RESEÑA DEL LIBRO J DE CINE
CASABLANCA
FOTO DE GONZALO MONTÓN MUÑOZ
miércoles, 8 de julio de 2026
jueves, 4 de julio de 2024
PRESENTACIÓN Y RESEÑA DEL LIBRO DE VÍCTOR SANZ: "ABUELOS, CONTADNOS COSAS"
CONTAR, CANTAR Y JUGAR.
Antes que surgiera la escritura, la humanidad contaba historias. Narraban aventuras de caza, pesca, recolección, observaban las estrellas, el sol, la luna, la lluvia… e inventaban relatos y canciones que contaban y cantaban alrededor del fuego antes de dormir, los niños, cautivados por la voz de los ancianos, escuchaban sin pestañear, deseando que las sesiones no finalizaran. Mi generación quizá sea la última que pueda recordar con nostalgia y coherencia este paradigma cultural: el de la literatura oral; el de escuchar y disfrutar con los que escucharon antes que nosotros a sus padres y abuelos, a los que han vivido y saben por experiencia más que nosotros.
La tradición oral es la forma de transmitir de generación en generación, de abuelos y padres a hijos, la cultura de una comunidad a través de cuentos, romances, leyendas, canciones, adivinanzas, refranes, etc. Y en la transmisión oral se conservan conocimientos, creencias y experiencias valiosas para la sociedad, pero también se transmiten sentimientos, preocupaciones, afectos, acciones, actitudes y aptitudes… A menudo se piensa que solo en las culturas ágrafas la oralidad es importante, sin tener en cuenta que también en las sociedades letradas contemporáneas sigue siendo un método de comunicación vivo, de aprendizaje no formal, necesario para el desarrollo personal y social con el que se trabaja la atención, la memoria, la imitación, la expresión corporal, la comunicación, la capacidad rítmica y musical, la socialización, el conocimiento… y lo que es más importante, todo eso se consigue de manera ágil y divertida, jugando.
El mundo, Europa, España, Aragón, Teruel, nuestros pueblos llegan con considerable retraso, en muchos casos sin haber acometido en su momento la reestructuración del imaginario colectivo, sin haber trasladado su patrimonio oral –simbólico en su mayor parte- a los formatos que le habrían asegurado su perdurabilidad futura, no me refiero solo al académico ni intelectual, sino también a la cultura de masas, en especial al régimen digital predominante en la actualidad.
Decir en estos momentos que una persona está cultivada es integrarla en la “cultura”, que significa “cultivo”, vocablo, como tantos otros, proveniente del mundo agrícola del que todos, hasta la fecha, de una u otra manera, procedemos. El lenguaje se enriquece gracias a que incorpora historias en general comprimidas que constituyen un humus fertilizador compuesto por las experiencias de nuestros antepasados, que en muchas ocasiones se concentran en cuentos, juegos, cantos, tradiciones… Por eso necesitamos las historias, para enriquecer nuestra percepción de la realidad, para huir de la presión mediática, para seguir siendo parte de una cadena que está a punto de romperse con los que nos precedieron y nos convertirá en otra cosa, en seres deshumanizados, carentes de pasado y con incierto futuro, pues para llegar a ser, hay que saber de dónde vienes.
