CASABLANCA

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FOTO DE GONZALO MONTÓN MUÑOZ

jueves, 28 de octubre de 2021

PRESENTACIÓN DEL LIBRO DE JUAN VILLALBA, "TERUEL, OTRA DIMENSIÓN", EN EL CENTRO ARAGONÉS DEL PUERTO DE SAGUNTO

 

Raquel Esteban, amiga y directora gerente de la Fundación Bodas de Isabel, me dedicó estas emotivas y sentidas palabras en la presentación de mi libro en el Centro Aragonés del Puerto de Sagunto, a cuya directiva agradezco la invitación, de manera especial a su presidenta, Ángela. Como dijo MacArthur: "Volveré".

Queridos amigos:

Siento mucho no poder estar hoy con todos vosotros. En primer lugar por tener que acompañar de una forma demasiado virtual a mi admirado y querido Juan Villalba, y por otro, no poder compartir este espacio con tantos amigos, ahora que nos han “soltado”y podríamos casi, casi, abrazarnos.

En cuanto recibí la propuesta de esta presentación, y temiendo (como así ha ocurrido) no poder hacerla de forma presencial, me afané en prepararla para tenerla lista en cuanto llegara el momento.

Y aquí estamos.

Agradezco la presencia de todos y agradezco especialmente a Angela quien me dijo en su momento, que si yo no podía venir, prestaría su voz para mis palabras. Merci beaucoup, Ángela.

Ganamos mucho con esto, pues voy a sonar con un acento interesante y encantador.

Juan Villalba es una de esas piezas clave en al sociedad turolense. Amable y sencillo, con una cabeza muy bien amueblada, es uno de nuestros intelectuales más brillantes. Pero tiene un valor añadido: es una persona activa y colaboradora, capaz de pasar de las teorías y del mundo mental a la acción, incluso a lo folclórico y farandulero, sin perder nunca su elegante compostura.

No me veis, pero me estoy sonriendo ahora mismo, recordando una sesión de fotos en la que Juan era nada más y nada menos que Azagra, el pretendiente, y en esa escena ya marido de Isabel de Segura (la Amante de Teruel).

Inmortalizábamos el momento en que Diego había entrado a hurtadillas en la alcoba de los recién casados para pedir a Isabel ese beso que, por no recibirlo, le llevaría a la muerte, allí mismo, a los pies de la cama.

Esta escena forma parte de una exposición que, con toda probabilidad, llegará a este Centro antes de fin de año. Os reto a que encontréis a Juan, nuestro escritor de hoy, en una de las fotos. Como pista, sabed que lleva una crespina blanca, está en camisón, y parece que “ronca”.

Pero vayamos al tema que nos ocupa.

Me gustaría saber cuántos de los aquí presentes habéis estado alguna vez en Teruel, levantad la mano por favor.



Pues resulta que hay tantos terueles como manos levantadas. Además, para cada uno de vosotros Teruel es una cosa distinta. Puede ser el Torico (porque os costó encontrarlo), o el rico jamón de aquel restaurante, el olor a historia debajo de las torres mudéjares, un atardecer, la rejería modernista,  el eco de los lugares donde estuvieron vuestros abuelos y familiares, o la ciudad transformada en las Bodas de Isabel. Tantos terueles como experiencias sobre él.



Entiendo que los que no habéis levantado la mano no habéis estado allí, pero seguro que cada uno se ha hecho una idea según lo que le han contado, ha leído o escuchado. O sea, otros tantos terueles ¡Qué lío, qué montón!

Pues bien, llega Juan Villalba y escribe un libro magnífico que nos hace modificar y  enriquecer lo que creíamos conocer sobre esa ciudad.

Yo diría que más que un libro al uso, es una guía. Es un cuaderno de viaje que nos invita a recorrer Teruel, a descubrirlo y entenderlo de otra manera. Cada rincón, cada piedra, cada elemento ha sido vivido, leído, interpretado o contado por muchas personas a lo largo de la historia: periodistas, fotógrafos, cronistas, poetas y músicos han vivido la ciudad y la han reinterpretado, concediendo un valor añadido a cada uno de sus elementos.

