CASABLANCA

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FOTO DE GONZALO MONTÓN MUÑOZ

miércoles, 15 de junio de 2016

VOCES TUROLENSES EN LA LÍRICA: TENOR AMABLE LEAL ALEGRÍA (I)







La provincia de Teruel ha dado a la historia de la lírica cantantes de extraordinaria calidad, de hecho, proporcionalmente a su población es incluso un número importante, algunos, caso de los tenores Andrés Marín y Juan Francisco García Muñoz, el bajo Victoriano Redondo del Castillo o de las sopranos Elvira de Hidalgo y Carmen Gracia Tesán, alcanzaron la categoría de “divos”, compartiendo escenarios con las voces más importantes de su época. A estos nombres absolutos de la lírica mundial, debemos unir otros quizá no tan destacados, más modestos si se quiere, pero que en su momento sí ocuparon un lugar de privilegio en el mundo de la ópera y de la zarzuela nacional, tal es el caso del tenor Amable Leal Alegría, de Alcañiz. 



Con una hermosa voz y una tremenda afición, la trayectoria profesional de Amable Leal quedó marcada por una frustrada presentación en el Teatro Real al comienzo de su carrera con la en esos momentos emergente promesa María Barrientos, de haberse producido quizá su suerte hubiera sido otra, pero eso nunca lo sabremos, por lo que el tenor de Alcañiz aunque intentó hacerse un hueco en el exigente mundo de la ópera de principios del siglo XX no lo consiguió y derivó irremediablemente hacia la zarzuela.



Quien esté interesado en su biografía, el próximo 23 de junio, a las 20 h., en el salón de actos del Museo de Teruel presentaremos el libro, Voces turolenses en la lírica: tenores Amable Leal Alegría y Pascual Albero Burillo, en el que intervendrán el director de la Escuela Municipal de Música "Antón García Abril" de Teruel, Antonio Civera Plumed, el editor, Juan Ignacio Jiménez, y el autor, Juan Villalba, es decir, yo mismo, y nos acompañarán, y nunca mejor dicho, al piano, FERNANDO LAREDO, que interpretrará junto con su hija, ADE LAREDO, cantante de los míticos LUCIOPERCAS, y el polifacético MANOLO IZQUIERDO DOLZ, más conocido como MANIOBRAS, miembro de ASTÍ QUEDA IXO! y la nueva ORQUESTA PALANCIA, pero en este caso será en versión barítono con la versión de la "jota de Perico", perteneciente a la Zarzuela El guitarrico y alguna jota de Pascual Albero, el resto del repertorio es un misterio. 

viernes, 10 de junio de 2016

NICANOR VILLALTA PELICULERO (III)



Villalta, el mejor espada de su época a los ojos de Hemingway
        


Hemingway consideró a Villalta el mejor torero de su tiempo, junto al “Niño de la Palma”, lo juzgó como un torero intemporal, único, personal, individual e inclasificable, pero démosle la palabra al escritor taurófilo, la cita es larga, pero merece la pena, quizá sea la mejor radiografía de un torero y de su forma de torear que se haya hecho nunca:




“Villalta es un caso extraño. Tiene un cuello tres veces más largo que la mayoría de las personas. Mide uno ochenta de estatura y ese metro ochenta está empleado casi enteramente en piernas y cuello. No se podría comparar su cuello con el de una jirafa, porque el cuello de la jirafa tiene un aire natural y el cuello de Villalta parece como si acabaran de estirarlo delante de vuestros ojos. Parece que es un cuello de goma que se estira y se estira y no vuelve jamás a sus dimensiones normales. Sería maravilloso que pudiera ocurrir así. Ahora bien, un hombre, dotado de tal cuello, si mantiene los pies juntos, el torso hacia atrás e inclina el cuello hacia el toro, produce cierto efecto que, sin ser enteramente artístico, no es completamente grotesco. Pero en cuanto ensancha las piernas y sus largos brazos van cada uno por su lado, nada puede evitar, por mucho valor que ponga, el que se convierta en un ser extremadamente ridículo.

Una noche, en San Sebastián, paseando por La Concha, Villalta nos habló de su cuello, en esa especie de lenguaje infantil aragonés que habla; maldijo su cuello, y nos explicó cómo tenía que concentrar la atención en su cuello y no olvidarse nunca de él para no parecer grotesco. Había inventado una especie de estilo giroscópico de emplear la muleta y dar sin ninguna naturalidad los pases llamados «naturales». Con los pies muy juntos, con su gigantesca muleta, que, completamente desplegada, sería suficiente para sábana de un hotel respetable, extendida la muleta sobre la espada, sujeta con la mano derecha, Villalta gira lentamente con el toro. Nadie hace que pase más cerca; nadie torea más cerca del toro y nadie sabe girar como el maestro sabe hacerlo.

