CASABLANCA
FOTO DE GONZALO MONTÓN MUÑOZ
lunes, 1 de julio de 2024
viernes, 28 de junio de 2024
KIRSTEN FLAGSTAD, UNA VALQUIRIA EN EL PRECIPICIO
La valquiria se acerca al precipicio y lanza su grito de guerra: Ho jo to ho, y lo repite varias veces más. En la antigua mitología noruega, el papel de estas mujeres era el de llevar a los guerreros muertos junto a Odín, en el Valhalla, para esperar el día del juicio final —Ragnarok—, cuando lucharían al lado de los dioses. La propaganda nazi transformó a Brunilda, la protagonista de la ópera de Wagner, La Valquiria, en una Juana de Arco de la Alemania de Hitler. Estos mitos ancestrales se tornaron destructivos en sus manos y la “Cabalgata de las valquirias” se utilizó de manera consciente como música de fondo para una grabación que mostraba el ataque de la Luffwaffe a Creta —Coppola retomaría el tema para su mítica secuencia de Apocalypse now—. Hitler aprovechó su presencia en el imaginario colectivo germánico para justificar su guerra santa aria y en esta siniestra perversión encontraría Kirsten Flagstad, la soprano por excelencia en la historia de la ópera de las heroínas wagnerianas, su particular precipicio vital, su personal paradoja existencial: pasó de ser aclamada en todos los teatros del mundo antes de la II Guerra Mundial, a ser repudiada y perseguida a su conclusión. La biografía de la escritora y dramaturga noruega Ingeborg Solbrekken, Kirsten Flagstad. La voz del siglo, trata de explicar, aportando pruebas, cómo pudo llegar a producirse esa ruptura tan abrupta y violenta de gran parte del público, incluso en el de su propio país, Noruega, con la cantante.
Con el acierto y buen gusto propio de la editorial Fórcola, Javier Jiménez nos presenta en una impecable edición esta original biografía, traducida por Lotte K. Tollefsen, prólogo de Fernando Fraga y un esclarecedor aparato crítico de notas, que incluye decenas de códigos QR con la voz de la protagonista en sus diferentes periodos, junto con una elegante y bien escogida selección de fotos. Más allá del recorrido vital y profesional de la cantante noruega y del análisis de su voz, Solbrekken, como si de una novela de John le Carré se tratara, trata de explicar y dar respuesta desde la psicología y la historia a multitud de preguntas que trascienden lo meramente musical: ¿Qué relación mantuvo con su madre? ¿Cómo se produjo y cuáles fueron las causas de la conocida como “guerra de los saludos” con su pareja artística por excelencia, Lauritz Melchior? ¿Cómo se producen y explican las “proyecciones” del público con los artistas, esa exaltada y voluble identificación de las masas que en un momento dado pasa del amor al odio por un mismo personaje? ¿Qué relación mantuvo con el juego —los solitarios— y el alcohol? ¿Qué consecuencias tuvieron para la cultura en general y las vidas de los cantantes y músicos judíos en particular la locura nazi? A todo esto y mucho más responde esta excepcional biografía narrada con ritmo cinematográfico que complacerá tanto a los especialistas como a los no iniciados en la ópera. No les defraudará.
Ingeborg Solbrekken, Kirsten Flagstad, Madrid, Fórcola Ediciones, 2023.
Reseña publicada en el suplemento Artes & Letras del Heraldo de Aragón
martes, 25 de junio de 2024
EL ÁNGEL COJUELO O LA 13 RUE DEL PERCEBE
Si en El diablo cojuelo de Vélez de Guevara encontramos a un espíritu burlón y travieso que levanta los tejados de las casas para, agradecido, mostrar a su libertador el interior y así contemplar a sus habitantes en la intimidad, tal como son, con sus vicios y cualidades, en Pensión de animales, la última novela del uruguayo Pablo Silva Olazábal, es un ángel de la guarda un tanto borracho quien nos muestra una particular comunidad de vecinos, una pensión cuya custodia tiene encomendada, una suerte de “13 rue del Percebe”, en la que nadie parece acatar las normas, en especial la que se destaca en el cartel que abre la narración: “En este edificio está prohibida la tenencia de niños y animales”, si bien todos conviven en sus hogares con mascotas o, en su defecto, extraños bichos; sin embargo, a decir verdad, al concluir la novela, el lector no sabrá en ningún caso resolver la ambigüedad del título y determinar quiénes son en verdad esos “animales”.
