CASABLANCA

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FOTO DE GONZALO MONTÓN MUÑOZ

domingo, 23 de octubre de 2016

REPORTAJE FOTOGRÁFICO PRESENTACIÓN EN ZARAGOZA DE "VOCES TUROLENSES EN LA LÍRICA" (II): INTEGRANTES DE LA MESA

El éxito de la convocatoria se debió fundamentalmente a los nombres de los componentes de la mesa de presentación. Siguiendo con el reportaje de Concha Salinas, comenzaremos con el Director de Cultura y Patrimonio de la DGA, el profesor y escritor, Ignacio Escuín Borao, que quiso acompañarnos y dedicarnos unas palabras:




El escritor y musicólogo, Miguel Ángel Yusta, nos hizo un magnífico resumen de los principales cantantes líricos aragoneses. No es tarea fácil resumir en poco más de 10' esa apretada nómina de excepcionales cantantes y definirlos con brevedad. Gracias Miguel Ángel:




Con él otro Miguel Ángel, en este caso, Santolaria, musicólogo, tenor, presidente de la Asociación de Amigos de la Lírica de la Biblioteca de Aragón, que contó desde la amistad que tuvo y mantuvo con Pascual Albero, sabrosas anécdotas. Debiera haber contactado antes con él para amenizar y enriquecer con ellas un poco más mi libro:


El gran José Luis Melero nos sorprendió hablando de Amable Leal Alegría, pero sobre todo de su padre, un sastre cojo, remedo en negativo del cojo de Calanda, que quiso le amputaran su pierna enferma. Fantástico, pasional y desopilante, como siempre. Cuando en su excelente columna de "Artes y Letras" del Heraldo publique la historia la subiré:














REPORTAJE FOTOGRÁFICO PRESENTACIÓN EN ZARAGOZA DE "VOCES TUROLENSES EN LA LÍRICA": EL TENOR RODOLFO ALBERO COLINO-ESBEC Y EL PIANISTA EUSEBIO FERNÁNDEZ-VILLACAÑAS MARTIN

El pasado miércoles, en la "Sala de Música" del Palacio de Sástago, tuvo lugar la presentación de mi libro, Voces turolenses en la lírica, que sirvió al mismo tiempo de homenaje a los dos tenores que se biografían, Amable Leal Alegría, de Alcañiz, y, en especial, Pascual Albero Burillo, de Alcaine. Fue todo un éxito a todos los niveles: intervenciones de los integrantes de la mesa, excelencia de las interpretaciones del tenor, asistencia de público, firma de ejemplares, reencuentro con viejos amigos y compañeros de Facultad, etc. Sólo tengo palabras de agradecimiento para todos los asistentes, tanto de la mesa como del público, para la Librería General que se encargó de la venta de libros, para el área de Cultura de la Diputación Provincial de Zaragoza, trabajadores del Palacio. Gracias a todos. Dejo aquí unos testimonios gráficos para el recuerdo, en su mayoría obra de mi compañera de carrera y amiga, Concha Salinas, a la que agradezco su dedicación, arte y amistad.
Comenzamos con la intervención de Rodolfo Albero Colino-Esbec, tenor en ejercicio con su Camerata Lírica, que quiso acompañarnos y homenajear a su abuelo con dos interpretaciones muy especiales que le enseñó a cantar su propio abuelo sobre sus rodillas, en primer lugar interpretó la "Jota de Perico" de la zarzuela El guitarrico, y cerró con  "Granadinas".






Quiero también tener una mención especial para el pianista que lo acompañó, Eusebio Fenández-Villacañas Martín, profesor titular del Conservatorio Profesional de Música Alcázar-Criptana, que vino expresamente para el acto por amistad. Gracias por tu esfuerzo



(CONTINUARÁ)

miércoles, 12 de octubre de 2016

PRESENTACIÓN DEL LIBRO "VOCES TUROLENSES EN LA LÍRICA" EN ZARAGOZA

Con este magnífico elenco de melómanos, grandes expertos en lírica y otras materias, amigos sinceros que desinteresadamente se han brindado a acompañarnos en esta presentación en Zaragoza del libro VOCES TUROLENSES EN LA LÍRICA, homenajearemos a los tenores objeto de estudio y pasaremos un buen rato. Francamente no se puede pedir más. Gracias a todos ellos. Para mí, este es el mejor pago a mi esfuerzo como escritor: el orgullo de contar con su amistad. 




