CASABLANCA

CASABLANCA
FOTO DE GONZALO MONTÓN MUÑOZ

martes, 19 de diciembre de 2023

GENTE QUE ESCRIBE EN TERUEL (I)


CICLO DE "POESÍA Y MÁS"


 
Este sábado pasado, 16 de diciembre, comenzó a andar con buen pie el ciclo organizado por la PLATAFORMA DE POETAS POR TERUEL (para contactos en plataformadepoetasporteruel@gmail.com), del que dio puntual noticia Miguel Ángel Artigas en el Diario de Teruel, tanto anticipando el acto:

Como después: 


Fue un auténtico lujo poder asistir al encuentro y disfrutar de la variedad y calidad poética de todos los participantes. 
Aquí dejo la foto grupal que describo desde la visión del espectador de abajo hacia arriba y de derecha a izquierda:

FOTO: GONZALO MUÑOZ


Poeta invitado, abajo sentado: LAMBERTO ALPUENTE (de su estilo dicen que "es poco convencional, crudo y abigarrado", pero en el fondo es también tierno y maternal, quizá, en ocasiones, un tanto críptico).
En la línea superior: HELENA NAVARRO (un descubrimiento que ya se ha descubierto); JESÚS CUESTA (un bardo a la antigua usanza por todos conocido, hermano en las ficciones, compañero en las tertulias y amigo en la vida); ISABEL MARTÍNEZ (ritmo vivo y sorpresa final, siempre con su punto teatral); TIFFANI GARZO CAMÓN (TIF nos dejó sin palabras, pero dará mucho que hablar). 
Segunda línea: NACHO ESCUÍN (activista cultural, casi un terrorista de la cultura; un poeta que se reinventa cada mañana sin dejar de ser él mismo); MARISOL JULVE (apasionada de la poesía con compromiso poético y social); CRISTINA GIMÉNEZ (la presidenta de la Plataforma; poeta sensitiva, de sentimientos, romántica, melancólica y apasionada hasta emocionarse al punto de la lágrima declamando); FABIÁN NAVARRETE (un viejo rockero muy joven que vive y escribe canciones y poesía en la carretera, como Miguel Ríos).
De pie: MARIO HINOJOSA (de sus poeMarios salen niños y pájaros Tocororos); ROSA BÁGUENA (casi escondida en la foto y en la vida, tiene el don de la rima y de la copla, versolari aragonesa de la jota, acumula premios y no lo dice, y habrá más); MIRIAM GRIMALT (le gusta jugar con las palabras, tímida y sencilla, con el tiempo irá a más, crecerá porque ya ha crecido en la escritura y la vive como el amor, con pasión de tímida); ALICE QUINN (otra tímida, eterna adolescente, que vive entre la psicología y la poesía, en su escritura tal vez sean lo mismo, lo suyo quizá sea psicosía o poegía. Me alegra reencontrarla en forma); ASUN PERRUCA (viene de Calamocha a sumarse al proyecto porque escribir es vivir, reencontrarse con la vida, y  ella le devuelve  a la vida con su poesía todo lo hermoso que le da cada día).
En difícil posición, porque no es poeta, JUAN VILLALBA (no supe muy bien por qué, si por la catalítica situada en mi trasero o por la enfermedad contagiosa de mis compañeros, en mi cuerpo comenzó a aflorar un cierto acné juvenil, una picazón poética muy, muy peligrosa. Tendré que vacunarme si sigo con ellos).

En enero tendrá lugar un nuevo encuentro. Se avisará puntualmente. Os dejo con algunas fotos.

LAMBERTO ALPUENTE

FABIÁN NAVARRETE

JESÚS CUESTA

ALICE QUINN


ASUN PERRUCA

TIF

MIRIAM GRIMALT





martes, 12 de diciembre de 2023

 

HISTORIAS PARA NO DORMIR




         Tras una pandemia y con una guerra en la frontera de Europa, qué mejor que comprar un libro de Instrucciones para el fin del mundo. Con este sugerente y comercial título hace su presentación oficial el escritor turolense José Baldó. Coeditado por el Instituto de Estudios Turolenses y Prames, presenta trece relatos de misterio, suspense y terror fantástico aderezados en ocasiones con ciertas dosis de amor y humor.