La historia es tan extraña como sus mismos personajes, en poco más de cien páginas transcurren, según se nos dice, diez minutos y toda la novela. Apela a lo irracional y a lo absurdo y debemos entenderla como un ejercicio de experimentación formal, como búsqueda de nuevos caminos literarios en la frontera de lo real. Como hiciera Buñuel al comienzo de Un perro andaluz cortando con una navaja el ojo de la mujer que mira la luna, que a su vez es cortada por la nube al pasar, aquí, en la habitación 323 A, nos encontramos con un innominado sujeto obsesionado por sajar un asqueroso grano ocular a una no menos asquerosa cacatúa que ha sembrado de deposiciones todo el habitáculo. De aquí saldrá, convertida en una verdadera furia su compañera, una tal Laura, de cuya mano, o debería decir bolso con el que golpea todas las puertas que encuentra a su paso, recorreremos el resto del edificio. Con su loca carrera hacia la portería —dantesco descenso a los infiernos— como hilo conductor desbocado, iremos conociendo al vecindario mediante monólogos interiores del propio ángel, pues ese es su trabajo, monitorizar los pensamientos de sus tutelados sin descanso, un rumiar polifónico constante de las mentes bajo su guarda, tarea agotadora que convierte su celeste altillo en un verdadero infierno que solo encuentra cierta anestesia en el alcohol.
En cada espacio hay siempre dos animales en conflicto, un humano y un bicho, como en la 313 B, donde aquel intenta envenenar a una kafkiana alimaña de pico de pato y forma indefinida que se le ha colado dentro o el de la 236 que papa moscas con las moscas del cuarto mientras es reprendido por una tal Ximena —la hermana de Laura—, que quiere saber en qué piensa. Sin duda es el más teórico de la novela, el más reflexivo en sus contestaciones y el que nos da algunas ¿claves? para entenderla o para aproximarnos a uno de sus temas principales, la incomunicación: “Estaba pensando en aquel místico sueco, Swedenborg […] Pensaba en su teoría de cómo se comunican los ángeles con los humanos […] Y después de pensar eso salté a lo otro, que es imposible que haya comunicación entre la gente”
Ese cortar el ojo implica romper con la mirada tradicional de la realidad y nos introduce en un sueño, en un mundo caóticamente delirante “Swedenborgiano” –sí, de Swedenborg más Borges-, donde lo auténticamente onírico se confunde con la realidad. El lector/voyeur de esta particular “13 rue del Percebe” se da cuenta entonces de que ocupa una posición muy peculiar. Percibe conversaciones y situaciones simultáneas, como el ángel del altillo, quien, como en la película Los ángeles del Cielo sobre Berlín, puede ver con una visión sinóptica reservada para la divinidad, capaz sólo ella de suspender el tiempo. Eso es ver al modo de los ángeles nos dirá el papa moscas: “Viste que los ángeles tienen visión simultánea, ¿no? Ven como en un mosaico todas las cosas juntas. Todo al mismo tiempo. Sin embargo Swedenborg dice que pueden comunicarse con un humano de una forma muy especial […] Un ángel nos vería a todos al mismo tiempo, todas las piezas, y entendería perfectamente lo que se dice en cada una de ellas sin perder su visión, nunca, ni por un instante”. Ya de por sí, ¿no es esto una curiosa ebriedad? ¿Alguien que detuviera el tiempo no experimentaría una “misteriosa embriaguez”? ¿No estaría próximo a la locura aquel que percibiera lo lineal y sucesivo, por ejemplo el lenguaje, como simultáneo?
En la 222 conocemos a un tipo obsesionado con adquirir un azucarero que venden en una tienda próxima, mientras que en la 103 escuchamos el pensamiento de un señor que da de comer lentejas a su gata. Y, por fin, llegamos a la portería, en la que vive doña Reina, la propietaria de la pensión, “una bruja de mierda” para sus inquilinos y el objetivo final de la airada Laura, una bruja real que maltrata a su cervantino perro, una suerte de Cipión o Berganza, habitado por una voz que monologa, o más bien filosofa, sobre el ser y la posibilidad de recuperar su verdadero cuerpo.
