CASABLANCA

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FOTO DE GONZALO MONTÓN MUÑOZ

domingo, 6 de noviembre de 2011

NATIVIDAD ZARO CASANOVA (III): UNA MUJER EN EL CINE FRANQUISTA.

           A Félix Romeo, in memoriam.
 Al concluir la guerra civil, el cine español, tras un período de desorientación y de inoperancia productiva -como también ocurriera en todas las demás artes-, fue puesto al servicio del Régimen y comenzó su trayectoria con una serie de películas de guerra en las que se narra la historia reciente de España desde la óptica de los vencedores, para poco después derivar hacia un cine histórico que intentaba reconstruir subjetivamente los períodos de exaltación patriótica y religiosa más destacados de nuestra historia y, sobre todo, el grueso de la producción se decantó por las películas de corte folclórico y costumbrista. Sólo hacia mediados de la década se produjeron tímidas tentativas filmográficas con pretensiones más cosmopolitas e innovadoras, es el caso, entre otros, del cine de Neville, Serrano de Osma y Ladislao Vajda. Este último realizador había colaborado con Natividad en la puesta en escena de su obra teatral y en 1947 la llevó al cine con guión adaptado por la propia autora, su compañero sentimental, el poeta y académico Eugenio Montes, y Alfredo Echegaray. A decir de la crítica de la época, Tres espejos es un interesante thriller policíaco en el que se nos narra cómo un financiero se ve obligado a matar en defensa propia a un delincuente y, asustado, cambia su documentación con la de la víctima desencadenando así una historia de intriga y pasión. Os dejo una muestra de la versión portuguesa de la película:

            En 1948, un guión de nuestra actriz-escritora fue merecedor del primer premio de guiones de la Junta del Sindicato Cinematográfico, se titulaba Europa (escrito en colaboración con Manuel Suárez Campo y basado en un cuento de Tomás Salvador) y como recordará algunos años más tarde, “no se estrenó nunca; no se rodó nunca […] Las productoras no se atrevían: su presupuesto era demasiado elevado. El tema de la película era la encrucijada en que se encontraba Europa en la vigilia de la segunda guerra mundial; había que rodarla en Francia, en Alemania… Y con franceses y con alemanes, desde luego. Se pensó en una coproducción, y entonces sucedió algo bastante irónico. Los productores alemanes que se interesaron por la película, después de leer el guión se retiraron, porque consideraban que los franceses estaban tratados con favor, y que eran ‘demasiado humanos’. Nos volvimos hacia los franceses y la respuesta fue la misma sólo que al revés: según ellos, el guión favorecía a los alemanes.”
            Sobre la concesión de este premio y el machismo imperante en la época, relata la siguiente sabrosa anécdota que no nos resistimos a transcribir: “Cuando me dieron el premio el presidente del jurado lo anunció con estas palabras: ‘Por unanimidad se otorga el primer premio al guión Europa, en el que se puede admirar la pluma de un gran escritor al que todos admiramos.’. Aludía, naturalmente, a Eugenio Montes. Cuando me lo contaron, respondí: ‘No sabía yo que escribiera tan bien.’ Porque la realidad es que Eugenio ni siquiera lo había leído…”
            De nuevo, en 1949, Vajda llevó a la pantalla con el título de Sin uniforme un argumento basado en una obra teatral inédita de Natividad Zaro, la titulada También la guerra es dulce (ganadora de un accésit en el Premio de Teatro Lara en el año 47), convertida en guión por ella y Andrés Laszlo. Para Fernando Méndez Leite, Sin uniforme alcanzó un cierto éxito "por su bien ideada trama, su corte moderno y dinámico y la gran riqueza de elementos técnicos con la que fue rodada íntegramente en Marruecos. Desde el primer momento, acapara el interés del espectador gracias a una trama subyugante de amor, espionaje y aventuras en un marco exótico y novelesco". En cierto modo y salvando las distancias, la película tiene muchos puntos en común con Casablanca (Michel Curtiz, 1942) -recordemos que Vajda había sido con anterioridad colaborador habitual de Curtiz-, pues narra las aventuras de un grupo de espías en el Tánger cosmopolita de la Segunda Guerra Mundial y como aquella se fundamenta en un sólido guión, una buena interpretación, una dirección minuciosa, unos preciosos decorados y una labor de fotografía de primera clase.
            Ese mismo año rodó Juan de Orduña Tempestad en el alma, basada en un argumento de nuestra escritora en colaboración con Luis García Ortega, que recreaba el tortuoso amor de un matrimonio asediado constantemente por los celos y unas personalidades desquiciadas.
            Un año más tarde, en 1950, Mariano Pombo dirigió Flor de lago, una comedia de anotaciones sentimentales en las que una joven pretende conseguir la herencia que le legara su madre y que su abuelo le niega, a cuyo argumento, original de Jesús Vasallo y R. Fernando, dan continuidad Suárez Caso y nuestra autora.

