CASABLANCA

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FOTO DE GONZALO MONTÓN MUÑOZ

domingo, 17 de abril de 2011

LOS AMANTES DE TERUEL EN EL CINE

 Si exceptuamos la película del francés Raymond Rouleau, Les Amants de Teruel,  nunca se les ha dedicado a nuestros Amantes una gran película, y su historia se ha diluido en intentos frustrados de llevarla al cine. Rastrear su huella en la cinematografía nacional así nos lo confirma.
En 1912, Ricardo Baños realiza para la Hispano Films  Los Amantes de Teruel, un cortometraje basado en el drama de Juan Eugenio Hartzenbusch.
Habrá que esperar hasta 1958 para encontrar una segunda referencia fílmica relacionada con nuestra historia de amor. Ese año, el británico realizador Michael Powell rueda Luna de miel (Honey moon), una coproducción hispano-inglesa (Cesáreo González y Everdene Limited), basada en un guión original del singular actor y ocasional guionista, Luis Escobar, con el que colabora el propio director. La película pretende mostrar los encantos de las tierras de España con fines turísticos, de esta forma presenta una delirante fantasía cuya acción se condensa en una débil trama: un matrimonio inglés pasa su luna de miel en España visitando los lugares más atractivos del país hasta que la joven recién casada, papel representado por la actriz y bailarina rusa Ludmila Tcherina, se enamora del bailarín español Antonio, surgiendo entre ellos un amor imposible. Como se puede observar, se trata de un pretexto temático para exaltar y enaltecer el baile español, los monumentos y los paisajes patrios, todo ello construido sobre la música de Manuel de Falla (“El amor brujo”, según el libro de Gregorio Martínez Sierra y coreografía de Antonio) y Mikis Theodorakis, quien compone el leit-motiv de la película (después sería interpretado por cantantes de la talla de Gloria Lasso o Marino Marini) y la música para una larga secuencia final en la que tiene lugar la dramática coreografía, debida a Leonide Massine, en la que se describen los amores imposibles de Isabel de Segura (Ludmila) y Diego de Marcilla (Antonio). Como se constata en una carta dirigida a la Diputación Provincial de Teruel por el todopoderoso productor del momento, Cesáreo González, en abril de 1958, algunas escenas de la película se rodaron en “varias carreteras y lugares de la provincia de Teruel”, razón por la cual solicitaba los oportunos permisos y ciertas facilidades de las autoridades provinciales, si bien es verdad que la comentada danza final tiene lugar en un Teruel imaginario de cartón piedra.
Como señala Javier Aguirre , "tan satisfecho quedó Theodorakis de esta música [se refiere a la de Luna de miel], que al año siguiente compuso un ballet sobre el tema. Se iba a titular Isa, pero acabó llamándose Les Amants de Teruel. Se estrenó en el teatro Sarah Bernardt (hoy Thêatre de la Ville) en París con rotundo éxito, también con la Tcherina como primera actriz. A la vista de la repercusión del espectáculo, el director de escena Raymond Rouleau decidió hacer una película argumental sobre el tema”.   
 Efectivamente, en 1962, el realizador belga Raymond Rouleau filma una adaptación muy libre y actualizada de la historia de amor turolense, interpretada en sus papeles principales por Ludmila Tcherina, René-Louis Laffargue y el bailarín checo Mirko Sparemblek, con Claude Renoir –hijo del mítico Jean Renoir- como director de fotografía. El resultado es un original musical de intenso dramatismo, surrealista y simbólico, en el que se recurre al  especular juego barroco del teatro dentro del teatro, del sueño dentro de la ficción. Así, de esta forma, una troupe de artistas callejeros representan en la ficción la trágica historia de amor de los Amantes de Teruel que ellos viven también en la vida real.  Como nos descubre el citado Javier Aguirre, dos temas de la película fueron interpretados y grabados por Edith Piaf en los últimos años de su carrera.
