CASABLANCA

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FOTO DE GONZALO MONTÓN MUÑOZ

lunes, 9 de febrero de 2026

 

LA DANZA COMO DESTINO: IN MEMORIAM DE CARMELO ARTIAGA MIALDEA.


           


    Con profundo dolor y una emoción difícil de expresar, los miembros del Consejo Directivo de la Academia de las Artes del Folclore y de la Jota de Aragón hemos despedido recientemente a Carmelo Artiaga Mialdea, fundador y primer presidente de la institución, bailarín, coreógrafo y maestro irrepetible. Figura capital de la danza aragonesa contemporánea, fue también uno de los grandes nombres de la Jota en su proyección artística, pedagógica e internacional.



            Recuerdo con especial emoción cómo Carmelo quiso que uno de los primeros actos de la Academia se celebrara en Teruel. Aquel gesto no fue casual ni meramente protocolario. Consistió en el nombramiento en el año 2018 de los músicos vigueses Carlos Núñez, Xurxo Núñez y Pancho Álvarez como los primeros Académicos de Honor de la institución, en un acto solemne celebrado en el Círculo de Recreo Turolense. La investidura precedió al concierto-presentación La Hermandad de los Celtas, que pudo disfrutarse esa misma jornada en el Teatro Marín. Aquella iniciativa resumía bien su manera de entender la cultura: tejer redes, crear vínculos y unir tradiciones, haciendo dialogar los folclores más allá de fronteras y acentos.



            Nacido en Zaragoza, tras pasar su infancia en París, su vida estuvo entregada desde muy temprana edad a la danza, entendida no solo como disciplina artística sino como forma de conocimiento, de identidad y de diálogo entre culturas. Su formación comenzó en el Folclore Aragonés y la Escuela Municipal de Jota de Zaragoza entre 1971 y 1976, donde se fraguó un vínculo indisoluble con la tradición que nunca abandonaría y que más tarde sabría enriquecer con una visión abierta, rigurosa y profundamente contemporánea. En este campo se forjó bajo la guía de maestros esenciales: Andrés Cester Zapata, Angelita Vidal y Felisa Sevillano Querol, de quienes heredó no solo técnica, sino una manera de entender la danza como memoria viva. Formó parte del Grupo Folclórico Nobleza Baturra, donde el rigor y la tradición marcaron su carácter artístico. Más tarde asumió la dirección de la Escuela Municipal de Danza Villa de Tauste, convirtiéndola en un espacio de aprendizaje y transmisión. En 1990 dio un paso decisivo al crear su propia compañía de danza, con la que inició un camino personal de investigación, creación y compromiso con el folclore aragonés. 




            A partir de ahí, su trayectoria formativa fue tan extensa como exigente. Se formó en ballet clásico, contemporáneo y danza española en Zaragoza, Madrid y Palma de Mallorca entre 1977 y 1986, de la mano de maestros y maestras fundamentales como Carmen de la Vega, Almudena García Lobón, Isabel Pérez, Mona Belizán, Ana y Emma Maleras, Renée Gerard, Luis Fuente, José Espadero, Juanjo Castaño o El Güito. Amplió estudios en la Escuela de María de Ávila (1981-1983) y fue becado por la Escuela del Bolshói de Moscú entre 1983 y 1986, una experiencia decisiva que marcaría su concepción del rigor técnico y del escenario como espacio de verdad artística.

            Completó su formación en el Conservatorio Superior Óscar Esplá de Alicante, donde cursó las carreras de Danza Clásica y Danza Española, y se especializó en danza contemporánea y afrocubana en el centro de Karen Taft en Madrid. A ello se suman estudios de anatomía de la danza en Toulouse, cursos de danza de carácter, clásico español, jazz, técnica Fosse, así como una incesante curiosidad por todos los lenguajes del movimiento. Esta sólida y plural formación lo convirtió en un artista total y en un pedagogo excepcional.

                        Su carrera escénica fue igualmente deslumbrante. Debutó como solista en el Teatro Argensola de Zaragoza, actuando posteriormente en numerosos teatros españoles. Fue solista del Ballet Folclórico Nobleza Baturra entre 1976 y 1981 y participó en más de 450 programas de televisión en España y en el extranjero, en espacios tan emblemáticos como Aplauso, Gente Joven, Un, dos, tres (versión holandesa) o los grandes especiales de Nochebuena y Nochevieja de TVE.



            En 1983 formó parte de la Antología de la Zarzuela que acompañó a la Comisión Cultural Española en la histórica visita de los Reyes de España a la URSS, actuando en Moscú, San Petersburgo, Samarcanda o Dushambé, ciudades que más tarde lo nombrarían Hijo Adoptivo. Un año después, coreografió la bienvenida oficial a Sus Majestades en el aeropuerto de Moscú, un gesto que simboliza el reconocimiento internacional a su talento y profesionalidad.