jueves, 3 de noviembre de 2011

NATIVIDAD ZARO CASANOVA (II): AUTORA TEATRAL Y PRIMEROS PINITOS CINEMATOGRÁFICOS.

Blanco y Negro, 1930.
A Félix Romeo, in memoriam.

Cortometraje con Edgar Neville
En 1933 interpretó junto al dramaturgo Enrique Jardiel Poncela y Santiago Ontañón Falso noticiario, un alocado guión de Edgar Neville, dirigido por el mismo y producido por José Ignacio Valdeiglesias, Marqués de las Marismas del Guadalquivir, en el que parodiaba, anticipando el absurdo en el teatro y el cine, los films de la época. Así, entre otras "noticias", asistimos a un entierro en el que los enlutados participantes se despiden del finado entonando zarzueleras melodías, a la inauguración de unos mingitorios ante la digna presencia de las severas autoridades locales, a la celebración de la fiesta de la flor a cargo de unas señoritas postulantes cuya vehemencia hace huir incluso a las figuras de un conjunto escultórico, al imprevisible reparto de premios en un colegio municipal de niños sordomudos, etc.[1]
            Poco después inició un periplo formativo por diferentes países europeos que la llevó a estudiar pintura, literatura y canto en ciudades como París, Berlín, Viena , Roma o Portugal (seguramente ya como compañera del escritor Eugenio Montes, quien durante los años treinta ejerció como corresponsal en diferentes capitales europeas para los periódicos ABC y El Debate).
La guerra civil.
Ya en España, durante la guerra civil formó parte de las compañías de Carmen Díaz y de la de Niní Montián y Rafael Rivelles, compartiendo cartel en las giras con actores como María Paz Molinero, Matilde Muñoz Sampedro, Rafael Bardem, Manuel Luna, Manuel Morán, Blanca de Silos, Carlos Muñoz, José María Seoane, Vicente Soler, Joaquín Roa y el joven Luis Prendes, muchos de los cuales, pocos años después, se consagrarían como figuras del cine español de posguerra. Hacia finales de 1938 participó en la fundación de la Compañía Nacional (también conocida como Teatro Nacional de Falange)  creada por Dionisio Ridruejo y con Luis Escobar como director. El debut fue en Segovia, el día del Corpus, con El hospital de los locos, de Valdivieso. La compañía viajaría por la España franquista con obras como La verdad sospechosa, La vida es sueño, La cena del rey Baltasar, etc. De igual forma, participó en la locución de La vida es sueño emitida por Radio Nacional de España en enero de 1939.
Autora teatral
            El 3 de mayo de 1946 estrenó en el madrileño Teatro Lara su obra titulada Hombre en tres espejos, en la que actuó también como actriz y de cuya interpretación la crítica dijo que "matizó con admirable naturalidad y elegancia uno de los personajes" (se trataba concretamente del segundo papel femenino, una mujer fría y calculadora. El papel protagonista lo interpretó con solvencia Ana Mariscal, y la tercera mujer fue Paquita Vives); sin embargo, los comentarios no fueron tan favorables en lo concerniente a la calidad de su comedia dramática, a la que se tildó de excesivamente intelectual, de no conjugar convenientemente sus intenciones con el desarrollo teatral de la idea y por ello inducir a la confusión y al desconcierto en el público. Lo cierto es que la obra de Natividad Zaro planteaba bajo la atractiva estructura de una comedia policíaca el metafísico y unamuniano-pirandeliano tema de la personalidad: la visión que de un hombre, supuestamente asesinado, tienen tres mujeres. La propia autora así lo confesaba en una entrevista concedida al diario ABC el día del estreno: "Muchas veces en el Prado, ante "Las Meninas", sentí el mágico encanto de ese espejito en que el cuadro se refleja para ganar conciencia pensativa y, a un tiempo, intimidad y perspectiva [...] Un epigrama inglés enseña que el Pedro de Juan a quien habla Juan es el Pedro de Juan, y el Juan a quien responde Pedro es el Juan de Pedro. Confieso mis musas. Esas tardes del Prado y ese gracioso trabalenguas me sugirieron la comedia que hoy aventuro al público, con la ilusión de que le interese mirarse de soslayo en los tres espejos por los que pasa...". En suma, se trataba de una comedia dramática de corte filosófico, con un diálogo sencillo y sin concesiones a las exigencias escénicas, cuya acción, lejos de presentarse en el ámbito de lo simbólico -como cabía esperar de una obra primordialmente introspectiva-, se inscribía en el más puro realismo, de forma que la historia no queda del todo clara para el espectador según señaló la crítica del momento.
            Este relativo fracaso de su obra parece que la llevó a replantearse sus pretensiones como autora dramática y, en una primera reconversión pragmática de su trayectoria profesional, pasó a poner su trabajo, talento creativo y dinero al servicio del cine. Si bien es verdad que Natividad Zaro nunca abandonó por completo su actividad teatral (escribió alguna obra más, como la que se representó en Roma, titulada Jugando a los fantasmas) y continuó ligada a este medio como traductora y adaptadora de obras de escritores extranjeros como Edward Albee (Todo en el jardín), Joe Orton (El realquilado), Eduardo de Filippo (Ciao, Antonio Barracano), Sam Locke (La mujer del cabello rojo), etc. De igual forma, adaptó algunos títulos para la televisión, es el caso de La ciudad muerta, de Gabriel D’Anunzio o La profesión de la señora Warren, de George Bernard Shaw, realizada por Pilar Miró.


