Buñuel, Lorca, Dalí: el enigma sin fin o la importancia de un buen título
Otra de las características más destacadas de la obra de Agustín es su gran capacidad de síntesis unida a una enorme precisión y claridad expositiva, ambas cuestiones se ejemplifican a la perfección en los atractivos títulos de sus libros, verdaderos modelos de cómo titular con gancho a la vez que se anticipa y resume en ellos la esencia de su contenido. Como muestra este botón, Buñuel, Lorca, Dalí: el enigma sin fin, con el que obtuvo en 1988 el prestigioso premio de ensayo “Espejo de España” de la Editorial Planeta.
Título redondo y preciso con el que invita al lector a recorrer en su compañía la trayectoria vital y profesional de las tres personalidades del mundo de la cultura más grandes que ha dado España en el siglo XX y adentrarse en el laberinto de su turbulenta amistad para intentar resolver el misterio de sus complejas personalidades y de sus obras, en las que se puede rastrear cómo los tres "amigos se acechan e interpelan a través de sus producciones respectivas", confeccionadas en determinados momentos a base de estímulos de profunda amistad, rivalidad e incluso desafecto.
El cuadro de Dalí, El enigma sin fin, sintetiza la pretensión última del libro, la misma que animaba el método paranoico-crítico daliniano -una imagen no tiene una lectura unívoca-, así, de igual forma que en el cuadro se pueden llegar a ver hasta seis imágenes superpuestas -incluido el retrato físico y metafísico de Lorca-, las personalidades y las obras de Buñuel, Lorca y Dalí se reflejan entre sí conformando una perspectiva en abismo de difícil sondaje.
La sesuda investigación se lee como una novela enigma o policiaca, pero la propuesta trasciende la mera anécdota para explicar cómo se deciden aspectos tan relevantes como el nacimiento del surrealismo, su introducción en España, etc., para lo cual presenta un interesante cañamazo epistolar inédito de Buñuel con Pepín Bello, de Dalí con Buñuel a propósito de La edad de oro, y sus documentos en el Museo de Arte Moderno de Nueva York.
De Buñuel, ese “director de directores”, a Saura, Borau, Florián Rey y Chomón.
En 1975 conoció a Luis Buñuel y en 1980 viajó a México para preparar con él la edición de Luis Buñuel. Obra literaria (1982), investigación que explica la inicial vocación literaria del director y recopila toda una serie de escritos de juventud fundamentales para entender sus particulares relaciones con Lorca y Dalí, y demuestra que en sus escritos se encuentra el “eslabón perdido” dentro del vanguardismo español, al haber dado el paso hasta el surrealismo que Gómez de la Serna “no quiso o no supo dar.”
Esta investigación le acercó al cineasta, con quien mantuvo una relación de amistad, y a partir de ese momento comenzó con el espíritu crítico que lo caracteriza a descubrir al genio de Calanda, lo sometió a un cerco constante y se convirtió en uno de sus mayores especialistas con estudios fundamentales como Luis Buñuel: obra cinematográfica (1984), Vida y opiniones de Luis Buñuel (1985), Luis Buñuel (1992) y El mundo de Luis Buñuel (1993 y 2000), quinta entrega de una serie de estupendas monografías editadas por la CAI, con la que cerraba el ciclo dedicado a los directores aragoneses más destacados: Saura (1988), Borau (1990), Florián Rey (1991) y Segundo de Chomón (1992). Estudios que sintetizaría con afán divulgativo en Realizadores aragoneses (1998).
De su abundante producción sobre el realizador calandino destacaríamos de manera especial su capacidad para dinamitar, como ya ocurriera con Miguel Hernández, los tópicos y lugares comunes, así como la continua renovación de sus aportaciones, siempre novedosas y diferentes.
Pero su labor no se ha limitado a la investigación, también ha ejercido un papel activo en la recuperación, revalorización y divulgación de su cine, en especial en las celebraciones que tuvieron lugar con motivo del centenario de su nacimiento, entre otras actividades escribió el guion del documental dirigido por Rioyo y López Linares, A propósito de Buñuel, y poco después, en colaboración con Carlos Saura, el de su película, Buñuel y la mesa del rey Salomón (2001).
Miguel Hernández: una investigación siempre en marcha o como huir de los tópicos
Hizo el Bachillerato y la Reválida por Ciencias con premio extraordinario, pero se cruzó en su camino un profesor de Filosofía extraordinario, el jesuita Ignacio Zumeta Olano y terminó matriculándose en Filosofía y Letras en la Universidad de Zaragoza. Dentro de la Facultad, fascinado por el estructuralismo y su semántica, su siguiente opción fue Lingüística, pero al trasladarse Ynduráin a Madrid, se llevó consigo a Santos Sanz Villanueva, Díez Borque, etc., por lo que se le propuso integrarse en el Departamento de Literatura Española nada más terminar la carrera.