Este verano, Agustín Sánchez Vidal escribió este panegírico dedicado a mi persona:




Hacía referencia al prólogo del libro objeto de la presentación,  que ya presentamos en Teruel y Alcaine, y el próximo día 19 de octubre, a las 19'30 h., lo haremos en la "Sala de Música" del Palacio de Sástago de Zaragoza. Para no ser redundante y que no se me suban los colores, no reproduciré el citado prólogo, pero si remito a la página web de su  autor, José Luis Melero, donde lo ha colgado con todo cariño: 
http://www.joseluismelero.net/voceslirica.htm

Sirva esta invitación para agradecerles a los dos su amistad y sus tan inmerecidas como halagadoras palabras, que aprovecho con autocomplacencia -como no tengo ya abuelas- para invitar a todos aquellos que puedan y quieran acudir a la presentación. 




sábado, 8 de octubre de 2016

RESEÑA DE LA NOVELA "VIÑETAS" DE AGUSTÍN SÁNCHEZ VIDAL



VIÑAS Y VIÑETAS



   En todos sus trabajos, Agustín Sánchez Vidal manifiesta una actitud creadora interdisciplinar, propia de alguien con una vocación y una capacitad “universalista” y transversal de la cultura. Igual que en una gota de mar se concentra todo un universo de vida, cada nueva obra suya contiene las anteriores y resume con luminosa capacidad de síntesis todas las caras de ese complejo calidoscopio que es él como escritor, y en el caso de su última novela, Viñetas, también como persona.
 

Viñetas supone un cambio en su narrativa, abandona la senda histórica con fuertes dosis de enigma y aventura de sus excelentes novelas anteriores para construir un relato mixto de ficción y realidad, una fabulación impregnada de elementos autobiográficos potenciados hasta extremos de difícil delimitación, su marcado carácter memorialístico mezcla tanto vivencias personales como generacionales, recuerdos propios como de familiares y amigos, se trata, en suma, de evocaciones anoveladas de infancia y adolescencia, suyas y de otros, hasta el punto de que bien podrían ser las de muchos de nosotros, en especial las de todos aquellos en cuyo interior palpita todavía la hoy en día agonizante cultura campesina. 

   Agustín gusta de jugar con las etimologías de las palabras y en ocasiones sus obras se construyen sobre juegos lingüísticos-simbólicos, es el caso de Viñetas, donde el díptico VIÑAS-VIÑETAS se constituye en la trama sobre la que urde su narración: A la muerte de su hermano Antonio, Miguel, un profesor de sociología en una universidad estadounidense, regresa a la huerta y a la casa en la que pasó su infancia y adolescencia. Debe aclarar la situación de esas tierras y su intención es venderlas a una inmobiliaria para de esta forma terminar con su pasado. Su hija, Julia, ecologista convencida y defensora de la cultura agraria, de la que su padre reniega, le presenta toda una documentación recopilada por Antonio antes de morir: fotos, programas de mano, archivadores, cintas de video, DVD y viñetas, una especie de historia gráfica que de algún modo resume el pasado familiar, la infancia y adolescencia de los hermanos y todo lo que no fue capaz de explicarle con palabras. 

   El primer capítulo funciona como tráiler de presentación de la novela: el juego y el fuego, las fotos genealógicas (el ADN familiar), el mapa del territorio de la infancia (el del juego y el de la mujer amada).

   En el segundo capítulo, Miguel encuentra entre los papeles que ha dejado Antonio la historia gráfica de Étienne Davodeau, Los ignorantes, un relato que de alguna manera anticipa lo que vamos a leer, se trata de “la iniciación cruzada entre un viticultor que no sabe nada de tebeos y un dibujante que lo desconoce todo sobre la elaboración de los vinos. Cada uno mostrará al otro los secretos de su oficio”. Los documentos acumulados pretenden reconciliar a Miguel con la memoria de su hermano y con su pasado, hacerle comprender que pertenece a una cultura arraigada a la tierra que no es justo que muera. Con sus dibujos, Antonio comienza a proyectar la película de su infancia y adolescencia en la cabeza de Miguel y a reconstruir el pasado de sus padres, en un ejercicio de introspección que se adentra en un terreno ignoto minado de sorpresas. Las secuencias se fragmentan e intercalan, son piezas desordenadas de un puzle que el lector deberá ir componiendo. Comienzan a formularse preguntas sin respuesta que pronto descubrirá le interpelan directamente.

