENEDOR DE LIBROS", DE JOSÉ LUIS MELERO RIVAS

Foto Heraldo de Aragón

         José Luis Melero es un apasionado de la vida, siente pasión por el Real Zaragoza, la jota, la escritura y los libros pero, sobre todo, es un apasionado de la amistad, sin duda su rasgo más sobresaliente que resume y explica todos los anteriores: sigue al Zaragoza para compartir buenos y malos momentos con sus amigos; colecciona libros para ponerlos a su disposición y escribe, como la inmensa mayoría de nosotros, para que lo quieran, pero también escribe por y gracias a ellos, en especial a su mejor amiga, su mujer que, como tantas otras, soporta y se esfuerza cada día en mantener viva la llama de sus pasiones.
        
El tenedor de libros (Xordica) es una selección de 123 artículos que ha publicado en el suplemento “Artes y Letras” del Heraldo. Se trata de una visita guiada por su envidiable biblioteca que, como en otros libros anteriores transita -rememorando el título de una magnífica novela de Ignacio Martínez de Pisón, el verdadero responsable de que dejara de ser el amigo ágrafo- por “carreteras secundarias” de la literatura, es el placer de viajar sin reloj, sin prisas, donde el viaje es un fin en sí mismo, saboreando con delectación las sabrosas anécdotas a las que ya nos tiene acostumbrados: de su mano disfrutamos de paisajes poco frecuentados, por ejemplo del dormitorio de Pérez Galdós o de la biblioteca de Hitler; escuchamos los chismes de Alfredo Marqueríe sobre el bueno de Antonio Machado, las curiosidades sobre los poetas de la Generación del 27 de ese otro gran coleccionista de amigos increíbles que fue Pepín Bello o los remordimientos de André Gide por haber rechazado el original de Marcel Prous, En busca del tiempo perdido; nos reconfortamos como letraheridos conociendo los pocos ejemplares que vendía de sus libros Ramón Gómez de la Serna o el propio Melero, que tiene la sana costumbre de reírse con y de sí mismo (“Una revista y un tonel” o “Firma de libros” son desopilantes ejemplos de ello); sabemos de la verdadera historia del paraguas de Azorín, de “bastones con pedigrí”, como el de Borges o que al entierro de Hartzenbusch asistieron poco más de una docena de personas; vivimos las muertes por “abstracción” –por “pensar en las musarañas”, en palabras del autor- de personalidades como Antonio Gaudí, Víctor Seix (el conductor del tranvía que lo atropelló, ¡pásmense!, se llamaba Adolf Hitler) o Pilar Bayona, entre otros o asistimos a las “bodas” de escritores con familiares de otros escritores, etc.
         También como otras veces, su escritura está salpicada de guiños, complicidades y homenajes a sus grandes amigos: Emilio Gastón, Javier Tomeo, Felix Romeo, José Antonio Labordeta, Chesus Bernal, Javier Cercas, José Luis Violeta, Jesús Marchamalo, Manuel Pinillos, etc. No cabe duda, podemos afirmar que El tenedor de libros es, entre otras muchas cosas, un compendio de grandes historias de amor y amistad.
         En algunos artículos esboza siguiendo la máxima gracianesca de que lo bueno, si breve, dos veces bueno, mini biografías esenciales de escritores con vidas apasionantes absolutamente olvidados: Ángel Samblancat, Rafael José de Crespo, Eduardo Marquina, Iván Nogales (mirobrigense autor del desternillante poemario intitulado Nueces eroticolíricas, heteroclitorizadas y efervescentes, 1921), José Mor de Fuentes, etc. Se trata pues de esa intrahistoria de la literatura que no figura en los manuales, poblada por escritores que trasiegan vinos en tascas de suburbio que hicieron de sus vidas su gran obra literaria, pero con ellos comparten páginas autores consagrados de la literatura universal como Juan Ramón Jiménez, García Márquez, Vargas Llosa, Joyce, César Vallejo y muchos otros. Acompañados también por decenas de los que se podrían considerar secundarios de lujo de la cultura española injustamente sepultados por la losa del tiempo, desde sagas de libreros como Miguel de Suelves, alias Zapila, los Vindel, Manuel Pérez de Guzmán, Juan Manuel Sánchez o el mismo Benedicto XIII, pasando por bibliófilos como  Ramón Miquel i Planas o Isidoro Fernández, curiosos filólogos y nefandos escritores como Julio Cejador y Frauca, dibujantes como José Cabrero, fotógrafos como Lucas Cepero, cocineros como Teodoro Bardají y un larguísimo etcétera de personajes bohemios, alucinados, desgarrados, raros, trágicos, curiosos o excéntricos, pero también personas -que no personajes- anónimos, gentes del común, próximos a su cotidianeidad, como oftalmólogos, sastres, vecinos de todo tipo y condición, etc., que hacen de El tenedor de libros por una lado una obra ilustrada llena de vidas y rica en anécdotas, con una atmósfera que los castizos dirían deja en la boca “sabor de época”, pero, por otro, en ella también bulle la vida y el tiempo presente; que nadie se engañe, Melero trata temas de actualidad (monarquía o república, independentismo catalán, etc.) y  no todo en él es complacencia, optimismo y diversión, cualquiera de sus artículos, el que quieran, como los buenos guiones de cine, tienen un punto de giro final, una vuelta de tuerca desconcertante, un “zasca” en la boca, una relación extrema inesperada entre hechos o circunstancias aparentemente inconexas que él sabe relacionar con su mucho saber y que vinculan lo que cuenta con el presente. Melero se moja, vaya si se moja, hay crítica expresa y compromiso (por sus amigos mata: “Negro Romeo”) y siempre profundidad de pensamiento (ahí es nada “Padres asesinos”), y es que José Luis no da puntada sin hilo, la virtud de su escritura radica en su capacidad de resumen, en condensar en una página sus conocimientos enciclopédicos de bibliófilo, no sólo coleccionista, sino lector, y exponerlo sin solemnidad alguna, con sencillez extrema, como si hablara en la barra del bar con los amigos, en zapatillas de estar por casa o por volver a los castizos, “a la pata la llana”. Es pues la suya una escritura esencial, densa como el iridio, propia del escritor que sabe del valor del tiempo y no se lo hace perder a nadie que se acerca a su escritura.
         El tenedor de libros no les defraudará, su autor es su mejor personaje, y por muy poco dinero podrán disfrutar de la biblioteca de un bibliófilo de toda la vida, es un destilado de libros, un concentrado vitaminado y supermineralizado de lecturas. Disfrutarán.
              El próximo sábado a las 13'15, dentro de la programación de FERIA DEL LIBRO DE TERUEL, en los jardines de San Pedro, presentaré este libro y nos acompañará su autor. Os esperamos. 