         La portada, una puerta entreabierta generadora de un pasillo de luz, nos invita a seguirlo y a traspasar ese umbral para introducirnos en otra dimensión: la de sus narraciones. Recuerda la cabecera de la mítica serie televisiva, Historias para no dormir, en la que el inolvidable Chicho Ibáñez Serrador adaptaba obras literarias de terror, misterio, ciencia ficción o suspense de autores cuyo influjo se encuentra también en los relatos de Baldó.

         La obra se estructura en cuatro partes y sus respectivas historias mantienen una relación temática anticipada en el título genérico que las agrupa: “Al borde del abismo”, “Juego de niños”, “(Des)amores” y “Apocalipsis ¡Ya!” De igual forma, entre los bloques se crea una cohesión interna mediante sutiles guiños narrativos que vincula sus contenidos y dota a todo el conjunto de unidad y coherencia.

         El poeta Mario Hinojosa le dedica unas líricas palabras a modo de prólogo, “Continuidad de los parques”, en las que comenta entre otras cosas la nutrida intertextualidad presente en los relatos de Baldó. Si hablamos de escritores cita a Cortázar, Stephen King, Cheveer, Carver, Lemaitre, Chéjov, McCarthy, Ellroy y Bécquer, pero podrían ser muchos más: Poe, Lovecraft, Matheson… Y si lo hacemos de cineastas la lista sería también interminable, al citado Ibáñez Serrador, se unirían Hitchcock, Kubrick, Carpenter… Como afirmara Todorov: "No existe enunciado que esté desprovisto de dimensión intertextual”; es decir, toda creación se construye como mosaico de citas –conscientes e inconscientes-, refundiciones e inversiones y es el resultado de la absorción y transformación de otros textos. Desde este punto de vista, Baldó se convierte en una esponja que amalgama en su escritura toda una serie de mensajes adquiridos desde temprana edad en su formación intelectual como omnívoro lector, voraz telespectador y cinéfilo empedernido.

         Esa anticipada influencia cortazariana expuesta por Mario, se observa ya en el primer relato, “El escritor”, un homenaje a la literatura pulp en el que la ficción y la realidad se entrelazan en una historia circular creando un efecto de cajas chinas con final abierto susceptible de múltiples lecturas.

         En el segundo, “El sonido de las almas”, encontramos otra de las constantes de la escritura de Baldó relacionada con sus personales aficiones-pasiones: la música. Reconoce en nota el homenaje a las leyendas de Bécquer -“Maese Pérez el Organista”, “El Miserere”, etc.-, así como también en los nombres de sus protagonistas se perciben ecos de los de La Regenta -Julián Mesía, Froilán de Pas y Ana Atienza-, con los que teje una historia de amor pasional y música infernal.

         “Alma condenada” es un microrrelato muy bien resuelto que fue merecedor del primer premio del concurso “Mirambel Negro”. Por su parte, “Los mandamientos”, el último de este primer apartado, es una cruda historia de maltrato y educación perversa de un niño que sirve de antesala a los cuentos de la siguiente sección protagonizados todos por diabólicos muchachos. Si el primero, “Los vikingos”, es muy duro, el que cierra la serie, “El secreto”, lo es en extremo. Ningún lector saldrá indemne tras su lectura. Pero, como decía Chicho, ¿Quién puede matar a un niño?

         Para rebajar un tanto la tensión, el tercer bloque, “(Des)amores”, encabezado por la significativa cita del Cantar de los cantares, “El amor es fuerte como la muerte”, presenta otros tres relatos de afectos y amistades preadolescentes con finales menos descarnados, si bien con un poso de tristeza y cierto regusto amargo.

         Decía Paul Eluard que “hay otros mundos, pero están en este”, como demuestran las tres últimas narraciones. En la primera, una magnífica bajada a los abismos de una mente enferma, con un tan divertido como irónico título, “Feo, fuerte y formal”, con el que homenajea a John Wayne y Loquillo. Recordemos que el actor se casó con tres mujeres hispanas y dejó como epitafio esas tres palabras a su juicio definitorias de su personalidad, aprovechadas a su vez por Loquillo para dar nombre a uno de sus discos más importantes.