Con la capa es malo; procede mucho más rápidamente y a golpes; cuando mata, se encamina derecho al toro y sigue bien la espada con su cuerpo, pero con frecuencia, en vez de bajar la mano derecha, para que el toro la siga y quede al descubierto el punto vital entre sus omóplatos, le ciega con los pliegues rojos de la muleta, contando con su altura para pasar el brazo por encima del cuerno y hundir la espada hasta la bola. A veces, sin embargo, mata de un modo absolutamente correcto y siguiendo los cánones. En los últimos tiempos, su manera de matar se ha hecho casi clásica y muy segura. En fin, todo lo que hace, lo hace con valor, y todo lo que hace, lo hace a su manera, así es que si veis a Nicanor Villalta, tampoco habéis visto los toros. Pero debéis ir a verle en Madrid, siquiera una vez, donde se entrega por entero y donde, si sale un toro que le permita mantener juntos los pies, cosa que no le sucede más que una vez cada seis, veréis algo extraño, conmovedor y, gracias a Dios, excepto por lo que se refiere al gran valor que despliega, completamente único [...]

Nicanor Villalta, cuando encuentra un toro que embiste lo suficiente por derecho para que el torero pueda mantener los pies juntos, trabaja muy cerca, se exalta y se curva sobre sí mismo, lanzando la línea de su torso sobre los cuernos y, moviendo la muleta con su muñeca maravillosa, hace dar vueltas al toro alrededor una y otra vez y le hace pasar tan junto a su pecho que los lomos del toro le achuchan a veces, y los cuernos pasan tan cerca de su vientre que se pueden ver luego en el hotel las rayas que le han hecho en el abdomen. No exagero: las he visto. Creo que podrían provenir de las puntas de las banderillas, que le habían rozado en el momento en que hacía pasar todo el bulto del toro tan cerca de él que su camisa se manchó de sangre; pero creo que podían también provenir de la porción plana de los cuernos, que pasaban tan próximos a él, que yo mismo no tenía valor para mirarle con los ojos abiertos. Cuando hace una gran faena, Villalta es todo valentía; y por esa valentía y esa muñeca mágica se le perdonan las mayores torpezas que pueda cometer con los toros que no le toleren mantener los pies unidos. Puede ocurrir que veáis una de esas grandes faenas de Villalta en Madrid, donde se ha encontrado con toros buenos con más frecuencia que ningún otro torero muerto o vivo. Pero podéis estar seguros también de verle tan torpe de figura como una mantis religiosa cada vez que tropieza con un toro difícil. No hay que olvidar que esa torpeza está originada por su contextura física, y no por falta de valor; por la manera como está constituido, Villalta no puede ser elegante más que si junta los pies, y, mientras que la torpeza en un torero gracioso es señal de pánico, en Villalta significa solamente que ha dado con un toro con el que tiene que separar las piernas para torear. Pero si habéis llegado a verle alguna vez cuando puede unir los pies, si le habéis visto inclinarse como un árbol en una tempestad delante del toro que embiste, si habéis visto dar al toro vueltas y más vueltas en torno, si al torero le habéis visto exaltarse, arrodillarse ante el bicho después de haberle dominado y morderle el cuerno, olvidaréis entonces el cuello que Dios le ha dado, la muleta, enorme como una sábana, que emplea y sus piernas de poste telegráfico; porque su extraño cuerpo contiene el suficiente valor y el suficiente pundonor como para hacer de él una docena de toreros. […]

El mejor espada de hoy en día es Nicanor Villalta. Villalta comenzó falseando la suerte de matar y utilizando su elevada estatura para inclinarse sobre el toro, cegándole con su inmensa muleta; pero ahora ha purificado, dominado y perfeccionado su arte, de tal manera que, en Madrid al menos, mata los toros que le tocan, de cerca, con confianza, de una manera correcta, segura y emocionante, habiendo aprendido la manera de emplear su mágica muñeca izquierda para matar realmente al toro en lugar de engañar sencillamente al público. Villalta es un ejemplo del hombre simple de que hablaba al comienzo de este capítulo. En inteligencia y en conversación no es más listo que vuestra hermanita de doce años, si esa hermanita es una niña algo retrasada y tiene un sentido de la gloria y una fe en su grandeza tan altas que podríais colgar de ella vuestro sombrero. Añadid a esto una bravura con la que ningún valor frío podría rivalizar en intensidad.