Se doctoró en 1974 con una tesis sobre Miguel Hernández, significativa elección de un poeta de orígenes claramente populares que anticipa y evidencia los gustos y las afinidades del por entonces jovencísimo profesor universitario, que ejercerá la docencia durante más de 38 años, y someterá desde ese momento su obra a una constante revisión, en lo que podemos considerar una investigación siempre en marcha.
Su trayectoria profesional se divide en dos etapas de duración casi idéntica: una primera en el que imparte clases de Literatura Española, con Miguel Hernández y la obra literaria de Buñuel como objetos principales de estudio; y otra segunda -desde 1991-, como catedrático de Cine y otros medios audiovisuales, con la producción fílmica del calandino y la pintura de Dalí como temas centrales de su labor investigadora, si bien tuvo un largo periodo de transición -desde 1984-, durante el que impartió simultáneamente ambas especialidades.
Como profesor de literatura explicó casi todos los periodos de su historia, en especial la contemporánea, enorme trabajo que le obligó a leer de forma sistemática las obras más relevantes de cada uno de ellos y, por consiguiente, a conocer en profundidad la tradición del idioma y del ser español. Esta contundente preparación lectora explica su excelente uso de la lengua en todos sus escritos, pero de manera especial en sus novelas, siempre acorde con la época en las que se ambientan.
Con ser importante lo anterior, lo más destacado de su dilatada labor docente ha sido su capacidad para conectar con las sucesivas generaciones, esfuerzo mantenido en el tiempo para estar siempre al día, no solo en lo que respecta a todo tipo de informaciones, sino también en sensibilidades y gustos, quizá aquí radique la explicación de otra de las características esenciales de su obra: su frescura y modernidad.
Su exhaustiva investigación sobre la vida y la obra de Miguel Hernández, le llevó a cuestionarse los tópicos y lugares comunes preexistentes y a desentrañar en el sentido literal de la palabra la esencia de su poesía. Con estas premisas, verán la luz dos obras fundamentales: Miguel Hernández, en la encrucijada (1976) y Miguel Hernández, desamordazado y regresado (1992). En ellas traza la trayectoria completa del poeta desde tres perspectivas: la biográfica, la ideológica y la literaria. Siendo la primera el hilo conductor de las otras dos, de manera que recorre las diferentes influencias recibidas por el poeta a lo largo de su vida, desde Sijé, Bergamín o “Jiménez & Giménez”, pasando por “La Escuela de Vallecas”, hasta Cossío, Neruda y Aleixandre. Quizá lo más importante de su aportación sea que aborda su figura al margen de exigencias ideológicas y recupera al Miguel Hernández de la etapa católica y purista, cuya calidad en modo alguno desmerece del resto, al tiempo que se cuestiona, pone en cuarentena y matiza los tópicos que hasta ese momento habían simplificado –también perjudicado- sobremanera la lectura de su obra, el de “poeta pastor”, “poeta del pueblo” y “poeta del sacrificio”, demostrando que lo que singulariza su producción es la asimilación de las tradiciones cultas (Góngora, Calderón, etc.) y de las vanguardias, pero no para quedarse en ellas, sino para rehumanizarlas en lucha constante con el idioma buscando su propia voz.
Junto con los estudios son varias las ediciones críticas de sus obras, es el caso de Perito en lunas/El rayo que no cesa (1976), Poesías completas (1979), Epistolario (1986), El torero más valiente. La tragedia de Calisto. Otras prosas (1986), Obra Completa (1992 y 2010), hasta llegar a la Antología poética publicada para escolares y la colaboración en la segunda entrega hernandiana de su gran amigo Joan Manuel Serrat, Hijo de la luz y de la sombra (2010), más amplia y rica que la anterior, álbum que venía complementado por el DVD, Imágenes en busca de un poeta: veinte pequeños videoclips inspirados en sus poemas y realizados por reconocidos nombres del cine español, entre ellos uno, “Las abarcas desiertas”, realizado por Agustín, quien poco después promovió un proyecto expositivo, cuyos textos coordinó, que recuperaba la figura del poeta alicantino mediante sus propias poesías, la música de Serrat y los videos.
Agustín sabe que los hombres somos memoria, de manera que, a pesar de sus éxitos profesionales y los numerosos e importantes premios conseguidos a lo largo de su carrera, con humildad, cariño y un extraordinario manejo de la lengua rinde tributo a sus orígenes en la que, hasta la fecha, es su obra más personal, Viñetas (2016), una novela impregnada de elementos autobiográficos potenciados hasta extremos de difícil delimitación, donde mezcla tanto vivencias propias como generacionales, recuerdos individuales como de familiares y amigos, se trata, en suma, de evocaciones anoveladas de infancia y adolescencia, suyas y de otros, hasta el punto de que bien podrían ser las de muchos de nosotros, en especial las de todos aquellos en cuyo interior palpita todavía la hoy en día agonizante cultura campesina a la que pertenece por nacimiento y reivindica por convicción.