    [1]Argumento extraído del libro de Julio PÉREZ PERUCHA, El cinema de Edgar Neville, Semana Internacional de Cine de Valladolid, 1982.

lunes, 31 de octubre de 2011

NATIVIDAD ZARO CASANOVA (I): LA ACTRIZ ARAGONESA QUE QUISO SER DON JUAN TENORIO (I)

                                                                                   A Félix Romeo, in memoriam

 Apunte de Eduardo Malta (Blanco y Negro 28 4 1929)

     En esta noche tan particular, quiero recordar a una mujer de enorme personalidad y gran belleza, que soñó en su juventud -una noche como esta del año 1929- representar el papel de don Juan Tenorio, no lo consiguió, pero quedó su intento y su moderna visión del personaje. Sea este pues mi particular homenaje a la obra de Zorrilla, a esta singular mujer y, sobre todo, a FELIX ROMEO, un rendido admirador que siempre tuvo en su pensamiento esbozar su biografía. No le dio tiempo.  
En la novela, el teatro y, en especial, en el cine franquista, las mujeres, consideradas como "intrusas", fueron relegadas a subgéneros y oficios etiquetados como "femeninos", designación que connotaba un sentido menor o de supeditación. No es fácil, hasta fechas recientes, encontrar dramaturgas con nombres consolidados en nuestro teatro, ni mujeres guionistas en el cine, pero es casi imposible descubrir algún nombre femenino vinculado a la producción cinematográfica -salvo la excepción que confirma la regla de Ana Mariscal-. Por eso resulta fascinante aproximarse a la extraordinaria, atípica y atractiva personalidad de Natividad Zaro Casanova (Borja, 1909-Madrid, 1978)[1], quien en un mundo eminentemente masculino y en un país y una época, más si cabe, machistas por decreto, logró consolidarse como profesional del séptimo arte en facetas tan poco femeninas como argumentista, guionista y, sobre todo, productora.
            La peripecia vital de esta mujer, que quiso ser actriz y autora teatral para terminar presidiendo una productora cinematográfica, resulta tan sorprendente como desconcertante su olvido actual, pues en el panorama cinematográfico español de los cincuenta su nombre era conocido y reconocido como lo demuestra su intervención en películas tan señeras como Surcos (Nieves Conde, 1951), Amanecer en Puerta Oscura (Forqué, 1957) o Las legiones de Cleopatra (Cottafavi, 1959).
   Esta entrada es parte de un artículo más amplio que publiqué en la revista CABIRIA (nº 8, ABRIL, 2010).