   Los demás capítulos van completando el resto del rompecabezas, las viñetas se combinan con proyecciones de video y las voces narrativas aumentan progresivamente y alternan con las de los protagonistas: los mundos sensitivos de la infancia, la caza y la pesca, la escuela, los juegos en la calle, el cine de barrio, la magia de los tebeos, la amistad, el sexo… Viñetas tiene mucho de novela de iniciación, de aprendizaje, de cambio (individual y colectivo), de transición al mundo adulto, pero también trata de las complejas relaciones familiares, de la guerra civil, de la difícil posguerra, del aperturismo del segundo franquismo y sus transformaciones, etc. Todo pues parece apuntar hacia el relato familiar con fondo social, sin embargo, al final se impone el territorio de lo desconocido, Miguel ignora muchas cosas de sus padres y hermano –secretos personales, trampantojos barrocos, juego cortazariano entre realidad y apariencia-, y el lector debe ayudarlo a completar las tramas más o menos difusas que nunca terminan donde parecen cerrarse.

   Agustín Sánchez Vidal es un novelista con memoria y una ductilidad de prosa con ritmo propio, que atrapa en el detalle de los adjetivos las sensaciones del mundo ido, y si bien hay una clara voluntad de contención y su estilo es austero -en consonancia con la realidad social que describe-, preciso e impactante, posee páginas de notable vigor sensorial, próximas al mejor Gabriel Miró, como esa deliciosa secuencia del refugio en la enorme morera convertida en claustro materno, donde uno contempla en perfecta meditación el presente con todas sus sensaciones visuales, auditivas, olfativas, etc. 

   Destaca también en la novela la fuerza y el verismo de sus personajes, todos sólidamente construidos, en muchos de los cuales la sugerencia y el sobreentendido actúan con eficacia, tanto en los protagonistas como en la nutrida nómina de secundarios de lujo que, como los del cine español, merecerían menciones particulares, no me resisto a citar como ejemplo al fotógrafo Godofredo Azcona, homenaje explicito al gran guionista Rafael Azcona, amigo que fue de Agustín, quien confiesa que algunos momentos -reconocibles por su particular humor- se los debe a sus recuerdos. 

   En Viñetas la transversalidad de saberes y el peso de su erudición no lastran la narración, su trama atrapa al lector hasta su especular final y le exige su colaboración para completar la historia con sus propias sensaciones y vivencias. Como ya escribiera el propio autor, “el papel de los auténticos poetas y artistas consiste en descubrir y tender relaciones inéditas que nos ayuden a concebir el mundo de un modo más rico y entramado. Mejor cableado y conectado en red…”. Conectarán, pueden estar seguros, sin duda es una gran novela.


AGUSTÍN SÁNCHEZ VIDAL, Viñetas, HarperCollins, 2016.

lunes, 26 de septiembre de 2016

DOPPELGÄNGER: DE LA PLAZA DEL TORICO A LA CASA BARCO


FOTO: DIEGO HE

       Times Square, la Plaza de la Concorde, Piccadilly Circus, la Puerta del Sol… Toda ciudad tiene su centro y el de Teruel es la Plaza del Torico: aquí se celebraba el mercado, se pregonaban los bandos, se exponía a los reos a vergüenza pública, se realizaban las subastas y arrendamientos, se corrían –y se corren- los toros en las fiestas y, aunque fuera tan solo por unos días, en ella se alzó el estrado desde el que San Vicente Ferrer profetizó la destrucción total de la ciudad a causa de un terremoto, amenaza que, a la postre, ha supuesto la paralización actual del nuevo hospital y del conservatorio. A ver si al final va a tener razón el del ditet.
       La monumental contundencia de la fuente original que Pierres Vedel construyera en el siglo XVI –hoy perdida- se fue encogiendo y estilizando con el paso del tiempo hasta llegar a convertirse en el austero monumento anónimo del siglo XIX, símbolo de una ciudad camino de la inexistencia, a la que se le niegan las comunicaciones y se la condena a vivir recluida en su propio espacio, como a ese pequeño toro estilita, contrapeso totémico al sentimentalismo de nuestros célebres Amantes, asombro de visitantes y orgullo de turolenses, al que festejamos en La Vaquilla con la puesta del pañuelico y donde acudimos para celebrar las victorias deportivas.
       Comienzo el paseo reflexionando sobre el misterio de la identidad y el enigma de su duplicidad: nuestro torico tiene su réplica en el bonito pueblo zaragozano de Ibdes. Pienso en Poe, Dostoievski, Kafka, Borges, Cortazar, y tantos otros que han escrito sobre la inquietante figura del doble.

