CASABLANCA

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FOTO DE GONZALO MONTÓN MUÑOZ

sábado, 15 de febrero de 2020

ANTONIO CANO Y EL PRIMER CINE CLUB TUROLENSE (IX)


Novelista

         Poco podemos aportar sobre su labor como novelista, pues no hemos leído nada de Antonio Cano en este sentido, tan solo, como aproximación a esta faceta, expondremos brevemente las aportaciones esenciales que en el citado artículo de Enrique Serrano se exponen sobre El hombre que no tuvo Ángel de la Guarda, cuyo fantástico y surrealista argumento resume de la siguiente manera:

   En el ámbito de una familia de tres hermanos de edad madura que viven solos (Amada, Flora, Perfecto, nombres simbólicos e irónicos), tienen lugar sistemáticamente palizas sobre el varón, un jorobado de pocas luces. Una de ellas es interrumpida a causa de los golpes dados en la puerta por un desconocido visitante, al que no se abre. Amada cree que puede ser el Ángel de la Guarda de Perfecto. Este encuentra en una tienda a Metodia y ve en ella al presunto salvador. Metodia es la 26ª hija de don Pródigo, empresario de pompas fúnebres, viudo cinco veces y padre de otros veinticinco hijos, ya muertos. Un amigo suyo es don Parco. Se trata de un amante del espiritismo que cree tener a su esposa reencarnada en un paraguas.
   Cierto día los dos amigos y Metodia se dirigen a una sesión ocultista, cuando son vistos por Perfecto, que ha sido enviado a un recado por sus hermanas. No sólo se retrasa en su misión, sino que pierde las sardinas objeto de la salida. Al regresar a casa, se suscita una discusión en la que Flora ofende al supuesto ángel. La paciencia de Perfecto se acaba, intenta estrangular a su hermana y la da por muerta, aunque sólo está desmayada. En la huida, se refugia en la funeraria dentro de un ataúd. Es descubierto al día siguiente en una situación que Perfecto considera el Juicio Final y, deshecho su error, devuelto a casa. Muere Metodia y Perfecto intenta volar arrojándose de un puente con unas alas de papel. El párrafo final, “estrella 13ª”, es un baile de don Pródigo y don Parco sobre la tumba de Metodia, con la intención de hacer reír a la joven.

A su juicio, se trata de “una novela de humor negro que termina por caer en el absurdo y hasta en el nihilismo”, que relaciona con el “tipo de humor que se impone en la narrativa española en los años veinte…”, ligado a la recepción en España de los movimientos vanguardistas europeos. De igual forma, también cree ver un cierto influjo del “esperpento de Valle-Inclán, con lo que esto supone de compromiso con la inmediata historia del país.”
También dentro del humor parece ser que se inscriben sus escritos El fantasma de Andaquilla, y La leyenda de Peirón.

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