Víctor Sanz se niega a ese cambio de consecuencias insospechadas, considera necesario recordar, desandar el camino y cuando se aproxima a la última curva del suyo, repasa la historia vivida con la satisfacción de haber llegado hasta ahí a pesar de las dificultades y trampas de la vida, y con la generosidad del abuelo satisfecho de haber cumplido con la perpetuación de la especie, ofrecer a sus nietos una obra miscelánea en la que reivindica el arte de contar, cantar y jugar, de recordar, hablar y decir, de manera que se remonta hasta su niñez para recopilar hechos, vivencias, casi 150 juegos infantiles y juveniles ya en su mayoría olvidados (“las cuatro esquinas”, “las tabas”, “la calva”, etc.), tradiciones rurales ya casi extintas (el matapuerco; el nacimiento –bautizo-, bodas y muerte en la propia casa, etc.), oficios perdidos (lecheras, albarderos, esquiladores, herreros, etc.), fiestas tradicionales (patronales, Santa Cruz, Jueves Lardero, etc.), trabajos desaparecidos (siembra, siega, trilla…), los motes, lugares especiales de socialización en el mundo rural (el cementerio, el río, el barranco, los molinos y el batán…), más de 50 canciones populares y, además, como colofón, incorpora 14 entrevistas y semblanzas de personas ya fallecidas, varias con más de cien años, algunas de ellas nacidas incluso a finales del siglo XIX, en las que rememoran su experiencia vital, testimonios de incuestionable valor cuyo recuerdo perpetúa y nos lega para salvar su memoria, que es también la nuestra.
Muchos de los huesos de los frutos se usaron para jugar y si nos paramos a pensar caeremos en la cuenta de que en su interior se encierran los recuerdos de días pasados plenos de placeres simples, rudos y perdidos, me atrevería a decir que casi para siempre, como las tardes de trilla en la era y de jugar en el pajar, cuando al atardecer, rubios del polvo picante del trigo o la cebada acudíamos a aliviar la picazón para bañarnos en cueros vivos en las balsas del pueblo o en las aguas del río… Son recuerdos, sabores, olores, una calle, una ventana, una canción, un juego… son la magdalena de Proust, recuerdos personales de situaciones individuales que en muchas ocasiones, como las mismas canciones o los juegos, son comunes a muchas infancias.
Como dijo Pío Baroja, “estas canciones antiguas, aunque sean malas, para los viejos son muy sugestivas y evocadoras, porque recuerdan, como ninguna otra cosa, una época.” Así es, las canciones, los juegos, las tradiciones evocan un tiempo, como la moda, pero se conservan, si somos capaces de preservarlas, con más lozanía y vitalidad. Nuestros hijos apenas conocen ya algunas referencias de todo ello, eran canciones y juegos que se aprendían y renovaban en la calle, sin coste alguno, oralmente y con la práctica pero, por desgracia, en una sociedad consumista como la nuestra, nuestros hijos, mejor alimentados, más altos, limpios y con menos tiempo para sus fantasías y juegos ya no lo hacen en la calle, tampoco en casa, viven en el metaverso, en una realidad virtual, ya no luchan a pedradas ni se descalabran en las eras, tampoco practican los viejos juegos sociales, ni cantan las viejas canciones que animaban la vía pública y enfadaban a más de una mujer o un viejo cascarrabias, esperan que se lo den todo hecho unas máquinas idiotizantes que anulan su fantasía y creatividad.
Víctor se dirige a sus nietos y les regala su testimonio de vida, confiesa que ha vivido y les habla de su infancia, de juegos tradicionales, canciones infantiles, tradiciones, del lenguaje perdido de las campanas, de remedios caseros, de novenas, rogativas y santos, de un mundo rural que se pierde, en definitiva, de sus raíces. Para conocer la melancolía de un pueblo es menester haber sido niño en él, correr y disfrutar por sus calles y de las infinitas posibilidades que ofrece su realidad.
Este Abuelos, contadnos cosas nos retrotraerá a nuestra infancia: esta o aquella melodía avivará el recuerdo desvanecido de juegos, travesuras infantiles e ingenuas trapacerías de pandilla. No faltará quien recobre el rostro olvidado de amigos, compañeros y maestros, o los detalles del callejero infantil de su pueblo poblado de carros, niños, perros y gatos, de corrales con gallinas, pavos, ovejas, cabras, cerdos, machos y mulas… Para otros será un descubrimiento, porque no es lo mismo leer las letras que solfear melodías o volver a jugar con la memoria. Este libro abre una ventana al mundo real, rural y agrario del que en mayor o menor grado procedemos. Víctor Sanz se niega a darle sepultura y quiere perpetuarlo, como debe ser, en la memoria de sus nietos, por eso comienza su libro visitando con ellos el cementerio donde están enterrados sus antepasados para honrarlos y recordarlos. Ha cumplido. Pasen, lean, canten y jueguen, disfrutarán como niños.