EL VENENO DEL TEATRO
            En Madrid estudió Filosofía y Letras, carrera que cursó durante cuatro años, pero más interesada en frecuentar las tertulias literarias de la época (incluyendo la del "Henar", que tenía a Valle-Inclán como principal animador y a la que asistían con frecuencia Luis Buñuel, García Lorca, Moreno Villa, etc. Donde parece ser que conocíó al que sería su compañero sentimental el resto de su vida, el periodista y  escritor Eugenio Montes) que en sus estudios, terminó por hacerse actriz.
            El 24 de julio de 1926 aprobó como auxiliar del cuerpo de Correos y Telégrafos, profesión que prácticamente no ejerció, pues como hemos anticipado se dedicó profesionalmente al teatro. Su descubridor fue César González Ruano, quien la presentó en su primera actuación con estas hermosas palabras: “Si es declamación, es declamación nueva. Lo que importa es esta voz, que acciona, y estas manos, que dicen; esos ojos de aguas de mar, donde asoma la vida hecha poesía.” El lugar elegido fue la Unión Iberoamericana, donde ante el cuerpo diplomático americano y un nutrido grupo de intelectuales recitó poemas de Gabriela Mistral, Juana Ibarbourou, Dulde María Loynaz, Alfonsina Storni, etc.
Natividad Zaro.
Actuación en el Lyceum de Señoras (Nuevo Mundo, 27-4-1928)
            El éxito conseguido consolidó a Natividad como recitadora  y sus actuaciones se multiplicaron a lo largo de todo 1927 en diferentes escenarios de la capital: Círculo de Bellas Artes, Lyceum Club de Señoras, Infanta Beatriz, etc. Su presencia fue una constante en todas las tertulias del momento.
            Su primer contacto con el mundo del cine se produjo el 9 de agosto de 1928, cuando recitó en la verbena de la Unión de Artistas Cinematográficos. Se sucedieron los éxitos y pronto el conocido hombre de teatro y habitual colaborador de Margarita Xirgu, Cipriano Rivas Cherif, se fijó en ella manifestando encendidos elogios en un extenso artículo dedicado a las nuevas formas de declamar, a los conciertos poéticos, como gustaba de definir, en el que destacaba no sólo su forma de recitar, sino su “belleza y gallarda figura.”
                                                                                        El Caracol
Actores de El Caracol
No tardaron en actuar juntos y fueron numerosos los recitales poéticos que dieron a lo largo de 1928. A finales de ese mismo año, crearon un grupo de teatro aficionado al que bautizaron con el nombre de El Caracol (según explica Rivas, el nombre es un anagrama arbitrario y libre de “Compañía Anónima Renovadora del Arte Cómico Organizado Libremente”). Ensayaban en los sótanos de la Sala Rex y estrenaban en su mínimo escenario (poco más de una pequeña tarima encuadrada entre cortinas), puesto a su disposición por el empresario Rey, cuya única condición para su uso era que su repertorio lo integraran obras de vanguardia. Las intenciones de la compañía se ajustaron a este requerimiento y su intención fue llevar a escena textos no apropiados para el teatro comercial o de autores noveles, así como también algunas traducciones de teatro extranjero. De esta forma, su programa incluía Orfeo, de Jean Cocteau; El terno del difunto, de Ramón María del Valle Inclán; Los libreros de viejo, de Pío Baroja; Si creerás que es por mi gusto y A las puertas del cielo, de Jacinto Benavente; La criolla, de Joaquín de Zugazagoitia; La curiosa imaginación, de César Falcón; Ifigenia, de Alfonso Reyes; El rapto de las Sabinas, de Leonid N. Andreev, y otras de Bernard Shaw, de Moliere, Carlo Goldoni, etc. Incluso representaron una de Natividad Zaro titulada El sueño de la verdad.


