CASABLANCA

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FOTO DE GONZALO MONTÓN MUÑOZ

lunes, 20 de mayo de 2019

TUSITALA: AGUSTÍN SÁNCHEZ VIDAL O EL CONTADOR DE HISTORIAS (XI)


Un forano premio de las Letras Aragonesas (2016)


            En la decimosexta edición del Premio de las Letras Aragonesas, la del año 2016, por primera vez en su historia, se concedía a un escritor forano este galardón, si bien, coincidiendo con la ceremonia de entrega, Agustín, que también es Hijo Adoptivo de la ciudad de Zaragoza (2001), celebraba sus bodas de oro como residente en la comunidad.
            Con este reconocimiento se premiaba la importancia del conjunto de su obra, pero implícitamente también se reconocía su destacada labor investigadora sobre personalidades aragonesas, en especial de sus cineastas, con Buñuel y Saura a la cabeza, si bien su primer trabajo fue una edición de la novela inconclusa de Joaquín Costa, Justo Valdedios (1981), acompañada de un extenso estudio sobre su labor narrativa.

A modo de conclusión. Un emérito muy joven con cuerda para rato

Como hemos reseñado, Agustín Sánchez Vidal ha destacado en el estudio de las vanguardias y de algunos escritores como Miguel Hernández; ha desvelado los valores del lenguaje cinematográfico y de las relaciones entre cine, literatura, artes plásticas y sociedad, abriendo novedosas líneas de trabajo; ha explorado la historia del séptimo arte en Aragón y ha situado en un lugar destacado del cine nacional e internacional a sus principales directores. Su trayectoria profesional ha sido, es y sigue siendo sólida y coherente, continuada y brillante, tanto en investigación, como en divulgación y docencia, así, ha alumbrado una obra consistente y de gran originalidad en todos los ámbitos de la creación: guion cinematográfico, artículo periodístico y ensayo.
A partir de su jubilación en el año 2010, inició una nueva etapa, no solo vital, sino también intelectual, en la que concibe con mayor flexibilidad su relación con la cultura y las artes, de manera que sin abandonar por completo sus colaboraciones con museos como el Prado o el Reina Sofía, entre otros, evoluciona del estudio intenso al gusto por la creación personal y viste de fábula y ficción sus muchos conocimientos.
En la actualidad nos consta que tiene terminada una nueva novela, por el momento inédita, dedicada al genial cineasta Orson Welles, con la que sin duda volverá a sorprendernos. En el fondo sigue haciendo lo mismo, contar historias y enseñar deleitando, pero dejando volar libre al tusitala que lleva dentro, sin bridas academicistas ni aparatos críticos para, con la sabia modestia que le otorgan sus muchos conocimientos y premios, enseñarnos que “el papel de los auténticos poetas y artistas consiste en descubrir y tender relaciones inéditas que nos ayuden a concebir el mundo de un modo más rico y entramado. Mejor cableado y conectado en red…” Sea por muchos años.