Personalmente le encuentro insoportable, aunque es bastante divertido si no se tiene ninguna prevención contra la histeria vanidosa; pero con la espada y la muleta es hoy en Madrid el más bravo, el más seguro, el más tenaz y el más emocionante matador de la España contemporánea. “[1]



[1] Muerte en la tarde, Madrid, Espasa, pp. 57 y stes.

lunes, 6 de junio de 2016

NICANOR VILLALTA PELICULERO (II)



Bigografía
         

Nicanor Villalta, “el león del trasteo”, nació en 1897 en Cretas, pueblo del Matarraña turolense, y a pesar de que con diez años partió con su familia a México, siempre se consideró turolense “hasta la médula”, como él mismo reconoció en diferentes ocasiones y confirmaba con su constante uso del “oye maño…” Con diez años siguió a su padre, quien tras abandonar su carrera de novillero y banderillero, viajó a México en busca de fortuna, donde probó suerte con diferentes comercios: tienda de comestibles, panadería, casa de huéspedes, una carnicería, un establo de vacas… Pero lo cierto es que la inestabilidad política y social del país no lo favorecieron y terminó en la ruina. Cuando tuvieron una oportunidad, dejaron lo poco que tenían y marcharon a Cuba. En la isla caribeña trabajaron duro en la zafra del azúcar durante un par de años y, cuando se calmaron un poco las aguas revolucionarias, volvieron a Distrito Federal, en donde se había quedado una hermana que allí se había casado, y se había levantado la prohibición de la corridas de toros que había impuesto el gobierno de Carranza. Fue entonces cuando empezó a tomarse más en serio la posibilidad de ser torero e intervino en algunos festejos. por lo que el ya por entonces joven Nicanor, llevado por la necesidad familiar y convertido en su sostén, decidió dedicarse por completo al mundo del toro, una profesión que, como él mismo decía, “rápidamente lo levanta a uno o lo tumban del todo”.


Con poco más de veinte años toreo en Querétaro, para el mismo día que moría en Talavera Joselito, el 17 de mayo de 1920, hacerlo en Zaragoza, presentado por el a la sazón representante de la plaza y gran amigo de la familia, Nicanor Villa, Villita, compañero de fatigas taurinas en la mocedad de su padre, por el que sintió una profunda admiración hasta el punto que le llevó a bautizar a su hijo con su nombre. Su triunfo en Madrid el dos de mayo de 1922 aceleró la toma de su alternativa, que se produjo en agosto en la Plaza de San Sebastián.






En 1923 sufrió una cogida importante, el diestro la recordaba en sus memorias de la siguiente manera, “…me empaló por el vientre con el pitón derecho y con el otro me dio un puntazo en el pómulo izquierdo; de verdadero milagro no me vació el ojo, pues la fina punta me llegó a rasgar hasta la ceja donde me tuvieron que dar varios puntos…” Pocos días más tarde, con la cabeza y gran parte de la cara vendada, se encontraba en Teruel, dispuesto a torear en su plaza, como luego veremos más por extenso[1]. En 1927, cuando se encontraba en lo más alto de su carrera, sufrió otra cogida de importancia en el escroto, circunstancia que le obligó a reducir drásticamente, y no se me malinterprete, las corridas anuales, que hasta ese momento superaban con creces el medio centenar.


En 1924, la Asociación de la Prensa de Madrid, le otorgó el prestigioso premio taurino creado por ella de la “oreja de oro”, que el matador, como buen aragonés, ofreció a la Virgen del Pilar. En 1927, en México, conseguiría en la corrida de la Beneficencia Española una segunda Oreja de Oro, al ser el torero más votado por los aficionados, que lo declararon de esta forma el torero triunfador del acontecimiento.


Sus primera oreja se la concedieron en Alcañiz, le seguirían Zuera, Teruel, Zaragoza y un larguísimo etcétera, hasta superar con creces la cifra de cuatrocientas, solo en Madrid, y en una época en la que conseguir trofeos era muy complicado ( a su etapa, la que va desde la muerte de Joselito hasta la Guerra Civil, se le conoce como “la edad de plata del toreo”), como constata la placa con su nombre expuesta en su plaza, suma los 56 trofeos, cuarenta y siete en la antigua plaza de toros de la Carretera de Aragón y nueve en la actual Monumental de Las Ventas, con un total de cinco Puertas Grandes.