        

domingo, 8 de mayo de 2016

FERIA DEL LIBRO DE TERUEL 2016

"La Feria del Libro y el cómic de Teruel es el evento literario más importante de la provincia de Teruel. Durante 4 días La Glorieta se llenará de casetas de libreros, editores, autores y personalidades del mundo de las letras. Un fin de semana único para todos los públicos con una ambiciosa programación literaria que abarca presentaciones de libros, lecturas, actividades infantiles y juveniles, autores aragoneses, e incluso cenas literarias.
La feria cuenta con 23 puestos de venta y firma de libros, un espacio para actividades y otro para lectura y presentaciones ubicado en el Templete de La Glorieta. El horario de la misma es de 10:00 a 14:00 horas y de 17:00 a 21 horas de jueves a sábado y de 10 a 14:00 y de 17:00 a 20:00 el domingo." Para saber más han creado una web específica en la que se pueden consultar autores, programas, localización, eventos, etc. En fin, todo eso y mucho más en FERIA DEL LIBRO DE TERUEL.
Los organizadores han tenido la amabilidad de contar conmigo y quiero desde esta entrada agradecer sinceramente su deferencia y felicitarles sinceramente por su iniciativa, con la que demuestran un verdadero interés por la cultura y que el mundo del libro goza de una mala salud de hierro. 
Por un lado moderaré la presentación del libro de José Luis Melero, El tenedor de libros (editorial Xordica), que tendrá lugar en los jardines de San Pedro. Por otro, tendré el privilegio de volver a presentar en Teruel un año después de su publicación mi colección de relatos, Fotogramas. 14 cuentos de cine, que tendrá lugar el domingo a las 18 horas en la Glorieta. Es una buena oportunidad para pasear, hablar con los escritores y comprar o regalar algún libro. 
Después de más de un lustro de absoluta sequía, esta agua de mayo en forma de feria será todo un bálsamo para la cultura en general y la literatura en particular. Esperamos que sea todo un éxito. Os esperamos, no dejéis de acudir. Se quiera o no, Zaragoza se ha acordado de nosotros. Debemos responder.