CASABLANCA

CASABLANCA
FOTO DE GONZALO MONTÓN MUÑOZ

jueves, 9 de junio de 2011

BUÑUEL EN ANÉCDOTAS (V): ÁGUILAS EN EL VÁTER


Fotograma de El Fantasma de la libertad
   La atracción de Buñuel por lo escatológico, tanto en su acepción teológica como en la que ahora nos interesa, la relativa al estudio de los excrementos, es una constante de su filmografía, pensemos en El ángel exterminador, donde se defeca en un hermoso jarrón chino, en Simón del desierto, donde los excrementos del protagonista adornan su columna como si fueran los restos de la cera consumida de una vela, o en El fantasma de la libertad, película en la que se expone la defecación en público como contraste de la comida, que se realiza en la más absoluta privacidad. A este respecto, resulta divertida la observación-explicación que le hace Buñuel a su amigo el novelista Max Aub cuando le dice: "... recuerdas esa película en la que varios personajes entran en el retrete y uno levanta la tapa de la taza grande donde hacen sus necesidades, y ve a través de ella un águila volando allá abajo y unas hojas secas revoloteando... pues eso pasa en los retretes de Cuenca que están en las hoces. Allí, cuando levantan las tapas, río abajo pasan águilas y palomas... Porque hay unos abismos de cien metros, o más, no sé". Comentario que evidencia que el surrealismo tiene mucho también  de realismo mágico, de absurdo y grandes dosis de humor.

martes, 7 de junio de 2011

AGUSTÍN SÁNCHEZ VIDAL: LA LLAVE MAESTRA

   ¿Dr. Livingstone, supongo? Esta es la frase que dijo el despiadado periodista y aventurero Henry M Stanley al explorador Henry M. Stanley Dr. David Livingstone cuando se lo encontró, en mitad de la selva africana, donde había ido a buscarlo. En la complaciente y monocorde sociedad actual, la aventura y el espíritu inquieto del explorador parecen haber desaparecido para siempre de nuestras vidas; sin embargo, son legión los espectadores y lectores que disfrutan del género y lo demandan, tanto en el cine como en la literatura.
   No cabe duda, la narración entendida como la memoria de lo heroico sigue contando, y sigue contando en estos tiempos tan prosaicos porque nos recuerda la posibilidad del heroismo y ese recuerdo es la posibilidad misma. En nuestros días, nos convertimos en héroes porque nos lo cuentan o, mejor aún, porque lo vemos en el cine y, sobre todo, en la televisión. Conrad entendía la novela como algo con virtud suficiente para obligar a cualquier hombre a olvidar lo cotidiano y adentrarse en un mundo nuevo fabricado con palabras: "Lo único que persigo con la ayuda de la palabra escrita consiste en haceros oír, haceros sentir y, sobre todo, haceros ver. Y si alguna vez llegase a ello, en ello encontraríais -según vuestros merecimientos- estímulo, risa, terror, consuelo, encanto, todo lo que os causa placer y quizá, por añadidura, incluso esa revelación de la verdad que tan obstinadamente os olvidáis de reclamar". Agustín Sánchez Vidal sabe todo eso y mucho más, por eso en su primera incursión en la novela, La llave maestra, apuesta por la aventura, en la que se mezcla de forma admirable el rigor documental con la intriga y el thriller, pero La llave maestra es mucho más.
   De entrada es un homenaje a la literatura general y a la del siglo XVI en particular. Es, como parece anticipar el nombre de la editorial, una suma de letras (también de conocimientos) donde confluyen, junto a la novela de aventuras, de intriga, histórica y científica, la novela bizantina, la morisca, la de viajes (con la Odisea como paradigma, la acción transcurre en Toledo, Estambul, Washinton, El Escorial, Yuste, etc.), la de espías, etc. Pero también es un homenaje al cine de aventuras y fantástico con claros guiños a ciclos tan importantes como el de Indiana Jones, La guerra de las galaxias, o incluso, aunque sea de modo inconsciente, a la tan estupenda como injustamente olvidada película de Neville, La torre de los siete jorobados, en la que podemos encontrar, como ocurre en Antigua, trasunto en la narración de Toledo, toda una ciudad sunbterránea recorrida de trampas ocultas. Es más, Agustín Sánchez Vidal plantea al lector el reto intelectual -de alguna manera podíamos decir que en este sentido la novela es interactiva- de descubrir la procedencia literaria o real de determinados pasajes o personajes mediante claves de dificultad variable dispuestas a lo largo del relato. Así nos remite a obras como  La Celestina, el Viaje de Turquía, el Manuscrito encontrado en Zaragoza o la picaresca, entre otras, junto con personajes camuflados como Raimundo Lulio o Cervantes.
   Estructuralmente la novela se desdobla en dos planos temporales, uno en la época de Felipe II y otro en la actualidad, estableciéndose entre ambos una evidente relación que responde al especular juego de reflejar en los protagonistas del presente las vivencias y sentimientos de sus antepasados, creando de esta forma una estructura que como señala el propio autor está inspirada en la doble hélice del ADN, uno de los muchos temas de fondo de la novela, el cual, a su vez, como en ese cuento de cuentos que son Las mil y una noches -también presente en la novela- nos remite a otro tema importante en el relato, el de la Torre de Babel, estructura helicoidal, heredada de los zigurats, que sugiere en nuestras mentes ideas de evolución y cambio, de intento de comunicar al microcosmos con el macrocosmos, e historia bíblica de castigo divino que nos llevaría al tema principal de la La llave maestra: la existencia de una lengua única que se perdió con la construcción de la Torre, una lengua que "una vez sabida permite conocer las cosas a primera vista. Pues se ven desde dentro, en su misma sustancia, tal como las conoce y las creó Dios, y no en sus accidentes externos"; es decir, el sofware del universo, su particular sistema operativo. Agustín Sánchez Vidal, como buen humanista, manifiesta esa actitud admirativa e interrogativa ante todo lo que supone el ser humano (el lenguaje, las religiones, etc.) y el misterio del universo, manteniendo siempre ese equilibrio entre el pasado y el presente, entendiendo siempre aquél como explicación o antecedente de éste.
   La llave maestra nace con vocación de best seller, pero se diferencia de la mayoría de estas obras por su estilo literario, muy cuidado, en especial la parte del relato que transcurre en el siglo XVI, donde siguiendo con las subtramas paralelas mencionadas resuenan ecos de la prosa de don Juan Manuel, de Cervantes, etc., con excepcionales descripciones, rigurosas y magníficamente documentadas, mediante las cuales, como le hubiera gustado al mejor Stevenson, vivimos las sensaicones de un bullicioso mercado de mediados de siglo XVI, la huida desesperada por las infectas cloacas de El Escorial o la inquietante visita a las dependencias de la Agencia de Seguridad Nacional Americana, no en vano el parto de la novela lo gestó durante más de diez años.
   La llave maestra es un rompecabezas de enormes dimensiones, un auténtico tour de force en el que Agustín Sánchez Vidal funde con extrema habilidad historia y ciencia, literatura y teorías de la información, consiguiendo el horaciano objetivo de enseñar deleitando, al tiempo que obliga al lector a pensar.