Villalta estuvo en activo ininterrumpidamente hasta 1935, año en que se retiró por primera vez. Como a tantos otros españoles, la Guerra Civil le truncó todos sus planes de una manera fulminante. El portero de su finca lo acusó de fascista y tuvo que salir huyendo perseguido por la milicia. Se escondió en un zulo en Madrid y allí malvivió durante el tiempo que duró el asedio de la ciudad. Cuando acabó la guerra, su mala situación económica le obligó a tener que volver a torear.


Reapareció el día de la Mercè de 1939 y toreó en continuidad hasta octubre de 1943, en que se cortó la coleta, en una de las corridas de la feria del Pilar. Pero no sería esa la última vez que matara un toro, como luego veremos.


Alcanzó gran fama como estoqueador (el reconocido crítico taurino, Gregorio Corrochano, dijo en una ocasión refiriéndose al de Cretas: “Carniceros: abrid en el desolladero con cuidado los toros que mata Villata. Porque pudiera un día ocurrir que fuera Villalta dentro.”) y con la muleta fueron célebres sus «parones» al embarcar con la mano derecha, a decir de los entendidos su juego de muñeca era verdaderamente prodigioso. Esto le llevó a ser uno de los diestros imprescindibles en las plazas de Madrid y Barcelona, llegando incluso a apodarlo el expreso Madrid-Barcelona, por la multitud de viajes que realizaba entre las dos ciudades para torear. Quizás por eso mismo fue objeto del veto por parte de algunas figuras del momento que, por la entrega del diestro aragonés, rehusaban anunciarse con él en los carteles. Una vez retirado definitivamente, Villalta apoderó a diversos toreros, fue también empresario y posteriormente le nombraron asesor de la presidencia en las plazas madrileñas, función que desempeñó hasta el final de la temporada de 1979, pero todo esto lo desarrollaremos en el apartado dedicado a la película de Summers, Juguetes rotos.


EL ARTÍCULO COMPLETO EN CABIRIA Nº 11









[1] FOTOGRAFÍA PLAZA DE TERUEL. TOMADA DEL ECO DE TERUEL

domingo, 22 de mayo de 2016

CHARLA PROYECCIÓN: EL QUIJOTE EN EL CINE. EN CLAVE CAI

El próximo jueves, día 26, a las 19'30 h., hablaremos de la inmortal obra de Cervantes en el salón de actos de la CAI y de los diferentes intentos de llevarla a la pantalla. Son más de cien las aproximaciones filmicas de la novela, desde intentos de abordar la ficción novelística con imagen real, pasando por el cine de animación o el documental, sin embargo, hasta la fecha no se puede hablar de una película definitiva sobre ella. Lo han intentado grandes cineastas como Orson Welles o Terry Gilliam, de los que trataremos y veremos fragmentos de sus trabajos, pero ninguno de los dos pudieron terminar sus respectivas y personalísimas versiones. 
Rastrearemos su huella desde el cine silente en las adaptaciones de Gaumont, Zecca, Emile Cohl o el catalán Narciso Cuyas, para continuar con los intentos del danés Lau Lauritzen, el alemán Wilhelm Pabst, el ruso Grigori Kozintsev, el mejicano Roberto Gabaldón o el estadounidense Arthur Hiller. Sin olvidar los intentos españoles de Rafael Gil y, como no, las aproximaciones del más cervantino y quijotesco de todos los directores españoles, Manuel Gutierrez Aragón, entre otros muchos. De la inmensa mayoría veremos imágenes y trataremos de resumir su forma de abordar filmicamente la multiforme y proteica novela.
También comentaremos siquiera brevemente los múltiples rostros que su figura a adoptado en la pantalla y la forma en que muchos de los actores que le dieron vida trataron de abordar su interpretación, desde el imponente bajo ruso Feodor Chaliapin o su compatriota el gran actor Nikolai Cherkasov, el francés Jean Rochefort, en la frustrado intento de Gilliam), el irlandes Peter O'Toole y los españoles Rafael Rivelles, Francisco Reiguera, Fernando Fernán Gómez, Fernando Rey y Juan Luis Galiardo. 



