CASABLANCA

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FOTO DE GONZALO MONTÓN MUÑOZ

miércoles, 15 de junio de 2011

BUÑUEL EN ANÉCDOTAS (VII): TODA LA VERDAD SOBRE "EL LEÓN DE CALANDA"

Luis Buñuel ingresa en la madrileña Residencia de Estudiantes a los diecisiete años con el propósito de estudiar para ingeniero agrónomo, sin embargo, terminará licenciándose en Filosofía y Letras, en su rama de Historia en el año 24, porque era la que se pedía a los lectores de Español en las Universidades Extranjeras y la intención de Buñuel fue siempre la de salir al exterior y ampliar sus horizontes.  En la Residencia coincidió con Dalí, Lorca y Pepín Bello, tres genios absolutos que fueron sus mejores amigos de esta época. Comenzó una efímera etapa literaria vinculada al movimiento ultraísta y, sobre todo, a la literatura vanguardista de Ramón Gómez de la Serna.
En la Residencia, Buñuel practicó todo tipo de deportes, en especial el boxeo. Entorno a su actividad pugilística  se forjó toda una leyenda, la del “León de Calanda”, que vamos a intentar desvelar.
Que Buñuel practicó el boxeo con asiduidad es un hecho que se constata desde su adolescencia en el recuerdo de sus amigos entrevistados por Max Aub: "Cuando tenía doce o trece años y aprendía a boxear allí, en Calanda, tenía en el patio de la casa de la calle de San Roque, tenía un saco de arena, y allí el tío daba cada puñetazo que, claro, toda la gente del pueblo acudía allí, a la puerta, a ver aquello..."
También encontramos testimonios de su afición a practicar el boxeo en la Residencia de Estudiantes. De esta forma lo recuerda  su compañero Joaquín Peinado: "...pues Buñuel ocupaba una habitación muy buena, de las mejores, en lo alto del hotel, que tenía cinco o seis pisos, y tenía una terraza en la que colocó un balón para practicar el puching-ball, un balón así, con correas, y todas las mañanas, con el torso desnudo, él hacía allí su sesión de boxeo o de puching-ball, lo cual, claro, producía una gran impresión entre nosotros, los menos amigos o los que cultivábamos menos la cultura física".
Julio Jordana, otro compañero de la residencia, nos aclara algunos aspectos más:

“Luis consiguió un puching-ball, bastante caro en esa época, que era necesario colgar de un fuerte poste sujeto con pernos y tornillos. Aprovechando la noche hizo un agujero para el poste, que rellenó con cemento, en un pequeño parque próximo a la Residencia y que era propiedad del canal de Isabel II. Cuando a la mañana siguiente el guarda lo vio, anunció su intención de denunciarlos. Le persuadimos diciendo que cómo iba a explicar tal descuido y que ello podría poner en riesgo su puesto. El poste siguió en su lugar durante bastante tiempo.
Luis estaba boxeando, descalzo como era su costumbre, contra un estudiante de arquitectura muy alto, llamado Herrera Sánchez. Arbitraba yo. Cuando Luis estaba a punto de ganar, un compañero llamado Casanova le tiró un cubo de agua encima, momento que Herrera aprovechó para sacudirle un fenomenal mamporro. Mientras Luis estaba en el suelo, Casanova salió corriendo hacia la Residencia y se refugió en su cuarto del segundo piso, atrincherándose con muebles. Luis, al ver que no podía entrar por la puerta, salió fuera, escaló descalzo la fachada por su esquina, entró por un balcón y después de sacudirle le tiró varias cosas al patio [...]”