domingo, 5 de junio de 2011

BUÑUEL EN ANÉCDOTAS (IV): MAENZA, ESE "INSENSATO".

En el tan magnífico como divertido libro de Max Aub, Conversaciones con Buñuel, el cineasta le comenta a su amigo: "[...] Hace dos o tres años vinieron a verme unos muchachos de la Universidad de Zaragoza. Tres chicos y dos muchachas y un insensato que se paró frente a la puerta de mi casa. Me extrañó ver ahí al alcalde, al cabo de la Guardia Civil. Y el insensato gritando: '¡Mao nos va a enviar armas! ¡Y se va armar la gorda! ¡Y el camarada Buñuel está con nosotros!' Lo agarraron, claro. El alcalde protestaba: 'El señor Buñuel es una persona muy respetada aquí [...]" Ese "insensato" no era otro que el malogrado cineasta vanguardiasta turolense, Antonio Maenza, que en la Semana Santa de 1968 viajó a Calanda con la intención de entrevistarse con Buñuel. En una carta a un amigo (recogida en el exhaustivo estudio que le dedican Javier Hernández y Pablo Pérez, Maenza filmado en el camp de batalla, escrita desde el calabozo de Alcañiz explicaba así el incidente: "[...] 4 señores de Calanda -ni el alcalde, ni el teniente de la Guardia Civil lo han hecho- han presentado denuncia en contra mía. La han verificado por vía judicial y estoy detenido en el depósito de Alcañiz después de haber dado declaración y haber pasado la noche del lunes en la comisaría de Teruel [...] Todo parte de la tozudez enfermiza de esos señores con los cuales tuve tan animada conversación, mostrándose, tanto el alcalde como el teniente en contra de tal acusación. Se me acusa, y no le demos más vueltas, de afirmar que Buñuel iba contra Franco y que se recibirían armas de Mao y Checoslovaquia".
Quien desee saber más sobre este singular personaje puede leer este artículo ANTONIO MAENZA: UN ARTISTA POR DESCUBRIR
Imprescindible como siempre ANTÓN CASTRO
También es interesante ANTONIO MAENZA
En el futuro nos ocuparemos más por extenso de este malogrado director turolense al que conocimos personalmente y cuya muerte sigue siendo un misterio por resolver de nuestra ciudad. de momento concluimos con varios breves fragmentos de su película (o deberíamos decir mejor no película) Hortensia, con una jovencísima Enma Cohen, que él consiguió desnudar para la gran pantalla.