La de Baldó es una prosa cinematográfica en el sentido más literal: parece haber sido escrita pensando en la pantalla, sus personajes se comportan como si actuaran ante una cámara. Baldó es, sobre todo, un gran creador de imágenes. La joven aterrada que corre por los campos de maíz huyendo de una abominable criatura requiere un travelling; una mujer y un gato caminando en la oscuridad de la noche por un pueblo pide un plano secuencia; el hombre que lleva el auricular del teléfono a la oreja para escuchar lo inesperado sugiere un primerísimo primer plano…

La prosa cinematográfica sólo funciona con los escritores que son buenos describiendo y creando atmósferas. Esta es la virtud de la escritura de Baldó, no se recrea en pesados retoricismos filológicos ni tiene retorcidas pretensiones intelectuales, lo suyo es ir al grano: dibujar un ambiente adecuado para contar una historia -en la mayoría de los casos para no dormir- con un giro sorprendente en su final. Instrucciones para el fin del mundo anticipa un narrador con casta. Al tiempo.

 

José Baldó, Instrucciones para el fin del mundo, Zaragoza, Prames-Instituto de Estudios Turolenses, 2022. 

domingo, 3 de diciembre de 2023

 

DE LA A A LA Z: 

MARÍA MOLINER NOVELADA




         De María Moliner se han escrito tres biografías, una ópera, una obra de teatro y un magnífico documental pero, hasta la fecha, nadie había novelado sobre su vida y trayectoria profesional, anómala e injusta circunstancia que corrige el montalbino Luis Miguel Benedicto con Significada: todas las palabras de María Moliner, una novela sencilla y bien armada. La documentación histórica no pesa, aunque la acción se ambienta con rigor, en especial en los momentos más importantes y críticos de su biografía como son la República, la Guerra Civil y la posguerra.

         Luis Miguel no se esconde tras un pseudónimo, más bien transforma su nombre para firmar la novela como Miguel AZuara, simbólica composición formada por su segundo nombre y destacando de manera significativa con mayúsculas las dos primeras letras de su apellido materno (a quien homenajea de esta forma y por extensión a todas las mujeres) en el que curiosa y casualmente se presentan juntas la A y la Z, primera y última letra de nuestro alfabeto, para de esta forma anticipar en la sobria y alegórica portada, cuyos colores, blanco y negro, remiten con claridad meridiana a los del diccionario de María Moliner, no obstante, sobre la marmórea albura dominante (también podría ser la losa de una tumba un tanto resquebrajada por grietas que la recorren), aparece dibujado un no menos curioso y simbólico bichillo del polvo, conocido como pececillo de plata —lepisma saccharina—, que en un momento de la narración va a tener también su protagonismo.

         La vida de María Moliner fluye ágil ante los ojos del lector mediante diálogos vivos y verosímiles escritos con un lenguaje, como se nos dice en un momento dado, “cercano y sencillo”. Como también es creíble esa argamasa ficcional en forma de reflexiones, pensamientos y vida cotidiana que sirve para amalgamar los hechos reales, terminar de componer la personalidad de la protagonista y dotarla de auténticos sentimientos y emociones, de verdadera humanidad.

         Como nos anticipa el segundo apellido del autor, la novela se estructura siguiendo el orden alfabético, empieza en la A con la definición de la palabra “alumbrar”, pero no se cierra en la Z —letra en la que sí concluye la vida de la protagonista—, sino en la B, con la definición de “baturra”, un capítulo metaliterario en el que se revela y explica el marco narrativo, concluyendo de esta ingeniosa manera una obra que está pensada hasta sus últimos detalles.

         Azuara repasa con detenimiento los quince años que María dedicó a definir ochenta mil palabras, titánica tarea que, como reza la contraportada, “… apenas le trajeron algo de notoriedad. Fueron pues su candidatura, y sobre todo el rechazo de la Real Academia Española, a la que tuvo el coraje de corregir, lo que le dieron renombre. Y sería el epitafio de un Premio Nobel de Literatura lo que le traería el prestigio en todo el mundo de las letras”. Así es, García Márquez describió su obra como “una proeza sin precedentes”, el “diccionario más completo, más útil, más acucioso y divertido de la lengua castellana”, “dos veces más largo que el de la Real Academia de la Lengua, y —a mi juicio— más de dos veces mejor”.

         La novela es una reivindicación de la insigne lexicógrafa y, como hemos anticipado, del papel de las mujeres en la transmisión de la cultura pero, en última instancia, es también un homenaje a los maestros y maestras rurales que hicieron de bibliotecarios en la República y, por ende, implícitamente supone un reconocimiento a la labor que las bibliotecas desempeñaron y desempeñan en su difusión.