viernes, 10 de mayo de 2019

PRESENTACIÓN DE "EL LECTOR INCORREGIBLE", DE JOSÉ LUIS MELERO, EN LA FERIA DEL LIBRO DE TERUEL 2019



FOTO TOMARA DEL HERALDO. OLIVER DUCH
El próximo domingo, a las 12 h., en la Glorieta, disfrutaremos en amena charla de la erudición y del sentido del humor de José Luis Melero y de su Lector incorregible. Le preguntaremos por sus diferentes pasiones: los libros, el fútbol, la Jota, Aragón en general y Zaragoza en particular, sus amigos, su vicerrectora preferida, etc., pero en especial nos centraremos en aquellos artículos -melenécdotas las llamo yo-, que hacen referencia a Teruel: iremos de ronda por Andorra para celebrar “Los cien años de Iranzo” y presenciamos en primera fila su funeral en “El entierro del Pastor”; descubriremos que el en su momento considerado patriarca de las letras aragonesas, Ildefonso Manuel Gil, autor de la novela más agobiante sobre la guerra civil, desgraciadamente ambientada en nuestra ciudad, Concierto al atardecer, perdió la virginidad en el pueblo trufero de Sarrión; rastreamos en esa investigación detectivesca titulada “El baúl de Tormón” la presencia, ochenta años después, de Cernuda y las Misiones Pedagógicas en nuestra provincia; asistimos a la amputación de una pierna a petición propia, la del padre del tenor alcañizado, Amable Leal Alegría, para ser sustituida por una prótesis, llevada a cabo por José Gascón Allué, padre de nuestro prohombre, Domingo Gascón y Guimbao y abuelo del ministro José Gascón y Marín; y nos acercará al escritor vanguardista turolense, en la actualidad relegado al olvido, Antonio Cano, cuya obra artística y literaria merecería, sin duda, un mayor reconocimiento.



En definitiva, lo pasaremos bien y aprenderemos muchas cosas interesantes sobre nuestra tierra y sus gentes. Están todos invitados.


viernes, 3 de mayo de 2019

TUSITALA: AGUSTÍN SÁNCHEZ VIDAL O EL CONTADOR DE HISTORIAS (X)



Tejedor de tramas 


Su actividad novelística se inició en el año 2005 con La llave maestra, una apuesta por la aventura fraguada durante más de diez años de documentación y escritura, en la que mezcla de forma admirable el rigor científico e histórico con la intriga y el thriller. Es un homenaje a la literatura general y a la del siglo XVI en particular. Estructuralmente se desdobla en dos planos temporales, uno en la época de Felipe II y otro en la actualidad, estableciéndose entre ambos una evidente relación que responde al especular juego de reflejar en los protagonistas del presente las vivencias y sentimientos de sus antepasados, creando de esta forma una estructura inspirada en la doble hélice del ADN, uno de los muchos temas de fondo, el cual, a su vez, como en ese cuento de cuentos que son Las mil y una noches -también presente- nos remite a otro asunto importante en el relato, el ya comentado del código fuente del universo. En definitiva, La llave maestra es un rompecabezas de enormes dimensiones, un auténtico tour de force en el que funde con extrema habilidad historia, literatura y teorías de la información, consiguiendo el horaciano objetivo de enseñar deleitando. 

Tres años más tarde publicó Nudo de sangre (2008), con la que obtuvo el prestigioso Premio Primavera de Novela de la editorial Espasa. De nuevo estamos ante un relato de aventuras con un componente histórico importante, en la que nos habla del Perú colonial entre los siglos XVI -cuando Atahualpa es apresado y muerto por Francisco Pizarro- y XVIII -cuando los jesuitas conspiran tras su expulsión de España-. El lenguaje simbólico de las cuerdas y nudos de los incas se convierte en sus manos en la metáfora central de la narración: por un lado, alude a su escritura y, por otro, a la sangre indígena explotada por los colonizadores, este “nudo de sangre” era el utilizado para añadir peso en los extremos del llamado látigo de nueve colas, usado para azotar a los esclavos. De esta manera, urde una trama en la que no se nota la juntura entre lo real y lo inventado, de nuevo una clase magistral entretenida y amena. 

Con Esclava de nadie (2010) ganó el VII Premio Internacional de Novela Histórica Ciudad de Zaragoza. El tema central es el de la libertad para elegir un destino propio unido al drama de la identidad de un ser que en todos los aspectos de su vida resulta ambiguo: mulata manumisa hermafrodita en una sociedad, la de la España del siglo XVI, clasista, racista y sexista, en la que ejercer el derecho a la libertad individual estaba solo al alcance de unos pocos. Como en las novelas anteriores, Agustín prepara un cóctel narrativo de extraordinaria modernidad compuesto por historia y reivindicación social, endulzado todo con muchas aventuras. 