sábado, 4 de junio de 2011

BUÑUEL EN ANÉCDOTAS (II): EL CALLEJÓN DE LA MIERDA O LA CALLE D. LUIS BUÑUEL.

Con motivo de una de las visitas de Buñuel a España, el Ayuntamiento de Calanda quisó dedicarle una calle a su cineasta. Buñuel le contaba esta pretensión a su gran amigo Max Aub de la siguiente graciosa manera: "Entonces era cuando querían poner a una calle mi nombre -ya te lo he contado-, pero cuarenta vecinos se negaron a firmar. Y el gobernador de Teruel le escribió al alcalde: "Nada de calle por ahora. Además, el señor Buñuel es mexicano". Y resulta que ahora sí le han puesto "Calle de don Luis Buñuel" a un callejón que está al lado de la iglesia, cerca de la casa, al que llamábamos "Callejón de la mierda" porque siempre había tres o cuatro mojones allí en medio. Es curioso cómo llama la atención aunque no quieras, te atrae la mirada. ahora, las cosas han cambiado mucho. en calles más principales no es raro que te veas la cagada de un borracho, o en un callejón a un guardia civil meando y cerrándose la bragueta. ¡El "Callejón de la mierda" convertido en la "Calle de don Luis Buñuel"! Y, claro, como me lo ha puesto el Ayuntamiento falangista, cuando cambien las cosas me fusilarán".


Quien tenga interés y unas gafas 3D podrá ver en el siguiente enlace un conjunto de fotografías estereoscópicas realizadas por el padre de Luis Buñuel en Calanda, Zaragoza y Barcelona, hacia el año 1900.
Se necistan gafas 3D rojo/cyan.

FOTOS 3D DE LEONARDO BUÑUEL REALIZADAS HACIA 1900. POR JAVIER ESPADA.

martes, 24 de mayo de 2011

BUÑUEL EN ANÉCDOTAS (I): LOS POBRES DE VIRIDIANA



   ¿Cuántos mendigos hay en el fotograma? Efectívamente, los doce apóstoles más el ciego Amalio (JoséCalvo), en su papel de Jesucristo en el centro, y Enedina (Lola Gaos), que ejerce de fotógrafa, sumarían catorce; sin embargo, si se mira con atención la película en ningún momento podremos volver a contar ese número de mendigos (como máximo llegamos a ver nueve), pues esta escena, como él mismo reconoció, es improvisada y tuvo que buscar en el momento de su realización a varios extras más para completar el grupo. Cuenten, cuenten los mendigos de Viridiana en su próxima revisión del film y descubrirán que la escena más famosa fue fruto de la genialidad de un instante o de algo premeditado con antelación, pero que en modo alguno, por razones obvias de censura, podía anticipar en el guión. Pero dejemos hablar a Juan Antonio Bardem, que vivió en primera persona el montaje de la película y sus avatares posteriores: "En la primavera de 1961, la película Viridiana ya estaba rodada y montada. Fue entonces cuando Uninci tuvo que hacer una proyección del copión de trabajo de la película. Allí sí estuve yo, en tanto que presidente del Consejo de Administración de Uninci. La proyección se hizo en los Estudios CEA, que disponían de un sistema "interlock". Es decir, un proyector para la imagen (copión de trabajo) y otro proyector sincrónico con el primero, para la banda de diálogos. Esa proyección se hacía para dos grupos diferentes: uno era la Junta de Censura y el otro UniEspaña, donde estaban agrupados y representados los Productores Cinematográficos Españoles.