Reseña publicada en el suplemento cultural "Artes & Letras" del Heraldo de Aragón




 

Miguel Azuara, Significada: todas las palabras de María Moliner, Universo de Letras, 2023.

miércoles, 29 de noviembre de 2023

 

SOBRE EL ARTE DE TEJER FICCIÓN Y VIDA


 


La escritora turolense Angélica Morales, actriz y dramaturga de largo recorrido y consolidada poeta avalada por numerosos premios, juega ya en la Primera División de los novelistas españoles con la publicación en la editorial Destino de su estupenda La casa de los hilos rotos. Llegar a este privilegiado parnaso español no ha sido fruto del azar, sino de un intenso trabajo, como demuestra la presencia en los cajones de su escritorio, durmiendo el sueño de los justos, de las novelas finalistas del Premio Planeta 2017 y del Premio Azorín 2018, así como también en los estantes de algunas bibliotecas de media docena de títulos publicados por pequeños sellos editoriales independientes de ámbito autonómico.

Con los escasos hilos de la biografía de una mujer olvidada, Otti Berger (Vörösmart, Hungría, 1898- Auschwitz, 1944), y el gran contexto de la Bauhaus de fondo, Angélica Morales teje un relato multicolor en la que pasión, arte, teatro, poesía y locura convergen para crear una auténtica realidad llena de vida.

Entre 1919 y 1933, la Bauhaus fue un movimiento de renovación artística, tanto en el diseño y la pintura, como en la arquitectura; dotó de valor artístico la funcionalidad de los objetos y planteó nuevos métodos pedagógicos, admitiendo la presencia y el protagonismo de las mujeres en el arte, si bien con la perspectiva del tiempo descubrimos que esa revolución fue más aparente que real.

Berger se formó en esta escuela como artista textil y llegó a ser profesora durante un corto periodo de tiempo, pues fue sustituida por no ser aria. Montó su propio estudio en Berlín hasta que en 1936 debió cerrarlo ante el acoso del régimen nazi a los judíos. Tras ser la primera mujer en patentar sus diseños, se la invitó a participar junto a su marido en la New Bauhaus de Chicago, pero regresó a su pueblo natal para cuidar de su madre enferma, fatal decisión que supuso su deportación junto a toda su familia al campo de concentración de Auschwitz. Su final ya se lo pueden imaginar.

La novela alterna dos planos temporales y dos ritmos narrativos: el pasado con una cadencia pausada, de plano secuencia, donde confluyen las vidas de Otti Berger y la de ficción de Mercè Ribó, su apasionada y soñadora compañera, amiga y confidente, hija de un importante empresario textil catalán, y el presente, más trepidante, en el que accedemos a la biografía de Mercè por medio de su bisnieta, Penélope, una joven pintora que mantiene una tensa relación con su madre. Será ella quien descubra, junto a los diarios de su bisabuela, la existencia de dolorosos secretos familiares.

La ambientación histórica es excelente y embasta la narración con rigor y credibilidad: la Gran Guerra y sus consecuencias, los felices veinte, la Guerra Civil española (Bolsa de Bielsa), la Segunda Guerra Mundial, los campos de concentración y, por supuesto, la Bauhaus con su representantes más destacados: Klint, Kandinsky… Sin olvidar a todas las mujeres que estuvieron allí y quedaron relegadas a un segundo plano: la diseñadora y primera mujer profesora de la escuela, Gunta Stölzl, la fotógrafa, Gertrude Arndt, etc.

El contexto histórico transpira en la novela sin lastrarla, no pesa ni abruma al lector. Lo verdaderamente importante son las pasiones humanas, por encima de todo está la relación emocional de Angélica con sus protagonistas, los hilos vitales y sentimentales que las unen a través del tiempo, como ese emblemático pañuelo familiar que pasa de mano en mano y destaca en la cabeza de la joven de la portada del libro. Ese pañuelo se nos dirá “es toda su historia. Es el amor, el arte, el miedo, la represión, la lucha, la libertad, el holocausto, el perdón, el acercamiento. Todo está ahí, entre esos hilos que se enredan en su cuello y besan su piel.”

Hay mucho de historia, cierto, pero, sobre todo, prima el análisis psicológico de los personajes principales, todas mujeres, salvo uno, Antoni, el poeta loco, sobre el que gravitan los secretos y las claves de la trama.