El propio Buñuel en su autobiografía recuerda su afición a los deportes:
            “Fue también en la Residencia donde cobre afición a los deportes. Cada mañana, con calzón corto y descalzo, incluso con el suelo cubierto de escarcha, corría por un campo de entrenamiento de la Caballería de la Guardia Civil. Fundé el equipo de atletismo del colegio, que tomó parte en varios torneos universitarios, y hasta practiqué el boxeo amateur. En total, no disputé más que dos combates. Uno lo gané por incomparecencia del contrincante y el otro lo perdí por puntos en cinco asaltos, por falta de combatividad. En realidad, yo no pensaba más que en protegerme la cara. Cualquier ejercicio me parecía bueno. Hasta escalé la fachada de la Residencia. Durante toda mi vida –o poco menos- he conservado la musculatura que adquirí entonces, especialmente dura en el abdomen. Hasta llegué a hacer una especie de número de circo. Me tumbaba en el suelo y mis amigos me saltaban sobre el vientre. Otra de mis especialidades: echar pulsos. Hasta una edad muy avanzada, he disputado innumerables torneos, en mesas de bar y de restaurante [...]”

José Bello recuerda otro de los episodios de Buñuel boxeador, cuando decidió presentarse a los campeonatos de Castilla, hacia 1922 o 1923, y que Agustín Sánchez Vidal resume de la siguiente manera:
“Su entrenamiento era más bien sumario, y con gran sigilo pidió a Pepín que fuera su manager. Y allá se dirigieron los dos al campo de la Gimnástica, donde improvisados boxeadores se zurraban de lo lindo. Todo se hacía con medios muy precarios, en un rincón del campo de deportes. Pero dio la desafortunada casualidad de que uno de los contendientes mató a golpes a otro en el combate que precedía al de Luis (cosa que sólo supo Bello y que ocultó cuidadosamente a su amigo).
El combate, a ocho asaltos, resultó soso y desangelado. Buñuel era netamente superior, pero su oponente, un tal Hernández Coronado, ganó por puntos. No obstante, el jurado, dada la superioridad de Buñuel, propuso que siguiera el combate. La respuesta de Luis revistió su característica extremosidad: “De acuerdo, pero con la condición de que sea a doce asaltos.” Ante lo cual, se declaró campeón por puntos a su rival.
Y ésa fue casi toda su aventura pugilística, luego un tanto agrandada por la leyenda (el León de Calanda, etc.). José Bello recuerda a Buñuel como muy cobardón, encogido ante la violencia, a pesar de lo que pudiera parecer: “Su violencia era más bien mental, imaginativa, no de facto. “

Por su parte, Max Aub nos presenta el testimonio de Rafael Martínez Nadal, hermano de uno de los contrincantes de Luis Buñuel, quien recuerda los hechos de la siguiente manera:
Cuando Buñuel era boxeador y tomó parte en el campeonato de España de boxeo, quedó, si no recuerdo mal, semifinalista, boxeando con mi hermano mayor en Madrid.
-Ganó tu hermano.
-Sí, lo dejó “K.O.”. Y recuerdo su comentario: “Este Buñuel es fuerte, pero no sabe una palabra de boxeo.” Me acuerdo que boxeó también con Coronado, César Palomino y con otro boxeador, todos ellos señoritos.
-¿Dónde?
-En Madrid.
-Pero ¿dónde?
-Me parece que fue en la Gimnástica Española, en el campo de la Gimnástica, al aire libre.
-¿En que peso?
-Me parece que en peso medio. Yo asistía al campeonato a ver boxear a mi hermano, que tenía seis años más que yo. Era una amalgama curiosa la del público del boxeo, hacia mil novecientos veinticinco. De un lado, aristócratas, “gente bien” que  “cultivaba” el delicado arte de la self defense. Eran entonces el mayor número. Luego empezaba a interesarse la “plebe”, el pueblo más bajo. Como siempre en España, eran dos públicos –como el de los toros y el del fútbol. Que se entendían muy bien. A ese conglomerado se añadió de pronto, fugazmente, claro, el de la Residencia, que trajo Buñuel. Mi hermano quiso que fuera Federico. Casi lo consiguió. Luego, Federico se felicitaba por no haber ido.