Dejando a un lado la trama argumental, lo verdaderamente destacable de Pensión de animales es la prosa precisa y minuciosa, por momentos un tanto barroca, su humor surrealista, su riqueza simbólica, su delirio narrativo expuesto con un ritmo vibrante e imágenes impactantes, en su mayoría cargadas de violenta ebriedad alucinatoria y un gusto morboso por lo monstruoso y lo desagradable, hay algo de credo del teatro de la crueldad, de rascar bajo la máscara humana para encontrar su verdadera locura interior. A veces, no queriendo decir nada se dicen muchas cosas.
Pablo Silva Olazábal, Pensión de animales, Valencia, Contrabando, 2023.
miércoles, 24 de abril de 2024
PÓQUER DE ASES POÉTICO
Como cantara Julio Iglesias, unos vienen, como Marisol Julve con su poemario Hija del carbón, sencillo y sincero homenaje a los suyos
(https://www.youtube.com/watch?=xFbchZ56dmY)
y otros se van, como dice Julio Iglesias, es el caso de José Luis Gracia Mosteo, irreductible calatorense que según anticipa, pone punto final a su trayectoria poética con su entrañable y elegíaco poemario, Campos de Aragón. Dicen que el actor Sean Connery, el primero en meterse en la piel del espía 007, declaró en 1971 que “nunca más” volvería a interpretar a James Bond. Las declaraciones se publicaban poco después del estreno de Diamantes para la eternidad, la cuarta entrega de la saga, y le costarían alguna que otra broma. Empezando por el título de la película con la que, efectivamente, volvió a interpretar años más tarde al agente británico: Nunca digas nunca jamás (1986). Fue una cuestión de pasta, superadas sus reivindicaciones salariales, Connery aparecía de nuevo en las pantallas para interpretar al señor Bond en una entrega titulada Never say never again. Sé que no es el caso de mi amigo José Luis Gracia Mosteo, no es una cuestión de dinero, los poetas malviven, lo saben, pero que nunca diga nunca jamás, algo se nos ocurrirá para que vuelva al hacer poético, caso contrario, compilaremos en una antología sus poemas sueltos, lo retaremos a una pelea a dos asaltos poéticos en Teruel (lugar a elegir por él) y con su consentimiento o sin él se publicará para dejarla en su tumba cuando muera.
( https://www.facebook.com/juan.villalbasebastian/)
Cristina Giménez es una diésel de la poesía, una mujer incombustible que ya tiene en su haber varios poemarios, todos, como dice uno de sus poemas del último, Escaparate/o escondite, “reflejo de una verdad / No hay dobleces ni artificios. / No hay filtros ni retoques. / Sólo un brillo natural de alguien que nace de haber vivido. / Y haber sentido. / Porque… quién dice lo que es real o ficción? / Solo tú. Solo yo”. Fantástico.
https://www.youtube.com/watch?v=ZSsFO9rDFno
Por su parte, un poeta ya de dilatada trayectoria decide desnudarse poética y realmente, si quieren conocer al verdadero, al actual Nacho Escuín, lean su último poemario, COVER, pura sangre y carne descarnada, ser real, lo mejor que ha escrito hasta ahora, lo mejor, no tengo duda ni palabras y comparto la letra de su canción
https://www.youtube.com/watch?v=A9hcJgtnm6Q
Un abrazo amigos, pero quiero incluir una úlitima canción para ellos,
https://www.youtube.com/watch?v=A6QQV-CSG9E&list=RDo7WWT8jlPFU&index=2
domingo, 21 de abril de 2024
PRESENTACIÓN DEL LIBRO DE VIAJES: ALBARRACÍN. UN VIAJE EN EL TIEMPO
Con gran presencia de público y enorme afabilidad la CASA DE ARAGÓN DEL HENARES me invitó a dar el pregón de las fiestas de San Jorge y a presentar mi libro de viajes, Albarracín. Un viaje en el tiempo.