Viñetas (2016), de la que ya hemos hablado, tiene mucho de novela de iniciación, de aprendizaje, de cambio (individual y colectivo), de transición al mundo adulto, pero también trata de las complejas relaciones familiares, de la guerra civil, de la difícil posguerra, del aperturismo del segundo franquismo y sus transformaciones, etc. Todo parece apuntar hacia el relato familiar con fondo social, sin embargo, al final se impone el territorio de lo desconocido, el protagonista ignora muchas cosas de sus padres y hermano, y el lector debe ayudarlo a completar las tramas más o menos difusas que nunca terminan donde parecen cerrarse.

viernes, 12 de abril de 2019

LA NIEVE SOBRE EL AGUA



LIBRO TODO O CÓMO SUBLIMAR LA REALIDAD 




La nieve sobre el agua es la tercera entrega de una obra en marcha que comenzó hace ya más de veinte años con Días sin huella (1998) y tuvo su continuidad con La marea del tiempo (2007), un particular experimento creativo, una tarea vital, del escritor y periodista, Raúl Carlos Maícas, en la que reúne textos publicados en la revista Turia, que él mismo fundó hace ya treinta y seis años y continúa dirigiendo, inasequible al desaliento, con voluntad de hierro. 

En esta ocasión, se trata de una gavilla de escritos correspondiente a los años 2002/2005, que como en los casos anteriores conforman una suerte de obra diarística, en la que se combinan descripción y reflexión con la finalidad de configurar una especie de depurado inventario de la cotidianeidad muy particular, donde registra historias del día a día, anécdotas, comentarios, análisis, etc., pero no con voluntad notarial de levantar acta, sino con la de realizar un ejercicio de literatura doblemente decantada. 


La nieve sobre el agua es pues un libro misceláneo y heterodoxo compuesto a base de textos fragmentarios de fácil y libre lectura: es una descripción muy personal de una ciudad, Teruel, esa “tierra surreal”, esa “isla del interior de España”; es una galería de retratos de multitud de personajes, tanto anónimos y cotidianos, como de personalidades de la cultura y el arte (Carlos Pazos, Janaina Tschäpe, Ángeles Santos, Derain, etc.) en ocasiones amigos o conocidos (Fernando Savater, Juan Manuel Bonet, etc.), en otras, importantes referentes intelectuales (Costa, Gómez de la Serna, Octavio Paz, etc.), en su mayoría se nombran, pero a veces se recurre a la inicial de su nombre o a la socorrida X, con la que el escritor se protege, al tiempo que juega al escondite para excitar la imaginación del lector; es un catálogo de vivencias, experiencias, sentimientos, lecturas... En definitiva, es un “libro todo” del existir del autor, en el que transciende y comparte su realidad a base de formalizarla con ascética perseverancia, y aquí es donde, mediante un lenguaje trabajado con minuciosidad de orfebre, profunda agudeza crítica, citas bien elegidas, fina ironía y gran economía estilística (recurre con frecuencia a la contundente concisión didáctica e ilustrada del aforismo o a la esencialidad del microrrelato o del mini-ensayo), La nieve sobre el agua consigue sublimar el acontecer diario y lo transforma en empática experiencia. 

Como no puede ser de otra manera, esta entrega es una continuación formal y temática de las anteriores, encontramos la nostalgia de la infancia –magnífico el texto dedicado al recuerdo de la casa donde nació-, ese anhelo constante de huida de lo próximo e inmediato y la búsqueda de un refugio en la intemporalidad del arte, manifestada en forma de frecuentes visitas a exposiciones en museos como el IVAM o el Reina Sofía, donde el autor se traslada a otra dimensión vital instalada fuera del tiempo (son excelentes los análisis de exposiciones de creadores como Roy Lichtenstein, Salvador Victoria, Aurélie Nemours, entre otros), el desencanto del mundo editorial y literario, plagado de “timbas y artificios, con sus apuestas, camarillas, fariseísmos y truculencias, reyezuelos y damnificados”, y el “descrédito” que le merece la política, quizá la única novedad de esta obra sea que Raúl Carlos se reconoce más viejo y comparte con el lector lo que califica como el “suicidio de la madurez”, esa pragmática crisis existencial tan propia del demonio meridiano, cuando comprobamos cómo, sin remisión, se nos agota “el tiempo de las quimeras y los sueños” y se intensifica en nosotros la desazón del desengaño de vivir. 

