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viernes, 1 de mayo de 2020

RESEÑA DE ELIFIO FELIZ DE VARGAS AL LIBRO, "RELATOS LIBERTARIOS"



VOLAR SIN ALAS

POR

ELIFIO FELIZ DE VARGAS



           

Resulta complicado abordar el tema de la libertad sin caer en tópicos grandilocuentes, acaso trascendentales. Una tendencia difícil de eludir incluso al aproximarse a sus expresiones más íntimas, a aquellas que se manifiestan de forma inconsciente y cotidiana. Por eso parece acertado el recurso que emplea Juan Villalba en su colección de relatos libertarios, donde tanto una intrascendente anécdota, como el arriesgado proyecto vital de sus personajes, sirven para poner en evidencia el disfrute del propio albedrío. El ansia de libertad es común a todos ellos independientemente del momento, el lugar y las circunstancias.
La adjetivación del título en “Cuentos libertarios” puede inducir a error, ya que el uso frecuente del término viene asociado a un credo político y, aunque en los relatos aparecen ejemplos de ácratas reales y ficticios, la intencionalidad del calificativo es otra mucho más amplia, al buscar como nexo de unión de la obra la devoción por la propia libertad, la burla a cualquier influencia o cortapisa que trate de determinar el camino a seguir por sus protagonistas. Una senda que puede abrirse por las más diversas motivaciones, desde la fidelidad a los propios ideales del ácrata redimido-reprimido por su suegra burguesa en De fosales, indios y monotes, a la necesidad de supervivencia en el ambiente hostil descrito en Golpes, de los amores prohibidos en las historias de La garçonne loca o  en Te esperaré bajo nuestra estrella, al egoísmo hedonista de la hilarante Historia del gran masturbador o el pecado de corazón.  En todos ellos hay un ansia de evasión frente a una realidad que los atenaza y la huida se materializa en forma de rebelión, lucha, viaje, incluso muerte en los casos más drásticos, mientras que para otros sumergirse en el fantaseo y la ensoñación se convierten en métodos menos arriesgados pero igualmente efectivos.
La pluralidad de personajes y situaciones viene a ratificar la idea de que la libertad es una aspiración universal -inoculada en algún punto del ser en el mismo momento en que tomamos conciencia de nuestra individualidad-, obligada a acompañarnos, con más o menos empeño y fortuna variable, a lo largo de la existencia. Es el incipiente pálpito de que hay algo mejor, más acorde a nuestros deseos o simplemente diferente, vedado por las reglas y convenciones del mundo adulto, lo que llevará al joven protagonista de Duelo en OK Corral a fundar su propio universo trascendiendo los márgenes de la pantalla del cine, un territorio infinito y maleable donde un palo se convierte en arma letal capaz de salvar a las víctimas del pérfido gallo balandrón que tiene atemorizado al gallinero. Un relato que nos retrotrae a lugares comunes de la infancia, con programas dobles en cines de pueblo o de barrio obrero, atestados de chiquillería ansiosa de celuloide rayado y de algún acomodador airado al  que sacar de sus casillas, en la que podemos intuir la voz de la memoria del propio autor.
Aquellos paisajes de su Sarrión natal retornan en Misa Corpore Insepulto, envueltos en una niebla tan densa como para desorientar a un cortejo fúnebre camino del camposanto, en un bosquejo de libertarios, librepensadores y libertinos rurales, atrapados en un mundo que no les pertenece y del que se refugian entre las cuatro paredes de la taberna del abuelo Florentín, donde se levanta el decrépito ateneo en el que una oratoria sarcástica e irreverente se va desgranando al ritmo que marcan los chatos de vino y las manos de cartas, huérfanas ya de su dueño que desde el más allá contempla y anima a su nieto a vaciar el vaso del jugo que si no libera, al menos libra del peso de las penas.
La travesura inocente deriva en rebeldía para los personajes de Maneras de vivir, una historia que destila la estética y los registros de los años ochenta, cuando los gustos musicales o la forma de vestir parecían ser la expresión máxima de libertad, generando el contrasentido de parcelar los barrios y los lugares de ocio con acuerdo a cada opción, en muchos casos de forma excluyente. Cruzar esas fronteras invisibles podría entenderse un logro, nunca exento de riesgo, para el adolescente transgresor.
Surge así otra idea recurrente en la obra, el peaje a pagar por perseguir nuestros sueños, no ya por alcanzarlos, sino por el simple hecho de embarcarse en su búsqueda. Así queda de manifiesto en la historia de Silvino Zafón, Niño de la Estrella, famoso novillero republicano caído en desgracia tras la contienda y exiliado en Arles (Francia), donde malvive atormentado por una cuenta de amores pendiente. Lo que no pudieron los toros sobre la arena en tardes de sol y moscas, lo consiguió una Triumph Bonneville de gran cilindrada revolcándolo en el asfalto mojado. Este relato, basado en una historia real, ocupa un lugar privilegiado dentro de la colección, tanto por su extensión como por la documentación y anécdotas que fue acumulando el autor al seguir los pasos del matador, dejando abierto el camino a lo que podría ser el anticipo de una buena novela.
Otro tanto se presume en las líneas dedicadas a Segundo Espallargas, el gigante bajoaragonés, forzado por su corpulencia y parecido físico con el campeón europeo de los pesos pesados Paulino Uzcudun, a combatir en un ring de boxeo para animar las veladas de los soldados alemanes en el campo de concentración de Mauthausen, arriesgada y agotadora actividad que le servía de salvoconducto para su propia supervivencia. Un ejemplo paradigmático de lucha en las circunstancias más pesimistas para la libertad y para toda esperanza de recuperarla.
A pesar de la dureza de estas versiones de historias reales incorporadas a la colección de relatos de Juan Villalba, el estilo fluido y ameno, salpicado de guiños humorísticos o socarrones, termina dejando una sensación optimista y esperanzadora, no siempre por el alivio de un desenlace acorde a nuestros deseos, sino por el empeño inquebrantable de sus protagonistas en perseguir un horizonte quimérico, que se aleja a cada paso, como se intuye en la relajante imagen que sirve de portada a estos Relatos libertarios.