            Su presentación al público se produjo el 24 de noviembre de 1928 con la escenificación del “Prólogo” que precede a la trilogía azoriniana Lo invisible, dos de sus piezas en un acto (La arañita en el espejo y Doctor Death, de 3 a 5) y una obrita de Chejov –la comedia corta El duelo-. Intervinieron como intérpretes junto a Natividad, Magda Donato, Eusebio de Gorbea, Regina Eusebio, Felipe Lluch, Rivas Cherif, Ernesto Burgos y el propio Azorín. En líneas generales, la representación  constituyó todo un éxito, entre los espectadores se encontraba lo más granado del mundillo literario madrileño, destacando la presencia de Ramón Gómez de la Serna. Por su parte, la crítica se mostró propicia, si bien auguraron grandes dificultades para el futuro de tan ambicioso como novedoso proyecto teatral. No se equivocaron, la Sala Rex fue cerrada por la policía el 6 de febrero de 1929 y la obra de Federico García Lorca, El amor de don Perlimplín y Belisa en su jardín, incautada por inmoral y prohibido su estreno.

Natividad Zaro a la izquierda. Azorín a la derecha. Ensayo de Lo invisible. 12-11-1928

Un don Juan muy especial.
            A mediados de año, se integró como primera actriz en la compañía del actor Manrique Gil. El 8 de septiembre de 1929 interpretó el papel protagonista de la obra de Galdós, Electra. Su éxito fue rotundo y en octubre representaron con igual fortuna Un drama nuevo, de Tamayo y Baus y, como no, el 1 de noviembre, como mandaba la tradición, pusieron en escena el Don Juan Tenorio.  Evidentemente, Natividad dio vida a una bellísima doña Inés, pero con la transgresora pretensión de cerrar las representaciones cambiando de papel e interpretar el de don Juan, atrevimiento que fue sancionado prohibiéndose la anunciada y polémica actuación. El escándalo que supuso tal apuesta teatral le granjeó cierta popularidad y numerosas entrevistas en diferentes periódicos, por lo que no nos resistimos a transcribir algunas de las opiniones de Natividad sobre la inmortal figura teatral, claramente feministas y de una extraña modernidad para la época, pues entendía al personaje “tal como se ve hoy por Marañón y otros exégetas: como un tipo anormal, sexualmente pervertido y equívoco […] con una silueta intermedia, entre viril y femenina, con cierta gracia de líneas imprecisas en la figura y un acento cruel e irónico; más que arrebatado, cauteloso; más que inconsciente en su ímpetu magnífico, sarcástico, sádico casi…”, pero reconociendo al mismo tiempo que “literariamente me seduce su figura. Si como concepción humana lo desprecio, como héroe dramático me interesa extraordinariamente…”
“Teatro Pinocho”.
            El día de los Santos Inocentes de 1929 se inauguró en el Teatro de la Comedia de Madrid el “Teatro Pinocho”, quizá el espectáculo de guiñol más atractivo de la escena madrileña del primer tercio del siglo XX y uno de los proyectos más ambiciosos y personales de su creador, el dibujante Salvador Bartolozzi. En este espectáculo singular participó Natividad, quien, caracterizada como la popular muñeca Pirula de la revista Pinocho entablaba diálogos con los niños y recitaba cuentos, chistes y fábulas.
            A mediados de 1930, se incorporó al elenco del Teatro Muñoz Seca y actuó bajo la dirección de Felipe Sassoné acompañando a su mujer, la ya reconocida actriz, María Palou, representando fundamentalmente comedias de Jacinto Benavente (Lo cursi, Los andrajos de la púrpura, etc.)
            En 1931 volvió a trabajar con Azorín en el Teatro Español, formando parte de la compañía para la temporada popular republicana.
Quien quiera leer una entrevista en el Heraldo del año 1929 TINTA DE HEMEROTECA



    [1]La localidad de su nacimiento varia según las fuentes, así la presentan como nacida en Borja, en Daroca o en Madrid, aunque su procedencia aragonesa es indiscutible, pues son numerosos los artículos en los que ella misma comenta su origen aragonés. También el año de nacimiento varía según las fuentes consultadas, así podemos encontrar el citado 1905 en Borao, el de 1909 en Hormigón, Hernández, O'Connor y ABEPI, y el 1910 de Gómez García. Particularmente nos inclinamos por Borja como localidad y por 1909 en cuanto al año. Sobre su fallecimiento sabemos que a principios de 1977 sufrió un accidente de tráfico en Roma, donde vivía con su compañero Eugenio Montes, corresponsal del periódico ABC. Un año más tarde moría en Madrid.
   