El film alcanzó un notable éxito en Francia, Inglaterra y Estados Unidos, mientras que en España pasó prácticamente desapercibido; sin embargo, en nuestra ciudad sí se tuvo noticia de su realización y, dada la mentalidad de la época, la onírica adaptación de Rouleau causó cierto malestar, como se recoge en las siguientes declaraciones del periodista y realizador turolense Clemente Pamplona, quien al ser preguntado por el proceso de filmación de la película francesa contesta: “Lo conocía y puse en antecedentes a nuestro Ayuntamiento. Supe de él cuando todavía era simple proyecto. Y con más extensión cuando la película estaba filmada y a punto de estreno. Lo mismo con anterioridad, protesté contra una película, esta vez española, en la que se desfiguraba la historia de nuestros Amantes con tan mala sombra como lo han hecho los franceses, hablo de Luna de miel". La apreciación de Clemente Pamplona responde a los gustos cinematográficos impuestos en la España franquista, poco proclives a asumir una lectura distinta de la histórica de cartón piedra tan del cine español del momento, absolutamente distante de la visión surrealista y onírica planteada por Roleau, cuya película, a nuestro juicio, es excelente.
En este orden de cosas, debemos significar que el citado director turolense y el prestigioso guionista de  Mora de Rubielos, Jaime García Herranz, habían trabajado durante más de dos meses, a principios de los años cincuenta, en la elaboración de un guión sobre la historia de los Amantes de Teruel.  Una vez escrito,  visitaron a Navascués, a la sazón presidente de los importantes estudios Chamartín, quien, aunque manifestó su deseo de producirlo (se llegó, incluso, a  pensar como posible director del film en Ladislao Vajda), no llegó a hacerlo al cruzarse en su camino Marcelino, pan y vino (1954), el éxito más clamoroso de sus estudios.
En esta línea de proyectos truncados, debemos señalar la del guionista valenciano Ricardo Blasco Laguna, quien en una entrevista publicada en Triunfo (1-06-1950) reconoce estar trabajando en un proyecto sólido sobre los Amantes de Teruel y dice textualmente: “No me gusta hablar hasta que puedo decir algo concreto. Ahora hay ese algo concreto. Voy a llevar al cine a don Juan Diego Martínez Garcés de Marsilla y a doña Isabel de Segura…”  Desconocemos las razones, pero tampoco se llevó a efecto.
Todavía en 1962 alberga Clemente Pamplona la esperanza de ver materializado para la pantalla grande su proyecto, como demuestran las siguientes explicaciones: “Las distintas productoras con las que he trabajado no se sintieron con fuerzas económicas suficientes para acometer la película. He hecho algunas gestiones en el extranjero, estuve a punto de ligar una coproducción con la Titanus, de Roma, la empresa más poderosa del cine italiano, pero con tan mala fortuna que por aquellas fechas comenzaba Castellani su Romeo y Julieta y la Titanus estimó, no sin razón, que no era conveniente lanzar dos títulos con tema, sino igual, sí en la misma línea argumental” Continúa exponiendo su intención de rodar el proyecto con el productor Ángel Santacruz y manifiesta  que “la película es cara, tiene un presupuesto de 20 millones de pts. Nuestras fuerzas económicas no llegan, ni mucho menos a esas cifras. Intentaremos conseguir un par de aportaciones extranjeras…” Parece ser que nunca se lograron.
En 1963, José Luis Pomarón filma para Moncayo Films un documental turístico histórico artístico de once minutos de duración dedicado a la obra del escultor Juan de Ávalos titulado Teruel la ciudad de los amantes (Teruel, ciudad de los amantes).
En 1989, el realizador Víctor Lope rueda el cortometraje experimental Amante de Teruel, que según confiesa el propio Lope tiene poco que ver con la tradición amantista, simplemente trata de “alguien que ama a Teruel y que mantiene una especie de soliloquio, donde no hay música, sólo hay algunas pequeños efectos sonoros sobre una colección de imágenes que había ido seleccionando de toda la provincia" .
Como se observa, nuestra historia de amor y sus protagonistas siguen esperando su gran película. Nosotros la vemos en dibujos animados, en una superproducción al estilo Walt Disney.´


La historia en fotografía la ha escrito DIEGO HERNÁNDEZ Y FUNDACIÓN BODAS DE ISABEL

jueves, 14 de abril de 2011

PEDRO PABLO VICENTE MONZÓN. MAESTRO DEL SIGLO XIX.