La existencia hay que renovarla continuamente, eso es vivir: crear realidades nuevas; pero, sobre todo, eso es escribir: reinventar la realidad a partir de cuatro datos tomados de la vida, aunque esta sea en su mayor parte tediosa y gris. En cierta forma, escribir es la mejor manera de leer la propia vida y Raúl Carlos lo hace con puntual tenacidad todas las noches en un terapéutico y volteriano ejercicio literario que aprovecha la condición intergenérica del diario-dietario, ese “útil marcapasos de voluntades frágiles”, para emanciparse de este “mundo enfermo y aburrido, de esta realidad resquebrajada” y vivir “la aventura permanente de desafiar a todos con nuestras provocaciones intelectuales, morales, geográficas y estéticas.” En definitiva, para ejercitarse con absoluta libertad en la práctica creativa del lenguaje y el pensamiento. 

Raúl Carlos Maícas, La nieve sobre el agua. Diario, Madrid, Fórcola Ediciones, 2019.

domingo, 7 de abril de 2019

RESEÑA DE "LA PIERNA ORTOPÉDICA DE RIMBAUD", DE JOSÉ LUIS GRACIA MOSTEO










La pierna ortopédica de Rimbaud, el último poemario del poliédrico escritor de Calatorao, José Luis Gracia Mosteo, ha conseguido el máximo galardón del I Certamen de Poesía “Melaza” del Ayuntamiento de Salobreña. Dulce como el título del premio y la miel e irónico y punzante como el aguijón de las abejas que la fabrican, se compone de treinta y tres deliciosas radiografías poéticas en las que se escanea desde distintos ángulos la vida y la obra de otros tantos poetas, dramaturgos, novelistas, filósofos, bibliófilos, pintores, cantantes, cineastas… En suma, artistas de todo tipo, condición y época que, por distintas razones, se han constituido en los particulares “virgilios” del autor, verdaderos maestros para él de sus respectivas artes, y en gran medida, si no en su totalidad, casi seguro también para la inmensa mayoría de nosotros. 


La pierna ortopédica de Rimbaud es una decantación, o mejor aún, una lenta fermentación de su libro de relatos, El Pintor de Fantasmas, publicado en el año 2004. En él ya se encontraban muchos de los espectros artístico-literarios del presente poemario (desde el poeta maldito y la desgracia que le da título, pasando por Coleridge, hasta llegar al propio autor), pero también estaba su sentido del humor, a veces socarrón, irónico y malicioso siempre; su lenguaje preciso y contundente (como dice, le gustan las palabras “pesadas en balanza de joyero”), e incluso la intención última de la obra: realizar un viaje en busca del misterio de la escritura y la creación, descubrir el juego entre la apariencia de lo artístico y la realidad del mundo o viceversa, entre la realidad de lo artístico y la apariencia del mundo. Pero ahora, todo ello ha sido tamizado, cernido por el paso del tiempo y la necesaria contención y precisión requerida por el lenguaje poético.


A modo de irónica continuación de la Divina Comedia de Dante, Mosteo manda a su particular infierno a Lope, Góngora, Quevedo, Clarín, Gil de Biedma, José Luis Melero, Scott Fizgerald, Villalonga, Eliot, al mismo Rimbaud e, incluso, al propio Dante. En el purgatorio expían sus pecados Coleridge, Browning, Gracia Oliván, Buñuel, Bloom, Saint-John Perse, Graves, Borges, Octavio Paz, David Bowie y Dylan. En el cielo residen Stevenson, Laforgue –su poeta preferido, al que dedica unos emotivos versos de corte autobiográfico-, Pessoa, John Ford, Enrique Urquijo, Jorge Noriega, Nieztsche, Schrodinger, Ricardo Molina, Luis Gracia y el mismo autor.