 
           

    
 

jueves, 20 de octubre de 2011

GARDEL Y LA JOTA. SU AMISTAD CON JUAN GARCÍA

   A nadie se le escapa que la voz de Charles Romuald Gardès es una de las más reconocidas en la historia universal de la música. De hecho, desde el 1º de septiembre de 2003 fue declarada por la  UNESCO Patrimonio de la Humanidad.
Como señalabamos en la entrada anterior, si Gardel le enseñó a Juan García a cantar el tango, en justa correspondencia, nuestro paisano le enseñó a cantar la jota. Así, la que Gardel canta en su película Tango bar (1935): "Son los ojos de mi moza/ como el filo de un puñal/ yo no vivo sin ellos/ Virgencica del Pilar. / Arroyito de mi aldea,/ a ti te puedo contar/ que por mi amor hoy la vieron/ una lágrima derramar." Sería una adaptación de la que cantaba Juan García con el título de "El sentimiento", la letra es distinta, pero el estilo es muy similar. Compruébenlo ustedes mismos.
Tango Bar se estrenó en Buenos Aires el 22 de agosto de 1935. Desgracidadamente, el cantante argentino ya no pudo verla, el 24 de junio de ese mismo año falleció en un accidente de avión en Medellín.
                                

  GARDEL CANTANDO LA JOTA EN TANGO BAR


 EL SENTIMIENTO JOTA CANTADA POR JUAN GARCÍA


Para saber más Mariano Faci SIEMPRE LA JOTA.

jueves, 13 de octubre de 2011

JUAN GARCÍA Y EL TANGO. SU AMISTAD CON CARLOS GARDEL

Juan García en el centro y Juan G. Olmedilla a la derecha.
   Cuando a uno le publican un libro es cuando de verdad comienza a escribirlo. Eso es lo que me está ocurriendo a mí con Juan García, el tenor de los Reyes, lo presentamos hace algunos meses y ya he recibido varias noticias, fotos y pequeños detalles de los que me hubiera gustado disponer en su momento, pero, en fin, como se suele decir, nunca es tarde si la dicha es buena, los iré presentando por entregas y, quien sabe, quizá algún día se reedite el libro y pueda incorporarlos al mismo.
    Hoy vamos a comentar una sabrosa anécdota que me ha suministrado el periodista e investigador Mariano Faci Ballabriga, quien preparando Siempre la Jota, una serie de libros sobre la historia de la Jota para Heraldo de Aragón, que está siendo publicada en la actualidad (SIEMPRE LA JOTA), encontró una referencia a Juan García, nuestro tenor, quien fue entrevistado por el periodista Juan G. Olmedilla para la revista porteña Caras y caretas (22 de mayo 1937), es decir, una información sumamente interesante de esa parte final de mi libro que se ocupa de la larga estancia de Juan García en la Argentina, donde concluirían sus días -nunca regresó a España-, y que se me cae un tanto por falta de noticias de nuestro cantante. Se trata de una simpática entrevista doble en la que el tenor y el periodista se entrevistan mutuamente, pues son amigos desde hace tiempo y se han reencontrado en Buenos Aires, donde ambos actuaban con más o menos asiduidad en Radio Prieto. Al finalizar la entrevista, Olmedilla le pregunta a García por su relación con Gardel y éste le contesta  que la estrella argentina le enseñó a cantar el tango "Cicatrices", y el maño, agradecido, correspondió enseñándole la jota que se titula "El sentimiento": "Mi corazón dice, dice, que se muere, que se muere..." Jota cuyos ecos resuenan en aquella que Gardel canta en la película "Tango Bar", "Son los ojos de mi moza", una jota adornada, lírica, al peculiar estilo de García, quien, sin duda, estaba en la mente del inmortal Gardel al cantarla, pero esto lo dejaremos para otra entrada. Aquí tienen un recuerdo de todo ello en sus voces y sus imágenes cantando el tango "Cicatrices". Ambas versiones son bellísimas.






CANTA CARLOS GARDEL: "CICATRICES"

CANTA JUAN GARCÍA



domingo, 9 de octubre de 2011

VICTORIANO REDONDO DEL CASTILLO, EL CHALIAPIN TUROLENSE (II).


Foto tomada de El Mañana (14-11-1929).