El objetivo de Uninci con la Junta de Censura consistía en solicitar un consentimiento para poder sacar de España con destino a París el material necesario para realizar allí las mezclas de sonido y el tiraje de una copia "stándard" (eso entonces era una práctica habitual en el cine español. Los laboratorios franceses estaban incomparablemente mejor preparados para esos menesteres). Para eludir cualquier problema nosotros quitamos de ese copión dos planos: 1) el plano de la navajita crucifijo y 2) el plano de Lola Gaos levantándose las faldas y "fotografiando" la "última cena" de los mendigos.

Los censores querían saber qué música iba a acompañar las escenas del aquelarre final. Aun sabiendo que íbamos a poner el Mesías de Häendel, yo les convencí de que Buñuel no apreciaba en absoluto la música en sus películas y que a lo sumo pondría los tambores de su Calanda natal. El objetivo de Uninci y UniEspaña al hacer esa proyección también era obtener su visto bueno para que Viridiana concurriera oficialmente en representación del cine español en el inmediato Festival Internacional de Cannes (mayo de 1961). La contestación de UniEspaña, es decir de los productores españoles, fue la siguiente: (Sic) "La película no reúne las suficientes calidades técnicas y artísticas para representar a España en el Festival de Cannes". Unos años después, y cuando ya estábamos en plena "guerra Viridiana" con el Ministerio, Uninci quiso obtener una copia del acta de esa reunión de UniEspaña, pero el acta había desaparecido. Sin embargo, yo estuve allí y sé el nombre y la condición de los componentes de esa Junta de Productores. (En realidad, en Viridiana y Buñuel pasa un poco como con la democracia española: después de la desaparición del dictador, aquí todo el mundo es demócrata de toda la vida. Todo el mundo es ahora "buñuelista"). Bastaría un mínimo trabajo de investigación periodística y recoger ahora lo que dijo la crítica cinematográfica española con ocasión de la proyección de Viridiana en el Festival de Cannes. Porque sí fuimos a Cannes. El entonces director del Festival, M. Fabre Le Bret, invitó oficialmente a Viridiana como representación española. Viridiana ganó la Palma de Oro, ex aequo con la película francesa Une si longue absence, de Henri Colpi. Don José María Muñoz Fontán cumplió con su deber y subió a recoger el premio. Veinticuatro horas después, en la frontera de Irún, un "motorista" le entregó su dimisión fulminante. ¿Qué había pasado? Pues sencillamente que "L'Observatore Romano", la voz de la Iglesia Católica, Apostólica y Romana, había publicado al día siguiente de la proyección y del premio, una editorial que decía: (sic) "¿Cómo es posible que la católica España y la católica Polonia hayan presentado en el último Festival de Cannes dos películas tan blasfemas como Viridiana y Sor Juana de los Ángeles?" Para saber más al respecto ver EL CULTURAL

Por cierto,  el actor que hace de leproso era un mendigo de verdad que Buñuel contrató obligando al productor a pagarle el mismo salario que al resto de sus compañeros, cuestión que originó más de algún importante cabreo del realizador calandino, pues en principio se negaron a cumplir con su justa pretensión. De igual forma, los trajes que visten los actores son reales, quiero decir, comprados ex profeso a mendigos auténticos.