Desde su mismo título, en La casa de los hilos rotos los símbolos son una constante, la condición de poeta de Angélica Morales marca su narrativa con la pátina de lo lírico -para quien el mundo es un poema, la metáfora es mucho más que un ornamento literario-, así como también su actividad teatral se refleja en la fluidez y excelencia de los diálogos. En última instancia, toda la novela es una alegoría en la que el hilo se convierte en vínculo con la familia y la vida; la práctica del arte de tejer no solo redunda en un aprendizaje técnico ni supone únicamente un placer creativo, sino que implica también la transmisión intergeneracional de una forma de hacer, de ver el mundo, de traspaso de saberes ancestrales. Probablemente de esta forma se difundiera ese leitmotiv que acompaña a Otti a lo largo de su existencia, esa leyenda húngaro-croata de su localidad de nacimiento, Vörösmart (en la actualidad Zmajevac), de Marta la Roja. Angélica lo sabe bien, las mujeres durante sus tertulias tejían y enseñaban a tejer a las generaciones posteriores, al tiempo que les transmitían el patrimonio oral del pasado, esas historias, unas veces personales o familiares, otras universales, son las semillas que con el tiempo terminarán germinando en el interior de las mentes sensibles y prenderán la llama de la imaginación creativa. Ese material propio extraído del pasado, mediante una particular simbiosis autora-personajes, lo transfundirá a sus protagonistas para darles vida y dotarlos de auténtica verdad.

Sobre estos cimientos simbólicos y de la mano de Ottis Berger, la autora confecciona una red e impronta mental en los lectores que les llevará a comprender la importancia de este arte para organizar el mundo exterior e interior a través del lenguaje, conformando un andamiaje lingüístico y de sentido que viene a impregnar nuestra cotidianidad y forma de comunicarnos tal y como la conocemos. En el fondo, escribir sólo es una función especializada de nuestra capacidad textil.

La casa de los hilos rotos es una novela emocionante y conmovedora de amor y amistad, de búsqueda de caminos creativos y lenguajes artísticos, pero, por encima de todo es una historia de superación personal -mujer judía, sorda, comunista y extranjera-, de lucha y tenacidad por hacer realidad los sueños.

¿Veremos La casa de los hilos rotos llevada a la gran pantalla o convertida en serie de televisión? Podría ser, tiene todos los elementos necesarios para ser un éxito. Pero de lo que sí estamos seguros es de que Angélica Morales, no tardando mucho, conseguirá un premio literario de Champions. Al tiempo.

Angélica Morales, La casa de los hilos rotos, Barcelona, Destino, 2023.

martes, 21 de noviembre de 2023

 

DE UNOS LOCOS CAÓTICOS COMO MAENZA


        


El Instituto de Estudios Turolenses y la editorial Prames han publicado en coedición la primera novela del poeta turolense Mario Hinojosa. Tras seis poemarios, Hinojosa da el salto a la narrativa con Fractal, una historia compleja de amores y desamores, sexo y cine que se desarrolla a lo largo de cuatro décadas en diferentes lugares (Valencia, Madrid, Zaragoza, Barcelona…), pero de manera especial en la provincia de Teruel (Orihuela, Oliete, Calanda, Sierra de Albarracín…) y la propia capital (el cementerio, el parque de los Fueros, el viaducto, el kiosko de San León, el bar La Cabaña, la Colchonería Maenza, la Cueva de las tres Puertas…). La ciudad no es un decorado donde transcurre la acción, es un útero materno en cuyo líquido amniótico conviven y se forman los personajes para la vida, es una protagonista más de la novela que busca ser definida y aprehendida por ellos: “Mirábamos a nuestro alrededor, con el asombro de la primera vez, como salía de entre la niebla nuestra ciudad, ese acorazado moldeado con la arcilla primigenia, la de los enigmáticos alarifes mudéjares […] La que a veces se despereza y levanta su trompa de paquidermo perezoso para tragarse los litros del río Turia en un ritual de ave fénix trasnochado, la que conserva las balas de una guerra en lo más profundo de sus montañas, dentro de una tierra que de vez en cuando las escupe […] La de la cerámica que proyecta el sol desde sus torres para iluminar el mar tenebroso de los crespúsculos, la de un toro convertido en metáfora de la belleza imperturbable de lo mínimo, la que desde un puñado de escombros calibra el asombro y la agonía a casi mil metros de altura…” Como se puede observar, el intenso lirismo de la prosa de Hinojosa es la característica esencial de su estilo narrativo, por momentos esencialmente poético.