Una jornada entrañable que agradezco a la dirección de la Casa. Aquí dejo algunas fotos de la misma.
miércoles, 20 de marzo de 2024
ARDOR GUERRERO Y NOVIOS DE LA MUERTE
La
guerra ha sido fiel compañera del hombre desde la prehistoria hasta nuestros
días. De hecho, puede ser considerada incluso un arte más, como así lo testimonia
el título de ese clásico de la literatura universal debido al estratega militar
chino Sun Tzu. No ha habido período en la historia de la humanidad que se haya
visto libre de luchas encarnizadas y enfrentamientos entre tribus, pueblos o
civilizaciones, basta con mirar nuestro mundo actual para corroborar esa
afirmación. El escritor Fernando Castillo, especialista en historia cultural y
militar, en su último ensayo, Fervor del acero. Cuatro testimonios de la Guerra
de Europa 1914/1939, parte de esta
premisa para rastrear su presencia en la literatura bélica, más concretamente
en el subgénero testimonial, a medio camino entre el relato y las memorias, de
aquellos escritores guerreros que describen en sus obras sus sentimientos –su
ardor guerrero-, sus relaciones de amistad en la milicia, la idea del enemigo y
de los civiles, su manera de concebir la lucha y, en especial, su idea de la
muerte.
El primer capítulo, “Fervor del Acero y nostalgia de trinchera”, funciona como una introducción panorámica de la evolución de la guerra a lo largo de la historia. Con portentosa capacidad de síntesis nos resume su modo de entenderla en sus diferentes periodos: los modelos de guerra total, sin regulación explícita, bárbara y cruel, de la Antigüedad, cuyos ejemplos más acabados fueron los de Asiria y Roma. La Edad Media se ajustó a las normas de la Caballería regidas por normas eclesiásticas y el código del honor nobiliario. En el siglo XVIII fue aristocrática, monárquica e ilustrada, mientras que la del siglo XIX lo será plebeya, popular y romántica. A partir de 1870 la guerra deja de ser una aventura novelesca y regulada para convertirse en “un acontecimiento científico”. La Primera Guerra Mundial supone ya el tránsito de la guerra tradicional y limitada a otra imperante a lo largo del siglo XX, deshumanizada, industrial y técnica, basada en la potencia de artillería de enorme carga aniquilante, pero será a partir del conflicto báltico, que tuvo lugar entre 1918 y 1919 cuando la guerra abandone definitivamente cualquier tipo de regulación caballeresca, así como cualquier consideración hacia el enemigo, y prime única y exclusivamente su total destrucción sin importar los medios. Desde ese momento, “el fervor del acero, el deseo de acción y aventura, el combate por una ideología, por la revolución o la contrarrevolución, desemboca en lo que no tardaron en considerarse como crímenes contra la humanidad…” Sus más claros exponentes son por todos conocidos: la barbarie del genocidio judío y el exterminio armenio, por citar los ejemplos más extremos, pero son decenas los que podrían citarse.
“Nadie en el Tercio
sabía, quién era aquel Legionario, tan audaz y temerario…”. Estos son los
primeros versos del “Novio de la muerte”, una canción guerrera que durante
décadas ha representado a uno de los cuerpos de élite del ejército español, la
Legión, cuya letra resume en cierto modo, como también lo hace el Himno de
Infantería, (“Ardor Guerrero vibre en nuestras voces. / Y de amor patrio
henchido el corazón. / Entonemos el
Himno Sacrosanto. / Del deber, de la Patria y del Honor. / ¡Honor! / De los que
amor y vida te consagran…”) las características de los autores a los que
Fernando Castillo recurre para explicar de manera original mediante el análisis
de algunas de sus obras la nueva realidad bélica surgida desde 1914 y las
constantes ideológicas de todos ellos para apreciar de manera positiva las
guerras en las que participaron: valoran el heroísmo, la entrega, la aventura,
la cohesión del grupo y la camaradería de trinchera (como dice García Serrano
en La fiel infantería: “Lo
mejor de la guerra —para siempre— seríamos nosotros”) , junto con una
obediencia más carismática que ideológica, al tiempo que desprecian al enemigo
y reniegan de la retaguardia, a la que tachan de cobarde, insolidaria y
traidora –la conocida como “puñalada por la espalda-, descargando en ella la
responsabilidad de la derrota. Se adaptan mal a la nueva situación de paz y
comparten un sentimiento de soledad, junto con cierta nostalgia del
compañerismo vivido en el fragor de la batalla.
