CASABLANCA
FOTO DE GONZALO MONTÓN MUÑOZ
viernes, 3 de agosto de 2018
EXPOSICIÓN "RELATOS Y RETRATOS CONTRA LA DESPOBLACIÓN" (III): MARÍA ARAHUETE QUIERE VIVIR
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jueves, 2 de agosto de 2018
EXPOSICIÓN "RELATOS Y RETRATOS CONTRA LA DESPOBLACIÓN" (II): SELMA TERZIC BIBANOVIC SE PRESENTA
Pero quien verdaderamente le
interesaba era María Arahuete y fue directa al grano: ¿existió en la realidad
esa mujer? Le contesté que no: su persona e historia de amor con el torero eran
fruto de mi imaginación. Tras un largo silencio, me dijo que ella también tenía
su partida de nacimiento (CONTINUARÁ)
miércoles, 1 de agosto de 2018
EXPOSICIÓN "REALTOS Y RETRATOS CONTRA LA DESPOBLACIÓN" (I)
| VARIANTE DE LA FOTO DE SELMA TERZIC BIBANOVIC SOBRE MI RELATO "EL NIÑO DE LA ESTRELLA" |
Se trata de una serie
de retratos literarios y fotográficos sobre la despoblación turolense, en los
que se plasma ese problema creciente que, como un agujero negro del universo,
como la “Nada” del mundo de Fantasía (“La Nada llenaba el paisaje entero, era
gigantesca y se acercaba lenta, muy lentamente pero sin pausa”) de La Historia interminable, de Michael
Ende, amenaza con hacer desaparecer nuestra provincia y otras muchas de la
España interior.
Nueve autores
turolenses han imaginado otros tantos relatos ficticios teniendo como tema
central un núcleo poblacional turolense deshabitado o en serio riesgo de quedar
desierto demográficamente. La Sociedad Fotográfica Turolense (SFT), a su vez,
ha plasmado en fotografías dichos relatos. Los fotógrafos han querido reflejar
las historias que se suceden en esos lugares parcial o totalmente deshabitados reflejando con sus cámaras la devastación del abandono en esas poblaciones, como se señala en la presentación de la exposición: “…cada
casa huérfana, cada adiós sin retorno, cada plaza desierta conlleva detrás de
sí una cicatriz de recuerdos infantiles marchitos, de vidas interrumpidas, y
sobre todo de nostalgias derruidas. Así pues querido visitante vea en estas
fotografías y en los fragmentos de los relatos no solo arte, sino un grito
desgarrador para visualizar un problema crucial para la provincia de Teruel: la
despoblación galopante de nuestro territorio. Muchos núcleos poblacionales de
nuestro entorno han sido devorados por la Nada o están a punto de caer en sus
fauces. Recorra esta exposición no como simple espectador, asista también como
miembro de la sociedad turolense actual, y asómese de manera crítica a ese
abismo tan profundo que es la despoblación. Y luchemos juntos contra ella. (SFT).”
Subo algunas foticos de la página web del Museo Provincial y en la próxima entrega me centro en la foto de SELMA TERZIC BIBANOVIC, que ha ilustrado un relato mío que creía ya perdido en la noche de los tiempos.
domingo, 22 de julio de 2018
PASCUAL ALBERO BURILLO. EL DIVO DE LA JOTA.
Trayectoria profesional
Pascual Albero (Alcaine, 1906- Zaragoza, 1999) fue un tenor lírico ligero de voz aérea, con gran capacidad para los agudos. Galán Bergua, el estudioso de la jota aragonesa, destacaba de ella “su facilidad en los filados y portamentos, la limpieza con que emitía el Do de pecho y el Re y, sobre todo, el depurado gusto y el sugestivo matiz.”[2] De escasa estatura y gran confianza en sí mismo, sobresalía por su fuerte personalidad y gran carisma personal, lo que le llevó a protagonizar anécdotas como esta que describe Joaquín Martín de Sagarmínaga[3]:
Cierta vez en que Federico Moreno Torroba se encontraba a la caza de buenas voces, con vistas a organizar una nueva temporada lírica en Barcelona, le propusieron el nombre de Pascual Albero. El compositor respondió: -Es un buen tenor, pero muy pequeño. Pasados unos días, tras haberle fallado otros cantantes, le pidió a un intermediario que localizase a Pascual Albero. Pero al entrevistarse con él, éste le contestó: -Dígale al maestro que en los días transcurridos yo no he variado de estatura.
Al final acabaron colaborando y fueron grandes amigos.
Su trayectoria profesional puede dividirse en tres etapas: un periodo de formación que se prolonga hasta 1931; su debut, consolidación y éxitos como cantante de ópera y zarzuela en Barcelona y Madrid, que se extiende durante un lustro hasta la Guerra Civil; la lucha por la vida en la posguerra que le llevó a compatibilizar la lírica con su más prosaica profesión de contable, en un abandono progresivo de los escenarios como profesional del canto hacia mediados los años cuarenta, si bien siguió cantando de vez en cuando en Zaragoza, en especial en el café Ambos Mundos o en El Avenida, hasta bien avanzados los años sesenta.