         La bonita y significativa portada del libro anticipa su estructura “fractal” que le da título: sobre un fondo rojo intenso (no olvidemos el simbolismo de este color: fuego, amor, drama, calor, fuerza, emoción, pasión, sangre, lujuria, violencia, ira, agresión, etc.) y mediante la repetición de una figura hexagonal se teje un árbol (¿de la vida? La repetición de átomos, moléculas, células, genes, neuronas… construyen todo lo existente: cristales de nieve, conchas, manchas de animales, etc.), que presenta mediante este simbólico dibujo las celdillas de las experiencias vitales de los personajes cuya suma conforma la colmena existencial colectiva de todos ellos.

         De igual forma, la estructura es una especie de rompecabezas, tiene algo de la Rayuela de Cortázar o de Manhattan Transfer de Dos Passos, con cuatro momentos vertebradores: finales de los años setenta (cuando muere Maenza en el año 1979); 1998, el momento más salvaje de los protagonistas en plena juventud; la más reposada etapa de la primera década del siglo XXI, el 2009; y el presente de la acción inicial ocurrido en 2019 y su inmediato pasado del año anterior. Su lectura lineal según la disposición de los capítulos es exigente, podríamos decir que caótica, como caótica era la escritura, el cine y la personalidad de ese protagonista ausente, Maenza, pero omnipresente en la novela. Mario no hace concesiones al lector y gira constantemente la ruleta del juego narrativo del tiempo, lugar y acción, mezclando presente y pasado, realidad, sueños y deseos. Otra forma de encarar la lectura sería la cronológica, del pasado al presente, pero quizá la más recomendable para componer el caleidoscopio del argumento sea la propia de la narración fílmica, comenzar por el presente del 2019 y volver al pasado para ir componiendo sucesos y relaciones.

         La trama se inicia en 2019 con el intento de asesinato de uno de los personajes centrales, Tíber, en el cine Maravillas de la capital turolense cuando está viendo la película de Chaplin El gran dictador. Ingresado en el hospital y durante el tiempo de su recuperación, Tiber se convierte en una especie de Sherezade para su compañero de habitación, el desahuciado Ginés, y para su médico, el doctor Roures. Poco a poco vamos sabiendo de sus amores y van desfilando los protagonistas principales: Eyre -su amante, que ha perdido un hijo suyo- y directora de un corto de corte maenciano, que pretenden rodar en sus años juveniles; Eros, el guionista; Messina y Tíber, actores,  y otros más secundarios como Javi, Ana y Toni. Todos ellos eran jóvenes a finales de los noventa, auténticos “perros rabiosos”, con muchos sueños por cumplir y mucho por experimentar, pero el tiempo con la lima de sus dientes menudos, implacable, irá carcomiendo sus ilusiones: no serán directores de cine, ni escritores, ni actrices… Poco a poco se convertirán –o tal vez ya lo eran desde su infancia- en seres neuróticos al borde del abismo, consecuencia de sus infancias traumáticas.

         Podríamos decir que se trata de una novela introspectiva, psicológica, con personajes impulsivos, “desenfrenados, rebeldes y apasionados”, como lo fue ese ubicuo espíritu maenciano en forma de recuerdos de los jóvenes y cuya personalidad transgresora y caótica gravita sobre todas sus acciones inspirándolas y dando forma a la misma novela que protagonizan. A los humanos en general y a los protagonistas de esta novela en particular nos gusta abrazar el caos, nos atraen los iluminados, los adelantados a su tiempo, y Maenza lo fue, y mucho más al nacer en la ciudad más atrasada de España en una de sus épocas más oscuras.   

         Dos temas importantes son el sexo y la violencia doméstica, ese fractal que se inicia en la infancia y en numerosas ocasiones se sigue repitiendo con el discurrir de los años conformando ese horror oculto en el día a día de muchas personas que de maltratados pasan a ser maltratadores.

         La novela cuenta con una interesante banda sonora y en sus páginas suenan temas de Dire Straits, Escorbuto, Metálica, Javier Álvarez, Vetusta Morla, Carolina Durante, etc., recogidos en una lista de música de Spotify, enriqueciendo la lectura con su audición, que contribuye a ambientar situaciones y definir personalidades.