Portada del libro publicado en 2006
Pedro Pablo Vicente Monzón (Sarrión, 1826-Teruel, 1874) fue maestro, pedagogo, impresor, escritor (fundamentalmente de libros de carácter educativo: Explicación del sistema métrico decimal; Ortografía castellana. Escrita para los niños; Exposición de la teoría del solfeo; Nociones pedagógicas para la dirección de las escuelas elementales de niñas; Método racional de lectura, etc.) periodista y político (llegó a ser diputado por el partido Republicano en las Cortes de 1873). Desde su revista La Concordia (1856-1873), decana en su momento del Magisterio Nacional, luchó con denuedo por dignificar la profesión de maestro, defendiendo infatigablemente sus derechos.
Pedro Pablo Vicente fue un republicano convencido, íntimo colaborador de Víctor Pruneda. Desde esta opción política planteó soluciones económicas de diferente índole encaminadas a mejorar la postración material de nuestra provincia y a ofrecer, desde su ideología, salidas a la corrupción de las clases dominantes y a la falta de ilusión colectiva de sus habitantes.
            De alguna manera, sus escritos nos presentan a un claro precursor de los regeneracionistas finiseculares de nuestra tierra. Su pensamiento, como el de éstos, parte de una clara conciencia de atraso económico que lleva a formular toda una serie de medidas económicas: creación de riqueza mediante la optimización de las explotaciones agrarias (riego, mecanización, abonos, formación…); mejoras en las condiciones de comercialización (caminos, ferrocarriles…); explotación de los recursos minerales, industrialización, etc. Así, por un lado, denunció el inmovilismo del agro turolense, tanto por su apego a la agricultura tradicional, como por su  desprecio a las nuevas técnicas, defendiendo la modernización del campo en todos sus órdenes, anticipándose a las tesis que algún tiempo después propugnaría en el Bajo Aragón la personalidad de Santiago Viella Jassà. Por otro, de igual forma, denunció la situación de aislamiento de la provincia con respecto a los puntos más desarrollados del Estado, situación agravada por la inexistencia de unas mínimas comunicaciones provinciales, circunstancia que asfixiaba la explotación de nuestros recursos minerales, del campo turolense y la creación de cualquier tipo de industria, por ello defendió con pasión la necesidad imperiosa de que el ferrocarril cruzase nuestro territorio, así como también la mejora de sus vías carreteras, anticipándose en estas reivindicaciones a la figura de Domingo Gascón e, incluso, a la del movimiento ciudadano Teruel Existe.
Su labor más intensa la desarrolló en pro de Magisterio Español instaurando una prensa pedagógica comprometida con la defensa de los intereses de los maestros que pretendió, por un lado, dignificar la profesión y, por otro, denunciar los abusos e injusticias que, sistemáticamente, sufrían en España, proponiendo, a su vez, medidas para la mejora de sus condiciones económicas, sociales y laborales (su revista La Concordia contiene el repertorio más completo de legislación y jurisprudencia educativa promulgado desde 1856 hasta 1873). En este campo, su testigo lo recogió Miguel Vallés, figura señera también del periodismo de Instrucción Primaria, quien durante más de treinta años se dedicará a la dirección de revistas profesionales en Teruel.
En el terreno pedagógico defendió siempre una metodología extrañamente moderna para su época, basada en el estímulo de la intuición del niño, comprensiva, activa y práctica.