Con un estilo impresionista conformado mediante inteligentes pinceladas de erudición y un fino humor, constituido en su mayor parte a base de una sutil ironía, compone baladas, odas, elegías, etc., en su mayoría poemas breves y de extraordinaria ligereza (“siempre me han gustado los versos bien cortados […] las imágenes audaces que rompen la realidad; la sinceridad descarnada o la mentira como arte”),en los que de manera magistral funde y resume biografía y obra de los personajes elegidos, con el fin de humanizarlos y si se quiere también de desmitificarlos de una manera divertida, a veces incluso un tanto guasona, y mandarlos al infierno por su excesiva afición a las mujeres (Lope); al purgatorio, por su necesidad de recurrir a las drogas para lograr la perfección (Coleridge); o al cielo, como Stevenson, que ya purgó sus pecados con su dolor en la tierra, por citar solo unos ejemplos.


También hay ciertos guiños cómplices a amigos personales, es el caso del erudito y bibliófilo zaragozano, José Luis Melero, al que condena acertadamente a la Eterna Biblioteca del infierno por su pasión desmedida por los libros, o poemas de corte autobiográfico, como el dedicado a su tío, “Balada de Ovidio Gracia Abarca”, y el de su padre, “Elegía de Luis el Oboe”, un hombre que pasó de músico a labrador, que supo desaprender y le descubrió con su ejemplo de vida que la felicidad y quizá también el cielo radican en la sencillez y en la elección personal de tu destino. 


No sin cierto sarcasmo, Mosteo se ubica en el infiernocielo de sus lecturas y escrituras, se desdobla en el fantasma, en el espíritu burlón de sí mismo que, como cualquiera de nosotros, zarandeado por los condicionantes de un mundo que no entiende, por el azar y el absurdo, solo encuentra en la escritura-lectura el punto de común unión con el resto de sus congéneres.


El libro se cierra con un último poema a modo de “Epílogo” dedicado al “Espíritu de Verón”, poeta y fotógrafo de Calatayud, contrapunto poético del mismo Rimbaud, cuya pierna ortopédica se constituye en símbolo del precio de la libertad creativa y vital, del viaje y la aventura, del anhelo constante de nuevas experiencias, actitud que contrasta con la del escritor bilbilitano José Verón Gormaz quien, como Marcial o Fray Luis en sus respectivas épocas, ejemplifica esa otra forma de entender la vida y la poesía más calmada, equilibrada y serena a la que, si no mueres durante el tránsito, terminas arribando tarde o temprano. De alguna manera, en estos versos finales se resume la idea central del conjunto: en todo escritor, en todo ser humano se encierra un cielo y un infierno, entre los extremos de Rimbaud y Verón, hay un amplio espectro vital y poético del que bebe la poesía de José Luis Gracia Mosteo y se alimenta su existencia y seguramente también la nuestra. Al fin y al cabo, La pierna ortopédica de Rimbaud no es sino un intento de explicar la vida, el arte y la literatura de los particulares “virgilios” del autor que, como un nuevo Dante, ha viajado, viaja y viajará por el infierno, purgatorio y cielo de la mano de cada uno de ellos al sumergirse en sus obras, es el testamento irónico-poético de un lector irredento que nos explica su ser poético mediante el recuerdo-homenaje de las múltiples voces artísticas que reverberan en su propia escritura.