Caricatura de Victoriano en  La Villana.
La Libertad (2-10-1927)
En 1926, ya de regreso en España tras su gira Americana, Victoriano volvió a actuar en varias ocasiones con el divo Hipólito Lázaro en diferentes teatros. Mientras tanto, Amadeo Vives había ultimando la composición de su zarzuela La Villana, conocedor de las condiciones vocales de nuestro bajo, pidió a los libretistas, Federico Romero y Guillermo Fernández Shaw, añadieran un papel para su cuerda con un protagonismo importante en la obra. Así, siguiendo sus instrucciones, crearon el personaje de David, mercader judío, el cual, en cierto modo, sustituía al pintor del drama versionado de Lope de Vega, Peribañez y el comendador de Ocaña, para el que el maestro compuso la canción de “Las joyas” y un excelente dúo de barítono – interpretado por Pablo Gorgé- y bajo. El empresario del Teatro de la Zarzuela de Madrid, Francisco Torres, montó la obra reuniendo una compañía de campanillas, la orquesta del Real y un lujoso decorado (debido al gran escenógrafo del momento, José Martínez Gari) y vestuario. De esta forma, el 1 de octubre de 1927, se estrenó la zarzuela, en ella Victoriano desempeñó un doble papel, el del mencionado judío y el del Rey Enrique III de Castilla. La representación constituyó un éxito total de público y de crítica; en todas, absolutamente todas las críticas, se destaca la intervención de Victoriano, no sólo por lo bien que cantó su parte, sino sobre todo por lo acertado de su caracterización y de su interpretación (lo calificaron de “cantante de gusto y magnífico gesto”), al uso y manera del bajo por excelencia de todos los tiempos, un auténtico revolucionario de la escena, el ruso, Feodor Chaliapin. Este papel y la canción que lo acompañaba marcaron en cierta medida su trayectoria futura como intérprete. Con ella recorrió España encadenando éxitos como el logrado en el Teatro Campoamor de Oviedo o en el Teatro Dindurra de Gijón (futuro Teatro Jovellanos).
Caricatura de una escena del segundo acto de La Villana.
La libertad (2-10-1927)

En 1928 estrenó también la zarzuela de Vives, Los flamencos. A partir de este momento, compaginó su faceta de cantante con la de libretista, de manera que el 5 de noviembre de 1929, vio cumplido su sueño de escritor al estrenar Baturra de temple, presentada en el zaragozano Teatro Circo, con música de Federico Moreno Torroba. El 16 de noviembre la ponía en escena  ante sus paisanos en el Teatro Marín de Teruel con enorme éxito.
En 1930 formaba parte de la compañía estable del Teatro Calderón de Madrid, donde en junio participó en el estreno de la zarzuela de Moreno Torroba, María la tempranica. En agosto presentaba ante el público madrileño su Baturra de temple.
Escena de Baturra de temple.
Nuevo Mundo (5-9-1930).
En 1931 siguen sus actuaciones en el mencionado teatro, destacando el estreno de La castañuela, de Francisco Alonso. En 1932, poco después de estrenar la opereta francesa Rose Marie, cayó gravemente enfermo y tuvo que abandonar los escenarios para ya no regresar, pues murió a finales de marzo de 1933, dejando en el cajón varios libretos de zarzuela y a su mujer y a su hijo en una difícil situación económica. Según relata este último, cuando fueron a cobrar del Montepío de Actores la pensión de viudedad correspondiente, no había ni un céntimo, el cajero se había fugado a América con los fondos del mismo. Los sueldos de la época, sobre todo los de un bajo de zarzuela en España, no daban para ahorros de ningún tipo, circunstancia agravada por un año de inactividad y los gastos derivados de su enfermedad. La prensa sin excepción se hizo eco de la situación y dado que el bajo turolense siempre había participado en funciones a beneficio de todo tipo de causas, se sugirió que se le rindiera un homenaje que nunca  llegó a producirse.
Os dejo con uno de los temas principales de su zarzuela Baturra de temple, se trata de un dúo entre la soprano Felisa Herrero y el tenor Delfín Pulido. .
(Están en el disco REGAL, matriz PK-1509-a y b, número K-2092. Gentileza de César Rodríguez Xaixo por medio de Mariano Faci).






Para saber más SIEMPRE LA JOTA