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FOTO DE GONZALO MONTÓN MUÑOZ
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jueves, 28 de octubre de 2021

PRESENTACIÓN DEL LIBRO DE JUAN VILLALBA, "TERUEL, OTRA DIMENSIÓN", EN EL CENTRO ARAGONÉS DEL PUERTO DE SAGUNTO

 

Raquel Esteban, amiga y directora gerente de la Fundación Bodas de Isabel, me dedicó estas emotivas y sentidas palabras en la presentación de mi libro en el Centro Aragonés del Puerto de Sagunto, a cuya directiva agradezco la invitación, de manera especial a su presidenta, Ángela. Como dijo MacArthur: "Volveré".

Queridos amigos:

Siento mucho no poder estar hoy con todos vosotros. En primer lugar por tener que acompañar de una forma demasiado virtual a mi admirado y querido Juan Villalba, y por otro, no poder compartir este espacio con tantos amigos, ahora que nos han “soltado”y podríamos casi, casi, abrazarnos.

En cuanto recibí la propuesta de esta presentación, y temiendo (como así ha ocurrido) no poder hacerla de forma presencial, me afané en prepararla para tenerla lista en cuanto llegara el momento.

Y aquí estamos.

Agradezco la presencia de todos y agradezco especialmente a Angela quien me dijo en su momento, que si yo no podía venir, prestaría su voz para mis palabras. Merci beaucoup, Ángela.

Ganamos mucho con esto, pues voy a sonar con un acento interesante y encantador.

Juan Villalba es una de esas piezas clave en al sociedad turolense. Amable y sencillo, con una cabeza muy bien amueblada, es uno de nuestros intelectuales más brillantes. Pero tiene un valor añadido: es una persona activa y colaboradora, capaz de pasar de las teorías y del mundo mental a la acción, incluso a lo folclórico y farandulero, sin perder nunca su elegante compostura.

No me veis, pero me estoy sonriendo ahora mismo, recordando una sesión de fotos en la que Juan era nada más y nada menos que Azagra, el pretendiente, y en esa escena ya marido de Isabel de Segura (la Amante de Teruel).

Inmortalizábamos el momento en que Diego había entrado a hurtadillas en la alcoba de los recién casados para pedir a Isabel ese beso que, por no recibirlo, le llevaría a la muerte, allí mismo, a los pies de la cama.

Esta escena forma parte de una exposición que, con toda probabilidad, llegará a este Centro antes de fin de año. Os reto a que encontréis a Juan, nuestro escritor de hoy, en una de las fotos. Como pista, sabed que lleva una crespina blanca, está en camisón, y parece que “ronca”.

Pero vayamos al tema que nos ocupa.

Me gustaría saber cuántos de los aquí presentes habéis estado alguna vez en Teruel, levantad la mano por favor.



Pues resulta que hay tantos terueles como manos levantadas. Además, para cada uno de vosotros Teruel es una cosa distinta. Puede ser el Torico (porque os costó encontrarlo), o el rico jamón de aquel restaurante, el olor a historia debajo de las torres mudéjares, un atardecer, la rejería modernista,  el eco de los lugares donde estuvieron vuestros abuelos y familiares, o la ciudad transformada en las Bodas de Isabel. Tantos terueles como experiencias sobre él.



Entiendo que los que no habéis levantado la mano no habéis estado allí, pero seguro que cada uno se ha hecho una idea según lo que le han contado, ha leído o escuchado. O sea, otros tantos terueles ¡Qué lío, qué montón!

Pues bien, llega Juan Villalba y escribe un libro magnífico que nos hace modificar y  enriquecer lo que creíamos conocer sobre esa ciudad.

Yo diría que más que un libro al uso, es una guía. Es un cuaderno de viaje que nos invita a recorrer Teruel, a descubrirlo y entenderlo de otra manera. Cada rincón, cada piedra, cada elemento ha sido vivido, leído, interpretado o contado por muchas personas a lo largo de la historia: periodistas, fotógrafos, cronistas, poetas y músicos han vivido la ciudad y la han reinterpretado, concediendo un valor añadido a cada uno de sus elementos.

A partir de ahora, no habrá otra  forma mejor para pasearlo y comprenderlo, que teniendo como libro de cabecera la otra dimensión de Teruel.

Juan reúne en forma de crisol diferentes épocas y elementos. Desde el frío de la guerra civil, pasando por hechos históricos y legendarios que tienen que ver con la fundación de la ciudad; reyes, héroes y heroínas de la Edad Media; el Renacimiento en forma de fuentes y acueductos; las preciosas huellas de la época modernista y tantas producciones contemporáneas que dan hondura y valor a nuestra ciudad. Reúne todo eso y lo ordena en forma de rutas y recorridos por Teruel.

