CASABLANCA

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FOTO DE GONZALO MONTÓN MUÑOZ

martes, 13 de noviembre de 2018

TRAS LA HUELLA DE LOS AMANTES EN LA LITERATURA (VII)



 TEATRO (IV)



La corriente paródica de los siglos XVII y XIX


En 1663 Vicente Suárez de Deza estrenaba una comedia burlesca inspirada en la obra teatral de Juan Pérez de Montalbán, contenía una mojiganga y, seguramente también, un fin de fiesta musical con el que se cerraría la función entre bailes y canciones, con ella se inauguró la corriente paródica del tema que proliferará de manera especial en el teatro de mediados del siglo XIX y principios del XX, coincidiendo con la eclosión de los espectáculos teatrales a nivel nacional, con títulos como Relación burlesca para cantar y bailar compuesta por un aficionado, la parodia  de la obra de Hartzenbusch, 

Los novios de Teruel: drama lírico-burlesco en dos cuadros, en verso (1867), escrita por Eusebio Blasco con música de Emilio Arrieta, y El amor de un boticario. Parodia musical burlesca (1882), del maestro Nieva con letra de Ángel María Segovia, refundida y estrenada por este último en 1887 bajo el título de Isabel y Marsilla. Juguete Cómico Lírico, con música de Rafael Taboada, si bien la obra no tiene de los Amantes más que el nombre de los protagonistas y algunas ligeras referencias a su historia.

miércoles, 7 de noviembre de 2018

TRAS LA HUELLA DE LOS AMANTES EN LA LITERATURA (VI)



 TEATRO (III)

Juan Pérez de Montalbán, el ”retacillo de Lope”



Juan Pérez de Montalbán nació en Madrid en 1602, estudió en Alcalá, donde se doctoró en Teología y fue ordenado sacerdote en 1625. Perdió la razón en sus últimos años y murió en 1638.

Discípulo destacado de Lope de Vega, fue objeto de las burlas despiadadas del tan rencoroso como hiriente Quevedo, quien le dedico aquel doloroso epigrama que satirizaba con crudeza las hidalgas veleidades del clérigo: “El Doctor tú te lo pones,/el Montalbán no lo tienes,/con que quitándote el don/ vienes a quedar en Juan Pérez.” De hecho, lo llamaba con gracia cruel, “retacillo de Lope”.

Lo cierto es que Montalbán, pese a su condición de clérigo, fue enormemente popular por sus novelas cortesanas, en las que con imaginación tan desbocada como calenturienta, satisfizo los gustos de un público que exigía pasiones frenéticas, sucesos escabrosos y macabros, etc. Sin duda, su novelas fueron las más atrevidas de su época, sirva de ejemplo la titulada La mayor confusión, en la que presenta a una madre que concibe tal pasión incestuosa por su hijo que la lleva con engaños a gozar de él y a concebir una niña, que terminará siendo la esposa de su propio padre y hermano.

En su faceta teatral, cultivó todo tipo de comedias: de santos y  leyendas piadosas; de intriga y de capa y espada; de historia de España y caballerescas, entre las que se podría incluir Los amantes de Teruel, representada desde 1630 e impresa en 1638, en la que con respecto a sus predecesoras redujo personajes y acciones paralelas, potenció los diálogos graciosos, eliminó escenas como la del traslado del cadáver a la puerta de casa de su padre e, incluso, su entierro y la muerte de su amada en medio del funeral. Como se puede observar, contrariamente a sus excesos novelísticos, en su faceta teatral Montalbán evita los sucesos macabros y se rige por principios estéticos y de mesura. En general, se trata de una versión inferior, pero que alcanzó más éxito y difusión  que aquellas.

jueves, 1 de noviembre de 2018

TRAS LA HUELLA DE LOS AMANTES EN LA LITERATURA (V)



 TEATRO (II)

Tirso de Molina y su destierro en Estercuel



         La biografía de Tirso de Molina es un enigma, su máxima estudiosa, Blanca de los Ríos, establece que Gabriel Téllez -este era su nombre verdadero- nació en Madrid en 1583 y murió en Soria en 1648, profesó en la orden de la Merced de Guadalajara y tuvo una vida un tanto agitada, con viajes continuos, amenazas y destierros varios.

Sería en uno de esos destierros, que tuvo lugar entre 1614 y 1615, en el Monasterio del Olivar de Estercuel, cuando el mercedario escribiría su drama sobre los Amantes, seguramente al conocer de primera mano la historia, como también le ocurrió con su comedia hagiográfica, La Dama del olivar, una historia de bandoleros y señores tiránicos, cuyo telón de fondo es la milagrosa aparición de la Virgen, en la que encontramos a ese comendador –una especie de don Juan feudal-, claro precursor de esos otros más populares comendadores del teatro de Lope y de sus propios burladores, y una venganza colectiva del pueblo en su final que anticipa con claridad meridiana a la de Fuenteovejuna del Fénix de los ingenios.

Para Esther Borrego, la obra de Tirso sobre los Amantes supone “la plenitud de la fórmula de la comedia nueva”, rompe las unidades de lugar (la acción fluctúa entre Teruel y África; su novedad más destacable es que la ambienta en la toma de la Goleta de Túnez durante el reinado del emperador Carlos V, a quien Diego –llamado así por primera vez- rescata en acción heroica y es generosamente recompensado, consiguiendo de esta forma las riquezas necesarias para volver a su ciudad y casarse con Isabel) y tiempo (el plazo concedido es de tres años) y añade antes que ningún otro escritor ese componente de enredo tan propio de la innovación teatral de Lope. Sin ninguna duda, la obra del mercedario es más ágil y tiene un mayor sentido dramático que la anterior del valenciano.