Debutó en 1931 en Barcelona con la ópera de Arrieta, Marina, desde un primer momento trató de alternar ópera y zarzuela, para lo que preparó un amplio repertorio que abarcaba ambos géneros: Tosca, Rigoletto, La Bohème, El elixir de amor, Pagliacci, Cavalleria rusticana, La favorita, Los gavilanes, Doña Francisquita, La Generala, El Ama, El guitarrito, Sangre de reyes, Los claveles, La Alegría del batallón, El caserío, La Dolores, Molinos de viento, La pícara molinera, Los de Aragón, y un largo etcétera.
Su gran valedor y mentor fue el maestro y compositor aragonés Pablo Luna, quien lo presentó en Madrid en 1934 con enorme éxito, alcanzando en ese momento la cumbre de su carrera. Como a tantos otros españoles, la Guerra Civil truncó su trayectoria profesional y a su conclusión, aunque trató durante algunos años de seguir con ella, al final se impuso la necesidad de tener un empleo estable, si bien esta circunstancia no impidió que persistiera su pasión por el canto y continuó participando en todos los eventos líricos organizados en Zaragoza, ciudad donde se asentó definitivamente y que reconocería sus méritos poco antes de su muerte dedicándole una calle, como también hiciera unos años antes Belchite, el pueblo de su mujer, o su pueblo natal, primero con un homenaje a su persona en 1984, y después dando su nombre a la plaza principal y colocando como recuerdo una placa conmemorativa en su casa natal. Atrás quedaban estrenos de campanillas como El alma del carrero o Paquita la del Portillo; escenarios de la categoría del Liceo de Barcelona y compañeros de lujo como Plácido Domingo (padre), Hipólito Lázaro, Marcos Redondo, Pedro Terol, Pablo Gorgé, Vicente Simón, Maruja Vallojera, Mª Teresa Planas, María Espinalt, Pilar Andrés, y tantos y tantos otros grandes cantantes.
Pascual Albero y el cine.
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| FOTOGRAMA DE LA PELÍCULA |
Durante el mes de junio de 1936 participó a las órdenes del cámara metido a realizador, Arturo Porchet, en la grabación del film basado en la obra homónima del maestro Luna, Hogueras en la noche, un drama familiar lleno de tópicos ambientado en una cuenca minera (minas de Figols), reconstruida parcialmente en el interior de los estudios Trilla-La Riva. Aprobada por el Comité de Explotación de Cines en enero de 1937, se fijó su estreno en Barcelona para el 22 de febrero. Por el contrario, en Madrid se estrenó el 28 de junio de 1937 en el cine Rialto. La película no fue excesivamente bien recibida por la crítica[4]. Lo mejor quizá fueran las canciones que interpretaba nuestro tenor, que según consta en sus archivos fueron “Sangre de reyes” y “La canción del barrenero” (Pascual representaba el papel, como se puede suponer, de un minero[5]).
Parece ser que fue contratado por estas fechas para llevar a la pantalla grande en forma de superproducción la ópera Marina, pero como tantas otras cosas, el proyecto se vio truncado por la Guerra Civil.
Artículo completo en CABIRIA CUADERNOS DE CINE
[1] FOTOS DE PASCUAL ALBERO
[2] El libro de la jota aragonesa :
Estudio histórico, crítico, analítico, descriptivo y antológico de la jota en
Aragón, Zaragoza, 1966, pág.
230.
[3] Mitos y susurros. 50 años de lírica en España, Madrid, Editorial
Zumaque, 2010, pág. 363.
[4] Hasta la fecha no hemos
podido localizar la película.
[5] FOTOGRAMAS DE LA PELÍCULA.
viernes, 13 de julio de 2018
RESEÑA DE LA NOVELA "EL MAL Y EL TIEMPO", DE CARLOS FORTEA.
Lo quisieron o se quiso matar y murió de un
infarto. El cadáver es el de un hombre feo, investiga el caso Javier Landa, un
policía con inquietudes artísticas y solitario, de hecho, podría, en algunos
aspectos, confundírsele con Arturo Cervera, el muerto. El mal y el tiempo, la última obra de Carlos Fortea, es una novela
de personajes vestida con el negro de las policíacas, hay un arma, una mujer
fatal y llueve en ocasiones, pero todo eso es una excusa para atrapar al lector
y que la narración avance, lo importante es descubrir quién fue la víctima o
esa hermosa mujer de “belleza eterna” del cuadro que preside la escena del
hipotético crimen, Silvia Corsano, una pintora muy especial, clave en la
investigación y centro del triángulo amoroso planteado ya desde las primeras
páginas.