JOSE LUIS GRACIA MOSTEO, La pierna ortopédica de Rimbaud, Ayuntamiento de Salobreña, 2018.




miércoles, 3 de abril de 2019

TUSITALA: AGUSTÍN SÁNCHEZ VIDAL O EL CONTADOR DE HISTORIAS (IX)



La especie simbólica 



Un tema central y constante en su obra y pensamiento es el de explicar y explorar “las razones profundas que nos empujan a contar historias y a escucharlas”; es decir, la necesidad de desentrañar “el porqué de las ficciones”. La respuesta conduce a la esencia de lo humano, a lo que nos distingue como especie: nuestra capacidad simbólica. 

Ya en el año 2005 escribió un artículo para la revista Muy Interesante titulado “La especie simbólica”, homónimo del librito, pequeño en tamaño, pero denso como el mercurio, publicado en 2011 por la Cátedra Jorge Oteiza de la Universidad Pública de Navarra, en el que desarrollaba más por extenso algunos de sus contenidos. Volvió sobre el tema con una repaso oral dentro del ciclo “Vida en ficciones. Los relatos en la era audiovisual” organizado por la Universidad de Zaragoza, que más tarde revisó de nuevo para una conferencia impartida en la Universidad de Oxford. 

Como hemos ido constatando, Agustín Sánchez Vidal es un humanista de nuestro tiempo, un escritor cuya actitud intelectual y creativa es interdisciplinar, integradora de todo tipo de saberes, pero quizá sea este delicioso texto de poco más de cien páginas el que mejor evidencie este espíritu, al tiempo que en él se pueden encontrar las inquietudes intelectuales que originan y sustentan la urdimbre primigenia de alguna de sus novelas, pues en él se suman y exponen conocimientos de multitud de artes y ciencias: desde la mitología, el folclore o la etimología, pasando por la literatura, el cine y la historia, hasta la mecánica, la biología, la física o las matemáticas. En este sentido, quizá convenga recordar su sólida formación científica ya apuntada y, como confiesa el propio Agustín, que la divulgación científica es su lectura habitual, más incluso que la literaria propiamente dicha. 

Los símbolos constituyen una estructura compleja y coherente, se entretejen entre ellos confeccionando una trama que nos permite crear mundos alternativos, donde unos símbolos existen en el contexto de otros. Agustín actúa de forma idéntica y su ensayo no es en modo alguno la suma independiente de tres conferencias, sino que conforma un todo coherente en el que además de explicar la tesis principal, se constituye en una obra esencial para entender su propia actividad como novelista, pues en sus páginas encontramos las claves de su creatividad. 

La primera parte lleva por título ‘Las tramas que nos constituyen’ y versa sobre la “revolución de las cuerdas” -asunto central de su novela histórica, de amor y aventuras, homenaje a la cultura andina, Nudo de sangre- y el “escape de foliot”, embrión del reloj, que según el pensador alemán Ernst Junger es la base de la moderna civilización occidental, invención, a su juicio, más importante que la imprenta, la brújula, la pólvora, la máquina de vapor o el descubrimiento de América. Sánchez Vidal reflexiona sobre el tríptico tectón-textil-texto; sobre el paso de los textiles a los códigos de barras; sobre la ilación entre cuentas y cuentos o viceversa; sobre las redes neuronales -investigadas por Cajal y Golgi-, la web y al entramado de las narraciones. 

En la segunda, “La escritura de dios” -título de un cuento de Borges- busca en el lenguaje anterior a Babel un código universal capaz de originar el Universo –su código fuente, tema central de su primera novela, La llave maestra-; es decir, signos que están en la base de todo lo creado y encierran sus claves, una especie de genoma universal, tentativa a la que se han acercado en nuestros días –desde modelos computacionales- los científicos que trabajan sobre la teoría unificada de la información. 

Por último, en “Símbolos y mitos”, el autor aborda el papel que desempeñan en nuestras vidas el pensamiento simbólico y los mitos, desde los relatos homéricos hasta las comerciales películas de Hollywood, cuyas historias derivan en mayor o menor medida de esa materia prima de la que se alimentan no sólo las diferentes artes, sino también las distintas filosofías y religiones.