LA DANZA COMO
DESTINO: IN MEMORIAM DE CARMELO ARTIAGA MIALDEA.
Con profundo dolor y una emoción difícil de expresar, los miembros del Consejo Directivo de la Academia de las Artes del Folclore y de la Jota de Aragón hemos despedido recientemente a Carmelo Artiaga Mialdea, fundador y primer presidente de la institución, bailarín, coreógrafo y maestro irrepetible. Figura capital de la danza aragonesa contemporánea, fue también uno de los grandes nombres de la Jota en su proyección artística, pedagógica e internacional.
Recuerdo con especial emoción cómo Carmelo quiso que uno de los primeros actos de la Academia se celebrara en Teruel. Aquel gesto no fue casual ni meramente protocolario. Consistió en el nombramiento en el año 2018 de los músicos vigueses Carlos Núñez, Xurxo Núñez y Pancho Álvarez como los primeros Académicos de Honor de la institución, en un acto solemne celebrado en el Círculo de Recreo Turolense. La investidura precedió al concierto-presentación La Hermandad de los Celtas, que pudo disfrutarse esa misma jornada en el Teatro Marín. Aquella iniciativa resumía bien su manera de entender la cultura: tejer redes, crear vínculos y unir tradiciones, haciendo dialogar los folclores más allá de fronteras y acentos.
Nacido en Zaragoza, tras pasar su infancia en París, su vida estuvo entregada desde muy temprana edad a la danza, entendida no solo como disciplina artística sino como forma de conocimiento, de identidad y de diálogo entre culturas. Su formación comenzó en el Folclore Aragonés y la Escuela Municipal de Jota de Zaragoza entre 1971 y 1976, donde se fraguó un vínculo indisoluble con la tradición que nunca abandonaría y que más tarde sabría enriquecer con una visión abierta, rigurosa y profundamente contemporánea. En este campo se forjó bajo la guía de maestros esenciales: Andrés Cester Zapata, Angelita Vidal y Felisa Sevillano Querol, de quienes heredó no solo técnica, sino una manera de entender la danza como memoria viva. Formó parte del Grupo Folclórico Nobleza Baturra, donde el rigor y la tradición marcaron su carácter artístico. Más tarde asumió la dirección de la Escuela Municipal de Danza Villa de Tauste, convirtiéndola en un espacio de aprendizaje y transmisión. En 1990 dio un paso decisivo al crear su propia compañía de danza, con la que inició un camino personal de investigación, creación y compromiso con el folclore aragonés.
A partir de ahí, su trayectoria formativa fue tan extensa como exigente. Se formó en ballet clásico, contemporáneo y danza española en Zaragoza, Madrid y Palma de Mallorca entre 1977 y 1986, de la mano de maestros y maestras fundamentales como Carmen de la Vega, Almudena García Lobón, Isabel Pérez, Mona Belizán, Ana y Emma Maleras, Renée Gerard, Luis Fuente, José Espadero, Juanjo Castaño o El Güito. Amplió estudios en la Escuela de María de Ávila (1981-1983) y fue becado por la Escuela del Bolshói de Moscú entre 1983 y 1986, una experiencia decisiva que marcaría su concepción del rigor técnico y del escenario como espacio de verdad artística.
Completó su formación en el Conservatorio Superior Óscar Esplá de Alicante, donde cursó las carreras de Danza Clásica y Danza Española, y se especializó en danza contemporánea y afrocubana en el centro de Karen Taft en Madrid. A ello se suman estudios de anatomía de la danza en Toulouse, cursos de danza de carácter, clásico español, jazz, técnica Fosse, así como una incesante curiosidad por todos los lenguajes del movimiento. Esta sólida y plural formación lo convirtió en un artista total y en un pedagogo excepcional.
Su carrera escénica fue igualmente deslumbrante. Debutó como solista en el Teatro Argensola de Zaragoza, actuando posteriormente en numerosos teatros españoles. Fue solista del Ballet Folclórico Nobleza Baturra entre 1976 y 1981 y participó en más de 450 programas de televisión en España y en el extranjero, en espacios tan emblemáticos como Aplauso, Gente Joven, Un, dos, tres (versión holandesa) o los grandes especiales de Nochebuena y Nochevieja de TVE.
En 1983 formó parte de la Antología de la Zarzuela que acompañó a la Comisión Cultural Española en la histórica visita de los Reyes de España a la URSS, actuando en Moscú, San Petersburgo, Samarcanda o Dushambé, ciudades que más tarde lo nombrarían Hijo Adoptivo. Un año después, coreografió la bienvenida oficial a Sus Majestades en el aeropuerto de Moscú, un gesto que simboliza el reconocimiento internacional a su talento y profesionalidad.
Fue primer bailarín en giras internacionales, coreógrafo de grandes producciones escénicas, creador incansable de espectáculos como El amor brujo, Yerma, La forja de un rebelde, La ley del deseo, Zaragoza, ciudad de las estrellas, la gala LOVE, estrenada en el Teatro Principal de Zaragoza en 2020, y el homenaje a la jota, en colaboración con la pianista Marta Vela, Un arte llamado jota. “De Principal Belleza”, estrenada también en el Principal en 2024. Dirigió y coreografió eventos de enorme impacto artístico y social, como la gala Somos, y colaboró como coreógrafo y estilista de moda con firmas de primer nivel internacional.
Paralelamente, desarrolló una intensa labor docente y de dirección artística: fue profesor de danza durante décadas, director de la Escuela Municipal de Danza “Villa de Tauste”, formador de gimnastas de alta competición y referente pedagógico para varias generaciones de bailarines y bailarinas, siempre desde la exigencia, la pasión y el respeto absoluto por el oficio.
En 2017 culminó uno de sus grandes sueños: la fundación de la Academia de las Artes del Folclore y de la Jota de Aragón, institución que presidió hasta su fallecimiento y desde la que trabajó incansablemente por la dignificación, el estudio, la difusión y el futuro de la Jota, entendida como patrimonio vivo, abierto al diálogo con otras artes y otras culturas. Su visión, su liderazgo y su amor por Aragón han quedado inscritos para siempre en la historia de nuestra danza.
Reconocido
con más de 24 premios nacionales de
danza, tres premios de folclore en Gente Joven de TVE, dos
premios nacionales de traje antiguo y numerosos homenajes dentro y fuera de
España, su legado artístico es tan vasto como imborrable. Era también Miembro
del Consejo Internacional de la Danza CID —UNESCO — París.
Con su muerte, la danza aragonesa —y la Jota en particular— quedan huérfanas de una de sus figuras más luminosas. Nos queda, sin embargo, su ejemplo: una vida entregada al arte, al rigor del trabajo bien hecho y a la firme convicción de que la tradición solo pervive cuando se ama, se estudia y se proyecta con decisión hacia el futuro.
Siempre en nuestra memoria




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