VÍCTOR SANZ, ABUELOS, CONTADNOS COSAS
viernes, 28 de junio de 2024
KIRSTEN FLAGSTAD, UNA VALQUIRIA EN EL PRECIPICIO
La valquiria se acerca al precipicio y lanza su grito de guerra: Ho jo to ho, y lo repite varias veces más. En la antigua mitología noruega, el papel de estas mujeres era el de llevar a los guerreros muertos junto a Odín, en el Valhalla, para esperar el día del juicio final —Ragnarok—, cuando lucharían al lado de los dioses. La propaganda nazi transformó a Brunilda, la protagonista de la ópera de Wagner, La Valquiria, en una Juana de Arco de la Alemania de Hitler. Estos mitos ancestrales se tornaron destructivos en sus manos y la “Cabalgata de las valquirias” se utilizó de manera consciente como música de fondo para una grabación que mostraba el ataque de la Luffwaffe a Creta —Coppola retomaría el tema para su mítica secuencia de Apocalypse now—. Hitler aprovechó su presencia en el imaginario colectivo germánico para justificar su guerra santa aria y en esta siniestra perversión encontraría Kirsten Flagstad, la soprano por excelencia en la historia de la ópera de las heroínas wagnerianas, su particular precipicio vital, su personal paradoja existencial: pasó de ser aclamada en todos los teatros del mundo antes de la II Guerra Mundial, a ser repudiada y perseguida a su conclusión. La biografía de la escritora y dramaturga noruega Ingeborg Solbrekken, Kirsten Flagstad. La voz del siglo, trata de explicar, aportando pruebas, cómo pudo llegar a producirse esa ruptura tan abrupta y violenta de gran parte del público, incluso en el de su propio país, Noruega, con la cantante.
Con el acierto y buen gusto propio de la editorial Fórcola, Javier Jiménez nos presenta en una impecable edición esta original biografía, traducida por Lotte K. Tollefsen, prólogo de Fernando Fraga y un esclarecedor aparato crítico de notas, que incluye decenas de códigos QR con la voz de la protagonista en sus diferentes periodos, junto con una elegante y bien escogida selección de fotos. Más allá del recorrido vital y profesional de la cantante noruega y del análisis de su voz, Solbrekken, como si de una novela de John le Carré se tratara, trata de explicar y dar respuesta desde la psicología y la historia a multitud de preguntas que trascienden lo meramente musical: ¿Qué relación mantuvo con su madre? ¿Cómo se produjo y cuáles fueron las causas de la conocida como “guerra de los saludos” con su pareja artística por excelencia, Lauritz Melchior? ¿Cómo se producen y explican las “proyecciones” del público con los artistas, esa exaltada y voluble identificación de las masas que en un momento dado pasa del amor al odio por un mismo personaje? ¿Qué relación mantuvo con el juego —los solitarios— y el alcohol? ¿Qué consecuencias tuvieron para la cultura en general y las vidas de los cantantes y músicos judíos en particular la locura nazi? A todo esto y mucho más responde esta excepcional biografía narrada con ritmo cinematográfico que complacerá tanto a los especialistas como a los no iniciados en la ópera. No les defraudará.
Ingeborg Solbrekken, Kirsten Flagstad, Madrid, Fórcola Ediciones, 2023.