El propio contrincante resume los hechos en la siguiente carta que recoge Max Aub en su trabajo:


“Y ahora voy a informarte sobre el encuentro pugilístico Buñuel-Nadal. ¡¡De julio 1921!! Me ha hecho reír el trasnochado amor propio del gran Buñuel. Al final de los cuatro rounds, el juez, no los jueces (el árbitro lo fue Piña), decidió por un round más. ¿Por qué iba a prevalecer la supuesta petición mía de un solo round y no la de los diez rounds de Buñuel? En los combates de amateurs (y en muchos profesionales) no se llega a tal límite. Ni él ni yo intervinimos en el señalamiento de prórroga alguna. La decisión fue del árbitro, y él dispuso fuese de un round más. Todo eso me hace sonreír. No sé si tú recordarás la verdad sobre aquel campeonato organizado por el periódico –que fue de corta duración- La Jornada. En el mes de junio llevaba un mes sin entrenamiento, pues a últimos de mayo, Gus Rhoder, sobrino de Jack Jonson, creo que estaba por San Sebastián. Con él solía boxear diariamente en la Gimnástica Española. En julio, los amigos del gimnasio se empeñaron en que representase a la Real Sociedad. El día anterior al encuentro sufrí en la mano derecha lesión en los ligamentos del pulgar. Nuestro hermano Adolfo me recomendó no asistiese, pero a pesar de no contar con los golpes decisivos de tal mano, me aventuré confiando en los “jabs” de la izquierda, y sólo con la izquierda gané a Buñuel, tocándole solamente con la derecha –y en ello veía las estrellas- para los efectos de acumular puntos. Y la final contra Cobos, estudiante según me dijeron de medicina, más fuerte que Buñuel –pero más bajo-, le gané en las mismas condiciones. Admiro a Buñuel por su genio cinematográfico y creo que nos reiríamos mucho si nos volviéramos a ver –yo casi no le conocía- recordando la juventud deportiva, y hasta podríamos hacer un round, ¡ahora sólo uno!, para volver a empatar. Tenemos la misma edad, más o menos, y como sigo haciendo mi gimnasia sueca, estimo que con otro anciano como yo –y ambos de buen humor- podría hacer ¡todavía! Decente papel. “

            Como se puede apreciar la leyenda del “León de Calanda” se difumina en las brumas del recuerdo, lo que sí parece cierto es que Buñuel era un tanto bruto y que le gustaba salir con Lorca y Dalí, mucho más débiles que él físicamente, para ejercer de protector y liarse a mamporros con el primero que se propasase con cualquiera de sus amigos. Así en esta línea de actuación se puede situar el siguiente testimonio de María Teresa León (esposa de Alberti, a la sazón amiga de todos ellos):
"Luego se fue formando un grupo de amigos a quienes les gustaba mucho ir a Toledo: los Cofrades de la Orden de Toledo. Un día callejeamos por todo Toledo, dando vueltas y gritos. Estaba Buñuel y estaba Manolo Ángeles Ortiz y algunos amigos más. Y, de repente, pasamos al lado de un grupo de muchachos de la Academia de Infantería y se les ocurrió decir una de esas cosas que dicen los hombres, que se llaman "flores", pero que también pueden llamarse "ordinarieces". Y entonces dijeron no sé qué. Manolo Angeles Ortiz, Buñuel y todos se pusieron como lobos: empezaron a dar gritos y casi a pegarse con los estudiantes, y un lío espantoso. Yo estaba muy asustada de haber provocado sin querer todo aquel conflicto cívico-militar. Y al fin tuvimos que irnos volando porque nos gritó una vecina desde un balcón: "Corran, corran. Váyanse pronto. Que viene toda la Academia de Infantería contra ustedes" Huimos por patios y callejas. Nos abrían pasillos privados, patios y callecillas pequeñas, nos pasaban por entre medio de las casas... Y así, salvados por la fraternidad cívica de la gente de Toledo, llegamos al Puente y nos libramos de los cadetes.
-Tú no te acuerdas de que Buñuel era campeón de boxeo.
-Por eso, creo que por eso empezó todo, porque quiso demostrarnos que era campeón de boxeo boxeando con los cadetes."

2 comentarios:

  1. El tal Hernández Coronnado que se menciona más arriba y que ganó por puntos el combate con Luis Buñuel, era Pablo Hernández Coronado, portero, por aquél entonces del Madrid F. C. Posteriormente, varios años Secretario Técnico del Real Madrid y Seleccionador Nacional de Fútbol.

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  2. Gracias, muy interesante el comentario.

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