         ¿Qué es en definita Fractal? Desde luego es un homenaje a la ciudad de Teruel y a multitud de personajes que nacieron y vivieron en ella: Ildefonso Manuel Gil, José Antonio Labordeta, Joaquín Carbonell… pero, sobre todo, Antonio Maenza: “La ciudad donde Ildefonso Manuel Gil esperó a ser fusilado en las tripas de un seminario, donde José Antonio Labordeta le dio clases a mi madre, la de José Antonio Maenza bajando por la calle del Tozal, abriendo sus alas tristes con aquella gabardina negra, como un albatros siempre adolescente […] Esta es nuestra ciudad…” Es también una historia, una tesis y un juego, tres formas diferentes de mirar la vida y de leer esta novela. Es la representación del inexcusable hilo del tiempo que teje el transcurrir de la existencia y las relaciones humanas, fragmentadas en recuerdos particulares cuya suma quizá pueda acercarse mínimamente siquiera a la realidad sucedida en un momento y un lugar. Es una representación de la complejidad del mundo y de la existencia que como la misma inteligencia artificial tan vigente en la actualidad podemos captar por oposiciones binarias: femenino versus masculino; razón vs locura; orden vs caos; éxito vs fracaso; forma vs contenido. En última instancia, Fractal es una búsqueda del sentido de la existencia metaforizada por el autor en la búsqueda del sentido estético/narrativo de su propia novela; es decir, Fractal es una exigente indagación sobre el proceso creativo, sobre el paso del tiempo, los amores perdidos, la amistad, los sueños rotos, la locura, el fracaso y, cómo no, la muerte y su reverso: la vida.

 

Mario Hinojosa, Fractal, Zaragoza, Prames-Instituto Estudios Turolenses, 2023.

miércoles, 28 de junio de 2023

 