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miércoles, 13 de abril de 2011

UNA HISTORIA DE COJONES

Hace ya quince años, escribí para la Peña el Despadre un artIculito (publicado en el programa de la Peña de aquel año 1996) en el que les brindaba dos ideas y en una de ellas les proponía que instituyeran un premio, "El cojón de Oro", para premiar a alguna personalidad destacada de nuestras latitudes. Me hicieron caso y el premio se creó. En la actualidad no sé si todavía continúa, pero yo asistí en sus primeras ediciones a la entrega. Para argumentar esta idea, divagaba sobre la simbología del escudo de la Peña de la siguiente manera: "La segunda idea nos la brinda la glándula genital del macho -cojón-, que en individuo bien constituido se presenta formando par -cojones-, como en el caso de nuestro escudo, que contiene dos magníficos ejemplares como los del "cura de San Segundo que no los hay iguales en todo el mundo", o los del "cura de Villalpando, los llevan cuatro bueyes y van sudando" o los del "cura de almendralejo, le pesan veinte arrobas sin el pellejo". No sólo el folclore se ocupa de tan importante glándula, sino que nuestro premio Nobel y académico D. Camilo José Cela, le dedica todo el volumen primero de su Diccionario secreto, demostrando fehacientemente que cojón es una palabra polisémica de las más ricas de nuestro idioma. Al respecto, obsérvese la existencia de múltiples expresiones cuyo núcleo central es la mencionada gónada y reflexiónese sobre sus posibles significados, así: tener cojones, tocarse los cojones, poner los cojones sobre la mesa, cortarse los cojones, salirle de los cojones, o no salirle -que es lo más habitual-, por cojones, con cojones, le cuelgan, se los pisa, etc. (Para más información remitimos al siguiente enlace: FRIKIPEDIA. Véase también: http://www.laventanita.net/humor/Chistes.asp?Codi=637)
También sus sinónimos son muy variados: testículo, huevo, criadilla, turma, bola, cocos, dídimo, agalla, argamandijo, bemoles, y tantos más. Sus derivados son también innumerables y de múltiples significados: acojonado, acojonador, acojonamiento, acojonante, acojonar, acollonar, cojón, cojona, cojonada, cojonazos, cojonera, cojonudamente, cojonudo, cojudo, cojuelesco, collón, collonada, collonera, coyol, coyón, descojunanción, descojonado, descojonamiento, descojonante, descojonar, entre otros muchos [...]" Y luego continuaba con otras historias. Bueno, por hoy ya vale.

lunes, 11 de abril de 2011

IGNACIO MARTINEZ DE PISÓN, "DIENTES DE LECHE"