lunes, 9 de mayo de 2016

RESEÑA DE "EL TENEDOR DE LIBROS", DE JOSÉ LUIS MELERO RIVAS

Foto Heraldo de Aragón

         José Luis Melero es un apasionado de la vida, siente pasión por el Real Zaragoza, la jota, la escritura y los libros pero, sobre todo, es un apasionado de la amistad, sin duda su rasgo más sobresaliente que resume y explica todos los anteriores: sigue al Zaragoza para compartir buenos y malos momentos con sus amigos; colecciona libros para ponerlos a su disposición y escribe, como la inmensa mayoría de nosotros, para que lo quieran, pero también escribe por y gracias a ellos, en especial a su mejor amiga, su mujer que, como tantas otras, soporta y se esfuerza cada día en mantener viva la llama de sus pasiones.
        
El tenedor de libros (Xordica) es una selección de 123 artículos que ha publicado en el suplemento “Artes y Letras” del Heraldo. Se trata de una visita guiada por su envidiable biblioteca que, como en otros libros anteriores transita -rememorando el título de una magnífica novela de Ignacio Martínez de Pisón, el verdadero responsable de que dejara de ser el amigo ágrafo- por “carreteras secundarias” de la literatura, es el placer de viajar sin reloj, sin prisas, donde el viaje es un fin en sí mismo, saboreando con delectación las sabrosas anécdotas a las que ya nos tiene acostumbrados: de su mano disfrutamos de paisajes poco frecuentados, por ejemplo del dormitorio de Pérez Galdós o de la biblioteca de Hitler; escuchamos los chismes de Alfredo Marqueríe sobre el bueno de Antonio Machado, las curiosidades sobre los poetas de la Generación del 27 de ese otro gran coleccionista de amigos increíbles que fue Pepín Bello o los remordimientos de André Gide por haber rechazado el original de Marcel Prous, En busca del tiempo perdido; nos reconfortamos como letraheridos conociendo los pocos ejemplares que vendía de sus libros Ramón Gómez de la Serna o el propio Melero, que tiene la sana costumbre de reírse con y de sí mismo (“Una revista y un tonel” o “Firma de libros” son desopilantes ejemplos de ello); sabemos de la verdadera historia del paraguas de Azorín, de “bastones con pedigrí”, como el de Borges o que al entierro de Hartzenbusch asistieron poco más de una docena de personas; vivimos las muertes por “abstracción” –por “pensar en las musarañas”, en palabras del autor- de personalidades como Antonio Gaudí, Víctor Seix (el conductor del tranvía que lo atropelló, ¡pásmense!, se llamaba Adolf Hitler) o Pilar Bayona, entre otros o asistimos a las “bodas” de escritores con familiares de otros escritores, etc.
         También como otras veces, su escritura está salpicada de guiños, complicidades y homenajes a sus grandes amigos: Emilio Gastón, Javier Tomeo, Felix Romeo, José Antonio Labordeta, Chesus Bernal, Javier Cercas, José Luis Violeta, Jesús Marchamalo, Manuel Pinillos, etc. No cabe duda, podemos afirmar que El tenedor de libros es, entre otras muchas cosas, un compendio de grandes historias de amor y amistad.
         En algunos artículos esboza siguiendo la máxima gracianesca de que lo bueno, si breve, dos veces bueno, mini biografías esenciales de escritores con vidas apasionantes absolutamente olvidados: Ángel Samblancat, Rafael José de Crespo, Eduardo Marquina, Iván Nogales (mirobrigense autor del desternillante poemario intitulado Nueces eroticolíricas, heteroclitorizadas y efervescentes, 1921), José Mor de Fuentes, etc. Se trata pues de esa intrahistoria de la literatura que no figura en los manuales, poblada por escritores que trasiegan vinos en tascas de suburbio que hicieron de sus vidas su gran obra literaria, pero con ellos comparten páginas autores consagrados de la literatura universal como Juan Ramón Jiménez, García Márquez, Vargas Llosa, Joyce, César Vallejo y muchos otros. Acompañados también por decenas de los que se podrían considerar secundarios de lujo de la cultura española injustamente sepultados por la losa del tiempo, desde sagas de libreros como Miguel de Suelves, alias Zapila, los Vindel, Manuel Pérez de Guzmán, Juan Manuel Sánchez o el mismo Benedicto XIII, pasando por bibliófilos como  Ramón Miquel i Planas o Isidoro Fernández, curiosos filólogos y nefandos escritores como Julio Cejador y Frauca, dibujantes como José Cabrero, fotógrafos como Lucas Cepero, cocineros como Teodoro Bardají y un larguísimo etcétera de personajes bohemios, alucinados, desgarrados, raros, trágicos, curiosos o excéntricos, pero también personas -que no personajes- anónimos, gentes del común, próximos a su cotidianeidad, como oftalmólogos, sastres, vecinos de todo tipo y condición, etc., que hacen de El tenedor de libros por una lado una obra ilustrada llena de vidas y rica en anécdotas, con una atmósfera que los castizos dirían deja en la boca “sabor de época”, pero, por otro, en ella también bulle la vida y el tiempo presente; que nadie se engañe, Melero trata temas de actualidad (monarquía o república, independentismo catalán, etc.) y  no todo en él es complacencia, optimismo y diversión, cualquiera de sus artículos, el que quieran, como los buenos guiones de cine, tienen un punto de giro final, una vuelta de tuerca desconcertante, un “zasca” en la boca, una relación extrema inesperada entre hechos o circunstancias aparentemente inconexas que él sabe relacionar con su mucho saber y que vinculan lo que cuenta con el presente. Melero se moja, vaya si se moja, hay crítica expresa y compromiso (por sus amigos mata: “Negro Romeo”) y siempre profundidad de pensamiento (ahí es nada “Padres asesinos”), y es que José Luis no da puntada sin hilo, la virtud de su escritura radica en su capacidad de resumen, en condensar en una página sus conocimientos enciclopédicos de bibliófilo, no sólo coleccionista, sino lector, y exponerlo sin solemnidad alguna, con sencillez extrema, como si hablara en la barra del bar con los amigos, en zapatillas de estar por casa o por volver a los castizos, “a la pata la llana”. Es pues la suya una escritura esencial, densa como el iridio, propia del escritor que sabe del valor del tiempo y no se lo hace perder a nadie que se acerca a su escritura.
         El tenedor de libros no les defraudará, su autor es su mejor personaje, y por muy poco dinero podrán disfrutar de la biblioteca de un bibliófilo de toda la vida, es un destilado de libros, un concentrado vitaminado y supermineralizado de lecturas. Disfrutarán.
              El próximo sábado a las 13'15, dentro de la programación de FERIA DEL LIBRO DE TERUEL, en los jardines de San Pedro, presentaré este libro y nos acompañará su autor. Os esperamos. 