Os va a sorprender la erudición de Juan, y tanto o más la cantidad de personajes que han escrito, vivido y enriquecido nuestra ciudad con su huella en uno u otro soporte. Españoles y extranjeros, algunos de renombre, otros más modestos… circulan por las páginas decenas de personas, de nombres que ciertamente dan otra dimensión a esta ciudad.

De la mano de Juan paseamos y entendemos cada ruta desde un nuevo punto de vista. Un nuevo Teruel se abre ante nuestros ojos. Incluso para mí, que he nacido, vivido y soñado en estas calles y plazas, me presenta una nueva ciudad frente a la que creía conocer.

No voy a dar aquí más que un par de ejemplos que me han hecho gracia (él ya desvelará luego lo que quiera) al recorrer sus páginas.

Habla, por ejemplo, de la puerta al ascensor que conecta la estación de tren con el Óvalo. Él cree ver allí un episodio del mundo de Harry Potter, a mí siempre me ha parecido la entrada a un templo egipcio.

Otro detalle que viene al caso, ya que estamos en este Centro Aragonés que asume como parte de su identidad la Jota aragonesa. Juan se entretiene en una época gloriosa de la ciudad, la Modernista, cuando a a principios del siglo XX, Domingo Gascón reúne en un cancionero decenas de versos sobre los Amantes de Teruel. Parte de ese cancionero fue llevado a escena algo antes de la pandemia, en el teatro Marín de Teruel, en un precioso espectáculo con orquesta/rondalla, bailadores y cantadores denominado “El Tercer Amante”. Fue dirigido por vuestro/nuestro César Rubio, tan vinculado a este Centro,  y con él aprendimos nuevas cosas sobre la Jota, a través de las coplas que compusieron los mejores escritores del país a principios del siglo XX.

La lectura del libro ha cambiado mi Teruel. He empezado a diseñar mis paseos de siempre desde otra dimensión, ayudada por la guía que Juan propone. Y a menudo me acompaña un regalo que el autor nos hace al final del libro. Se trata de una serenata con aire jotero que siempre me emociona.



Compuesta por los hermanos Martínez Garcés, es una de las cosas más bonitas que he escuchado y que trasmite con mirada propia, la contemplación de mi ciudad.

“Trajo la aurora su color, y el beso cálido del sol la despertaba.

Junto a la torre de San Martín que se asomaba, yo la vi, de una ventana.

Tras su mirada, se fue mi vida y mi razón.

La ciudad de los Amantes

cautivó mi corazón”.

Gracias Juan.

(Me gustaría mucho que sonara este tema cuando acabe el acto, si fuera posible,  y os parece bien)








 

lunes, 6 de septiembre de 2021

RESEÑA DEL LIBRO "TERUEL, OTRA DIMENSIÓN", DE JUAN VILLALBA

 

IGNORANCIA DE LO COTIDIANO

 POR

ELIFIO FELIZ DE VARGAS






Leer a Juan Villalba siempre resulta didáctico y ameno. Seguramente ahí radica el aprecio -casi devoción- que le profesan sus alumnos y, sobre todo, exalumnos en los que el paso del tiempo ha ido depurando los sentimientos y, una vez liberados de la presión de los exámenes y la evaluación de conocimientos, pueden reconocer con objetividad el poso de sus enseñanzas. A pesar de estos antecedentes, reconozco que me acerqué a su último trabajo con ciertas reticencias, derivadas de la propia introducción del libro donde se presenta como el resultado de “un encargo para elaborar una especie de guía de Teruel”. La pregunta suspicaz resultaba inevitable: ¿Qué puede tener de novedoso o sorprendente un libro sobre la ciudad para alguien nacido y afincado en la misma, prácticamente a lo largo de toda su vida?

El error nacía del hecho de prejuzgar la obra como una guía turística al uso, sospechosa de ser una recopilación más de lugares y edificios emblemáticos, en los que la breve introducción histórica y su correspondiente descripción artística, vendrían acompañadas de alguna anécdota curiosa que pudiese llamar la atención al lector para distinguirla entre las decenas de catedrales, palacios y museos que, inevitablemente, terminarán mezclándose y confundiéndose en la abarrotada memoria del viajero. Si a esta aventurada sospecha le añadimos unas dosis de vanidad autóctona, nacida de la convicción de que poco o nada nos queda por saber de nuestros escenarios cotidianos, quedan justificadas mis precauciones a la hora de callejear por sus páginas.