Las obras analizadas
recogen experiencias guerreras de sus autores en conflictos desarrollados, como
se anticipa en el título, entre 1914 y 1939. En la Gran Guerra participaron
Ernst Jünger y Benito Mussolini. Del primero trabaja sus obras más reveladoras
al respecto como son Tempestades de acero, El Bosquecillo 125 y El
teniente Sturm y del segundo, por ser escasamente conocida en España, su Diario
de guerra. El tercer autor es Ernst von Salomon y su obra, Los
proscritos, donde describe su participación en los combates internos de
Alemania y en los Países Bálticos luchando contra los bolcheviques y los nacionalistas
letones. El último es el falangista español Rafael García Serrano y su original
novela de corte autobiográfico, La fiel infantería, a juicio de Fernando
Catillo, “una intensa y original narración de su experiencia cuya calidad
literaria es quizás la más destacada de todos los textos que componen este Fervor
de acero”.
En Jünger todavía se
encuentran ecos del guerrero medieval, “solitario y entregado a la función
encomendada a su estamento”, de hecho llevaba en el bolsillo de su uniforme una
edición de Orlando furioso. Alejado todavía del soldado-número, anónimo
y tecnificado, se debate en la contradicción que se establece entre esa actitud
elitista y cierta admiración por las nuevas armas bélicas de gran poder
destructivo. Fue precisamente esa actitud, todavía respetuosa con el código
caballeresco en la guerra, la que le mantuvo al margen del genocidio judío y de
los criminales nazis.
La ruptura con el
Partido Socialista hizo que Mussolini abandonara la dirección de Avanti!
y pasara a publicar Il Popolo de Italia, desde donde lanzó una virulenta
campaña en la cual llamaba a la intervención al lado de los aliados. Concebía
esa contienda como una guerra imperialista e injusta, a su juicio había que
declarar traidor a cualquier socialista que se opusiera al esfuerzo bélico
liberador. Es en ese sentido en el que orienta sus esfuerzos de agitador
belicista y su participación en la guerra. En mayo de 1915, el gobierno
italiano llamaba a la movilización general al tiempo que declaraba la guerra a
Austria, Alemania, Turquía y Bulgaria. La abundante información que Fernando
Castillo aporta sobre el frente del Isonzo, uno de los más desconocidos por la
bibliografía de la Primera Guerra Mundial, es apabullante y resulta
especialmente clarificadora sobre las pérdidas humanas que supuso para Italia
su intervención.
Von Salomon pertenece
a esa generación “perdida” de entre guerras que no participó en la primera por
ser demasiado joven y en la segunda por ser demasiado viejo y tuvieron que dar
salida a su “ardor guerrero” en los sangrientos conflictos internos alemanes
que se produjeron en 1919, una guerra civil urbana y radical en la que no había
lugar para la rendición ni para la clemencia, más cruel que la de las
trincheras, en la que no se hacían prisioneros. Más tarde participó en el no
menos despiadado, complejo e irregular conflicto báltico: guerra civil rusa
entre blancos y bolcheviques, entre letones y estonios, entre revolución y
contrarrevolución; una coctelera en la que se mezclaba el nacionalismo
pangermano, mezcla de colonialismo y antisemitismo, y el uso de las nuevas
armas aparecidas al finalizar la Gran Guerra. Su experiencia bélica la recoge
en su obra Los proscritos, dividida en tres apartados correspondientes a
cada una de las etapas de su vida; es decir, se trata de una novela clave para
entender el período que va de 1918 a 1923, tanto en Alemania como en Europa.
Rafael García Serrano,
definido como un “cruzado castizo”, comparte con Jünger ciertos ideales caballerescos
y hubiera preferido combatir en una guerra menos tecnificada. En cierto modo su
fascismo puede ser catalogado como de “sacristía, de colegio religioso, es
decir, mera y vieja contrarrevolución reaccionaria pasada por el filtro del
fascismo mussoliniano”. El análisis de su obra, La fiel infantería, le
sirve para introducirnos en la Guerra Civil Española y estudiar la evolución de
la Falange hasta su apropiación por el franquismo.
En Fervor del acero,
Fernando Castillo presenta y relaciona un material sin duda novedoso. Con
efectiva y objetiva erudición, nos ofrece excelentes retratos ideológicos de
los cuatro escritores soldados elegidos para su estudio, al tiempo que analiza
con precisión histórica y literaria sus obras más significativas.
Fernando Castillo, Fervor del acero. Cuatro testimonios de la Guerra de Europa, 1914/1939, Sevilla, Renacimiento, 2023.



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