A partir de ahora, no habrá otra  forma mejor para pasearlo y comprenderlo, que teniendo como libro de cabecera la otra dimensión de Teruel.

Juan reúne en forma de crisol diferentes épocas y elementos. Desde el frío de la guerra civil, pasando por hechos históricos y legendarios que tienen que ver con la fundación de la ciudad; reyes, héroes y heroínas de la Edad Media; el Renacimiento en forma de fuentes y acueductos; las preciosas huellas de la época modernista y tantas producciones contemporáneas que dan hondura y valor a nuestra ciudad. Reúne todo eso y lo ordena en forma de rutas y recorridos por Teruel.

Os va a sorprender la erudición de Juan, y tanto o más la cantidad de personajes que han escrito, vivido y enriquecido nuestra ciudad con su huella en uno u otro soporte. Españoles y extranjeros, algunos de renombre, otros más modestos… circulan por las páginas decenas de personas, de nombres que ciertamente dan otra dimensión a esta ciudad.

De la mano de Juan paseamos y entendemos cada ruta desde un nuevo punto de vista. Un nuevo Teruel se abre ante nuestros ojos. Incluso para mí, que he nacido, vivido y soñado en estas calles y plazas, me presenta una nueva ciudad frente a la que creía conocer.

No voy a dar aquí más que un par de ejemplos que me han hecho gracia (él ya desvelará luego lo que quiera) al recorrer sus páginas.

Habla, por ejemplo, de la puerta al ascensor que conecta la estación de tren con el Óvalo. Él cree ver allí un episodio del mundo de Harry Potter, a mí siempre me ha parecido la entrada a un templo egipcio.

Otro detalle que viene al caso, ya que estamos en este Centro Aragonés que asume como parte de su identidad la Jota aragonesa. Juan se entretiene en una época gloriosa de la ciudad, la Modernista, cuando a a principios del siglo XX, Domingo Gascón reúne en un cancionero decenas de versos sobre los Amantes de Teruel. Parte de ese cancionero fue llevado a escena algo antes de la pandemia, en el teatro Marín de Teruel, en un precioso espectáculo con orquesta/rondalla, bailadores y cantadores denominado “El Tercer Amante”. Fue dirigido por vuestro/nuestro César Rubio, tan vinculado a este Centro,  y con él aprendimos nuevas cosas sobre la Jota, a través de las coplas que compusieron los mejores escritores del país a principios del siglo XX.

La lectura del libro ha cambiado mi Teruel. He empezado a diseñar mis paseos de siempre desde otra dimensión, ayudada por la guía que Juan propone. Y a menudo me acompaña un regalo que el autor nos hace al final del libro. Se trata de una serenata con aire jotero que siempre me emociona.



Compuesta por los hermanos Martínez Garcés, es una de las cosas más bonitas que he escuchado y que trasmite con mirada propia, la contemplación de mi ciudad.

“Trajo la aurora su color, y el beso cálido del sol la despertaba.

Junto a la torre de San Martín que se asomaba, yo la vi, de una ventana.

Tras su mirada, se fue mi vida y mi razón.

La ciudad de los Amantes

cautivó mi corazón”.

Gracias Juan.

(Me gustaría mucho que sonara este tema cuando acabe el acto, si fuera posible,  y os parece bien)








 

lunes, 6 de septiembre de 2021

RESEÑA DEL LIBRO "TERUEL, OTRA DIMENSIÓN", DE JUAN VILLALBA

 

IGNORANCIA DE LO COTIDIANO

 POR

ELIFIO FELIZ DE VARGAS






Leer a Juan Villalba siempre resulta didáctico y ameno. Seguramente ahí radica el aprecio -casi devoción- que le profesan sus alumnos y, sobre todo, exalumnos en los que el paso del tiempo ha ido depurando los sentimientos y, una vez liberados de la presión de los exámenes y la evaluación de conocimientos, pueden reconocer con objetividad el poso de sus enseñanzas. A pesar de estos antecedentes, reconozco que me acerqué a su último trabajo con ciertas reticencias, derivadas de la propia introducción del libro donde se presenta como el resultado de “un encargo para elaborar una especie de guía de Teruel”. La pregunta suspicaz resultaba inevitable: ¿Qué puede tener de novedoso o sorprendente un libro sobre la ciudad para alguien nacido y afincado en la misma, prácticamente a lo largo de toda su vida?