Reseña publicada en el suplemento Artes & Letras del Heraldo de Aragón
jueves, 10 de febrero de 2022
FRANCISCO CALÉS, MÚSICA UNIVERSAL CON RAÍCES ESPAÑOLAS
El pasado año, con el apoyo económico del Gobierno de Aragón (Departamento de Educación, Cultura y Deporte) y la colaboración de la SGAE, se editaba un CD en el que se rescataba del olvido más absoluto la figura del compositor zaragozano Francisco Calés (1886-1957), poniendo a nuestra disposición sus dos sinfonías grabadas por el maestro y musicólogo José Luis Temes –Premio Nacional de Música– con la Orquesta de Córdoba y el excelente trabajo técnico de Javier Monteverde.
Más de cien años han tenido que pasar para que llegaran hasta nosotros las excepcionales composiciones del aragonés, perteneciente a la llamada “Generación de Maestros de Manuel de Falla y Joaquín Turina”, formado en Madrid bajo el magisterio, entre otros, de Tomás Bretón y Emilio Serrano. Se inició muy joven en la composición musical, pero ante la imposibilidad de vivir de ello, en 1913 ingresó en el Cuerpo de Directores de Música del Ejército, para el que compuso, entre otras obras, la famosa marcha militar legionaria, Tercios Heroicos. Hacia 1931 abandonó la milicia para dedicarse por entero a la enseñanza, de manera que a partir de 1942 fue profesor de solfeo del Real Conservatorio de Madrid.
Sus primeras composiciones fueron Rosignola, La fiesta de las rosas, Impresiones sinfónicas, el Scherzo en sol menor (estrenado en 1908 bajo la dirección de Bretón) y el Poema Helénico sobre Dafnis y Cloe. Además de las sinfonías objeto de esta reseña, dentro de su actividad compositiva destacan también su Misa solemne en Do menor, interpretada en la catedral de Madrid en 1913, y sus óperas, El miserere de las montañas (1913), Las sombras del bosque (1914), con la que obtuvo el Premio de Roma otorgado por la Real Academia de Bellas Artes, y La del pañuelo blanco, ópera en un acto premiada en el concurso del Estado del año 1924.
Las dos obras aquí presentadas son composiciones de juventud, la Sinfonía I es de 1912, con la que ganó el concurso del Círculo de Bellas Artes de Madrid y se estrenó en 1915, en el Teatro Price de Madrid, obteniendo un éxito importante. No así la Segunda, de 1916, que tuvo que esperar hasta el año 2010 para ser interpretada por primera vez por la Orquesta Sinfónica de Castilla-León bajo la dirección de José Luis Temes.
La Sinfonía I es un ejercicio de estilo tardo romántico en el que el compositor, dominado por el ímpetu juvenil de quien quiere mostrar todo su saber, con un primer y un último tiempo de largas dimensiones, manifiesta múltiples influencias que van desde la exaltación romántica de esa colosal apertura con violines del primero, “Allegro appasionato”, pasando por Brahms y Strauss –evidente en el segundo, “Adagio Molto”–, hasta llegar a Mahler en su final, “Allegro giusto”.
La Sinfonía II, mucho más personal y moderna, evidencia un Calés sin complejos que, seguro de su técnica, indaga –de forma tan misteriosa como increíble para un compositor español de su época–, en los caminos de la modernidad y las vanguardias, introduciendo y mezclando de forma prodigiosa resonancias de jazz, hasta el punto de que parece anticiparse en algunos momentos a la música de George Gershwin presente en las películas de Hollywood, que alcanza su apoteosis en un final brillante propio de las grandes bandas sonoras del mejor cine de los años cuarenta y cincuenta, pero sin olvidar los guiños al pasado hispanoárabe, ese estereotipo musical que podíamos denominar “Alhambrista”.
Ambas sinfonías muestran a un compositor con facilidad para la orquestación, melodista refinado con buen gusto y poderoso en la exposición de los temas, que en modo alguno renuncia a sus orígenes hispanos, de manera que podríamos afirmar que pretende hacer música universal sin renunciar en absoluto a sus raíces.