            Fue primer bailarín en giras internacionales, coreógrafo de grandes producciones escénicas, creador incansable de espectáculos como El amor brujo, Yerma, La forja de un rebelde, La ley del deseo, Zaragoza, ciudad de las estrellas, la gala LOVE, estrenada en el Teatro Principal de Zaragoza en 2020, y el homenaje a la jota, en colaboración con la pianista Marta Vela, Un arte llamado jota. “De Principal Belleza”, estrenada también en el Principal en 2024. Dirigió y coreografió eventos de enorme impacto artístico y social, como la gala Somos, y colaboró como coreógrafo y estilista de moda con firmas de primer nivel internacional.




            Paralelamente, desarrolló una intensa labor docente y de dirección artística: fue profesor de danza durante décadas, director de la Escuela Municipal de Danza “Villa de Tauste”, formador de gimnastas de alta competición y referente pedagógico para varias generaciones de bailarines y bailarinas, siempre desde la exigencia, la pasión y el respeto absoluto por el oficio.

            En 2017 culminó uno de sus grandes sueños: la fundación de la Academia de las Artes del Folclore y de la Jota de Aragón, institución que presidió hasta su fallecimiento y desde la que trabajó incansablemente por la dignificación, el estudio, la difusión y el futuro de la Jota, entendida como patrimonio vivo, abierto al diálogo con otras artes y otras culturas. Su visión, su liderazgo y su amor por Aragón han quedado inscritos para siempre en la historia de nuestra danza.




            Reconocido con más de 24 premios nacionales de danza, tres premios de folclore en Gente Joven de TVE, dos premios nacionales de traje antiguo y numerosos homenajes dentro y fuera de España, su legado artístico es tan vasto como imborrable. Era también Miembro del Consejo Internacional de la Danza CID —UNESCO — París.

            Con su muerte, la danza aragonesa —y la Jota en particular— quedan huérfanas de una de sus figuras más luminosas. Nos queda, sin embargo, su ejemplo: una vida entregada al arte, al rigor del trabajo bien hecho y a la firme convicción de que la tradición solo pervive cuando se ama, se estudia y se proyecta con decisión hacia el futuro.

            Siempre en nuestra memoria 



 


domingo, 1 de febrero de 2026

 

LA FICCIÓN POLÍTICA COMO ESPEJO DEL PRESENTE


           


En La caza del ejecutor, Vicente Vallés vuelve a la ficción política con una novela que se sitúa en la intersección entre el thriller de espionaje, la intriga internacional y la reflexión sobre el ejercicio del poder en el mundo contemporáneo. Al igual que en Operación Kazán, el autor traslada a la narrativa su experiencia como periodista especializado en política internacional, construyendo un relato en el que la ficción funciona como una herramienta para interpretar la realidad global.

            La novela parte de un acontecimiento clave: el asesinato de un alto dirigente ruso, un hecho que actúa como detonante de una investigación compleja y peligrosa. A partir de ese suceso, la trama se despliega a través de distintos escenarios y pone en marcha una persecución contrarreloj para descubrir quién está detrás del crimen y, sobre todo, qué intereses se ocultan tras él. La figura del “ejecutor” no es solo la de un asesino individual, sino el símbolo de una maquinaria de poder mucho más amplia y opaca.

            Uno de los ejes centrales de La caza del ejecutor es la violencia política como instrumento estratégico. Vallés plantea cómo, en el tablero internacional, los asesinatos selectivos, las operaciones encubiertas y las acciones clandestinas forman parte de una lógica de poder que rara vez se muestra de manera explícita ante la opinión pública. La novela invita así al lector a cuestionar la versión oficial de los grandes acontecimientos y a sospechar de las explicaciones simples en un mundo gobernado por intereses económicos, geopolíticos y militares.

            Desde esta perspectiva, la obra resulta especialmente pertinente si se lee a la luz del contexto actual. La proliferación de conflictos armados, el uso del espionaje como herramienta habitual de presión, las injerencias en otros países y la normalización de la violencia encubierta hacen que la trama no parezca una exageración literaria, sino una recreación verosímil de dinámicas reales. Vallés sugiere que el orden  mundial se sostiene sobre frágiles equilibrios, y que la eliminación de una figura clave puede desencadenar consecuencias imprevisibles a escala global.

            Asimismo, la novela aborda la crisis de las democracias occidentales y su dificultad para responder a amenazas que no siempre adoptan formas convencionales. Los protagonistas se mueven en un entorno en el que las fronteras entre legalidad e ilegalidad, entre justicia y razón de Estado, se vuelven difusas. En este sentido, La caza del ejecutor plantea un dilema ético constante: hasta qué punto es legítimo vulnerar principios democráticos en nombre de la seguridad o de la estabilidad internacional.

            Desde el punto de vista narrativo, la obra destaca por su ritmo ágil y por una estructura que mantiene la tensión a lo largo de toda la investigación. El lenguaje es claro y preciso, con un marcado tono periodístico que facilita la comprensión de cuestiones complejas sin restar intensidad al relato. Vallés logra así un equilibrio entre entretenimiento y reflexión, haciendo accesible al gran público un análisis profundo de las relaciones internacionales y del funcionamiento real del poder.