El error nacía del hecho de prejuzgar la obra como una guía turística al uso, sospechosa de ser una recopilación más de lugares y edificios emblemáticos, en los que la breve introducción histórica y su correspondiente descripción artística, vendrían acompañadas de alguna anécdota curiosa que pudiese llamar la atención al lector para distinguirla entre las decenas de catedrales, palacios y museos que, inevitablemente, terminarán mezclándose y confundiéndose en la abarrotada memoria del viajero. Si a esta aventurada sospecha le añadimos unas dosis de vanidad autóctona, nacida de la convicción de que poco o nada nos queda por saber de nuestros escenarios cotidianos, quedan justificadas mis precauciones a la hora de callejear por sus páginas.

El libro, estructurado en una serie de paseos por la ciudad protagonizados por un viajero ficticio, inusualmente bien informado, y su guía, que servirá de apoyo para el intercambio de opiniones o la confrontación de versiones históricas, se abre con una referencia a los típicos tópicos turolenses, en la que a los clásicos del frío, la Guerra Civil y los Amantes, añade el eslogan “Teruel existe”, última incorporación al imaginario colectivo sobre nuestra provincia más allá de nuestras fronteras. Son precisamente las razones de esta existencia, a lo largo del tiempo y en todos los ámbitos, las que se van desgranando en los itinerarios de cinco paseos en los que el origen y el destino pasan de ser una ruta prefijada para convertirse en la excusa que permita hablar al autor, por boca de su viajero, de los acontecimientos y los personajes que han intervenido en los sucesivos cambios de la fisonomía de la ciudad hasta transformarla en la que hoy conocemos.

Estos recorridos no son solo un desplazamiento en el espacio sino, sobre todo, por la memoria. Los conocimientos y recuerdos del viajero y su guía callejean también, de forma improvisada y aleatoria, pasando de un tema a otro con la naturalidad de una conversación entre amigos, en la que vamos descubriendo el modo en que la solución a necesidades primordiales, como la traída de aguas o la expansión del casco urbano más allá de sus murallas, han condicionado la organización de las calles, la distribución del comercio y los servicios o la ubicación de los monumentos.  La mirada del viajero se detiene, evidentemente, en el colorido y la filigrana mudéjar junto a la enrevesada forja modernista, pero también se fija en atractivos más humildes y minoritarios como oscuros zaguanes escondidos en las calles de la judería, escudos nobiliarios sobre los dinteles de las puertas, curiosos mosaicos en el suelo confeccionados con fragmentos de losas funerarias o un novedoso museo a cielo abierto compuesto por las pinturas murales de artistas contemporáneos. Valga este ejemplo de eclecticismo artístico para poner de manifiesto la insólita y amplia mirada que Juan Villalba despliega sobre la ciudad.

La nomenclatura de las calles por las que transita, los usos de los edificios que encuentra a su paso, o las construcciones que los precedieron le sirven también para rescatar del olvido a personajes destacados de otros tiempos. Un profesor filantrópico como el Maestro Fabregat, el clérigo diletante representado por el Deán Buj, el antipapa Clemente VIII sucesor del Papa Luna   o héroes de guerra como el Comandante Fortea son, para el turolense actual, nombres que designar lugares y pocos podrían explicar los motivos que les hicieron merecedores de tal reconocimiento. Frente a la paradoja de estos renombrados anónimos, encontramos a otros indisolublemente unidos a la ciudad de Teruel. El Tenor Marín, Yagüe de Salas, Gabriel Yoly, Carlos Castel, Segundo de Chomón, Pierres Vedel, Pablo Monguió o José Torán son algunos de los personajes más citados en las páginas de este libro.