FOTO: DIEGO HE

       Atravieso por la Plaza de San Juan y desciendo por la calle de Valencia, me detengo donde estuvo otrora el desaparecido portal y oteo el horizonte: a la derecha, la Glorieta, un paisaje gris con leves pespuntes verdes; enfrente, el Viaducto de Fernando Hué, que comunica el centro de la ciudad con el Ensanche; al fondo, un oasis en un desierto de asfalto, la Fuente Torán.
FOTO: DIEGO HE



PUENTE DE SEGOVIA (MADRID)


Como si fuera el protagonista de uno de los relatos de Lovecraft, atravieso esa puerta imaginaria que me transporta hacia otra dimensión y dejo atrás la Edad Media para adentrarme en el primer tercio del siglo XX. La visión del puente me lleva de nuevo al tema del doble: nuestro Polifemo, que comunica el casco antiguo con el nuevo, es un calco del diseñado por Emil Mörsch sobre el río Sitter, en Suiza, y a su vez, el de Segovia en Madrid es un                                    sosias de ambos.


FOTO: DIEGO HE

  Tras cruzar el puente, a su izquierda, nos encontramos con el Monumento a José Torán, obra del escultor palentino Victorio Macho, dedicado al ingeniero de caminos que proyectó la construcción de la Escalinata, mejoró el alumbrado urbano y solucionó el problema del abastecimiento de agua. En el conjunto escultórico destaca la figura en bronce de una aguadora, me acerco y toco sus heridas, ahora ya cicatrizadas, recuerdos de nuestra incivil guerra. Sus formas son voluptuosas, rotundas y sonoras, como las de su gemela en Palencia, ciudad hermana en su inexistencia. 
AGUADORA (PALENCIA)
DAMA DEL CÁNTARO (TERUEL)

Aguadoras de Teruel


       
       La mirada de la mujer del cántaro marca mi rumbo, la sigo y bordeo la ladera que siluetea este primer ensanche hasta llegar a un mirador a los pies de la casa Barco varada sobre la vega turolense; allí, frente a mí, asomándose a Levante, sobre la meseta de una colina, rodeada de barrancos, roja y verde, Teruel, una ciudad con carácter, única e irrepetible. 

FOTO. DIEGO HE
   

jueves, 15 de septiembre de 2016

RESEÑA DE "LAS EFÍMERAS" DE PILAR ADÓN



DE TERRARIOS, CACHIPOLLAS Y UTOPÍAS



       


Las efímeras es una novela intensa, paradójica y extraña. La autora, Pilar Adón, es una escritora de amplio espectro y paso corto. Su escritura le ha llevado cinco años de trabajo, de maduración y reposo, de presencia y distancia, de reescritura y reconstrucción. El resultado es una obra visceral e inquietante, formalmente rotunda.


Las hermanas Dora y Violeta Oliver mantienen unas relaciones de dependencia ambiguas. En sus respectivas personalidades resuenan ecos de la novela El juego, de A.S. Byatt o de la película de Aldrich, ¿Qué fue de Baby Jane?: Dora, la mayor, es aparentemente fuerte y decidida, mientras que Violeta, la menor, se supone débil y frágil; sin embargo, aquella tiene una importante dependencia de esta y la mantiene encerrada para evitar que se fugue con un joven de inestable carácter, Denis, acosado por un oscuro pasado familiar. Viven solas, próximas a una utópica comunidad en forma de colmena, La Roche, otrora floreciente, ahora ya en su ocaso, cuyos miembros se retiran para vivir supuestamente en paz y armonía con la naturaleza y sin juzgarse unos a otros. Hasta allí solo llegan aquellos que “niegan lo superfluo y rechazan lo innecesario”, esas son las sencillas normas de Anita, descendiente de los fundadores y actual directora. En su labor cuenta con la ayuda de Tom, un estudiante de medicina cuya presencia le aporta compañía, pero también desasosiego y suspicacia, pues con él llegó la semilla de la especulación.