SECRETOS Y FASCISMOS COTIDIANOS

Ignacio Martínez de Pisón
               
Cuando visito el cementerio de mi pueblo, Sarrión, acompañado por mi padre, al salir y contemplar en uno de sus muros la placa conmemorativa en recuerdo de los muertos de la división italiana CTV “Littorio”, siempre, invariablemente, me dice: “Corrieron y los cazaron como a conejos”. Arrumbadas en el osario, como cartas de una baraja olvidada, decenas de toscas lápidas con nombres italianos corroboran sus palabras. El comportamiento poco épico, casi antiheróico de estos soldados en nuestra contienda es ya un lugar común, seguramente, como toda generalización tendrá numerosas excepciones, pero lo cierto es que en su inmensa mayoría vinieron huyendo de la miseria, engañados por su propio régimen, para descubrirse perdidos en una guerra que no era la suya, anhelando el regreso a su tierra y con su gente, o, lo que fue peor, encontrar la muerte. Raffaele Cameroni, el patriarca de la familia protagonista de la última novela de Ignacio Martínez de Pisón, Dientes de leche, bien pudo ser uno de ellos, si bien él decide abandonar por completo su pasado en Italia y aprovechar la victoria fascista en España para construirse un futuro de triunfador al lado de los vencedores. Así, se casará con Isabel, una mujer desesperada que necesita su mediación para salvar la vida de su padre. De esta forma, el fascismo irrumpirá en su mundo y ejercerá su tiranía en todos los órdenes de su vida, incluso en las cosas menores, en esos “secretos pequeños e inofensivos que le pertenecían sólo a ella”, como esos “dientes de leche” de sus tres hijos, que guardaba celosamente como un auténtico tesoro y que no lograrán escapar del dominio de su marido.
            En Dientes de leche, Martínez de Pisón dibuja con mano maestra un gran fresco de la historia de España durante tres generaciones: la de la guerra civil y la posguerra en la que prospera en lo material Raffaele Cameroni, aprovechando su condición de triunfador y el estraperlo, pero se degrada en lo personal al convertirse en un fascista de lo cotidiano. La del aperturismo franquista de los años sesenta en la que su hijo mayor, Rafael, descubre el secreto oculto en el pasado de su padre desatando su odio y su  afán de venganza. La del advenimiento de la democracia, en la que Juan, su nieto, con la distancia que da el paso del tiempo, rechaza el fascismo de su abuelo como conducta vital de una manera más natural, sin odios, desprecios ni inútiles afanes revanchistas.
            No cabe duda de que Dientes de leche es una crónica social y política de la España de posguerra hasta los años ochenta; sin embargo, por encima de los grandes acontecimientos históricos, presentes como telón de fondo, a Martínez de Pisón le preocupan más los acontecimientos cotidianos, la historia de los pequeños hechos,  la intrahistoria de la familia Cameroni, por utilizar un término unamuniano.
Mediante una estructura clásica (un prólogo, un epílogo y dos extensas partes), un narrador omnisciente nos da a conocer lo que piensan y sienten los personajes, seres con una enorme intensidad psicológica, en especial los femeninos, Isabel y Elisa, un mismo personaje en dos épocas distintas, dos víctimas de una misma causa: el fascismo de Raffaele que intoxica sus vidas, sus realidades cotidianas, que no puede permitir la existencia de espacios personales ajenos a su poder. De esta manera, sin alardes ni vanas ostentaciones literarias, pero con la precisión de un orfebre de la realidad, Martínez de Pisón nos describe la complejidad de las relaciones humanas, el laberinto sentimental de unos personajes que recurren a la mentira y a la máscara como forma de relacionarse, que se aman y se odian, que se buscan y rechazan, que se vengan y perdonan, que persiguen la felicidad y su mismo anhelo es la causa de su infelicidad... En suma, hombres y mujeres al fin en el perpetuo conflicto de existir, a los que la vida se les revela como una continua contradicción entre la libertad y la seguridad, el amor y la independencia, los sueños y la realidad.
Dientes de leche es una novela resumen de la obra literaria de Martínez de Pisón hasta la fecha: como ya ocurriera en novelas anteriores, la ambienta en su Zaragoza natal (espacio tratado como un personaje más); presente está su particular sentido del humor, socarrón y corrosivo, cuando no tierno y amable (elemento desdramatizador necesario en numerosas ocasiones); también encontramos sus temas preferidos: la crueldad, la dominación, la problemática de la identidad y, en especial, su tema principal, recurrente en toda su novelística: el ocultamiento permanente de los personajes de una realidad íntima y personal, bien en forma de pequeños secretos necesarios para mantener un espacio privado e inalienable que no conviene violar, o bien en forma de un secreto inconfesable oculto en un pasado que condiciona de manera inevitable el presente.
            Dientes de leche es un trozo de realidad hecho novela: el amor, el odio, la mentira, el miedo, los secretos, la culpa, la venganza y la redención son los ingredientes, como los de la propia vida, de una novela compleja y ambiciosa de apariencia sencilla y clásica; una novela cuidada y muy bien construida con un lenguaje ajustado y preciso con la que el lector más exigente sin duda disfrutará.
                IGNACIO MARTÍNEZ DE PISÓN, Dientes de leche, Barcelona, Seix-Barral, 2008.






viernes, 8 de abril de 2011





EL MUDÉJAR TUROLENSE EN LA MEJOR PELÍCULA DEL MUNDO.