Pero el autor no se conforma con dar su particular visión de Teruel, sino que también indaga en la huella que dejó su paso por la ciudad en visitantes ilustres y que ha quedado recogida en novelas como Un millón de muertos de José María Gironella, o Lejos de Veracruz de Enrique Vila-Matas y en películas como Torrepartida de Pedro Lazaga, o ¡Jo, papá! de Jaime de Armiñan, por citar algunos ejemplos nacionales, puesto que más allá de nuestras fronteras, los textos de Hemingway y  las fotografías de Robert Capa, como reporteros de guerra, el filme Sierra de Teruel de André Malraux, combatiente voluntario en Teruel con las Brigadas Internacionales, y los poemas del hispanista Archer Milton Huntington, divulgador de la historia de los Amantes en Estados Unidos, han servido para divulgar por el resto del mundo el encanto de este enclave de arcillas viejas y pobres, de Mansuetos que se abren como carne joven en la tierra vieja, germen de las cuatro torres de arcilla aupada  a las que cantara Labordeta.

Esta visión panorámica de la ciudad, formulada como una larga divagación que no responde a cronologías ni temáticas, sino que va deslizándose por los recovecos de la memoria, pasando de puntillas por lo obvio y recreándose en los aspectos más pintorescos y menos conocidos, terminan por poner en evidencia la falta de conocimientos sobre nuestro entorno cotidiano, configurando una obra difícilmente clasificable dentro del género en el que inicialmente era presentada. Teruel se nos muestra desde la “otra dimensión” a la que hace referencia en su título y que resulta ser, en definitiva, la suma de todas las dimensiones posibles: sin grandilocuencias, pero a su vez, sin ningún complejo.-  

 

Juan Villalba Sebastián. Teruel, otra dimensión, Zaragoza, Pregunta Ediciones, 2020

Esta reseña se publicó en TURIA

 

domingo, 1 de agosto de 2021

RESEÑA DE LA NOVELA DE RUBÉN ABELLA, "ICTUS"

 

NÁUFRAGOS CON SALVAVIDAS


 La R.A.E define Ictus como “enfermedad cerebral de origen vascular que se presenta de modo súbito”, ese valor metafórico de instante decisivo, de repente fatal, es el que Rubén Abella confiere al título de su última novela publicada por el sello Menoscuarto, donde el mal larvado y silencioso es la frustración, ese gusano de dientes menudos que devora sin cesar las esperanzas individuales y colectivas de nuestra sociedad capitalista, cimentada sobre los pies de barro de innumerables promesas incumplidas.

         Rubén Abella realiza tres catas en el cuerpo social para analizar su tejido y nos propone otras tantas historias personales de sujetos de diferente edad, sexo y condición social, ambientadas en el año 2015, cuando la crisis económica se manifestaba con toda su magnitud: Ismael, maduro cincuentón, observa como su mundo se desmorona a pasos agigantados, tanto en lo laboral como en lo familiar, traductor de profesión, cobra mucho menos por más trabajo, aun a pesar de su experiencia y honradez profesional, siente a su mujer como una extraña y a sus hijos distantes y lejanos, en lo físico y en lo sentimental; Sara, recién divorciada de un marido adultero y egoísta, está tratando de salir a flote regentando un bar, de reconstruir los restos de su naufragio con la ayuda de su madre y por su hijo de tres años, Quique, un niño precoz con el lenguaje; el tercer náufrago en el piélago urbanita de la gran ciudad es Raúl, un joven de Murcia, licenciado en arquitectura, con máster en el extranjero incluido, que busca nuevos horizontes en Madrid, pero hasta la fecha solo ha conseguido subempleos de repartidor, reponedor, peón, teleoperador… hasta que se produce el ictus, su día de furia y emerge de repente ese salvaje esculpido por el cincel del fracaso a base de engaños, insultos, ninguneos, desconsideraciones… esperanzas rotas.