RAMÓN J. SENDER Y SANTA TERESA DE JESÚS



         Tras Cervantes, Galdós y Baroja, tal vez no resulte exagerado situar a Sender como el cuarto nombre de la narrativa hispana: en temas, escenarios, planteamientos, recursos estilísticos, nómina de personajes, reflexiones filosóficas, presencia del mito y de lo popular… En suma, más de cien novelas son un aval suficiente para defender con solvencia el citado puesto, no olvidemos que estuvo nominado para el Nobel, sin embargo, no lo consiguió, quizá su polémica figura contribuyó a ello: las izquierdas no le perdonaron que abjurara con energía de su anarquismo y comunismo juveniles; las derechas, por su parte, lo persiguieron por alzarse con la libertad que da la verdad humana contra la injusticia, los abusos de poder, el chantaje institucional, etc. Sender es un moralista cuya obra pone el dedo en la yaga y eso, a la postre, le llevo a ser incomprendido, postergado, perseguido y difuminado dentro del mapa literario español.
         En su obra encontramos rebeldía y denuncia, finura conceptual, equilibrio, buen gusto, empuje renovador, técnicas y planteamientos modernos sin llegar a perder el sereno equilibrio entre forma y contenido y una universalidad surgida de lo local, la misma que podemos descubrir en las plumas de Gracián o Costa, el microscopio de Ramón y Cajal y la cámara de Buñuel.
         Siguiendo con su loable propósito de recuperar la creación senderiana, la editorial Contraseña reedita la que quizá sea su obra más desconocida por olvidada, El verbo se hizo sexo (Teresa de Jesús), publicada en 1931, un nuevo logro de la tarea asumida por el Instituto de Estudios Altoaragoneses a propuesta del Centro de Estudios Ramón J. Sender. La reedición viene con un provocativo, radical y reivindicativo prólogo de la escritora Cristina Morales, con revisión y fijación del texto de Alfonso Castán. Cristina analiza la novela estableciendo una genealogía punk y queer en la que caben, por ejemplo, entre otras muchas referencias culturales y contraculturales, la santa, Manolo Kabezabolo, Ana Curra y Alaska.
La novela se estructura en 15 capítulos agrupados en cuatro partes: “Adolescencia”, “Crisis de pubertad”, “La pasión” y “Reposo y santidad”. En ellos Sender presenta algunos de los episodios más significativos de la vida de Teresa de Jesús, concediendo especial atención a su labor reformadora de la Orden del Carmelo, a sus experiencias místicas y a la vigilancia a la que la sometió el Tribunal del Santo Oficio. El empeño de Teresa llegó a buen puerto por su tenacidad, si bien se vio favorecido sin duda por su coincidencia en el tiempo con una revolución en el seno de la Iglesia católica que decidió finalmente recompensarla con la canonización, pero que muy bien pudo acabar en la hoguera.
Gran parte del interés de Sender por su figura radica precisamente en aprovechar su peripecia vital para describir el panorama social y religioso de la España del siglo XVI y criticar la connivencia entre el poder político y el eclesiástico, la conquista española de América o el castrador sistema patriarcal imperante.
Sender manifestó siempre una especial atracción por la vida de la santa, de hecho confesó que siendo niño oyó hablar en el colegio al arzobispo de Zaragoza de Constantino y de Teresa de Jesús con motivo de sus centenarios en los siguientes términos: “El odio de Constantino era vulgar, guerrero y torpe. Teresa no conoció el odio en su vida. Fue toda amor y, además, amor crudo, natural, carnal, sin melindres teológicos […]. Nunca un sexo fue más puro. Nunca como en ella se vio patente y firme la divinidad del sexo, la categoría espiritual y egregia del sexo”. Estos recuerdos escolares explican la visión que presenta de ella y anticipa en el título de la obra: El verbo se hizo sexo (Teresa de Jesús), una biografía muy peculiar escrita con refinada sensibilidad y bien documentada, pero de la que no tardó en renegar condenándola al olvido, no permitiendo siquiera su inclusión en la edición de sus Obras Completas.
 Comenzó a escribirla en Zaragoza, cuando tenía dieciséis años y estaba cursando el bachillerato en el Instituto Goya, años más tarde, al concluirla, según explicó en una carta, “se publicó el manuscrito sin verlo yo. Se lo había prestado a un amigo –yo estaba en el campo, en el verano-; se lo había prestado para que lo viera, pensando yo reescribirlo porque lo consideraba una tontería de la adolescencia, un ejercicio de instituto. Y él lo publicó pronto. Cuando me di cuenta ya estaba en las librerías”. Sin embargo, resulta extraño o cuando menos curioso que el libro tuviera una segunda edición al año siguiente con un único cambio respecto de la anterior: la ilustración de la cubierta, que en este caso era una portada cubista de una abstracta santa Teresa de cabeza inclinada y carnosa boca negra.
No obstante, el interés por el personaje persistió en el tiempo y le dedicó sus Tres novelas teresianas (1967), demostrándose una vez más su sentido de obra en marcha, esa característica de su narrativa de revisar constantemente sus textos, con continuas modificaciones, refundiciones, agrupaciones y cambios de título, un continuo intento de superación que le llevó a integrar en la primera de aquellas, compuesta por tres relatos -“La puerta grande”, “La princesa bisoja” y “En la misa de fray Hernando”- gran parte del material presente en El verbo se hizo sexo.
La novela comienza en un prostíbulo con un enfrentamiento entre los dos hermanos de Teresa, Rodrigo y Pedro, por el amor de una morisca. Asiste a la escena final y desde ese mismo momento vivirá con tanta atención como incomprensión otras muchas pasiones terrenales, tanto ajenas -la de su amiga Irene por Rodrigo; la del pecador sacerdote, padre de ocho hijos ilegítimos; la de su hermano Pedro por la citada morisca- como propias, en las que su desinterés por el amor físico se observa en su relación con don Diego y con Andrea, la novicia “más bella y de mejor humor”. En ambos casos la mundana turbación del sexo se transforma en su necesidad interior de estar más cerca de Dios.
Sender se siente atraído por la especial sensibilidad de Teresa, le interesa sobremanera su absoluta ignorancia de la carne como deseo, como materialidad que convive con un anhelo de trascendencia, pero nos la muestra en continua duda: “¿Dónde está el alma?¿Dónde está Dios? ¿Dónde?” Las preguntas se suceden, la inquietud crece, la duda aumenta: ¿Y Dios? ¿Dónde está Dios? ¿En el amor de los demás? No había amor…”
 Sus habilidades narrativas son muchas, destacaremos en especial el recurso de la elipsis junto con el cambio del punto de vista: cómo pasa de un narrador objetivo consciente de la “leyenda” de la santa a asumir su voz y adentrarse en su conciencia, tratando en todo momento con especial delicadeza sus sentimientos.
En esta novela histórico biográfica Sender nos muestra su simpatía por un personaje femenino de gran atractivo poético y personal, al tiempo que aprovecha para lanzar agudas críticas a ese pasado “glorioso” de una España donde no se ponía el sol y contempla el mundo con su particular perspectiva fundada en el amor, la fraternidad y la libertad.

Ramón J. Sender, El verbo se hizo sexo (Teresa de Jesús), Huesca, Contraseña, 2022