Por desgracia, el expolio de nuestra tierra no se ha limitado única y exclusivamente a las materias primas, también en el mundo del arte se han cometido numerosas tropelías, entre las que cabe destacar la pérdida de varias techumbres mudéjares. En 1959, el profesor Santiago Sebastián documentaba, entre otras evasiones flagrantes de elementos artísticos turolenses, la venta de tres techos mudéjares (el estilo corresponde al gótico lineal de mediados del siglo XIV) a coleccionistas norteamericanos: Myron Taylor, George Steedman y el conocido magnate, William Randolph Hearst. Al mismo tiempo comentaba la existencia en paradero desconocido de una cuarta techumbre, la más rica y preciosista,  conocida como la de la “Casa del Judío” (en la actualidad sería la casa que forma esquina con la de la calle Ambeles), y que el arqueólogo Juan Cabré describía en 1910 de la siguiente manera: “Dicho edificio fue alcázar de Alfonso V el Magnánimo. Con motivo de celebrarse cortes en Teruel en 1425 ordenó dicho monarca la restauración de su Palacio Real por hallarse en ruinas y seguramente data dicho artesonado de esta época (...) Hoy convertido el edificio para morada de un humilde tejedor en el que ha asentado su taller, solo conserva de su época más noble el artesonado (...) Se le conoce hoy como la casa de la Judería y se halla en la calle del mismo nombre (...) El artesonado constituye una techumbre completamente plana decorada en toda su extensión por las gruesas vigas sobre dobles zapatas; sobre estas vigas descansan las longitudinales del techo que aparece entre ellas y ornado de estrellas entrantes y casetones todos policromados; esta policromía se destaca sobre fondo dorado.”
En 1985, el arquitecto José Miguel Merino, en un completo y documentado estudio, casi policíaco, desentrañaba una pequeña parte de la sórdida historia del comercio ilegal de arte español, la correspondiente al tratante Arthur Byne, y nos descubría que la citada techumbre de la “Casa del judío” se encuentra hoy día en el llamado “Morning Room” o “Hall”, en la planta baja, junto al comedor, de la Casa Grande del Castillo de Hearst en San Simeón (California). La otra techumbre adquirida por el millonario norteamericano, conocida como “techumbre de Teruel” o “techumbre B-14”, cubre desde 1926 el dormitorio del propio Hearst.
              Quien haya visto Ciudadano Kane  recordará su enigmático comienzo: un hombre que sostiene una bola de cristal pronuncia una palabra, Rosebud, y muere. Se trata de Charles Foster Kane, protagonista de la película, que acaba de ser abandonado por su segunda mujer. Después, un noticiario da cuenta de la personalidad del multimillonario, de su imperio económico, su cadena de diarios, emisoras y fábricas. De sus ambiciones políticas, finalmente frustradas. De su vida sentimental con Emily Norton, sobrina del presidente de los Estados Unidos con la que se casó. Y de su idilio con una atractiva cantante, para quien construyó un teatro de la ópera. Todo se sabe de Kane menos una cosa ¿qué significa Rosebud, la palabra que pronunció justo antes de morir? Un periodista inicia una investigación al respecto, entrevistado a todas aquellas personas allegadas al fallecido. Los diferentes  flash-back conforman un prisma que permite acercarse a la verdadera historia de Kane, pero no disipar su secreto,  si bien la película se cierra descubriendo al espectador atento que Rosebud es el trineo que el pequeño Kane abandonó sobre la nieve cuando se vio obligado a dejar su hogar para iniciar una vida plagada de éxitos profesionales y fracaso personal. Rosebud no es más que el símbolo de todo aquello que no se puede comprar con dinero: la felicidad del juego infantil, el calor del hogar, el amor materno, etc.
         Ciudadano Kane es la biografía no autorizada de William Randolph Hearst (Welles filma esta genialidad a los 25 años y pese a contar con nueve nominaciones para el Oscar sólo consiguió uno, al mejor guión, fue el principio del fin de Welles en Hollywood, Hearst se encargó de ello) y su fastuoso paraíso artificial denominado en la película “Xanadu” es San Simeón, el rancho de Hearst que Edgar Neville, el director de cine español y amigo del magnate, describía en su momento de la siguiente manera: “La casa era una antigua iglesia colonial española, llevada allí en su mayor parte. Tenía un salón enorme y un comedor con una mesa como para un centenar de personas. Todo ello cubierto por inmensos tapices flamencos y franceses del siglo XVI y del XVII, como los de palacio. Los muebles, los cuadros y la plata eran antiguos, la mayor parte comprados en España por el coleccionista Mr. Byne para Hearst. Luego había dos pisos con las habitaciones de los dueños y las de invitados, todas amuebladas y decoradas con el mayor lujo. En el inmenso jardín había varios palacetes para más huéspedes. Al entrar en no de ellos se encontraba uno con el Niño del pajarito, de Goya; con la mesa en que se firmó el tratado de Viena o con la cama del cardenal Richelieu...”
         Una de las muchas singularidades de Ciudadano Kane es la presencia de techos en los decorados, hasta ese momento poco o nada frecuentes en las películas, debidos a los aberrantes y constantes contrapicados que pueblan el film, de esta forma, en la secuencia anterior a la muerte de Kane, la del arrebato de furia del protagonista tras ser abandonado por su mujer, podemos apreciar una reconstrucción de una techumbre de madera decorada con motivos animales y una puerta con una estrella mudéjar. Tras su muerte se realiza un inventario de los bienes del magnate y se cita explícitamente en la película la presencia de “tres techos españoles”, dos eran, sin duda, los de Teruel.