Quienes quieran acercarse a su biografía y personalidad deberán partir de esta narración, en la que no les será difícil reconocer la presencia de su salmantino pueblo natal, Cilleros de la Bastida; conocerán cómo cuando apenas había cumplido los cinco años, toda la familia se trasladó a Logroño, donde cursó el Bachillerato y vivió los mundos sensitivos propios de la infancia y adolescencia: la escuela, los juegos en la calle, la caza y la pesca, el cine de barrio, la magia de los tebeos, la amistad, el sexo…
(Para ampliar esta entrada ver VIÑETAS CONTINUARÁ...)
Tusitala Sánchez Vidal o cómo no aburrir nunca al lector
Agustín Sánchez Vidal, en la actualidad catedrático emérito de Historia del Cine y Otros Medios Audiovisuales de la Universidad de Zaragoza, ha traducido a Los Beatles, Rolling Stones y Simon & Garfunkel; ha editado y estudiado a Miguel Hernández, Joaquín Costa, Buñuel y Julio Alejandro de Castro; ha trabajado y, en algunos casos, recuperado a diferentes cineastas aragoneses, como los Jimeno, Chomón, Saura, Borau y Florián Rey; ha escrito sobre arte (es uno de los mayores expertos mundiales en Salvador Dalí, pero también ha estudiado en profundidad a otros muchos pintores como Goya, Picasso, Juan Gris, Joaquín Torres, etc.), sociología o las claves de la creación; ha intervenido en varias obras colectivas sobre las vanguardias; ha sido guionista de cine y televisión; ha colaborado en catálogos y ciclos de la Mostra de Venecia, el Museo Seibu de Tokio, el Centro Pompidou, El Centro de las Artes de Bonn, El Palacio de Bellas Artes de México, la Hayward Gallery de Londres, el Metropolitan de Nueva York, el MNCA “Reina Sofía”, Prado, Thyssen, Dalí y un largo etcétera; ha escrito para multitud de periódicos (Diario 16, El Sol, El País, ABC, El Mundo, El Día, El Periódico de Aragón, Heraldo, etc.) y revistas de toda España (Manifiesto, Tiempo, Tribuna, Muy Interesante, Ínsula, El Bosque, Letra Internacional, etc.); ha sido profesor invitado en diferentes universidades americanas y europeas, caso de Princeton y Nanterre, y ha impartido conferencias en las más prestigiosas del mundo, desde la Sorbona a Oxford, pasando por Göttingen o UCLA, así como también en reconocidas instituciones públicas y privadas de El Cairo, Tel Aviv, Nueva York o Londres; su obra ha sido traducida a más de once idiomas, etc. En suma, se trata de un estajanovista de la docencia y la investigación, cuya trayectoria profesional es sólida, original y brillante pero, por encima de todo, es un Tusitala– término utilizado por los samoanos para referirse a Stevenson como contador de historias-, para quien la narración sigue contando incluso más allá de sus novelas, da igual que se trate de una clase rutinaria, una conferencia, un artículo de periódico o un ensayo, su principal regla es la de no aburrir al oyente/lector y para conseguirlo salpimentará con historias, anécdotas o curiosidades sus enseñanzas, es el conocido “deleitar aprovechando”.
En el
siglo XX destaca la representación escénica que sobre el Poema de los Amantes, de José
María Belloch, Federico Muelas y Clemente Pamplona[1], con decorados de
Luis Górriz, se llevó a efecto en 1955 en la Plaza del Seminario de la ciudad,
un claro precedente de las representaciones actuales de las Bodas de Isabel.
Cabe
destacar también la Versión dramática en
tres actos que sobre la trágica historia escribió Arturo Civera Muñoz.
Siglo
XXI
Ya en el siglo XXI, el músico
turolense Javier Navarrete compuso para su estreno en San Pedro, la misma
iglesia en la que se desarrolló la tragedia -con su particular acústica
gótica-, un drama musical atemporal con tintes surrealistas y oníricos, en el
que fusionó con acierto la tradición musical aragonesa y la sensibilidad de la
vanguardia.
Su libreto se ajusta en
lo esencial a la leyenda, pero se permite contundentes licencias que pretenden
humanizar la historia y acercarla al espectador sin focalizarla en tiempo alguno,
a lo que también contribuyen la austera puesta en escena y un vestuario
ecléctico.
En lo musical tiene una
estructura de retablo medieval, de sucesión de cuadros protagonizados por los
distintos personajes de la tragedia y supone una acertada mezcla de lenguajes
musicales adaptados a la personalidad de cada uno de ellos.
Ese
mismo año, se estrenó en Miami, La calle
al final del mundo, de Ramón Caudet, reconocido dramaturgo en la América
hispana de EE.UU. presenta la historia
de los Amantes como hechizo que flota sobre las vidas de diferentes amantes
contemporáneos, cuyo amor, como el de los turolenses, no se consuma por
diferentes motivos, de manera que se ven atrapados en un círculo amoroso
similar al vivido por Isabel y Diego, en definitiva todos ellos terminan
protagonizando una versión diferente de sus amores, en la que se juega con el
tiempo -desde el siglo XIII hasta el XXI- y el espacio –Teruel y Miami-.
[1]
Publicado en un volumen especial conmemorativo por el Instituto de Estudios
Turolenses en 1958.