El trabajo de José Luis Temes –a quien debemos gran parte del análisis musicológico aquí presentado– al frente de la Orquesta de Córdoba es de enorme calidad, define con precisión los detalles e identifica y señala los planos sonoros de unas obras muy interesantes, que no merecían el castigo del ostracismo en el que se hallaban, y que estamos seguros se incorporarán con este extraordinario trabajo al repertorio de las orquestas nacionales, y esperemos que también de las internacionales.
jueves, 28 de octubre de 2021
PRESENTACIÓN DEL LIBRO DE JUAN VILLALBA, "TERUEL, OTRA DIMENSIÓN", EN EL CENTRO ARAGONÉS DEL PUERTO DE SAGUNTO
Raquel Esteban, amiga y directora gerente de la Fundación Bodas de Isabel, me dedicó estas emotivas y sentidas palabras en la presentación de mi libro en el Centro Aragonés del Puerto de Sagunto, a cuya directiva agradezco la invitación, de manera especial a su presidenta, Ángela. Como dijo MacArthur: "Volveré".
Queridos amigos:
Siento mucho no poder estar hoy con todos vosotros. En primer lugar por tener que acompañar de una forma demasiado virtual a mi admirado y querido Juan Villalba, y por otro, no poder compartir este espacio con tantos amigos, ahora que nos han “soltado”y podríamos casi, casi, abrazarnos.
En cuanto recibí la propuesta de esta presentación, y temiendo (como así ha ocurrido) no poder hacerla de forma presencial, me afané en prepararla para tenerla lista en cuanto llegara el momento.
Y aquí estamos.
Agradezco la presencia de todos y agradezco especialmente a Angela quien me dijo en su momento, que si yo no podía venir, prestaría su voz para mis palabras. Merci beaucoup, Ángela.
Ganamos mucho con esto, pues voy a sonar con un acento interesante y encantador.
Juan Villalba es una de esas piezas clave en al sociedad turolense. Amable y sencillo, con una cabeza muy bien amueblada, es uno de nuestros intelectuales más brillantes. Pero tiene un valor añadido: es una persona activa y colaboradora, capaz de pasar de las teorías y del mundo mental a la acción, incluso a lo folclórico y farandulero, sin perder nunca su elegante compostura.
No me veis, pero me estoy sonriendo ahora mismo, recordando una sesión de fotos en la que Juan era nada más y nada menos que Azagra, el pretendiente, y en esa escena ya marido de Isabel de Segura (la Amante de Teruel).
Inmortalizábamos el momento en que Diego había entrado a hurtadillas en la alcoba de los recién casados para pedir a Isabel ese beso que, por no recibirlo, le llevaría a la muerte, allí mismo, a los pies de la cama.
Esta escena forma parte de una exposición que, con toda probabilidad, llegará a este Centro antes de fin de año. Os reto a que encontréis a Juan, nuestro escritor de hoy, en una de las fotos. Como pista, sabed que lleva una crespina blanca, está en camisón, y parece que “ronca”.
Pero vayamos al tema que nos ocupa.
Me gustaría saber cuántos de los aquí presentes habéis estado alguna vez en Teruel, levantad la mano por favor.
Pues resulta que hay tantos terueles como manos levantadas. Además, para cada uno de vosotros Teruel es una cosa distinta. Puede ser el Torico (porque os costó encontrarlo), o el rico jamón de aquel restaurante, el olor a historia debajo de las torres mudéjares, un atardecer, la rejería modernista, el eco de los lugares donde estuvieron vuestros abuelos y familiares, o la ciudad transformada en las Bodas de Isabel. Tantos terueles como experiencias sobre él.
Entiendo que los que no habéis levantado la mano no habéis estado allí, pero seguro que cada uno se ha hecho una idea según lo que le han contado, ha leído o escuchado. O sea, otros tantos terueles ¡Qué lío, qué montón!