         En suma, son tres personajes tomados de la calle, gente corriente, maltratada por la vida, que pasea a nuestro lado, compra en nuestras tiendas o comparte barra en la cafetería con nosotros, humanos, sencillos, próximos, a su manera audaces, con una intrepidez y una inconsciencia admirables, cuyas experiencias, desilusiones, incertidumbres, dudas, miedos, errores y desengaños no nos son ajenos, los hemos vivido y sufrido en primera persona y como ellos, cada uno según nuestras particulares vivencias, hemos pensado como Ismael en romper con nuestro pasado, escapar, dejarlo todo y huir para tratar de encontrar de nuevo nuestro lugar bajo el sol; o como Raúl hemos experimentado ese instante de locura transitoria, de violencia extrema, el ansia de acabar con todo y con todos; o como Sara nos aferramos a esa tabla de salvación de los afectos para salir a flote y nos volcamos en el amor a los hijos, por los que merece la pena luchar y levantar la persiana del negocio cada día que amanece. Son pues tres vidas que sufren por azar su particular “ictus” en un mismo instante y lugar, las consecuencias son imprevisibles, pueden ser fatales e irreversibles o bien todo puede quedar en un susto, en una dramática experiencia con secuelas que el tiempo logrará sanar.

         Ictus tiene cuarto y mitad de novela urbana (las calles de Madrid son un laberinto en el que se encuentran perdidos los personajes y cuyo centro es el bar de Sara), otro tanto también de novela-día (la acción propiamente dicha se concentra en pocas horas, si bien el pasado explica el presente y se proyecta fatídicamente hacia el futuro), un mucho de realismo social, de objetivismo narrativo y de técnica cinematográfica. El olor a verdad se percibe en cada página, en cada línea, en cada palabra, no tanto por lo que cuenta, que también, sino por la naturalidad fascinante con la que lo cuenta y trata temas como las tendencias suicidas, la culpa, el miedo a la libertad y a perderla, la expiación...

         La escritura de Rubén Abella es sobria, antirretórica y depurada, sin ser lapidaria, fluye en párrafos cortos compuestos por oraciones sencillas, de verbos yuxtapuestos o unidos por coordinación copulativa, su prosa es concisa, minuciosa y precisa con las palabras, sensible a los detalles, con breves y frecuentes descripciones que no cansan ni detienen el flujo narrativo. Los sentidos, las sensaciones, los recuerdos conforman su materia prima y el lenguaje, cuidado hasta el extremo, es el instrumento con el que logra describir los ambientes e impresiones, hacérnoslos vívidos y reales. Su estilo, como afirmara Azorín, “no es nada”, y con equivocada osadía pensamos: “Esto lo hago yo”, para comprobar de inmediato “que eso que no es nada sea lo más difícil…”

         Ictus es un viaje hacia la esencia narrativa, concretada en una novela pura, desnuda, árida por momentos, pero conmovedora, capaz de resumir en poco más de doscientas páginas la complejidad de nuestra realidad, con sentimientos y conductas, sorpresas y emociones, dolor y humor, actitud crítica y sutileza expresiva, con un final abierto a la esperanza que eleva lo común, lo rutinario a la categoría de metáfora capital y propone el amor como salvavidas para nuestros naufragios.

RUBÉN ABELLA, Ictus, Palencia, Menoscuarto, 2020.

 

sábado, 3 de julio de 2021

 

¿CRUEL O JUSTICIERO?



        


Rey Don Pedro
se había convertido en una obsesión para Julio Castedo Valls, la comenzó a principios del 2005, tras concluir su primera novela, Apología de Venus, y la entregó a finales del 2020, después de tres reescrituras y casi dieciséis años de lucha con el personaje, en un ejercicio agónico de depuración perfeccionista, entre tanto vieron la luz El fotógrafo de cadáveres, El jugador de ajedrez – también su guion y la película- y Redención.

         Todo comenzó cuando su abuelo José Acisclo Castedo Hernández de Padilla fue engañado por un genealogista embaucador que le hizo creer descendía por rama directa de María de Padilla, la que fuera primero amante y luego esposa del rey Pedro I de Castilla. Resultó ser un engaño, pero la semilla de la historia del monarca, no sé si con justicia apodado “El Cruel”, germinó en su interior y su compleja personalidad le fue creciendo dentro hasta que se hizo carne verbal en Rey Don Pedro.