Carlos
Fortea teje una trama de novela negra en la que poco a poco va descubriendo la
psicología de sus personajes y su evolución a lo largo del tiempo; se mueven en
la doble moral existente entre lo que se considera ético, lo que se encuentra
dentro de la ley y el orden, y los deseos internos, confesables o no, que
chocan con los primeros y los hacen tambalearse o, sencillamente, derrumbarse a
las primeras de cambio. También es destacable la diferenciación que se aprecia
entre teoría y práctica, entre lo que es y debe hacerse, y lo que realmente uno
es capaz de realizar cuando intervienen elementos o factores exógenos
incontrolables, que pueden impulsarnos a actuar de una forma que previamente
entenderíamos como inaceptable, estamos hablando de corrupción en el más amplio
sentido de la palabra: política, económica, social e, incluso, personal y
familiar, es el egoísmo en estado puro: mi yo, mi estabilidad, mi trabajo, mi
prestigio, mis ambiciones… No importa el precio que se tenga que pagar o a
quién se tenga que pisar, ya no hay moral, ha caído el muro que diferencia el
bien del mal, el capitalismo campa a sus anchas y todo tiene un precio.
Nos guste o no, se trata de la realidad del mundo
actual en general y de España en particular, esa España que arranca con una
transición con pies de barro, continúa en los ochenta con una transformación
construida sobre la especulación que da paso en los noventa a la gran mentira
de una falsa sociedad del bienestar en la que estuvimos -¿estamos?- instalados
hasta que a finales de la primera década del año 2000 comenzó una crisis que en
nuestro país se agudizó más por la corrupción sistémica que hacia el 2012 fue
imposible seguir negando.
Narrada en dos tiempos -1990 y 2012-, se alternan
tres tramas paralelas e intercaladas hasta hacerlas coincidir: en la primera,
se desarrolla la investigación policial; en la segunda, se cuenta la semana
anterior a la muerte de Arturo Cervera y, en la tercera, la acción retrocede a
los años noventa, momento del comienzo de los hechos que culminan en ese
presente narrativo. Ese pasado de “vino y rosas”, lleno de sueños y ambiciones
de juventud, es el espejo que sirve para explicar los sucesos del hoy de los personajes y,
claro, como no, del país.
Con esta estructura y un estilo un tanto
minimalista –hay mucho de contención y poda-, en el que menos es más, donde los
silencios -cómplices y culpables- son tan importantes o más que lo dicho (el
lector debe cuestionarse, reflexionar, hacerse en todo momento preguntas sobre
los sucesos expuestos), Carlos Fortea nos presenta veinte años de historia de
España en la que, como en un nuevo Retrato
de Dorian Grey, la inocencia de la incipiente e ilusionada sociedad
democrática española se va corrompiendo hasta hacerla irreconocible incluso
para “la madre que la parió”.
Más allá de
la investigación policial y del análisis sociológico, el árbol temático de la
novela es amplio: desde la posición y actitud de los hombres en el mundo,
pasando por el del valor de la amistad y el juego del amor, hasta el arte como
elemento de salvación y vehículo de conocimiento.
El
mal y el tiempo es una novela
abierta, de indagación en el ser humano, un “ubi sunt” continuo de sueños,
ilusiones, amistades, amores… Los lectores en general disfrutarán con ella,
pero a los que ya tenemos una cierta edad y en los noventa todavía éramos
jóvenes, además de hacernos pasar un buen rato nos obligará a pensar y, como en
la canción de Presuntos implicados, nos hará reflexionar sobre “… cómo hemos
cambiado…”, a preguntarnos sobre dónde están tantas cosas importantes de
nuestro pasado.
Carlos
Fortea, El mal y el tiempo, Madrid,
Nocturna Ediciones, 2017.
lunes, 2 de julio de 2018
DOMINGO GASCÓN Y GUIMBAO EN ANÉCDOTAS (V)
LAS MIGAS AL ESTILO DE TERUEL
Perteneció a distintas academias y
sociedades, entre ellas, Reales Academias de la Historia y de la Lengua,
Círculo Aragonés de Madrid, Sociedad Económica de Teruel, Real Sociedad
Económica Matritense, Academia de Jurisprudencia y Legislación, Asociación de
Escritores y Artistas, Real Sociedad Aragonesa de Amigos del País y Ateneo de
Madrid. Pero lo que no es tan conocido es su afición por la gastronomía, así ofreció una muestra en el artículo
“Migas al estilo de Teruel”, redactado a requerimiento de su amigo Ángel Muro, ingeniero, escritor y reputado "cocinólogo" de la época, que lo publicó en Madrid en el Almanaque de Conferencias culinarias en 1892. Unos años más tarde lo publicó en El
practicón: tratado completo de cocina al alcance de todos y aprovechamiento de
sobras, libro de recetas de cocina publicado en 1894, el
más consultado y utilizado por los cocineros españoles hasta mediados de 1930, allí se puede leer:
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