La Rouche es un lugar de inspiración real que Pilar Adón trasmuta en función de sus intereses: un modo de vida idílico en contacto con la naturaleza que se convertirá en una claustrofóbica trampa, en la que los personajes viven atrapados en sus espacios abiertos, presos de sus sentimientos, pasiones, miedos, ambiciones, fobias… La “escuela del futuro”, libertaria, laica y autogestionada para hijos de obreros creada hacia 1904 por el filosofo y escritor anarquista Sébastien Faure, es un universo simbólico, es el terrario en el que la autora encierra a sus personajes para, con mirada de entomóloga, observar su conducta; ellos son las “efímeras”, las “cachipollas”, pequeños insectos que viven apenas un día anegados en las orillas de los ríos, y le sirven, como las moscas del vinagre a los genetistas, para analizar su comportamiento, estudiar su evolución y obligar al lector a reflexionar sobre el lado oscuro de las relaciones familiares, la soledad, el deseo de dominio, la justicia, la sed de venganza, el deseo de trascendencia y, sobre todo, el miedo como elemento desvirtuador de la bondad humana, de los sentimientos en general y del amor en particular.


La Rouche es pues en apariencia un lugar tranquilo en el que los personajes viven conforme a un mínimo código de conducta, pero lo cierto es que pronto descubrimos que en verdad se trata de un espacio dominado por una naturaleza asfixiante, símbolo de lo eterno, capaz, como los mismos personajes, de cambiar en segundos y pasar de la más absoluta calma a la más extrema violencia, a la que todos se someten, en la que todos se encuentran enfangados, presos del barro, sometidos a su misma transformación, subsumidos bajo la lluvia, ese incesante diluvio que implica castigo y finalización. Hay mucho de los trascendentalistas norteamericanos –Emerson, Thoreau, Hawthorne, Dickinson, etc.-, a veces, incluso, para darles la vuelta. 


Pilar Adón convierte La Rouche en su particular territorio mítico a lo Rulfo o Faulkner, en el que el hombre lucha con los otros y con su entorno, con sus propias emociones y con el implacable paso del tiempo. Cada personaje -incluida la naturaleza- en algún momento de la novela, es percibido por el lector como una amenaza latente, todos ellos en cuestión de segundos mutan, se transforman y muestran su lado más perverso. 


Pilar Adón describe con acierto la zona oscura del ser humano, lo turbio e inquietante que puede haber en él, y lo hace con un lenguaje lleno de fuerza, como ese viento que sopla constantemente; sus palabras, como la misma lluvia que cae sin cesar, ejercen una especie de embrujo sobre el lector al difuminar los contornos de la realidad y envolverla en misterio, hasta el punto de que incluso las acciones cotidianas nos producen un fascinante extrañamiento. 


La comunión del entorno con los personajes y los hechos acaecidos, insinuados o sospechados, crean lo que a nuestro juicio es el personaje principal de la historia: la atmósfera. Así es, Las efímeras es una novela de ambiente agobiante y perturbador, de utopías fracasadas por la indiferencia humana, de profundidad psicológica de unos personajes que zigzaguean y penetran en las zonas de penumbra de las emociones, los sentimientos y los instintos del hombre. Con todo ello, Pilar Adón conforma una maraña perfecta en la que el tiempo, el espacio y la acción están concebidas solo para ese mundo y no para otro, de contemplación y admiración profunda por la naturaleza, con clarividentes chispazos sobre los grandes temas vitales, escrita con una prosa rotunda y poética, de un lirismo sobrio e impetuoso, de contundente sencillez expresiva, de enorme fuerza, la fuerza del estilo sobre el argumento que lo controla todo para crear un ambiente y una atmósfera donde todo fluye y encaja a la perfección: Las efímeras es una magnífica novela, un juego literario y simbólico que, en última instancia, pretende explorar y jugar con el lenguaje.






Pilar Adón, Las efímeras, Barcelona, Galaxia Gutemberg, 2015.