Juan Villalba Sebastián, Relatos libertarios, Sarrión (Teruel), Muñoz Moya Editores, 2019.

Reseña publicada en la revista TURIA Nº 133-134 y en EL VIAJE DEL ANARQUISTA Y OTROS VIAJES

lunes, 8 de mayo de 2017

PRESENTACIÓN EN LA FERIA DEL LIBRO DE VOCES TUROLENSES EN LA LÍRICA (II). EL BAJO VICTORIANO REDONDO DEL CASTILLO


El próximo 13 de mayo, sábado, a las 13 h., en La Glorieta, dentro de los actos de la Feria del Libro, presentaré Voces turolenses en la lírica (II). El bajo Victoriano Redondo del Castillo. Un chaliapin aragonés, editado de nuevo por Muñoz Moya. Os dejo el programa de la Feria.



Continuando con el propósito principal que nos propusimos al comenzar con el proyecto global de Voces turolenses en la lírica, si en su primera entrega nos ocupábamos de dos importantes tenores turolenses del siglo pasado como fueron Amable Leal y Pascual Albero, en esta ocasión nuestro pretensión ha sido la de reconstruir la trayectoria vital y profesional de Victoriano Redondo del Castillo, con la finalidad de recuperar para la historia de la música española a uno de los bajos más importantes del primer tercio del siglo XX, para ello hemos utilizado la prensa digitalizada de la época y lo que queda del archivo del cantante, puesto amablemente a nuestra disposición por su hijo, Victoriano Redondo Ledo, que también ha querido colaborar con nosotros con unas palabras en su recuerdo, incluidas en apéndice, en las que rememora de manera entrañable divertidas anécdotas protagonizadas por él mismo y que su padre perpetuó contándolas a amigos y conocidos. 


Hemos incluido también en apéndices algunas cartas que Victoriano escribió a Guillermo Fernández-Shaw, digitalizadas por la Fundación Juan March, de Madrid, disponibles en la Web: http://www.march.es/bibliotecas/ De igual forma, la Biblioteca de Cataluña, en su Sección de Manuscritos, Colección Correspondencia de Amadeo Vives, nos remitió dos cartas del bajo dirigidas al afamado compositor. En este sentido vaya desde aquí nuestro agradecimiento para ambas instituciones por su inestimable colaboración y eficacia.