viernes, 20 de mayo de 2011

HISTORIAS MÍNIMAS PARA UNA GRAN HISTORIA

¿Dónde acontece la historia: en los hechos extraordinarios o en la cotidianeidad de los pequeños sucesos? El esquema historicista heredado del mundo grecorromano tiende a la espectacularidad, a buscar la respuesta en las grandes batallas, en los héroes, en la descripción detallada de los partes de guerra… Es esa historia que se vanagloria de las conquistas, que habla de vencedores y vencidos. Sin embargo, la intrahistoria unamuniana o la microhistoria de Ginzburg bucean en la vida de los seres periféricos, hombres y mujeres que protagonizan la historia de manera inconsciente. Estos son los personajes elegidos por Peter Englund para narrar su magnífico libro, La belleza y el dolor de la batalla. La Primera Guerra Mundial en 227 fragmentos (Roca Editorial), seres “de carne y hueso” que viven la rutina de cada día, cuando parece no pasar nada y se está escribiendo la que dicen es la historia con mayúsculas, porque en ese anodino acontecer, se urde la trama del mundo, ahí es donde realmente sucede la Historia.
Al historiador y académico sueco -secretario perpetuo de su Academia- le preocupa sobre todo el sentido de lo humano cuando todo lo humano habita en el infierno o está muy próximo a él. En su libro hay batallas (recordemos que Englund fue cronista de guerra) -el  Somne, Verdún, Ypres, Marne, etc.- y violencia -ataque con gas clorado, la matanza de servios, la cresta 321 de Verdún, etc.-, pero también hay paz en la guerra, tiempo para el amor, la amistad, el recuerdo y la nostalgia…La mirada del escritor no se eleva hasta el pedestal de los héroes, sino que se sitúa a la altura de los ojos alucinados de una niña de doce años viendo partir a los soldados hacia el frente, en las impresiones de una enfermera voluntaria en presencia de su primer cadáver (“La muerte es una inmovilidad horrible, tan silenciosa, tan distante.”), en la percepción del tiempo de un combatiente durante la contienda, en la lectura de una carta… Son dieciocho personas reales que sufrieron la guerra en el frente y dos, como contrapunto, que la padecieron en la retaguardia. 227 microhistorias de entre una y tres páginas que van desgranando el conflicto en su discurrir bélico, sí, pero, sobre todo, emocional: son sus cartas, sus diarios, sus memorias, etc.; testimonios escritos en los que se recogen sus impresiones impresionistas sobre sucesos mínimos de la guerra, sus anhelos, sus temores y sus sueños.
El ardor patriótico, la confusión, la indiferencia iniciales pronto devienen en dolor, impotencia, muerte y rutina, para Englund, “las experiencias personales de esto que llamamos guerra consisten, en el mejor de los casos, en reavivar los recuerdos de un sueño casi incomprensible y confuso. Algunos sucesos individuales destacan con más nitidez que otros, con la claridad que les confiere la fiebre del peligro de muerte. Después, incluso las situaciones más peligrosas se vuelven cotidianas y los días parecen pasar sin contener nada de interés, a excepción de la permanente proximidad de la muerte. Pero también esta idea, por mucho que se destacase al principio, acabamos reprimiéndola, ya que de tan omnipresente se vuelve anodina.” Lo cotidiano trabaja de forma paradójica: es rutina, pero también mudanza. Al concluir la guerra todo es distinto, ya nada ni nadie será igual:  “Observando los rostros de estos hombres a quienes yo conocía comprendí y sentí que habían cambiado. Parecían gastados, consumidos y sus semblantes me desolaron […] Al mirar en derredor todos me parecieron una especie de caricatura de sí  mismos: descompuestos, mutados a algo que me puso en alerta. ¿En qué se estaban transformando? ¿Hasta dónde iba a conducirnos esto, en realidad?”. El soldado australiano morirá en Galipoli; el danés del ejército alemán desaparecerá; el aviador quedará mutilado; el italiano se volverá loco; la conductora de ambulancias australiana en el ejército servio descubrirá el amor; el soldado británico, al final oficial condecorado por sus méritos en el campo de batalla, Alfred Pollard, protagonista de decenas de heroicos combates, sucumbe irónicamente ante un minúsculo enemigo, el virus de la mal llamada “gripe española”, causante de más víctimas que la misma guerra… Y con ellos el mundo ya nunca será el mismo, todo ha cambiado y se abre una “nueva era”. La Primera Guerra Mundial es la frontera de un tiempo que acaba y otro que comienza: los millones de muertos; los cambios de fronteras; el impacto de la revolución rusa; los problemas de adaptación de los millones de excombatientes; las nuevas ideologías (el comunismo y el fascismo, salidos de esta guerra, se convertirán en las grandes alternativas de las nuevas políticas de masas, en el sustento intelectual de los nuevos líderes mundiales que propusieron rupturas radicales con el pasado, de ahí que el libro concluya significativamente con la rotunda afirmación “Había decidido dedicarme a la política”, pronunciada por el mismo Hitler), subyacen en el origen de la violencia y de la cultura del enfrentamiento de todo el siglo XX.
La historia de Englund tiene una perspectiva plural, es poliédrica y la literatura que la adorna, sencilla, despojada de adornos, oral casi, se convierte en expresión del alma popular, y es más verdadera, incluso, que la propia historia.
La belleza y el dolor de la batalla es un libro grandioso, un fresco inmenso de la Primera Guerra Mundial  construido sobre lo pequeño, sobre esas historias mínimas, esos instantes irrepetibles de seres condenados al olvido, que conforman esa “historia del adentro”, esa armazón interior sobre la que se construye la gran historia y cuya temporalidad discurre en silencio y muchas veces, la mayoría, en el anonimato.
PETER ENGLUND, La belleza y el dolor de la batalla, Roca Editorial de Libros, 2011.