         El personaje, sin duda, resulta fascinante, marcado por un padre ausente, Alfonso XI, cuyo cariño fue para su amante y sus numerosos hijos bastardos, accedió al trono en 1350, su reinado está marcado por las constantes luchas con sus múltiples enemigos, tanto dentro de Castilla como fuera de ella. Entre los más próximos destacan por encima de todos sus hermanastros, encabezados por Enrique, conde de Trastámara, sin olvidar a sus primos los infantes de Aragón, en especial a Fernando e, incluso, su propia madre y su principal asesor, Juan Alfonso de Alburquerque, que también acabaron conspirando contra él. De los externos tuvo en frente a Pedro IV de Aragón, a tres papas diferentes y, sin posibilidad de poder ser neutral, también se vio inmerso en la guerra que los dos grandes reinos europeos, Francia e Inglaterra, mantuvieron durante más de cien años. De igual forma, su agitada vida amorosa y sexual resulta apasionante, sobre todo en lo que respecta en su relación con María de Padilla, su gran amor.

         Es de Perogrullo señalar que Rey don Pedro es una novela histórica, lo es de principio a fin; sin embargo, las batallas, conspiraciones, muertes, amores, etc., son solo el telón de fondo, el paisaje mental sobre el que el espíritu de Pedro I, recién asesinado por su hermanastro, ayudado por el mercenario Beltrán Duguesclín, reflexiona sobre sí mismo y sus problemas, pero esos pensamientos trascienden su propia historia para hacerse intemporales y abordar los grandes temas existenciales: la vida, la muerte, el poder, la ambición, el amor, el sexo, la enfermedad, el dolor… Esa exigencia de Castedo con su texto, esa reescritura obsesiva, ese ejercicio de contención lingüística  y de dolorosa elisión de hechos, que intuimos estarían presentes con todo su protagonismo en las primeras redacciones de la novela -seguramente superiores a las 500 o 600 páginas, pero que tras el filtrado han quedado reducidas a menos de 240-, ahora son la excusa para una meditación interior profunda, de manera que la narración histórica deviene en introspección psicológica que refleja el conflicto permanente entre el rey (su personalidad, miedos, inquietudes, dilemas, etc.) y su circunstancia vital, que el autor utiliza con maestría para ahondar en la condición humana, entre el “yo” lector y su propia existencia, en una suerte de realismo psicológico de alto nivel expresado mediante una prosa depurada y precisa.

Julio Castedo Valls, Rey Don Pedro, Editorial Berenice, 2021, pp.238. 

        

lunes, 21 de junio de 2021

 

TESTAMENTO DE AMOR TUROLENSE


            Riojano de nacimiento y aragonés de adopción, Francisco Javier Aguirre se enamoró de las tierras turolenses desde su llegada a la capital allá por el año 1978 como director de su Biblioteca Pública, donde habría de permanecer hasta 1988 realizando una intensa actividad de dinamizador cultural que le llevó a conocer a fondo todas sus comarcas. Durante esta década abandonó por completo su ya iniciada actividad literaria, para dedicarse en cuerpo y alma a su profesión, sin embargo, su vampírico espíritu de escritor seguía alimentando su magín con la sangre de las historias de las gentes de los diferentes rincones de la provincia, y ahora se las devuelve en forma de relatos compilados en Tierra de silencios. Memorial turolense, un homenaje a todos ellos y a Teruel.

            Editado con esmero por la editorial DOBLEUVE, presenta unas bellas ilustraciones del artista de Villarquemado, Nairo Hernández Úbeda, y cuenta con prólogo de Javier Sierra y epílogo de Antón Castro, amantes hasta la médula de estas tierras, reconocen que sus silencios están poblados de historias que alimentan la fantasía y reivindican el arte de contarlas.

            En su conjunto, el libro está dedicado a José Antonio Labordeta y Eloy Fernández Clemente, admirados camaradas del autor que, como los anteriores, han sabido mirar sus paisajes y escuchar a su paisanaje para cantarlos y contarlos y hacerlos existir más allá de su presente en la Música y la Literatura.