                  Techumbre de  la Casa del Judío de Teruel en Xanadu






lunes, 4 de abril de 2011

MORUCHA. LA CANCIÓN DEL AÑO 1932 EN ESPAÑA

MORUCHA (1932).
                          Morucha fue la canción del año 1932 y se gestó así: Juan García se presentó en la casa de su amigo el compositor Juan Quintero con una cancioncilla bajo el brazo para musicar: “He hecho esa letra para una canción. A ver que te parece”. El maestro Quintero lee:
   “No sé qué tienen tus ojos,
que al mirarlos me dan frío,
miedo me causan tus ojos
y en tus ojos yo confío.
   Negros son como la noche
 y más negros que mi pena,
sólo mirándome en ellos
quisiera morirme, nena.

   ESTRIBILLO
    Morucha,
Morucha divina,
Clavel tempranero.
   Quisiera,
Quisiera en tu boca
Besarte el primero.
   Cantarte,
Cantarte muy quedo,
Decirte me muero,
Bocucha de rosa,
Clavel tempranero.
**************
   En la luz de tu mirada
He quedado prisionero,
No quiero que me rediman,
Pues no es cárcel, es un cielo.
   Y si muero desterrado,
Y si al fin debo dejarte,
al morir, Dios me conceda
tus ojos poder mirarte.


            Al día siguiente, Juan Quintero se pone manos a la obra, se le ha ocurrido una melodía. Se acerca al piano y toca los compases que en su mente, de pronto, por  no se sabe qué misterioso impulso, han surgido. Le gusta y llama a su amigo. En Madrid es primavera y pronto en toda España se verá florecer los árboles al ritmo de “Morucha”, que se constituyó en un éxito sin precedentes.
La estrenó el propio Juan García, el 26 de marzo -sábado de Gloria-, en el cine Rialto, de Madrid, como fin de fiesta tras el estreno de la película  El Danubio Azul, el delirio fue tal, que se vio obligado a repetirla tres veces, acompañándolo el público al cantar el estribillo. En este local permaneció con sesiones diarias hasta el 2 de abril. Después actuaría hasta el día 18 del mismo mes en el cine Royalty.
            Comenzó así un éxito que había de durar años. No había tenor, cantante u orquesta que no llevase la canción en su repertorio (entre otros muchos, la han cantado y grabado Alfredo Kraus y  Carreras). Las ediciones se multiplicaron, hasta el punto de que Juan Quintero llegó a componer una versión en tango que cantó la misma Imperio Argentina.
                                           Morucha, interpretada por Juan García (1932)


                                           Morucha, interpretada por Alfredo Kraus (1984)
                                          Morucha, versión tango interpretada por Imperio Argentina (1933)
                                           Morucha, versión japonesa de Noriko Awaya (1934)

                                       

                                       Morucha, versión del tenor polaco Stefan Witas (1934).