El libro, estructurado en una serie de paseos por la ciudad protagonizados por un viajero ficticio, inusualmente bien informado, y su guía, que servirá de apoyo para el intercambio de opiniones o la confrontación de versiones históricas, se abre con una referencia a los típicos tópicos turolenses, en la que a los clásicos del frío, la Guerra Civil y los Amantes, añade el eslogan “Teruel existe”, última incorporación al imaginario colectivo sobre nuestra provincia más allá de nuestras fronteras. Son precisamente las razones de esta existencia, a lo largo del tiempo y en todos los ámbitos, las que se van desgranando en los itinerarios de cinco paseos en los que el origen y el destino pasan de ser una ruta prefijada para convertirse en la excusa que permita hablar al autor, por boca de su viajero, de los acontecimientos y los personajes que han intervenido en los sucesivos cambios de la fisonomía de la ciudad hasta transformarla en la que hoy conocemos.

Estos recorridos no son solo un desplazamiento en el espacio sino, sobre todo, por la memoria. Los conocimientos y recuerdos del viajero y su guía callejean también, de forma improvisada y aleatoria, pasando de un tema a otro con la naturalidad de una conversación entre amigos, en la que vamos descubriendo el modo en que la solución a necesidades primordiales, como la traída de aguas o la expansión del casco urbano más allá de sus murallas, han condicionado la organización de las calles, la distribución del comercio y los servicios o la ubicación de los monumentos.  La mirada del viajero se detiene, evidentemente, en el colorido y la filigrana mudéjar junto a la enrevesada forja modernista, pero también se fija en atractivos más humildes y minoritarios como oscuros zaguanes escondidos en las calles de la judería, escudos nobiliarios sobre los dinteles de las puertas, curiosos mosaicos en el suelo confeccionados con fragmentos de losas funerarias o un novedoso museo a cielo abierto compuesto por las pinturas murales de artistas contemporáneos. Valga este ejemplo de eclecticismo artístico para poner de manifiesto la insólita y amplia mirada que Juan Villalba despliega sobre la ciudad.

La nomenclatura de las calles por las que transita, los usos de los edificios que encuentra a su paso, o las construcciones que los precedieron le sirven también para rescatar del olvido a personajes destacados de otros tiempos. Un profesor filantrópico como el Maestro Fabregat, el clérigo diletante representado por el Deán Buj, el antipapa Clemente VIII sucesor del Papa Luna   o héroes de guerra como el Comandante Fortea son, para el turolense actual, nombres que designar lugares y pocos podrían explicar los motivos que les hicieron merecedores de tal reconocimiento. Frente a la paradoja de estos renombrados anónimos, encontramos a otros indisolublemente unidos a la ciudad de Teruel. El Tenor Marín, Yagüe de Salas, Gabriel Yoly, Carlos Castel, Segundo de Chomón, Pierres Vedel, Pablo Monguió o José Torán son algunos de los personajes más citados en las páginas de este libro.

Pero el autor no se conforma con dar su particular visión de Teruel, sino que también indaga en la huella que dejó su paso por la ciudad en visitantes ilustres y que ha quedado recogida en novelas como Un millón de muertos de José María Gironella, o Lejos de Veracruz de Enrique Vila-Matas y en películas como Torrepartida de Pedro Lazaga, o ¡Jo, papá! de Jaime de Armiñan, por citar algunos ejemplos nacionales, puesto que más allá de nuestras fronteras, los textos de Hemingway y  las fotografías de Robert Capa, como reporteros de guerra, el filme Sierra de Teruel de André Malraux, combatiente voluntario en Teruel con las Brigadas Internacionales, y los poemas del hispanista Archer Milton Huntington, divulgador de la historia de los Amantes en Estados Unidos, han servido para divulgar por el resto del mundo el encanto de este enclave de arcillas viejas y pobres, de Mansuetos que se abren como carne joven en la tierra vieja, germen de las cuatro torres de arcilla aupada  a las que cantara Labordeta.

Esta visión panorámica de la ciudad, formulada como una larga divagación que no responde a cronologías ni temáticas, sino que va deslizándose por los recovecos de la memoria, pasando de puntillas por lo obvio y recreándose en los aspectos más pintorescos y menos conocidos, terminan por poner en evidencia la falta de conocimientos sobre nuestro entorno cotidiano, configurando una obra difícilmente clasificable dentro del género en el que inicialmente era presentada. Teruel se nos muestra desde la “otra dimensión” a la que hace referencia en su título y que resulta ser, en definitiva, la suma de todas las dimensiones posibles: sin grandilocuencias, pero a su vez, sin ningún complejo.-  

 

Juan Villalba Sebastián. Teruel, otra dimensión, Zaragoza, Pregunta Ediciones, 2020

Esta reseña se publicó en TURIA