Pues bien, llega Juan Villalba y escribe un libro magnífico que nos hace modificar y enriquecer lo que creíamos conocer sobre esa ciudad.
Yo diría que más que un libro al uso, es una guía. Es un cuaderno de viaje que nos invita a recorrer Teruel, a descubrirlo y entenderlo de otra manera. Cada rincón, cada piedra, cada elemento ha sido vivido, leído, interpretado o contado por muchas personas a lo largo de la historia: periodistas, fotógrafos, cronistas, poetas y músicos han vivido la ciudad y la han reinterpretado, concediendo un valor añadido a cada uno de sus elementos.
A partir de ahora, no habrá otra forma mejor para pasearlo y comprenderlo, que teniendo como libro de cabecera la otra dimensión de Teruel.
Juan reúne en forma de crisol diferentes épocas y elementos. Desde el frío de la guerra civil, pasando por hechos históricos y legendarios que tienen que ver con la fundación de la ciudad; reyes, héroes y heroínas de la Edad Media; el Renacimiento en forma de fuentes y acueductos; las preciosas huellas de la época modernista y tantas producciones contemporáneas que dan hondura y valor a nuestra ciudad. Reúne todo eso y lo ordena en forma de rutas y recorridos por Teruel.
Os va a sorprender la erudición de Juan, y tanto o más la cantidad de personajes que han escrito, vivido y enriquecido nuestra ciudad con su huella en uno u otro soporte. Españoles y extranjeros, algunos de renombre, otros más modestos… circulan por las páginas decenas de personas, de nombres que ciertamente dan otra dimensión a esta ciudad.
De la mano de Juan paseamos y entendemos cada ruta desde un nuevo punto de vista. Un nuevo Teruel se abre ante nuestros ojos. Incluso para mí, que he nacido, vivido y soñado en estas calles y plazas, me presenta una nueva ciudad frente a la que creía conocer.
No voy a dar aquí más que un par de ejemplos que me han hecho gracia (él ya desvelará luego lo que quiera) al recorrer sus páginas.
Habla, por ejemplo, de la puerta al ascensor que conecta la estación de tren con el Óvalo. Él cree ver allí un episodio del mundo de Harry Potter, a mí siempre me ha parecido la entrada a un templo egipcio.
Otro detalle que viene al caso, ya que estamos en este Centro Aragonés que asume como parte de su identidad la Jota aragonesa. Juan se entretiene en una época gloriosa de la ciudad, la Modernista, cuando a a principios del siglo XX, Domingo Gascón reúne en un cancionero decenas de versos sobre los Amantes de Teruel. Parte de ese cancionero fue llevado a escena algo antes de la pandemia, en el teatro Marín de Teruel, en un precioso espectáculo con orquesta/rondalla, bailadores y cantadores denominado “El Tercer Amante”. Fue dirigido por vuestro/nuestro César Rubio, tan vinculado a este Centro, y con él aprendimos nuevas cosas sobre la Jota, a través de las coplas que compusieron los mejores escritores del país a principios del siglo XX.
La lectura del libro ha cambiado mi Teruel. He empezado a diseñar mis paseos de siempre desde otra dimensión, ayudada por la guía que Juan propone. Y a menudo me acompaña un regalo que el autor nos hace al final del libro. Se trata de una serenata con aire jotero que siempre me emociona.
Compuesta por los hermanos Martínez Garcés, es una de las cosas más bonitas que he escuchado y que trasmite con mirada propia, la contemplación de mi ciudad.
“Trajo la aurora su color, y el beso cálido del sol la despertaba.
Junto a la torre de San Martín que se asomaba, yo la vi, de una ventana.
Tras su mirada, se fue mi vida y mi razón.
La ciudad de los Amantes
cautivó mi corazón”.
Gracias Juan.
(Me gustaría mucho que sonara este tema cuando acabe el acto, si fuera posible, y os parece bien)
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