            Aguirre sigue su ejemplo y su obra, como reza su preciso y precioso título, se constituye, por una parte, en una suerte de geografía literaria de esa Tierra de silencios, con descripciones tan magistrales como la del otoño en el Maestrazgo presente en “Fuego en la sien”, mientras que, por otra, homenajea a personas reales a las que dedica los relatos, convirtiéndolas en personajes de los mismos, acompañados por otras muchas, tanto individuales con nombre propio, como colectivos –campaneros y mineros-, conformando de esta forma ese Memorial turolense, extensa nómina de amigos, pasados y presentes, a los que inmortaliza por medio de su escritura.

            Con una prosa limpia y precisa, salpicada en muchas ocasiones de fina ironía y humor inteligente, las doce narraciones mezclan realidad y ficción creando un juego literario de complicidades con los lectores, en especial los turolenses, quienes reconocerán en ellos a personas notables de su entorno más próximo.

            En “Reencuentro”, con el terrible bombardeo de Alcañiz como telón de fondo, nos narra una trágica historia familiar, presente también en “Resurrección”; “Polvo enamorado” es una carta de amor suicida con esotérico final; en “Cenizas en la hoguera” relata la terrible afición pirómana de un malaje de triste final, llamas de ficción que se hacen realidad en el devastador incendio real iniciado por un rayo en Villarluengo en julio de 1994 y por la literatura de Dostoievski en la mente profética del protagonista del psicológico relato paranormal ya citado de “Fuego en la sien”. Pero no todo es drama y dolor, también hay comicidad y humor inteligente en esas bromas festivas tituladas “Museo minero”, “Misterios de la mente”, “Amores clandestinos” o en el excelente, burlesco y surreal “Delirio” Anécdotas de viajes encontramos en “Palomica, Palomica” y “El resplandor” y, como coda final, siendo el autor un melómano irredento, un homenaje a los grandes músicos turolenses en el explícito, “Música”, donde él mismo se incluye como personaje para reivindicar su participación en uno de los acontecimientos musicales más importantes celebrados en la capital.

            Francisco Javier Aguirre sabe escuchar el silencio, sabe mirar los paisajes, sabe querer a sus gentes y les regala sus historias convertidas en alta literatura en este testamento de amor narrativo que es Tierra de silencios. Memorial turolense.

FRANCISCO JAVIER AGUIRRE, TIERRA DE SILENCIOS. MEMORIAL TUROLENSE, TERUEL, DOBLEUVE, 2021.

 

lunes, 17 de mayo de 2021

CUENTO SOLIDARIO: "LA FUENTE", TEXTO DE JUAN VILLALBA E IMÁGENES DE REMEDIOS CLÉRIGUES AMIGÓ

Así nació el proyecto:

La Asociación de Vecinos de la Fuenfresca en el 2018 reunió a varios artistas del barrio a una mesa redonda. De allí salió una iniciativa: La invitación a l@s artistas del barrio a colaborar en algún proyecto que tuviera relación con el mismo, con sus habitantes como principales destinatarios.

El escritor turolense Juan Villalba se ofreció a escribir un cuento titulado "La fuente”. La pintora y escultora, Remedios Clérigues Amigó, se propuso para ilustrar el cuento. Las consecuencias de la pandemia han retardado un poco el proceso pero, por fin, tenemos la maqueta / prototipo en nuestras manos, que por el módico precio de 10 euros puedes tenerlo personalizado y dedicado por sus autores

Los beneficios obtenidos se pondrán a disposición de la “Asociación de voluntariado vecinal“ con el objetivo de que se destinen a paliar los efectos negativos de la pandemia para personas que se encuentren en especial situación de vulnerabilidad. 

Esperamos vuestra solidaridad y que os guste. Los encargos pueden dirigirse al correo: vecinosfuenfresca@gmail.com

Y al teléfono:  629214109, haciendo constar:

Nombre

Dirección

Móvil

Número de ejemplares


En el video se muestra el resultado: 


Algunas fotos de la magnífica personalización que ha realizado para cada uno de los cuentecillos Reme, no se puede pedir más por menos:









El Diario de Teruel se hizo eco: 


Y el Eco de Teruel también tuvo la amabilidad de hacerlo: