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jueves, 7 de junio de 2018

RESEÑA DE LA NOVELA, "EL VIAJE DEL ANARQUISTA", DE ELIFIO FELIZ DE VARGAS



LA MUERTE EN VILLARLUENGO

En su última novela, El viaje del anarquista, Elifio Feliz de Vargas vuelve a un espacio familiar y querido, el Maestrazgo. Quizá sea por su profesión de veterinario, pero lo cierto es que se encuentra como pez en el agua o mejor como treparriscos en el roquedo de los ambientes rurales: vive y hace vivir su paisaje; participa de la dimensión humana y sentimental de sus gentes; conoce y da a conocer sus problemas; escucha su habla y la reproduce con gracia y precisión. De alguna manera, el viento trágico de su Días de cierzo (2006), obra con la que ganó el I premio de novela “Comarca del Maestrazgo”, vuelve a soplar sobre las páginas de esta y con él los ecos de todos los grandes narradores –Baroja, Castro, Ribas, etc.- que supieron ver en esas mágicas montañas de difícil acceso un territorio literario donde todo es posible, al menos en la ficción.

La novela se enmarca entre dos momentos históricos: arranca en julio de 1909 durante los sucesos de la Semana Trágica de Barcelona y concluye en octubre de ese mismo año con el fusilamiento del pedagogo y anarquista Francisco Ferrer Guardia. Entre tanto nos cuenta la azarosa huida de su joven discípulo, Francesc Casals, prófugo del ejército español, que buscará refugio en el pueblo del Maestrazgo turolense de Villarluengo, donde bajo una identidad falsa trabajará como mozo de botica, tratará de llevar a cabo los postulados de la Escuela Moderna de Barcelona y vivirá una historia de amor con la Chica Natividad.

El viaje del anarquista es una novela coral, no solo en cuanto a los personajes, sino también en lo que respecta a las voces narrativas, al estilo y a los temas (el anarquismo, la situación de la mujer y de la educación en España a comienzos del siglo XX, etc.) Un narrador omnisciente nos relata unos hechos que fragmentariamente distintas primeras personas complementan desde su punto de vista y explican con su propio registro idiomático. Es decir, Elifio escucha a sus personajes y los deja conversar con el lector respetando en todo momento sus actos de habla o de escritura, pues también hay una importante relación epistolar entre ellos. De esta forma, la estructura de la novela resulta un tanto compleja al principio, pero conforme avanza, se ensambla de manera perfecta y al final las preguntas que se han suscitando en su desarrollo encuentran sus respectivas respuestas, componiendo un tan preciso como excelente rompecabezas narrativo.

Junto con el protagonista y su antagonista, esa concentración de sangre de Caín de la España profunda que es el Raidiera, destacan los personajes femeninos, en especial el de Natividad, una joven extrañamente letrada para aquellos tiempos y pagos, y el de su abuela, doña Purificación, una especie de doña Rosa celiana dueña de la casa de huéspedes donde se ubica la botica. Sin olvidar a los secundarios de lujo: Remigi Casals, Angelita, el Tuerto, Aurora, etc. Sus descripciones de presentación son en todos los casos memorables, incluidas las de los escenarios.

La novela se construye sobre un sólido trabajo de documentación, si bien Elifio surfea sobre los acontecimientos históricos y, aunque los trata con rigor, no cae en vanas disquisiciones filosóficas ni deja que se vean las costuras de las lecturas previas. Tan solo sutiles pinceladas aquí y allá para ambientar la acción. Lo que de verdad le importa es la forma, moldear el lenguaje en la fragua del estilo y con una prosa poética a veces, irónica en otras, ágil siempre, salpimentada con ese humor tan “elifiano” o “feliziano” tan suyo, tendente a lo escatológico y morboso, tan divertido como trágicamente doloroso, nos relata una historia sencilla y tremenda que trata sobre lo ineludible del destino humano: la muerte, igual da que sea en Samarra que en Villarluengo, siempre te estará esperando. Solo nos damos cuenta de la verdadera crudeza del relato cuando llegamos a su final, aun a pesar de que el autor se ha permitido el lujo de anticiparlo cinematográficamente en el comienzo. Fantástica boutade al alcance de muy pocos escritores.

ELIFIO FELIZ DE VARGAS, El viaje del anarquista, Valencia, Rasmia Ediciones, 2018

viernes, 2 de octubre de 2015

RESEÑA DE "CUANDO JUNTOS CAMINÁBAMOS", DE ELIFIO FELIZ DE VARGAS

CAMARADAS


Foto tomada del Diario de Teruel

   Con Cuando juntos caminábamos, la última novela de Elifio Feliz de Vargas, he disfrutado como turolense y como lector.
   Como turolense he recorrido las calles y plazas del centro histórico de la ciudad siguiendo los pasos de sus personajes, con ellos he recordado las tardes de domingo de juegos de mesa y ping-pong en la antigua sede de la OJE en el histórico edificio de la Casa de la Comunidad, otrora arrumbado y en la actualidad flamante Museo de la ciudad; he visitado el antiguo claustro, húmedo y oscuro, del Palacio Episcopal, y el nuevo ya reformado, cálido y luminoso; he vuelto a revivir mis primeros escarceos sexuales en la angosta discoteca Java; también, como le ocurriera a Proust, he rememorado recuerdos de la adolescencia y juventud al sucumbir al poder evocador del olor de las míticas sardinas asadas del ya desaparecido bar Plata y, como no, he vuelto a reivindicar la supervivencia del Colegio Universitario, hoy ya, afortunadamente, consolidado en coqueto campus.
         Como lector me ha entretenido el argumento de la novela, pero más si cabe me ha deleitado la indudable calidad literaria de un entramado narrativo de tan difícil ensamblaje como fácil lectura, cimentado sobre una sólida documentación que en modo alguno densifica su escritura, donde todo encaja con precisión absoluta.
         La mayoría de los apartados en que se divide podrían funcionar de forma autónoma como relatos, al tiempo que se complementan de manera perfecta para componer la historia principal, narrada con continuos saltos en el tiempo: un narrador omnisciente nos describe las incipientes relaciones de amistad de un grupo de muchachos que comparten aventuras e inquietudes en un campamento de la OJE en el verano de 1972 en Orihuela del Tremedal. Asistimos a la socialización adolescente, con sus luchas por el liderazgo y sus sumisiones, a las primeras amistades y traiciones, al despertar de la sexualidad, en suma, a toda una serie de acontecimientos que marcarán sus vidas , en este caso  y de manera especial la de José Antonio Toro, un protagonista de ambigua personalidad construida sobre extremadas convicciones políticas hasta el punto de deformar su visión del mundo, de la amistad, del amor e, incluso, de su misma orientación sexual, pero también la de su “camarada”, el tímido y solitario Roig, más conocido por todos como “Melindres”, ese amigo-víctima y verdugo con el que mantendrá una confusa relación el resto de su existencia.
         El narrador omnisciente alterna con las voces en primera persona de otros personajes que en algún momento tuvieron relación con él, perfilando desde sus respectivos puntos de vista su compleja psicología. De esta manera, con la pieza que cada uno aporta, se irá construyendo el puzle de la vida de Toro, pero también se esborazá la de ellos: el padre Nebot recorre las calles de Teruel y su historia desde los años cuarenta, pasando por los últimos estertores de la dictadura y las primeras elecciones democráticas, hasta llegar al comienzo del presente siglo. Se trata de una especie de Séneca de derechas, cuyo monólogo interior se sustancia en párrafos más o menos regulares que se cierran antes del punto y aparte con una palabra-resumen de lo dicho anteriormente, fantástica manera de caracterizarlo mediante el fluir de su conciencia, que va construyendo una especie de diccionario personal definitorio de su forma de pensar y de entender el mundo. Un inmigrante cubano, ingerencia externa en la vetusta capital de provincia, desencadenante de los hechos finales, perfectamente dibujado por medio del ritmo y de los rasgos diafásicos y diatópicos de su habla. El agente Chozas, Inma, Roig, el propio Toro… Todos personajes redondos, incluidos los secundarios de lujo –Jesús, el chofer estraperlista, Martín, Gallego, Rudolf, Maldonado y un largo etcétera- que evolucionan ante nuestros ojos y cambian como el paisaje urbano de la ciudad. Coetáneos míos y del autor, viven experiencias similares a las que pudimos vivir nosotros y en los mismos espacios, caso, por ejemplo, del surrealista apagón de luz de tres días de duración de octubre del setenta y nueve, todavía vivo en el inconsciente colectivo de los turolenses mayores de cuarenta años. De hecho, podríamos jugar a descubrir a posibles personas reales escondidas tras ellos, pero sería un trabajo poco productivo, lúdico tal vez, pero muy pobre en lo literario. Elifio sabe que un escritor al cerrar los ojos debe eliminar de su mente razones y sentimientos circunstanciales, debe sumergirse en el pasado para ir en busca de los orígenes, de los símbolos primeros, y es ahí donde encuentra a José Antonio Toro, que es uno y muchos, como anticipa su significativo nombre de pila y su no menos simbólico y racial apellido: la fuerza, el valor viril, la bravura, la fecundidad, todo puesto en duda; es España, esa piel de toro,  habitada por esos personajes de ideologías extremas, Toros de uno y otro signo que, invariablemente, en un eterno retorno, siempre terminan desollándola; pero es también Teruel, con su Torico, ese microcosmos social y político de España, donde la onda de los cambios siempre llega a sus orillas con retardo y es de baja intensidad. Es ese adolescente obnubilado por la figura del padre, que quiere ser militar como él, abrir una armería con él, pero termina regentando –y obsérvese de nuevo el perfecto e irónico juego simbólico y lingüístico- la mercería de su madre. Es ese joven obsesionado con mantener el régimen franquista que agoniza y lidera en Teruel el grupo de ultraderecha que se reúne en “La Reserva”, un local cuyo nombre y abandono físico simbolizan a la perfección el desmoronamiento de la misma ideología que cobijan sus decrépitas paredes: “Nos detuvimos frente a una puerta despintada. Sobre la mirilla se conservaba una imagen policromada del Sagrado Corazón de Jesús rodeada por los colores de la bandera nacional y la inscripción ‘Dios bendiga cada rincón de esta casa’.” Elifio hila todo esto con maestría y consigue que en el lector surja un recuerdo primordial, una visión, un olor evocador: la magdalena de Proust.
         La literatura constituye la verdadera Historia de los pueblos, en este caso la novela de Elifio, Cuando juntos caminábamos, es una aguda mirada crítica a los últimos años de la dictadura y primeros años de la democracia, una historia de “camaradería” mal entendida y de represión  sexual. Sean o no turolenses la disfrutarán sin ninguna  duda.
        

    Elifio Feliz de Vargas, Cuando juntos caminabamos, Madrid, Última Línea, 2015.

domingo, 24 de noviembre de 2013

ELIFIO FELIZ DE VARGAS: "JERICHO SOUVENIR"


RESEÑA PUBLICADA EN EL SUPLEMENTO DEL HERALDO "ARTES Y LETRAS"




            

Elifio Feliz de Vargas no es un seudónimo con resonancias al realismo mágico ni el protagonista de un culebrón mejicano, sino el autor de Jerícho Souvenír, una novela juvenil ágil y desenfadada. El escritor turolense conoce bien el paño,  esta es su tercera incursión en el género y se le nota el oficio: protagonista adolescente con el que fácilmente se pueden identificar los hipotéticos lectores, trama  misteriosa y aventurera, léxico adecuado, en definitiva, presencia de  variados mecanismos empáticos para “enganchar”. Pero lo cierto es que la novela es más, mucho más.     
            Jerícho Souvenír es una parodia crítica e inteligente a los best-sellers en la que se despliega ironía, humor y mordacidad satírica a raudales. De alguna forma, Jerícho Souvenír es una novela sobre cómo escribir una novela, o mejor dicho, un best-seller: Ángel Espín, el padre del protagonista, profesor de música y escritor de novelas de éxito se enfrenta a un bloqueo creativo. Su hijo, Alberto, estudiante de instituto, recurrirá a un souvenir que su madre, intérprete y traductora de árabe, ha traído de  Jordania, como disparadero de la inspiración de su progenitor, para que teja una peregrina historia sobre un arma de destrucción masiva que tiene su origen en el Antiguo Testamento.
            Nos encontramos pues con una historia  dentro de otra historia, en las que la ficción y la realidad se entrecruzan y se mezclan hasta el punto de llegar a confundirse en algún momento, si bien ambas tendrán distintos finales, pero en los dos casos, abiertos, como en los grandes éxitos parodiados, siempre pendientes de una posible secuela.
            Jerícho Souvenír es una novela iconoclasta y paradójica; al mismo tiempo que dibuja una sonrisa en la cara del lector y desmitifica el género de los best-sellers, participa de sus mismas características: humor, capítulos breves, estilo dócil y  trama típica de ritmo cinematográfico -hay un secreto, un objeto perdido, una secta milenaria y, por supuesto, peligra el orden mundial establecido-. El lector avisado pronto descubrirá que en lugar de leerla la está viendo. No en vano, Elifio ha escrito guiones y su técnica se nota en la narración: uso del flash back, breves y precisas descripciones, simultaneidad de acciones, sorprendente punto de giro final en la historia real, etc.
            Es esta, en suma, una novela ingeniosa, un divertimento personal, una burla de los recetarios que aseguran el triunfo editorial, en la que se reflexiona sobre la fabricación industrial del talento y los fraudes de los éxitos de ventas. Elifio Feliz de Vargas, escritor de prodigiosa imaginación chestertoniana, es consciente de que su obra puede ser un texto de transición hacia otro tipo de literatura, pero, al mismo tiempo, fiel a sí mismo, no renuncia a su condición de narrador de fuste y lo dota de un valor creativo más allá del estricto ámbito educativo y adolescente, garantizando de esta forma el placer estético de los lectores adultos. 

ELIFIO FELIZ DE VARGAS, Jerícho Souvenir, Málaga, Sepha, 2013, 204 pp