            En conclusión, La caza del ejecutor se consolida como una novela que dialoga directamente con la actualidad y que refuerza la idea de que la ficción política puede ser una forma eficaz de interpretar el presente. Los acontecimientos recientes —el aumento de la inestabilidad internacional, los asesinatos políticos, las operaciones secretas y la desconfianza hacia los discursos oficiales— confirman la vigencia de las cuestiones planteadas por Vallés. No pretende ofrecer respuestas cerradas, sino despertar en el lector una mirada crítica ante un mundo en el que, con frecuencia, los verdaderos ejecutores no son quienes aprietan el gatillo, sino quienes mueven los hilos desde la sombra. 

    Esta reseña se publicó en el cultural del Heraldo A&L: 




   

sábado, 10 de enero de 2026

 

Wagner íntimo: reflexiones sobre arte, creatividad y misión artística

 


           


Sin duda, el fondo bibliográfico sobre música de la editorial Fórcola es uno de los más relevantes y exquisitos del panorama español. Fiel a su esmero habitual, la editorial publica ahora A mis amigos. Reflexiones sobre la creatividad y la música, una obra que se integra con naturalidad en este corpus musical tan cuidado y exigente. La edición incluye un prólogo del crítico y especialista wagneriano Miguel Ángel González Barrio, así como la traducción y el aparato crítico del doctor en filología germánica Alfonso Lombana, cuyo trabajo asegura precisión y claridad en un texto de gran alcance intelectual.

            Este volumen dialoga de forma especialmente fecunda con Richard Wagner–Friedrich Nietzsche: Correspondencia, también editado por Fórcola y reseñado en estas mismas páginas, donde se recoge la voz directa de dos figuras esenciales cuya amistad, tensiones y rupturas marcaron la cultura europea del siglo XIX. La lectura conjunta revela que Wagner, lejos de ser únicamente uno de los compositores más influyentes de su tiempo, fue también un escritor prolífico cuya obra abarcó crítica musical, teoría estética, ensayos filosóficos y textos de carácter político y social; durante un periodo, incluso ejerció como literato profesional.

            A mis amigos funciona así como un contrapunto reflexivo que ilumina y recontextualiza la Correspondencia, ofreciendo un marco más amplio para comprender el diálogo entre Wagner y Nietzsche y, al mismo tiempo, para adentrarse en una reflexión contemporánea sobre creatividad, música y pensamiento artístico.

            Wagner despliega aquí, con la vehemencia propia de su pensamiento —más dirigido al sentimiento que al entendimiento, al corazón más que a la razón—, una combinación de manifiesto estético y político, confesión personal y tratado filosófico sobre el arte. Aunque no es un texto extenso, su densidad conceptual y su tono abiertamente apasionado lo convierten en una lectura reveladora para quienes buscan comprender no solo la música wagneriana, sino la cosmovisión que la sostiene.

            El escrito se presenta como una suerte de carta abierta dirigida a quienes Wagner consideraba sus aliados intelectuales y espirituales. En él reflexiona sobre el papel del artista en la sociedad, la naturaleza de la verdadera creatividad y la misión casi redentora que, a su juicio, debía asumir la música. Para Wagner, el acto creativo es un impulso profundamente humano y casi sagrado, que solo puede desarrollarse plenamente cuando el artista se libera de condicionamientos comerciales, convenciones triviales y limitaciones sociales.

            Uno de los aspectos más sugerentes es su énfasis en la unidad entre arte y vida. Para Wagner, la música —y en particular el drama musical— no constituye un mero entretenimiento, sino un medio de transformación espiritual. Su crítica a la superficialidad del arte burgués refleja tanto su temperamento polémico como su deseo de un arte total, orgánico y arraigado en la experiencia humana profunda.

            El texto ofrece también una ventana a la autopercepción del propio Wagner, que se presenta al mismo tiempo como rebelde incomprendido y visionario adelantado a su época. Esta actitud puede resultar fascinante o irritante según el lector; sin embargo, es justamente esa intensidad lo que hace tan influyente su pensamiento.

            En suma, A mis amigos es una obra breve pero significativa: un documento donde se entrelazan estética, política, filosofía y autobiografía. No se trata de un análisis técnico de la música, sino de una declaración emocional e ideológica que ayuda a entender la fuerza que impulsó la creación de obras como El holandés errante, Tannhäuser y Lohengrin. El texto ofrece claves interpretativas esenciales y consolida el discurso estético de su actividad creadora, tanto para comprender la evolución posterior de su carrera como la recepción de su legado. Su lectura resulta imprescindible para quienes deseen adentrarse en el universo mental de uno de los compositores más polémicos y trascendentes del siglo XIX.

Esta reseña se publicó en el suplemento del Heraldo, "Artres & Letras":