Completamos los apéndices con un amplio álbum fotográfico dividido en diferentes apartados que contemplan fotos de algunas de sus caracterizaciones más destacadas, fotos de estrenos, de prensa, de estudio, familiares, dedicadas por compositores y cantantes, para cerrar con una serie de poemas homenaje a su persona que fueron publicados en su momento en diferentes medios.

Como ya anticipábamos en la entrega anterior, con ser importante el objetivo expuesto, aún lo es todavía más el de recuperar, cuando nos es posible, las voces de los protagonistas, en este caso tan sólo podemos ofrecer dos temas, ambos pertenecientes a la zarzuela del maestro Amadeo Vives, La Villana, cantables, como hemos anticipado, compuestos especialmente para él por decisión expresa del maestro, quien tras su prematura muerte reconoció que nunca nadie los volvería a cantar como él, y con los que consiguió uno de sus mayores éxitos de su carrera como bajo, son pocos, pero significativos y en ellos se puede apreciar, siquiera parcialmente, la calidad y el color de su voz. Como complemento hemos querido también incluir dos piezas musicales pertenecientes a Baturra de temple, zarzuela cuyo libreto escribió Victoriano, para con ellas aproximarnos a su faceta de escritor.


De la vida, trayectoria profesional y producción musical del bajo Victoriano Redondo del Castillo no hay ningún estudio completo, ni siquiera aproximado. Tan sólo en las obras de referencia de la música clásica encontramos breves semblanzas biográficas que en su mayoría aportan los mismos datos, presentan idénticas lagunas y perpetúan por copia los mismos errores, que se reproducen una y otra vez e incluso se incrementan. Así, por ejemplo, el diccionario de la SGAE tan sólo le dedica cinco líneas y lo sitúa en la tesitura de tenor, cuando Redondo del Castillo fue, sin duda, el bajo aragonés más importante del siglo XX y uno de los más destacados de España en la década de los veinte. 

De igual forma, todos fechan su nacimiento en 1900 en Teruel capital, cuando nació en Alfambra en 1891. Tampoco ninguno de ellos facilita la fecha de su muerte, que tuvo lugar en Madrid en 1933, limitándose a decir que a partir de los años treinta su rastro se desvanece cual fantasma de la ópera. 

Victoriano Redondo del Castillo fue un gran bajo que tuvo en repertorio cuarenta y tres óperas, cantó en teatros de primera categoría de España, Italia, Holanda, Argentina y Uruguay, compartió cartel con voces de la categoría de Tito Schipa, Giuseppe Anselmi, Aureliano Pertile, Giacomo Lauri-Volpi, Miguel Fleta, Elvira de Hidalgo, y un largo etcétera, estrenó algunas de las obras más importantes del gran Amadeo Vives, como Balada de carnaval y La villana, en la cual pidió a los libretistas que incluyeran un personaje, el judío David, escrito expresamente para él y le compuso varios cantables ajustados a la medida de su voz, años después, ya muerto Victoriano, reconocería que nunca nadie los cantó como él. La crítica especializada siempre destacó sus acertadas caracterizaciones (esta cuestión puede comprobarse en el apéndice fotográfico dedicado a los principales personajes de su carrera artística: Mefistófeles en Fausto; Rufo en Maruxa; Don Lucas del Cigarral en la zarzuela de su mismo nombre, etc.), su elegancia como actor y la potencia, vigor y amplitud de su voz, capaz de ejecutar con solvencia todas las tesituras de la misma, desde la de bajo profundo (bajo noble), tan propia de las óperas rusas, por ejemplo la del protagonista de Boris Godunov, pasando por el bajo dramático “normal”, el bajo-barítono característico de la ópera alemana y casi específico de la wagneriana, caso del personaje Wotan de La Walkiria, hasta el bajo bufo de la ópera bufa italiana, al que se le exige cierta agilidad, por ejemplo el personaje de don Bartolo en El barbero de Sevilla.