        

domingo, 8 de mayo de 2016

FERIA DEL LIBRO DE TERUEL 2016

"La Feria del Libro y el cómic de Teruel es el evento literario más importante de la provincia de Teruel. Durante 4 días La Glorieta se llenará de casetas de libreros, editores, autores y personalidades del mundo de las letras. Un fin de semana único para todos los públicos con una ambiciosa programación literaria que abarca presentaciones de libros, lecturas, actividades infantiles y juveniles, autores aragoneses, e incluso cenas literarias.
La feria cuenta con 23 puestos de venta y firma de libros, un espacio para actividades y otro para lectura y presentaciones ubicado en el Templete de La Glorieta. El horario de la misma es de 10:00 a 14:00 horas y de 17:00 a 21 horas de jueves a sábado y de 10 a 14:00 y de 17:00 a 20:00 el domingo." Para saber más han creado una web específica en la que se pueden consultar autores, programas, localización, eventos, etc. En fin, todo eso y mucho más en FERIA DEL LIBRO DE TERUEL.
Los organizadores han tenido la amabilidad de contar conmigo y quiero desde esta entrada agradecer sinceramente su deferencia y felicitarles sinceramente por su iniciativa, con la que demuestran un verdadero interés por la cultura y que el mundo del libro goza de una mala salud de hierro. 
Por un lado moderaré la presentación del libro de José Luis Melero, El tenedor de libros (editorial Xordica), que tendrá lugar en los jardines de San Pedro. Por otro, tendré el privilegio de volver a presentar en Teruel un año después de su publicación mi colección de relatos, Fotogramas. 14 cuentos de cine, que tendrá lugar el domingo a las 18 horas en la Glorieta. Es una buena oportunidad para pasear, hablar con los escritores y comprar o regalar algún libro. 
Después de más de un lustro de absoluta sequía, esta agua de mayo en forma de feria será todo un bálsamo para la cultura en general y la literatura en particular. Esperamos que sea todo un éxito. Os esperamos, no dejéis de acudir. Se quiera o no, Zaragoza se ha acordado de nosotros. Debemos responder.